Las redes sociales: el amor virtual

Cada día es más tristemente frecuente encontrarse con casos en terapia de pareja de parejas al borde la ruptura por una "infidelidad virtual". 

Sin entrar en generalizaciones, me gustaría centrarme en un caso bastante típico, o al menos muy frecuente en mi consulta: varones con pareja de larga duración y una vida estable que en un momento dado comienzan a tener una aventura amorosa por las redes. 

No entro en el apartado redes sociales de contactos, porque en ese caso existe una clara disposición a buscar la aventura, el caso en el que me centro empieza por un inocente intercambio de mensajes en redes sociales y terminan por una relación cada vez más personal a través del teléfono móvil.

En los casos en que me centro, no se tratan con parejas con más problemas de los habituales, tan solo la rutina y en algunos casos la falta de comunicación producen un sentimiento de aislamiento dentro de la familia, y en este momento aparece "el aire fresco": una mujer encantadora, siempre dispuesta a escucharnos, que nos alaba por lo maravillosos que somos, que siempre nos manda esa "canción especial" y aparece el enganche y la desconexión de la realidad. 

La persona centra toda su atención en la recepción de los mensajes que elevan su autoestima, les hace vivir una "realidad paralela" en la que todo es positivo, en la que ellos pueden perfectamente dar una imagen sobrevalorada de si mismos (y ellas tambien, por supuesto), en la que no hay obligaciones, discusiones, rutina.

Cuando el hombre se ve atrapado en esta situación desconecta de su vida, no es consciente de la deslealtad, y empieza a sentirse molesto por la vida familiar, por todo aquello que le aparte de su mundo ideal. Es un proceso de REFORZAMIENTO POSITIVO: siempre reciben algo positivo de esa interacción, y claro, eso engancha.

A veces es complicado detectar la situación, pero cambios de conducta en casa, distanciamiento, estar como en las nubes, dependencia del movil, control de contraseñas, llevárselo al baño, tenerlo en silencio, criticar todo lo de casa, pueden ser señales de que algo va mal.

CUANDO SE DESCUBRE LA DESLEALTAD

La pareja cuando lo descubre lo considera una infidelidad, pero a mi me gusta más llamarle deslealtad, porque en la mayoría de los casos no existe una relación real y la persona no se ha planteado dejar a su pareja ni nada por el estilo, está bien viviendo en el fastidioso mundo real y en el que se ha construido viviendo su segunda juventud a coste cero, pudiendo ser quien desearía ser y no quien es.

Bajar al mundo de los mortales, darse cuenta de lo falso que era lo que estaba viviendo, el engaño subyacente en la mayoría de los casos (por ambas partes), es un proceso lento, y tambien doloroso, ya que la pareja se siente destruida, desengañada, decepcionada.

Afortunadamente estos casos no suele repetirse la historia: la persona suele aprender de la experiencia, pero a veces a costa de una lenta y dificultosa terapia de pareja.

Beneficios psicológicos de las mascotas

Centraré esta reflexión sobre los perros, no más importantes que gatos, conejos, cobayas, pero con unas características especiales por la necesidad de atención e interacción que requieren.

 

Lo primero que me gustaría comentar es el concepto de COSIFICACIÓN que se tiene sobre los animales de compañía: nuestro Código Civil los equipara a bienes, y por ello pueden ser embargables (afortunadamente en Cataluña no se aplica esta ley).

Los perros no son "cosas", ni tampoco son humanos, tienen unas características propias que les convierten en lo que son: perros. Hay muchísimas personas que aman a los animales (un 40% de los hogares españoles tienen mascota), El concepto de cosificación de los animales induce a rebajar sus derechos, y ser considerados por algunas personas como sucios, portadores de infecciones, molestos...

Existen muchísimas personas que se han negado rotundamente a tener un perro y tras ceder por presiones familiares, se han hecho sus primeros cuidadores: es el problema del desconocimiento.

Entre el perro y el amo se establece un vínculo de apego, en el que la relación tiene sus propias características. El amo (que forma más espantosa de denominarlo), le provee de los cuidados, le saca a pasear, le cura si está enfermo y procura y se preocupa de que esté sano y feliz.

El perro ofrece a su dueño cualidades próximas a la más absoluta inocencia: amor incondicional, capacidad empática, sinceridad, lealtad.

Un perro es bueno para los niños porque ellos aprenden a respetar a otro ser y establecer otras vias de comunicación alternativas. El niño tiene un compañero de juegos, un ser viviente que actúa de forma autónoma y al que tiene que aprender a comprender sus necesidades. Especialmente en este tiempo de juguetes electrónicos, la posibilidad de esa comunicación es muy positiva para los niños.

Los perros poseen una capacidad empática muy desarrollada: son seres intuitivos que saben detectar el estado de ánimo de sus dueños y actuar en consonancia con su situación emocional. Normalmente cuando una persona se encuentra física o animicamente mal, el perro no se separará de su lado, cuidándole.

A las personas mayores o que se encuentran solas por multitud de motivos, el perro es su compañero, la respiración que habita la casa, el ser con el que se termina hablando y pasando tiempo juntos. Un perro ayuda a disminuir la depresión y los sentimientos de soledad que tienen muchas personas.

Por otra parte la sociedad actual está estructurada de forma que se fomenta la inactividad: las personas trabajan y se tiran al sofá. Pasear con el perro oxigena, es bueno para la salud, la forma física y fomenta las relaciones personales.

Es cierto que hay personas que "humanizan" a sus perros, hasta extremos que pueden resultar excéntricos: les disfrazan, tienen cunas, les hablan como si fueran humanos... esta actitud es a veces muy criticada, aduciendo el hambre en el mundo, que un perro es solo un perro. Tal vez nos guste criticarlo todo sin entender los motivos. Tal vez las personas que actúan de esta manera han convertido a su perro en el centro de sus mimos y cuidados porque necesitan dar cariño, necesitan estar volcados en su pequeño animal. Supongo que esta actitud podría ser tan discutible como el que se compra un coche por encima de sus probabilidades y lo cuida de forma obsesiva, o cualquier otra actitud que pueda ser una tendencia exagerada: mejor no juzgar, detrás siempre habrá unos motivos. 

Se necesita una campaña de concienciación en la sociedad respecto a los animales de compañía, protegiendo sus derechos, que probablemente deberían partir de un exámen de idoneidad antes de ser dados en adopción o comprados, para evitar motivos absurdos como el capricho pasajero o el desconocimiento de las responsabilidades inherentes a su cuidado.

Por otra parte, la aplicación del 21% en los servicios veterinarios, considerando a los animales de compañía como un artículo de lujo es una barbaridad, producto de esa consideración que tienen en la sociedad: vacunar a un perro, operarle si tiene una enfermedad tiene un IVA superior a ir a un concierto. No se tiene en cuenta por otra parte, que muchas de las personas que tienen un animal de compañía son personas mayores con pocos recursos económicos, y sin embargo, muy probablemente, son capaces de quitarse de cualquier cosa antes de dejar de acudir al veterinario en caso de necesidad.

Como conclusión considero que el amor por los animales nos enriquece como personas, nos hace conectar con sus emociones, y sacar de nosotros mismos nuestra parte más sensible y afectuosa.

Estoy a favor de que los perros visiten a sus dueños hospitalizados, que se doten zonas dignas para el esparcimiento de los perros, que se regule su adopción por criterios de idoneidad, que se de más visibilidad social al mundo de las personas con perros, que se les enseñe a los niños desde pequeños el amor por los animales, que dejen de ser considerados cosas o artículos de lujo para que tengan su propio lugar en una sociedad, en la que acompaña al ser humano, El perro lleva siendo animal de compañía 10.000 años. Tal vez sea el momento de reflexionar sobre esos lazos emocionales y empezar a darles su lugar en nuestra sociedad, como el mejor amigo del hombre

Ruptura de Pareja: cómo se trabaja en terapia psicológica

La separación de una pareja supone una situación de crisis y tensión que se extiende a toda la familia.

