¿quién da más?

Mascota, animal de compañía...no conseguimos dar con el nombre exacto para ese animal que vive con nosotros y es parte de nuestra vida.

 

Entiendo que este artículo va dirigido exclusivamente para aquellos que tienen junto a ellos a ese compañero que no habla con la boca, pero sí con los ojos y con los gestos. A otras personas los animales no les gustan, y es tan respetable como el sentimiento contrario. Lógicamente este artículo, esta vez no va escrito para ellos

Las personas que disfrutan con la compañía de un animal generan una serie de comportamientos, actitudes y emociones un tanto diferentes: es como si realizaran un esfuerzo de su "teoría de la mente" para comprender lo que quiere expresar su animal.

¿Por qué queremos a nuestros animales? A veces es difícil quererlos cuando llueve a cántaros y necesitan su paseo y todos, todos nos preguntamos con rabia por qué decidimos atarnos emocionalmente a un animal que biológicamente no está destinado para ser nuestro compañero de viaje durante todo el tiempo.

Las personas que aman a sus mascotas (de una forma sana y equilibrada) saben lo que es cruzar una mirada con su animal y ver amor incondicional. Tal vez hable más de perros. He tenido la suerte de tener perros, gatos y tortugas, y realmente, aunque sé que los gatos poseen unas cualidades increíbles para dar consuelo a sus "amos", para proporcionarles tranquilidad y son un ansiolítico natural de primera magnitud, un perro es algo diferente.

Las personas que tienen un perro pierden el sentido de ese egoísmo y pereza tan humano: son conscientes de las necesidades básicas del animal (salir, correr, jugar) y sin embargo me atrevería a afirmar que entre la persona y el animal, la mayor capacidad de sacrificio y amor lo tiene el animal.

A veces pienso lo bien que nos iría aprendiendo de ellos, sólo con saber expresar con la mirada la gratitud como lo hacen ellos, ganaríamos mucho: son los maestros del lenguaje corporal, que no nos quepa duda.

El animal se adapta a nuestras necesidades o posibilidades disfrutando de las pequeñas cosas como lecciones que a veces no somos capaces de apreciar. Ya me gustaría volverme loca de alegría por poder correr por un bosque y disfrutar de los olores, de su diversidad en vez de sacar el móvil para hacer la estúpida foto que demuestre a todo el mundo "lo guay que es mi vida": igual todo se quedó en la foto y no supe apreciar o disfrutar del entorno o del momento como se merecían.: en esos casos: punto para mi perro.

Pero hay algo que me preocupa: la falta de preparación que tenemos todos para la despedida de nuestras mascotas. Llega un día en que enferman y empiezan nuestras dudas y nuestro dilema moral respecto a la calidad de vida del animal, nuestro propio egoísmo por querer que permanezca a nuestro lado,  nuestra incapacidad para decidir desprendernos de su mirada de amor infinito...

Esta reflexión, que tal vez no comprendáis algunos viene al hilo de una situación extraña que me pasó el otro día en la consulta: dos casos, en el mismo día...

En un caso una persona estaba viendo sufrir tremendamente a su perro por una serie de enfermedades casuales y ella se veía incapaz de aguantar sola el sufrimiento de su animal, pero no se atrevía a llamar a algún amigo o familiar para que la acompañara en esos momentos porque "lo considerarían una estupidez".  Realmente yo no juzgaría como estupidez el hecho de la angustia de ver un animal jadeando y luchando por sobrevivir, comprendo la angustia de quien durante años ha recibido una bienvenida digna de Jefe de Estado, quedo  ha agradecido cada paseo, que ha disfrutado de cada chuche y que probablemente haya permanecido a su lado cuando esa persona se encontraba en un día malo. A veces un animal tiene más sensibilidad que los que nos rodean.

El otro caso era la gran duda sobre la inyección letal a una gata. La tremenda decisión sin saber realmente si es lo mejor o lo peor, sentirte como si te quitas un problema de enmedio o piensas si sufre, o si sufre más que disfruta de tus caricias, o si es el momento o no....

Hay muchísimas personas que sufren por sus animales, no sólo cuando enferman, también cuando envejecen. No debería darnos apuro plantear esto como un problema afectivo de la misma importancia que un duelo, porque lo es.

Y... sería muy importante que los veterinarios se concienciaran de la "parte humana" del problema. Personalmente tengo la tremenda suerte de que mi perro tenga unos veterinarios que además de excelentes profesionales, comprenden la necesidad de informar, apoyar y dedicar el tiempo suficiente a las personas para que no se sientan desprotegidas ante situaciones extremas con sus mascotas, pero desgraciadamente, y según he visto en los dos casos que he expuesto, a veces dejan a las personas sumidas en las dudas, en los dilemas, la ansiedad, la desesperación....

No olvidemos nunca, nos gusten los animales o no, que esas "mascotas" son lo más cercano emocionalmente que tiene la persona en el sentido que el vínculo que se crea es tremendamente especial por esa necesidad de comunicación no verbal y el sentimiento de gratitud que tenemos NOSOTROS hacia nuestras mascotas