Baja autoestima: ¿licencia para el victimismo?

Se habla habitualmente de baja autoestima como una justificación a muchos problemas que padece una persona.

La persona cuenta sus problemas y termina diciendo "es que tengo baja autoestima", como si contra eso ya no pudiera luchar, como si tuviera un estigma que hace que su sufrimiento tenga una causa, como el que tiene miopía o una hernia de disco.

La autoestima es el amor que sentimos hacia nosotros mismos, nuestra valoración, nuestro autoconcepto, nuestro reconocimiento de carencias pero también de cualidades, y tenemos que potenciarlo, ser objetivos en nuestra valoración para poder luchar contra lo que nos frena de nosotros mismos.

"Tengo baja autoestima" y "merezco compasión" suelen venir de la mano, y esto no es así. La baja autoestima se trabaja hasta que la persona se sitúe en un lugar de autoconocimiento que le permita sentirse confortable en el mundo, sin renunciar a nada de ante mano, sin sentirse inferior al que lucha, sin haber iniciado él mismo ninguna lucha.

Muchos problemas que se tratan en una consulta psicológica tienen como raíz la baja autoestima: sensación de impotencia, procrastinación, inseguridad para tomar decisiones, falta de asertividad, relaciones sentimentales nocivas, conductas promiscuas o infidelidades, problemas de conducta en la infancia, fracaso escolar, aislamiento social....

Sí, he hablado de infidelidades y de promiscuidad en personas de baja autoestima, y muchas personas pueden pensar: si tienes baja autoestima no tendrás relaciones sentimentales. En realidad es todo lo contrario: "como yo no me quiero, en el momento en que alguien muestra interés por mi me vuelco en esa relación, no pienso en lo que realmente quiero, sólo me importa que alguien me valore".

A nivel de infidelidad es muy frecuente que la persona inicie una relación porque la "tercera persona" le esté regalando el oído o haciéndole sentir especial. No valora sus propios sentimientos, no es capaz de discernir si es realmente lo que desea, simplemente sentirse especial le hace elevar (de forma irreal) su propia autovaloración. Los resultados suelen ser nefastos, como un bucle de autodestrucción.

Una persona con baja autoestima suele presentar problemas de asertividad, muestran una actitud pasiva por miedo a no ser aceptados, no consideran que sus deseos, gustos u opiniones merezcan el mismo respeto que lo de los demás, y se muestran débiles y frecuentemente resentidos con el mundo.

En los niños la baja autoestima se suele mostrar bajo conductas disruptivas, suelen ser los payasos de la clase (si los demás se ríen es que me aceptan) sin pensar en que en estos casos no se están riendo con ellos sino de ellos, algo realmente triste.

La autoestima se trabaja. desde el corazón, sin victimismos, con el convencimiento de que "nadie es más que nadie" y que todos tenemos cosas estupendas que tenemos que conservar y defectos sobre los que tenemos que trabajar, sin considerar que es una situación inamovible.

Una persona que mejora su autoestima desde dentro, se siente segura de sus decisiones, crece ante los fracasos analizando las causas, buscando soluciones y asumiendo que no se puede ser siempre el mejor en todos los aspectos, pero sobretodo entendiendo que el respeto hacia uno mismo es la base de la serenidad y que nunca debemos hacer cosas que no queremos por sentirnos queridos: el respeto y el cariño real debe surgir sobre el conocimiento de cada uno como es, no de una máscara con un interior abrumado.

Una baja autoestima merece un trabajo psicológico que recoloque a la persona en el mundo, no es una licencia para sufrir