Por una parte hay que tomar decisiones importantes e igualmente hay que redefinir el proyecto vital, por los cambios a nivel personal, familiar y social que se van a producir y que en muchas ocasiones general síntomas de estrés y malestar emocional, requiriendo apoyo psicológico para su superación.

Las principales reacciones que se dan en un proceso de separación son:

·         Depresión: perder a una persona con la que se ha compartido una relación íntima produce síntomas de tristeza, soledad, aislamiento, pérdida de actividades gratificantes, sentimientos de culpa, desesperanza, desilusión respecto al futuro y un incremento de situaciones estresantes a las que hay que enfrentarse.

·         Ansiedad: La sensación de pérdida de control de la situación, los pensamientos intrusivos, el desconcierto sobre el futuro, son motivos de ansiedad

·         Trastorno de Estrés Postraumático: se produce especialmente cuando ha habido situaciones de violencia de género

·         Baja autoestima

·         Inadaptación: La persona puede aislarse, sentir una desgana generalizada que le impida la participación en actividades agradables y comunitarias, con lo que pierde su apoyo social. Se alteran las relaciones familiares y sociales, pudiendo agravarse con problemas económicos.

DESARROLLO DE UN PLAN DE TRATAMIENTO

 

 

 

TRASTORNO DISOCIAL EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

El trastorno disocial en niños y adolescentes es un problema de gran importancia, por las repercusiones que puede tener en el futuro (conductas delictivas, fracaso escolar, adicciones, conductas de riesgo). 

Al estudiar el comportamiento del niño con un trastorno disocial tenemos que tener en consideración que su actitud en ocasiones no corresponde a un deseo de hacer el mal, en ocasiones las dificultades de relación, la interpretación errónea de las interacciones sociales codificándolas como hostiles, producen una respuesta agresiva.

Es importante establecer los motivos de la aparición de un trastorno disocial para establecer un plan terapéutico personalizado, y que englobe al resto de la familia.

A tener en cuenta que el carácter retador de estos chicos produce el rechazo de sus compañeros, por lo que en muchas ocasiones perciben que no son aceptados, buscando la compañía de otros chicos con similares problemas, lo que les conduce directamente a una mayor desadaptación.

Muchos de los chicos que hacen bullying a sus compañeros tienen un trastorno disocial, mostrando incapacidad de mostrar compasión ante el sufrimiento que están produciendo en otros: dar miedo es mejor que sentirse solo, o es una forma de respuesta agresiva a su propio sentimiento de aislamiento y baja autoestima.

Si quieres leer más sobre este tema, puedes ir al siguiente ENLACE

Plan de Estudios de Psicología tras Bolonia: algo va mal

Con la implantación de los estudios de grado en las universidades españolas, se suponía que "la idea" era una enseñanza de calidad y unos profesionales más cualificados.

Era "la idea".

Anteriormente los estudios de licenciatura en Psicología abarcaban cinco años, con sus prácticas presenciales, etc. Se terminaba la carrera y las opciones eran opositar al P.I.R. o intentar buscar trabajo en el sector privado, lógicamente empezando la búsqueda de trabajo con la profundización académica, que se podia compaginar con el trabajo.

Llega el Plan de Bolonia ("tenemos un plan") y la carrera se pasa a cuatro años. Terminas la carrera y te sirve para exactamente lo mismo que ir a comer a casa de tu tía la de Alcalá: no se puede ejercer. Se necesita realizar un máster o hacer el P.I.R.

Problemas:

En el master, en plan optimista, se ofertan en la Comunidad de Madrid unas 400 plazas, de las que bastantes más de la mitad son en universidades privadas (señores, ajústense el cinturón). En caso contrario no hay máster, con lo cual has pasado cuatro bonitos años de tu vida aprendiendo muchas cosas que no te van a servir para ejercer. El inmenso cuello de botella.

La otra opción es el P.I.R., igual que antes. Pero mi pregunta es: ¿esos psicólogos que aprueban el P.I.R. y pueden atender pacientes, cómo suplen el año y medio de formación académica que se ahorran con el máster? práctica, toda la del mundo, teoría...

Las plazas para especialidades en el sistema de Seguridad Social son escasísimas, pero la ratio que existe para médicos, por ejemplo, debe estar plaza por cada 3 que se presentan. En Psicología debe haber 37 solicitudes por plaza. Algo raro hay. 

Si tenemos la mala suerte de tener que ir un día al médico de cabecera y somos un poco observadores, nos daremos cuenta que muchos de los usuarios necesitan otro especialista diferente del médico de cabecera: las enfermedades psicosomáticas, depresiones, ansiedad, etc, deberían poder ser tratadas por un psicólogo, trabajando mano a mano con el médico de cabecera (médico de cuerpo, especialista de mente), y que fuera el propio psicólogo el que pudiera derivar a Psiquiatría en caso de necesitar medicación.

Aquí vamos al revés en todo. Una cosa es que los españoles seamos un pelín chapuceros y otra cosa es que parezca que tengamos una especial inquina a los psicólogos: se les niega la oportunidad de ejercer por no haber suficientes  plazas para su formación, no hay dotación suficiente de plazas en el sistema sanitario público (con citas de hasta 3 meses para un problema psicológico), se prefiere la medicación al tratamiento (así andamos de gasto farmacéutico en ansiolíticos y antidepresivos).

Las cosas pintan muy mal, para pacientes y para profesionales. Creo que antes de lanzar un cambio tan grande como ha sido el paso del licenciatura a grado, debería haberse previsto la suficiente dotación para la continuación de los estudios hasta su capacidad de ejercer profesionalmente, y por otra parte, me queda la inmensa duda de cómo han articulado el hecho de que los psicólogos P.I.R. no tengan esos 18 meses de máster obligatorio, en los que además de la práctica, se aprenden materias que antes estaban dentro de la licenciatura.

Malos tiempos para una carrera preciosa.

 

 

Tratamiento de la Agorafobia: luchando contra una mente que engaña al cuerpo

La agorafobia se define como un miedo irracional a sufrir un ataque de pánico ante determinadas situaciones, algo que llega a obsesionar de tal forma a la persona que tan sólo con pensarlo puede sufrir los síntomas somáticos que acompañan a su miedo (mareos, ganas de vomitar, parestesias, sudoración, taquicardia, etc).

El tratamiento puede resultar complicado porque hay que trabajar con síntomas físicos, además de los pensamientos catastrofistas y vencer las resistencias del paciente a exponerse (base de la  mejoría), porque, lógicamente el miedo actúa como un repelente de la situación.

Estas son algunas de las técnicas con las que se trabaja la Agorafobia:

No te creas todo lo que te dicen

Una crisis de pareja suele desembocar en una crisis personal donde nos cuestionamos nuestros propios actos, conductas y emociones desde un filtro de culpa y sentimientos negativos hacia nosotros mismos.

La propia crisis supone que tu pareja te está cuestionando y existe un mecanismo completamente normal que se despliega en estos momentos: LA JUSTIFICACIÓN.

En ocasiones nuestra pareja se aleja y nos damos cuenta, intentamos hablar, razonar, buscar soluciones y normalmente cuando le planteamos el hecho de habernos dado cuenta de que algo va mal en la relación, la otra persona reaccionará atacando: es más sencillo culpar a la otra persona, hacerse la víctima de la situación que reconocer que existe un enfriamiento, del que lógicamente es consciente. Esto supone una sensación de inseguridad en la persona: no dispone de datos para saber QUÉ es lo que va mal, solo sabe que va mal, y si le reprochan determinadas actitudes, probablemente crea que son ciertas, o al menos, le entrará una duda razonable.

Cuando esta situación no se produce en una crisis, sino en una situación de ruptura (pongamos una infidelidad), la persona que se ha alejado no reconocerá normalmente la situación, tenderá a culpabilizar a la otra parte, esgrimiendo razones como que es una persona distante, que no le hace caso, que ya no es su prioridad la pareja, que se ha descuidado, que le hace sentir solo (me refiero a persona, no a que sea hombre o mujer).

El momento de crisis o ruptura inesperada supone un tsunami emocional, nos hace perder pie, nos sentimos desorientados y cualquier cosa que nos digan nos la podemos creer mucho más facilmente.

Con un poco de suerte, si la ruptura se produce, y pasado un tiempo prudencial, la persona última en enterarse de que aquello iba mal, podrá reflexionar sobre lo que ocurrió y hacer un balance sobre lo ocurrido. Tal vez la acusación de "tú cada vez eras más pasivo" obedece a un proceso en el que la persona aceptó un periodo previo en el que su pareja (supuesta víctima), estaba malhumorada, cansada y más pendiente del móvil que de mantener una conversación. Tal vez la acusación de "apenas teníamos relaciones sexuales" se debiera a esa alarma interna que nos dice que algo va mal en la relación porque las cosas no son como antes, porque la relación sexual está más carente de caricias y se restringe a un acto puramente fisiológico que nos deja vacíos....

En otras ocasiones la ruptura no deja claros los motivos y la persona sufre tremendamente al no saber las causas reales, y se cree lo que le dijeron cuando perdía pie, produciendo una bajada de autoestima y una más que predecible inseguridad en las relaciones futuras.

No te creas todo lo que te dicen, especialmente en momentos de crisis o de ruptura. Los motivos que te dan pueden no ser totalmente ciertos, pero cuando alguien carece de motivos, se los puede inventar.

Cuidado con los "busqué lo que no me dabas". Si no se lo dabas es porque igual no se lo merecía.

Cuidado con "la relación se enfrió". Si confiabas en esa persona, tal vez notabas ese enfriamiento, y sí, eres responsable de no haberlo hablado en su momento, o tal vez lo intentaste hablar y te dijeron que eran imaginaciones tuyas. Tal vez sólo asististe con preocupación a un enfriamiento que iba helando tu propia sangre, pero con el que no pudiste luchar.

Cuidado con "todo era más importante que yo", especialmente si la otra persona dejó de cuidar la relación o no te ayudaba a sacar adelante el hogar, dejando que te consumieras remando en soledad para sacar adelante a tu familia.

Cuidado con el "siempre estabas de malhumor". Igual era cierto. Muchas veces nos amargamos y estamos enfadados con el mundo, y, curiosamente, es más probable que ocurra cuando nuestra vida no nos satisface, cuando nuestra propia pareja, esa que ahora se hace la víctima, fue más una piedra en el camino que un compañero de viaje.

Revisa los motivos, analiza lo que ocurrió, pero hazlo desde tu propia perspectiva, intentando mantener la objetividad. Tú sabes lo que pasó, no te creas que pasó lo que la otra persona te cuenta, especialmente si esa persona no se portó bien contigo. Si no fue noble en la relación, menos lo iba a ser en la ruptura.

El tiempo y un repaso objetivo te ayudarán a recuperar la confianza en ti. Jamás le concedas demasiado crédito a lo que te dice alguien cuando se intenta justificar. Recuerda que entre los humanos funciona mucho el "NO HAY MEJOR DEFENSA QUE UN BUEN ATAQUE"

opinión de una psicoterapeuta desde el trato con los pacientes

Ultimamente se habla mucho de quitar la Misa de la 2 los domingos, como si fuera algo importante, como si fuera una decisión política de altísimo nivel.

En este sentido me gustaría dar mi humilde opinión desde las trincheras, desde la persona que trata día a día con personas, de forma individual, y puede dar su punto de vista a este respecto.

Cabe decir, y como declaración de intenciones, que mis creencias personales, son como mis filias, mis fobias, mis ideas políticas o mis alergias alimenticias: son parte de mi vida y no de mi trabajo, y cuando estoy trabajando estoy en la piel de los pacientes y no en la mía propia, con lo que intento comprender su punto de vista, sin juzgarlos bajo ningún concepto.

He visto muchísimos pacientes agnósticos, pero también he visto muchos pacientes creyentes. Hay un punto de diferencia entre ambos colectivos: su forma de afrontamiento., su visión de la desesperanza.

A todos ellos se les intenta explicar constructos que no son visibles (la mente) o formas de actuación que pueden promover un cambio en sus vidas y en sus problemas (ser proactivos, ser asertivos, control de la ira, pensamientos racionales...).

Sin embargo, cuando trabajas con pacientes creyentes y les hablas sobre formas de superar determinados problemas, ellos mismos te apuntan: tengo Fé.

El trabajo terapéutico con estas personas siendo lo mismo no es igual, ya que parten de unas fortalezas interiores basadas en la convicción de Dios que les ayuda y les da fuerza para no hundirse, para tener esperanza a través del sufrimiento. 

A estas personas no hay que animarlas a que salgan a la calle o proponerles actividades de tipo social para que no se desconecten del mundo: van a Misa, tienen sus amigas del ropero social, etc.

Podemos pensar igual o podemos pensar diferente. A mi me gusta pensar que todos cabemos en un mundo en el que la diversidad es maravillosa.

Respeto especialmente a las personas creyentes a partir de mi experiencia con afectados por el accidente de tren de Santiago. Viajaban muchas personas mayores, muchas creyentes. Al hablar con ellas, descubrí que hay un consuelo diferente al de la palabra que se le puede ofrecer, es el consuelo que nace de ellos mismos y de sus creencias, que les impulsa a aceptar la situación y seguir el camino, y me recordó a la Terapia de Aceptación y Compromiso, una terapia psicológica de Tercera Generación (de lo más nuevecito). 

Yo admiro a las personas que tienen una creencia superior, porque no sé si están equivocadas o están en lo cierto, pero el problema no es si están equivocadas porque exista "algo" después o no, que realmente es lo que menos me preocupa, es poder vivir con esperanza, es poder sentirse acompañada en el desconsuelo.

Los psicólogos no somos quienes para estar a favor o en contra de las creencias de las personas. Estamos para aceptarles íntegramente (excepto, lógicamente en las patologías) y utilizar su forma de ver la vida cuando nos puede beneficiar para promover el cambio psicológico hacia su bienestar emocional.

Hablo de católicos por estar ahora en el ojo del huracán a cuentas de la Misa. No comprendo que quieran quitar un bien para personas que, justamente pertenecen a colectivos necesitados (ancianos e impedidos). Ellos encuentran un consuelo, que si nosotros no necesitamos no podemos negar a los demás.

Podríamos estar en contra de los anuncios de hamburguesas si somos vegetarianos, o de ropa cara si somos anticonsumistas, o del día del padre si un divorcio desastroso nos privó de volver a verlos.

Debemos ser una sociedad comprensiva y eliminar aquello que hace daño a sus ciudadanos, pero realmente, admiro a las personas que encuentran consuelo, y a aquellos que tanto les moleste, les recuerdo que la televisión tiene más canales.

Y si el asunto es que todos pagamos en un Estado Aconfesional, recordar que pagamos muchas cosas en un Estado Aconfesional que no va en intereses de todos, y en cosas con las que muchos estamos completamente en desacuerdo, pero la idea tendría que ser dar el mayor servicio al mayor número de personas posibles.

Ser mayor, estar impedido, ser creyente y obtener consuelo en una Misa dominical no debería ser motivo para echarnos encima como hienas. Nuestro deber es ser solidario hacia las personas, y especialmente hacia las que más necesitan de nuestra ayuda.

Esta es una reflexión basada en personas y no en política. Os repito, mis ideas políticas hace demasiado tiempo que murieron, justo en el momento en que por mi profesión, me dedico a saber exactamente cómo son las personas, una a una. Eso te hace flexibilizar mucho las opiniones y no ser tan tajante en muchos aspectos.

 

Soy tu terapeuta, no tu amiga

Querido paciente,

Tú, sí, ese paciente con el que conecto muy bien y que se siente tan acogido y comprendido. 

Verás, te respeto  e intento dar lo mejor de mi cada vez que vienes a consulta. tu hora de consulta es para mi sagrada. Yo no te escucho, yo estoy trabajando en ti mientras te escucho.

Yo no siento tu pena, la comprendo y trato de aliviar tu dolor, sin hacerlo mio, porque es tuyo, y tu no necesitas un amigo, que ya tienes, necesitas una visión objetiva, una base científica en lo que yo te cuento.

Te hago reír, porque es bueno. Soy amable porque me sale del corazón. Te comprendo.

Pero a veces, querido paciente, tú no comprendes la situación. 

La hora que estoy contigo trabajo contigo, y luego sigo trabajando en otro momento. Mi trabajo no es sólo escuchar, es procesar, es hacer hipótesis, es buscar soluciones. Eso lo hago cuando tú te has ido, cuando no estoy con otro paciente.

Y eso es lo que no entiendes. Tu sesión no es tu hora, es tu hora y más tiempo aparte de preparar tu sesión, y está bien, ése es mi trabajo.

Pero por favor, querido paciente. Si tienes una cita con el psicólogo, piensa que tienes una cita con una persona que ha dejado una hora de su vida sólo para ti, y que ha preparado esa hora con trabajo en otro momento. Es tu hora, la que podría haber ocupado con otra persona a la que no pudo atender porque se había comprometido contigo.

Es su tiempo, el de una persona, ya sabes, una persona con vida y con familia y con sueño y con ganas de ver las noticias de la tele. Yo te respeto, respétame tu a mi por favor, respeta mi trabajo, respeta a otras personas que querían venir y yo no los pude atender.

Yo no quiero dedicar mi vida a tus cancelaciones, ni a las tuyas ni a las de todos los demás. Yo no puedo tener una secretaria para que vaya tachando cuando te quedaste dormido, cuando se te olvidó, cuando no tenías comida en la nevera o cuando has decidido irte de puente. O puedo tenerla, una de esas que llaman al pan, pan y al vino, vino. Igual yo trabajaba menos, o igual trabajaba lo mismo, o igual trabajaba más, pero sobretodo, me podría dedicar a mi trabajo y no a tener una especie de trabajo "b" que me obliga a ir con la agenda a todas partes para ver a quien le pasa qué.

Te repito: enfermos podemos estar todos. Un imprevisto puede tenerlo cualquiera, pero, en serio, si te crees que esto es como el que pide hora en la carnicería y luego se va de la tienda, olvídate. 

Respétame, y respeta a otras personas que pidieron cita y no pude dársela porque era TU hora, pero luego tenías que ir a comprarte un vestido.

Y por favor, comprende que a partir de hoy, no vas a poder hacer esto. Y yo no voy a ser ni más borde ni menos empática. Simplemente voy a dignificar mi trabajo, igual que tú dignificas el tuyo.

la ACTITUD modula la APTITUD

Dos palabras tan parecidas y sin embargo, una tan dependiente de otra.

El tema de los estudios de los chicos puede extrapolarse a cualquier tipo de meta que nos pongamos en la vida, a nuestra forma de enfrentarnos a los retos.

Siempre se habla de la APTITUD como lo fundamental y necesario para conseguir éxito en una tarea: si uno no tiene aptitudes para las matemáticas casi le condenamos al suspenso.

Sin embargo no debemos centrarnos tanto en las aptitudes, porque toda persona tiene a nivel académico sus fortalezas y debilidades: no podemos ser bueno en todos ni los mejores en lo que somos buenos. 

No sería lógico hacer sólo aquello que se nos da bien. ¿Dónde quedaría el espíritu de superación? ¿el amor propio? ¿esforzarnos por conseguir objetivos?

La aptitud está muy bien pero no es condición suficiente para lograr el éxito académico. Necesitamos un factor modulador de primera magnitud: la ACTITUD.

Esa predisposición hacia la tarea impulsa su consecución y generará mejores resultados en cualquier alumno, independientemente de sus aptitudes. 

Si un chico tiene facilidad en una materia pero no tiene interés en lo que hace, está descentrado, no encuentra el la motivación necesaria para el esfuerzo (actitud negativa), no conseguirá avanzar, no intentará esforzarse ni lo más mínimo por progresar en el aprendizaje, y de poco servirá que tenga facilidad: todas aquellas destrezas que no potenciamos quedan dormidas en nuestro interior.

Sin embargo, si un chico tiene dificultades en una materia pero desea avanzar, utilizará estrategias básicas para progresar: atendiendo en clase, repasando, preguntando, volviendo a repasar... puede ser que no llegue al 10 pero habrá conseguido dos cosas importantes:

1. Demostrar amor propio para vencer dificultades

2. Luchar por sus sueños y objetivos

Por este motivo, a pesar de que siempre nos ha preocupado el nivel de inteligencia de los chicos, su facilidad para los estudios, etc, maestros, padres, orientadores, deberían reforzar la ACTITUD hacia el aprendizaje, que por otra parte será un buen predictor de su capacidad para afrontar retos en la vida.

El trabajo de mejorar la actitud hacia los estudios se logra con técnicas de mejora de autoestima, afrontamiento positivo, reforzamiento de la motivación intrínseca, y reforzamiento positivo de los logros.

Si tienes un hijo con una buena ACTITUD, estás de enhorabuena. Si tienes un hijo con una buena APTITUD...el camino puede ser mucho más fácil o a falta de actitud puede ser una experiencia frustrante.

Es como tener dos cocineros: uno con maravillosos ingredientes que echa a la olla sin ton ni son y otro que con 4 sobras, imaginación y mimo prepara un plato exquisito.

Trabajemos pues ese maravilloso potenciador natural que nos da el cerebro y que a veces hay que construir de la nada. 

 

¿Quieres controlarlo todo? be water, my friend

La necesidad de control del entorno, de las cosas que pueden pasar en la vida en típico de las personas que sufren un Trastorno de Ansiedad Generalizada. Siempre están preocupados, y pasan de una preocupación a otro de forma que siempre andan pensando (no pueden parar los pensamientos).

Todo es objeto de análisis de "lo que puede salir mal", de forma que hay que controlarlo, neutralizarlo o (esta es la parte que más me fascina) empezar a sufrir por lo que puede pasar "porque así ya me he hecho a la idea". 

La realidad es que el destino es puro azar. Se puede controlar lo que la vida "nos concede" controlar: la dieta para no tener colesterol, los ahorros por si vienen mal dadas, la marca de champú para prevenir la caída del pelo (que si se tiene que caer, se cae) y...cosas por el estilo. Nada más.

Cuando sales a la calle con tu vida hipercontrolada y tu preocupación elegida como "La Preocupación" no sabes realmente con quien te vas a cruzar, con quien vas a hablar, si vas a recibir una noticia maravillosa o vas a tener un "día de perros" (expresión que no logro entender, porque ya me gustaría a mi vivir la vida de mi perro). 

La necesidad de controlar las variables vuelve a la persona hipervigilante ante problemas que imagina, y pensar en problemas que no han sucedido, es en cierta manera vivir los problemas. Nos resta calidad de vida.

No es cierto que anticipar un suceso negativo va a suponer que luego duela menos. Conozco personas que llevan años anticipando el fallecimiento de un familiar y sufriendo una pérdida que no sucede (básicamente porque el familiar no está enfermo). Esta situación a esta persona le hace vivir en constante estado de alerta, tiene ansiedad, vive pendiente del móvil, no viaja por si pasa algo en su ausencia, tiene dificultades en su relación de pareja y un estado de ánimo deprimido. Insiste en que pensar sobre el fallecimiento del familiar le prepara para el suceso, aunque lo único que consigue es no disfrutar de su compañía, asociar su imagen a la angustia y el dolor, sin darse cuenta que nadie está preparado para determinadas cosas, y que cuando el dolor llega se vive con la misma intensidad por mucho entrenamiento que hayas tenido, que lo único que sirve es para desperdiciar los buenos momentos.

Estas personas necesitan urgentemente una reestructuración cognitiva, comprender que no es sano para la mente vivir anticipando desastres que, probablemente, si hacen una estadística de sus "catástrofes anticipadas" se darán cuenta que en la casi totalidad de los casos no sucedió lo que pensaban, y ese dolor, esa angustia, el estado permanente de ansiedad no sirvieron para nada.

No es fácil dejar de pensar. Se necesita un aprendizaje, técnicas específicas para "educar nuestra mente", pero realmente en ocasiones es necesario hacer ese trabajo, porque el precio de la ansiedad generalizada es alto: ánimo deprimido, sensación de angustia, frecuentes sobresaltos, problemas psicosomáticos (colon irritable, alergias, mareos, cefaleas tensionales), etc.

Si te has sentido identificado con esto piensa por un momento: la vida no es fácil, pero simplificarla, aprender a disfrutar del momento, concentrarse en lo que está sucediendo de bueno, puede convertir el viaje en algo sorprendente, como una aventura con episodios realmente malos, pero también con regalos inesperados que solamente podemos disfrutar si nuestra actitud es de aceptación.

Los días son regalos de cumpleaños que nos da la vida para abrir cada mañana: cuanto mejor trates a la vida, más generosa se mostrará.

Antes de insultar...enciende el corazón

¿Qué nos pasa? ¿Dónde quedan nuestros auténticos sentimientos cuando herimos a los seres que más queremos?

Demasiadas veces faltamos al respeto, hablamos mal, herimos a aquellos por los que daríamos la vida. No pensamos, el rencor, el dolor del momento nos ciega y dejamos de ver lo que significa la persona para centrarnos en hacer daño.

¿Cómo se puede insultar a tu pareja?, ¿Cómo se puede ridiculizar o denigrar al hijo adolescente? Lo hacemos, a menudo, demasiado a menudo. Somos incapaces de replicar al jefe (ese señor que es importante para llenar nuestra nevera pero que jamás nos hizo temblar de emoción) y sin embargo, ante aquellas personas que hicieron que tan solo por existir se nos arrasaran los ojos de una emoción indescriptible, de un amor sin medida, sacamos lo peor de nosotros.

La próxima vez que vayas a insultar a alguien a quien amas, por favor, piénsalo: estás hiriendo lo más preciado de tu vida. Tal vez haya otras maneras de hacer sentir tu dolor que no pasen por hacer lo que juraste jamás hacer.

A veces nuestra pareja nos irrita, y gritamos nuestro enfado y nuestra impotencia, pero insultar es insultarnos a nosotros mismos: si piensas lo que le estás diciendo a tu pareja (habitualmente que es lo peor), significa simplemente que tu estás con lo peor, que te mereces lo peor. ¿es así? seguramente no. Estás con quien amas, probablemente has construido una vida a su lado, y la vida son espinas y son rosas, pero no hace falta envenenar las espinas, tan sólo comprender que a veces hay dolor y otras alegrías, y que no siempre todo es perfecto o sale como quisiéramos (poco aprenderías de la vida, la verdad).

Lo mismo pasa con los hijos. Especialmente los adolescentes, a veces se les critica, se les llama inútiles, se les considera vagos, infantiles, irresponsables, mentirosos, sucios...pero son nuestros hijos, y no son nada de eso. No les digas eso, por favor, nunca más antes de recordar la primera vez que estuvo entre tus brazos (sí, el inútil, vago, irresponsable, mentiroso, desordenado ese). Darías tu vida por él. Empieza por darle tu comprensión. Bájate de tu pedestal de "adulto responsable que lo sabe todo" y empieza a ser padre, padre de verdad, el padre asustado porque estás igual de asustado ahora que cuando no sabías cómo poner un pañal (pero ahora las dudas se notan más).

Tienes la oportunidad de amar. Ahora. Sé valiente, sé frágil, pero nunca, jamás vuelvas a faltar al respeto a lo que amas. Grábate ese momento en que la emoción te hizo sentir que tu vida era para hacer feliz a otros. No dejes que la rutina, el cansancio, el tiempo mate ese sentimiento: el más puro, el más auténtico que has sentido.

Los tuyos, lo tuyo, se merecen una mirada al corazón

control de natalidad: algo estamos haciendo fatal

Cabe comenzar este post con una declaración de intenciones: no baso esta reflexión en una opinión política, tan sólo en una reflexión personal, fruto de lo que veo/oigo y de una cierta información de calidad sobre lo que ocurre en los colegios públicos (no por ser públicos, ya se entenderá).

En España siempre hay un debate político sobre la ley del aborto que divide la sociedad en ambos sectores y nos deja a unos cuantos fuera de poder dar una opinión personal porque las generalizaciones son odiosas, y porque es una situación personal tan dura que, al menos para mi, es imposible posicionarme, y sólo sé lo que yo haría o dejaría de hacer.

Pero existe una opción que no divide a la sociedad y que está plenamente aceptada: el control de la natalidad. Se supone que en España podemos "decidir" los hijos que queremos, y que si no podemos permitirnos más de uno o dos, existe la opción de la vasectomía, ligadura de trompas, dius, anticonceptivos, etc.

Muchos nos plantamos en el segundo, a pesar de que deseábamos más. Nos gustaban los niños, nos sentíamos capaces de atenderlos, pero los números no salían. Creo que lo mismo que me planteé yo en su momento: los números no salen, le pasó a otras muchas personas. Somos personas que trabajamos, y que no percibimos ningún tipo de ayuda estatal. Hemos pagado los libros de nuestros hijos, su comedor escolar y quitándonos de otros lujos, les hemos podido comprar la "playstation" o llevarles a judo.

Sin embargo, la corriente "buenista" actual es todo un contrasentido: aborto libre, o ten los hijos que quieras que el Estado te ayuda. No es justo. Simplemente carece de toda lógica penalizar al trabajador que se responsabiliza y es consciente de sus limitaciones en pro de un viva la vida, que ya si eso, vienen los Servicios Sociales y nos dan el catálogo de ayudas disponibles para los que no trabajamos y tenemos hijos sin poner cortapisas.

Si es por motivos religiosos, lo de los tropecientos hijos, mal vamos: estamos en un estado aconfesional. Si es por el aprendizaje de la solidaridad del Estado, peor. La solidaridad tiene que ser para ayudar necesidades sobrevenidas, no para estar subvencionando al que cuenta de base con ello.

Hablándolo con una amiga, profesora de colegio, me comentaba que realmente existe la cultura de "las ayudas". Determinados colectivos que acceden a todo tipo de subvenciones (con el niño sentadito al lado jugando con la tablet, que a ver si vamos a ser tontos). 

Ante esto, creo que los que claman por el aborto libre, o los que piden una solidaridad que jamás empieza por el vecino de al lado, deberían hacer un ejercicio de reflexion: si le pedimos a mujeres que no pueden hacerse cargo de un niño que aborten, ¿por qué permitimos que una mujer que no puede hacerse cargo de un niño tenga cinco? Para mi la solución sería bastante sencilla, ademas de una mayor formación y concienciación de esas personas de que los hijos hay que mantenerlos, que el Estado,, que tal vez existan otros colectivos necesitados a los que no se les puede ayudar porque no da para todos, habría que enseñarles planificación familiar.

¿Y si la planificación familiar va en contra de su religión?...(Estado aconfesional), pues muy sencillo: ayuda para los dos primeros hijos y el resto te los pagas tu, porque una vez que el Estado cumple con la premisa de informarte y de ponerte los medios para que no  sigas teniendo niños que no puedes mantener, es tú responsabilidad, la misma que tienen tantas y tantas madres que deseando tener más hijos no los tienen por eso mismo: responsabilidad.

Siento si alguien piensa que soy antisolidaria. No creo serlo. Simplemente la reflexión sobre una situación que he vivido, y que veo todos los días cuando los niños van al colegio, me produce una extraña sensación  de que no comprendemos que no exigimos a todos los mismo.

De esta forma, y como resumen: control de natalidad, información exhaustiva a las familias y en caso de que decidan que pueden asumir una familia numerosa, pues nada, suerte y a ver cómo se organizan con sus propios medios. 

la mala suerte en el amor

Es cierto, no vamos a negar lo evidente, hay gente que tiene la suerte de su vida encontrando a la pareja perfecta y viviendo una vida maravillosa con fuegos artificiales y perdices en el tupper.

3. Son 3, que los tengo contados.

Las relaciones de pareja suponen un esfuerzo continuado para ir cediendo, avanzando, encajando. Hay que tener más moral que "el negociador" para conseguir el equilibrio perfecto de la pareja, ese momento en que ya no son las hormonas, las mariposas en el estómago y los buenos propósitos de "ser mejor persona para el otro", ese momento en que ya lo que pensamos en nuestra propia estabilidad, que vemos los defectos del otro y el otro los nuestros y eso no nos impide avanzar.

Pero existen personas que parece que jamás tienen suerte en el amor: pasan de una relación mala a otra peor. Es cierto que acumulan historias como para escribir un libro de anécdotas tristes y siniestras. El que no "cojea, renquea", y claro, la persona es a veces incapaz de sentarse enfrente de un espejo y decir: "¿son los otros o soy yo?". 

Si has pensado alguna vez que tienes imán para la gente rara, párate. No vuelvas a decir eso, es demasiado fácil dejar a la causalidad el maltrato al que estás sometiendo a tu corazón por no hacer algo tan simple como: NO BUSCAR, NO CONFORMARTE. ESPERAR.

No te decidas por relaciones que no te convencen completamente, que presenta agujeros negros que intentas no ver, que piensas que con el tiempo desaparecerán, que la persona cambiará...cada uno somos lo que somos, y todos tenemos nuestra parte oscura. Lo que hay que encontrar es la persona que sepa cuales son nuestras partes más complicadas, que sepamos cual es su peor versión y no resulte algo que mejor enterrar y hacer como si no existiera: o se puede con ello o no se puede, y si no se puede no se podrá, y entonces llegará la ruptura y la enésima queja de "tengo muy mala suerte".

Si te conoces, si sabes lo que te gusta, te emociona, te motiva, también sabrás lo que no soportas, te aburre, te enerva o consideras inaceptable. Son puntos que tienen que prevalecer sobre las fastidiosas mariposas en el estómago. Los puntos fundamentales de tu vida deben prevalecer sobre el "ya cambiará". Las personas pueden mejorar, claro, pero cambiar, cambiar...es algo complicado.

Deja de buscar. Corres el riesgo de caer en la desesperación y quedarte con lo primero que te encuentres (lo que ocurra no va a ser fruto de la mala suerte, será algo previsible).

Todos tenemos personas afines. La paciencia, la construcción de una vida plena puede resultar más atractiva para otras personas. El poder decidir y el saber renunciar son opciones válidas: si en la frutería te llevas manzanas duras por no esperar que en media hora traigan un nuevo pedido, no te quejes de la mala suerte de la manzana que compraste:  llévate otra fruta o espera que llegue el pedido de fruta madura y perfecta, y entonces, estira tu dedito acusador y di: "ésta".

Deja de maltratarte, deja de repetirte lo de "la mala suerte en el amor", líbrate de ese estigma. El amor llegara, cuando no confundas compañía con amor. Cuando te des cuenta que el jersey de mercadillo hace bola aunque cueste cuatro duros y más vale ahorrar un poco y comprar ése jersey un poco caro pero que dura eternamente.

Ahora puedes pasar de ser la persona que busca el amor a la persona que deja que el amor le encuentre.

Suerte, vales más de lo que estás diciendo, así que mirada al frente y paso firme. 

 

"A mi mujer siempre le duele la cabeza, y de novios era una tigresa"

No es ningún tópico lo de "a mi mujer siempre le duele la cabeza". Las diferencias en la forma de vivir la sexualidad dentro de la pareja son a menudo fuente de conflictos e importantes desavenencias.

Muchos hombres se quejan de que su mujer nunca quiere tener relaciones sexuales, que siempre tiene excusas: está cansada, le duele la cabeza, está con el período, justo el único rato que tiene para descansar...

La forma de vivir esta situación difiere en el hombre y la mujer. El hombre se siente frustrado, cree que ya no es atractivo para su mujer, que ella "pasa de él", que ya no está enamorada. Ella se siente muy presionada por la actitud del hombre, dice que le agobia, que no la comprende, que realmente no tiene ganas pero eso no significa que no quiere a su pareja.

La realidad es que los seres humanos ponemos nuestro interés y energía, sentimos motivación hacia aquello que deseamos obtener: la mujer, por motivos biológicos, sociales, culturales, etc, pierde cierta motivación sexual cuando considera que su pareja está consolidada. Se siente segura en la relación y presta más atención a otras cosas (su carrera, los niños, la casa). Ya no tiene todos sus anhelos puestos en su pareja, a la que claro que quiere, pero de una forma menos apasionada.

El hombre no pierde esa motivación sexual (la testosterona, que manda mucho). El hombre tiene un reflejo sexual mucho más saliente, y suele tener mucha mayor necesidad de una vida sexual más intensa. Para él, el grado de satisfacción dentro de la pareja está mucho más ligado en proporción directa al grado de satisfacción sexual. Volvemos a la biología.

En este contexto las mujeres que padecen este problema indican que una vez que inician la relación sexual no tienen ningún problema, pueden llegar al orgasmo y disfrutar el momento. Es más, suelen preguntarse por qué son tan "perezosas" para iniciar el contacto sexual, pero se les olvida rápido. La pereza puede con ellas.

Este trastorno está considerado en el Manual Diagnóstico DSM-5, que se utiliza para ver los criterios que cumplen diferentes trastornos psicológicos o psiquiátricos dentro de las Disfunciones Sexuales, con el nombre de Trastorno del interés/excitación sexual femenino.

Aquí tenéis los criterios diagnósticos que se utilizan para diagnosticarlo. Es necesario que se cumplan tres o más de los siguientes síntomas en la mujer: 

A. Ausencia o reducción significativa del interés/excitación sexual femenina, que se manifiesta por lo menos por una de las tres siguientes:

1. Interés ausente o reducido en la actividad sexual.

2. Fantasías o pensamientos sexuales o eróticos ausentes o reducidos.

3. Inicio reducido o ausente de la actividad sexual y habitualmente no receptiva a los intentos de la pareja por iniciarla.

4. Excitación o placer sexual ausente o reducido durante la actividad sexual en casi todas o todas las ocasiones (aproximadamente 75-100 %) de la actividad sexual en pareja (en situaciones y contextos concretos o, si es generalizada, en todos los contextos).

5. Excitación o placer sexual ausente o reducido en respuesta a cualquier invitación sexual o erótica, interna o externa (p. ej., escrita, verbal, visual).

6. Sensaciones genitales o no genitales ausentes o reducidas durante la actividad sexual en casi todas o todas las ocasiones (aproximadamente 75-100 %) de la actividad sexual en pareja (en situaciones y contextos concretos o, si es generalizada, en todos los contextos).

B. Los síntomas del Criterio A han persistido durante unos seis meses como mínimo.

C. Los síntomas del Criterio A provocan un malestar clínicamente significativo en el individuo.

D. La disfunción sexual no se explica mejor por un trastorno mental no sexual o como consecuencia de una alteración grave de la relación (p. ej., violencia de género) u otros factores estresantes significativos y no se puede atribuir a los efectos de una sustancia/medicamento o a otra afección médica.

Especificar si: De por vida: El trastorno ha existido desde que el individuo alcanzó la madurez sexual. Adquirido: El trastorno empezó tras un período de actividad sexual relativamente normal. Especificar si: Generalizado: No se limita a determinados tipos de estimulación, situaciones o parejas. Situacional: Ocurre solamente con determinados tipos de estimulación, situaciones o parejas. Especificar la gravedad actual: Leve: Evidencia de malestar leve a causa de los síntomas del Criterio A. Moderado: Evidencia de malestar moderado a causa de los síntomas del Criterio A. Grave: Evidencia de malestar grave o extremo a causa de los síntomas del Criterio A.

¿TIENE TRATAMIENTO?

El tratamiento psicológico de este problema engloba a ambos miembros de la pareja, ya que aunque se trabaja con la mujer a nivel conductas, cogniciones, motivaciones, cambios de rutina, etc, el hombre debe mostrar paciencia y comprensión y evitar presionar o enfadarse con su pareja, ya que se requiere un trabajo que proporcione a la mujer una retroalimentación positiva de sus progresos, por muy lentos que sean. 

Si quieres leer más sobre el Trastorno del interés/excitación sexual, puedes consultar en el apartado de Disfunciones Sexuales de la página: http://www.todopsicoterapia.es/parejas/

 

2º Bachillerato: cuando la presión desborda al adolescente

2º Bachillerato es un año tremendamente complicado para los estudiantes.

A pesar de que llevan años teóricamente concienciados de la importancia de obtener una buena media para poder acceder a los estudios superiores que quieran cursar, a pesar de haber sido hasta ese momento alumnos excelentes, 2ª Bachillerato supone un esfuerzo académico y también para luchar contra la ansiedad, el cansancio, los nervios, el miedo al fracaso...

En este contexto aparece en consulta un perfil muy típico de paciente:

- Adolescente con buen expediente académico

- Motivación intrínseca hacia el estudio

- Alto grado de responsabilidad

- Metas profesionales definidas

- Baja autoestima

- Carencia de habilidades sociales

- Sobreprotección parental

Ante esta situación, el chico, que siempre ha sido responsable, con unos padres "muy encima" de sus estudios, acostumbrado a obtener buenas calificaciones y que hasta el momento, gracias a la constancia y el esfuerzo ha ido pasando los cursos sin ningún tipo de problema, se encuentra con EL MIEDO.

Aparecen pensamientos catastrofistas, no respecto a la posibilidad de suspender (al principio), simplemente de no obtener la nota media suficiente que le posibilitará el acceso a los estudios deseados.

Es el momento en que empieza un bucle de inseguridades: su rendimiento empeora porque sus pensamientos negativos interfieren en el estudio. Son incapaces de concentrarse, aparecen problemas de sueño y en muchos casos dificultades de relación con otros compañeros (los nervios pasan factura en todos). 

En algunos casos esta situación que el chico se está "tragando en silencio" (por no preocupar a sus famliares), se desborda en forma de crisis de llanto, problemas somáticos (dolores de cabeza de tipo tensional, problemas de estómago, etc), y en los casos mas extremos aparece el temido "ataque de ansiedad", que alarma tremendamente a la familia (un primer ataque de ansiedad puede acabar en el hospital por miedo a estar sufriendo un ataque al corazón).

La solución a estos problemas viene de la mano de las tecnicas de relajación y técnicas de afrontamiento de problemas.

Requieren ayuda para ser conscientes que la preocupación extrema empeora sus resultados, y la falta de concentración viene motivada por la rumiación de pensamientos negativos y la anticipación de un desastre.

Por todo ello, si el chico empieza a presentar síntomas de una ansiedad patológica: tome medidas. Necesitan ayuda, pero no sobreprotección, necesitan ánimos y ante todo, tomar el control de la situación. 

No conseguir nota para la carrera deseada se puede vivir como un drama, pero a veces tenemos que ser conscientes de la realidad: si nuestra nota media es de 8 tal vez no haya esfuerzo posible para conseguir entrar en las carreras con más exigencia en el expediente. Tal vez buscar ayuda en el orientador del centro pueda ayudar a asumir objetivos alcanzables y superar esta etapa con más tranquilidad.

Relajación, estrategias de afrontamiento, técnicas de solución de problemas, mejora de la comunicación, información sobre los efectos de la ansiedad y cómo manejarlo y...procurar al chico del descanso necesario son vitales para superar esta etapa que supone para muchos su primer reto real en la vida. 

El problema de sentir o no sentir las emociones

Mucho se habla de la EMPATÍA, está de moda colar en cualquier tema referido a nosotros mismos o para despellejar a alguien el "es que no es empático", o "yo soy muy empática".  Parece como que ser empático ya nos salve de todos nuestros pecados, y nos convierta automáticamente en buenas personas.

Obviamente ser empático es estupendo, siempre y cuando no derive en un contagio emocional, por el que al final, en vez de comprender el sufrimiento ajeno lo sentimos como propio, convirtiéndonos en "la novia en la boda, el muerto en el entierro....". Dejemos la empatía como esa cualidad de comprender, dejándola fuera del concepto "sentir". 

Pero en realidad lo que me interesa ahora no es la cualidad empática. Lo que me preocupa es la frialdad emocional, el embotamiento afectivo, la pérdida de capacidad de sentir emociones básicas y necesarias. A veces ocurre, por distintas causas, en algunos casos son orgánicas, como en la esquizofrenia, en otras son sobrevenidas por situaciones traumáticas o el cúmulo de emociones negativas que hace que la persona se anestesie emocionalmente.

A continuación tenemos algunos conceptos que se podrían denominar "trastornos de la emotividad":

APLANAMIENTO AFECTIVO o indiferencia emocional. En este caso la persona se muestra indiferente al sufrimiento/bienestar propio y de los demás. Se presenta en esquizofrenia, retraso mental, autismo y en trastornos orgánicos cerebrales.


FRIALDAD EMOCIONAL Común en los sociópatas, que sí tienen sentimientos propios pero son incapaces de sentir el sufrimiento de los demás.


SENSACIÓN DE "NO SENTIR NADA" es diferente del aplanamiento afectivo y de la frialdad emocional ya que el individuo es consciente de esta falta de emociones y sufre por ello. El sujeto se siente vacío y muerto, ante la incapacidad de sentir nada, ni alegría ni dolor, ni cariño por amigos o familiares. 

DISOCIACIÓN O INCONGRUENCIA IDEO-AFECTIVA: no existe una equivalencia entre lo que la persona siente y piensa o en cómo lo manifiesta y la emoción en sí misma.

RISA O LLANTO INISTENSIONAL, PARATIMIA O INADECUACIÓN AFECTIVA: la expresión emocional no se corresponde con el contexto en el que se produce y la expresión emocional que desencadena. 

PARÁLISIS PSEODUBULBAR, LESIÓN EN LOS TRACTOS CORTICOBULBARES. el paciente tiene episodios de risa o llanto, o ambos a la vez que son difíciles de interrumpir una vez que se desencadenan. (No guardan relación con un estado emocional concreto). 

PROPORCIONALIDAD EMOCIONAL: relación cuantitva entre el estímulo y la respuesta emotiva.

RIGIDEZ AFECTIVA: el sujeto no se desprende fácilmente de un estado emocional y permanece bajo su influencia a pesar de que cambie la situación o contexto en el que se ha dado esa reacción emocional. También se llama adherencia emocional, y supone presentar siempre el mismo tono afectivo independientemente de la situación. Se presenta en demencias y enfermedades cerebrales. 

IRRITABILIDAD, TENDENCIA ESPECIAL AL ENFADO. el sujeto se molesta con facilidad ante las menores dificultades de la vida

MAL GENIO: actitud de tendencia al enfado muy prolongada, sin estar mediada por factores específicos

MAL CARÁCTER: rasgo de personalidad, con tendencia a la ira y el enfado. Viene mediado por la forma de interpretación su mundo, a las personas y el contexto. 


AMBIVALENCIA EMOCIONAL: emociones opuestas frente a una situación que coexisten, como podrían ser el amor-odio.

PUERILIDAD: estado eufórico, con tendencia a la superficialidad (también se conoce como moria), y se presenta en lesiones del lóbulo frontal, esquizofrenia, retraso mental, intoxicaciones metabólicas e intoxicación con estimulantes. 

LABILIDAD EMOCIONAL: continuos cambios en el estado de ánimo sin estar presente un estímulo desencadenante, pudiendo pasar de la risa al llanto. Puede suceder en trastornos como el bipolar (fase manía), delirium, lesiones del lóbulo frontal y demencias. Se asocia con la incontinencia emocional (no puede controlar sus emociones). Es propio de la personalidad limítrofe.

ANHEDONIA: incapacidad para experimentar placer. Es uno de los síntomas nucleares de la depresión. 

ALEXITIMA: incapacidad para reconocer y expresar las propias emociones. Esa "frialdad emocional" al no saber dar respuesta, les puede causar un empobrecimiento en sus relaciones personales. Suelen presentar quejas de tipo psicosomático. Puede estar motivado por una situación traumática vivida o por una depresión enmascarada. 
 

¿EXISTE TRATAMIENTO?

Enseñar a las personas a identificar sus emociones es posible, también es posible "reconectar" ese cable que debería unir la situación-su procesamiento cognitivo y su expresión emocional.

Muchas personas han crecido en ambientes en los que socioculturalmente la expresión de emociones no estaba bien vista, y han suprimido o intentando obviar dichas emociones hasta dejarlas dormidas en su interior. Otras veces el miedo a sufrir ante la emoción paraliza al paciente.

Es posible, y siempre recomendable, intentar abordar el problema de la inadecaución/ausencia de responsibidad emocional, ya que el hombre es mente y también es emoción, y la emoción, sea buena o sea mala, nos ayuda a vivir una vida plena, aceptando que todo el abanico de emociones que experimentamos son parte de algo tan bello como es sentir. 

 

El DSM-5 como instrumento clarificador en procesos de Peritaje Psicológico

En Psicología, y en Psiquiatría se utilizan unos manuales de diagnóstico de trastornos mentales que sirven de forma de comunicación entre toda la comunicación científica respecto a la existencia de alguna patología.

Estos manuales se basan en criterios de cumplimiento de características patológicas para ser incluídos en una categoría. Habitualmente se utilizan el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la APA, Asociación Americana de Psiquiatría), y el CIE -10, Que significa Clasificación Iternacionanl de Enfermedades.

Ambos sistemas clasificatorios coexisten e incluso en esta última versión del DSM, se utilizan los criterios numéricos expresados en el CIE para mayor integración.

Estos sistemas de clasificación son de gran utilidad en los procesos judiciales que requieren un peritaje psicológico forense, ya que al estar descrito cada criterio de inclusión y exclusión, supone una forma de ayudar a la Justicia en su toma de decisiones, al poder acudir a estos manuales para verificar los datos expuestos en los peritajes.

Conscientes de la importancia de este punto, el DSM-5 incorpora, por primera vez UNA DECLARACIÓN CAUTELAR PARA EL EMPLEO FORENSE

Ahorrándonos la extensión del texto, podemos subrayar como puntos fundamentales de esta declaración: 

1, Los criterios de diagnóstico del DSM-5 se formulan fundamentalmente para la evaluación y tratamiento desde el punto de vista clínico, sin embargo, también se utiliza en Juzgados y Tribunales para evaluar las consecuencias forenses de los trastornos mentales descritos.

2. El DSM-5 no incluye propuestas de tratamiento, ciñéndose a proporcionar información sobre el diagnóstico, con lo que su uso puede ayudar a los profesionales de la ley a tomar decisiones. De esta forma, cuando hay que tomar una determinación legal basada en la presencia de un trastorno mental, la aplicación de un sistema diagnóstico consensuado refuerza la validez y la fiabilidad de la determinación. 

3. El DSM-5 también ayuda al sistema legal a comprender las características relevantes de los trastornos propuestos por los Forenses, ya que la literatura relacionada con los diagnósticos ayuda a descartar la especulación o la falta de criterio en el diagnóstico realizado.

4. Por otra parte, la información que aporta el manual sobre la evolución del curso clínico de cada trastorno, ayuda a mejorar la toma de decisiones en cuestiones legales, respecto a la expectativa de funcionamiento futuro de la persona, 

5. No obstante el mismo DSM -5 advierte a los expertos forenses sobre las limitaciones que puede suponer la utilización exclusiva de este manual para dictaminar la existencia de un trastorno mental de forma textual, ya que puede existir un desajuste entre lo que la ley reclama respecto a la evaluación de la salud mental o existencia de un trastorno del individuo ya, que además de la existencia de dicho trastorno, es preciso ampliar esa información con énfasis en el grado de deterioro funcional de esa persona y cómo afecta a determinadas cuestiones (las que son objeto de interés legal) y cómo afecta este deterioro a las capacidades que se están juzgando. 

Por todo lo expuesto, el DSM 5 postula su utilización como herramienta de clarificación de las causas de los trastornos, los efectos que produce, siendo necesaria por parte del experto la ampliación de información clínica referida al caso que se está peritando, y haciendo la observación a aquellas personas que han de tomar las decisiones no clínicas, que un diagnóstico no implica unas causas concretas del trastorno mental del individuo, ni constituye a priori, una valoración del grado de control que pueda tener el individuo sobre los comportamientos que estuvieran asociados al trastorno. 

otaku: la realidad va más allá de la ficción

El término otaku (おたく/オタク) se define como una persona fanática o con aficiones obsesivas, proviene de la cultura japonesa, y se aplica a cualquier tema, área o campo (juegos, grupos de música, afición, comics, películas, series, informática, automóviles, fotografía, etc.), sobre todo al anime y al manga.

Normalmente se trata de chicos con un nivel cultural normal, que han tenido problemas en el colegio desde pequeño, no consiguiendo integrarse plenamente dentro de su grupo, y siendo definidos como "raritos". Algunos relatan antecedentes de acoso escolar, otros simplemente aceptan no haber encajado con sus compañeros por no estar en absoluto interesados en sus aficiones.

El problema de estos adolescentes es el carácter obsesivo que imprimen a su afición/fascinación. Les aleja de su entorno social, no muestran ningún interés por los patrones sociales y culturales occidentales: no hacen ningún esfuerzo por su integración social, rechazando de plano la apertura hacia otras formas de diversión o de ocio: el anime, el manga es su vida y el resto de las actividades son totalmente menospreciadas.

Suelen tener un círculo de amistades muy reducido, que en algunos casos se limita a sus convenciones o "kedadas", pero es difícil que establezcan, incluso con otros chicos "otaku" buenas relaciones personales, siendo más de tipo superficial.

Realmente los otaku son solitarios. Pueden pasar muchas horas viendo películas en japonés (aunque no entiendan el japonés), dedicados a sus videojuegos o sus cómic manga, sintiendo que todo lo que no tenga que ver con ese mundo carece de importancia.

El gran problema que presenta un adolescente otaku es su carencia absoluta de habilidades sociales para establecer relaciones personales adaptadas, lo que a la larga les hace verse como "víctimas de una sociedad que les marca", mostrando en ocasiones falta de empatía y capacidad afectiva muy limitada.

Estos chicos pueden estar descargando sus grandes dosis de ansiedad en la obsesión por el manga o el anime, que es llamativamente alta (la gran diferencia entre lo que nos gusta y lo que no podemos parar de hacer).

De esta forma, a pesar de que un otaku no vaya a ser consciente de un problema de relaciones personales y limitaciones de ocio y de carácter afectivo, sería muy interesante que pudieran realizar una terapia (obviamente no encaminada a que dejen de lado sus aficiones), sino para poder dotarles de un mejor repertorio de habilidades sociales, y de una capacidad empática que le haga comprender que otros mundos distintos del suyo propio pueden ser complementarios y enriquecedores.

En algunos casos un otaku puede tener problemas importantes, como una personalidad antisocial, que queda enmascarada por el recurso fácil de "el chico obsesionado con sus aficiones que no entendemos".

Y con ello, me gustaría enlazar con otro problema que, no siendo en absoluto el mismo, tiene algunas raíces comunes: los "hikikomori", adolescentes y jovenes japoneses que deciden recluirse voluntariamente durante años dentro de su habitación dedicándose exclusivamente a sus videojuegos y rechazando cualquier tipo de contacto social. En cualquier caso, el retraimiento social de los otaku y el abandono de la sociedad de los hikijomori podrían tener una raíz común.

En cualquier caso, siempre opino lo mismo: los adolescentes tienen que elegir sus grupos, sus gustos, sus "tribus", su "endogrupo", sus aficiones....pero siempre hay que tener cuidado, observar si su afición puede estar resultándole perjudicial.