LA BANALIZACIÓN DE LOS TRASTORNOS MENTALES

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Hay palabras que duelen como puñales, y expresiones que se utilizan a veces en un sentido coloquial que sin embargo deberían ser completamente desenterradas de nuestro vocabulario.

“Tienes un TOC”, “Ese es bipolar”, “Esa persona es tóxica”, “mi niño es hiperactivo“… con qué alegría lanzamos estas expresiones sin darnos cuenta que demostramos en primer lugar una absoluta falta de empatía hacia los demás (hacia aquellos de los que lo decimos, hacia aquellos que padecen de alguno de estos trastornos”, y además de poco empáticos, nos delatamos como unos ignorantes: hay cosas que si no se saben de qué se hablan, mejor no decirlas.

La célebre expresión “tiene un TOC”, la solemos emplear con personas que tienen manías. Y maniáticos, en mayor o menor medida lo somos todos (y segun vamos cogiendo años, más). Tener manías se debe a una necesidad de control sobre el entorno que ofrece seguridad a las personas, y se da más en personalidades más rígidas. Eso no es un trastorno ni muchísimo menos, simplemente es una forma de ser, que a veces puede resultar irritante, sin más.

Una persona que tienen un TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO sufre un tipo de trastorno de ansiedad en el que existen unos pensamientos generalmente destructivos, e invasivos, y la única forma que tienen estas personas de neutralizarlos es a través de la repetición de rituales que bajen su ansiedad. Hay diferentes tipos de pensamientos y diferentes tipos de rituales, pero lo que debemos tener en cuenta es que producen un empeoramiento de la calidad de vida del paciente, que se ve atrapado en su mundo de obsesiones y miedos, generando un estado de ansiedad y depresión bastante profundo, que le aisla del mundo, que le atrapa y que le impide vivir una vida normalizada. Normalmente requieren tratamientos largos y complejos y ayuda farmacológica. No es exactamente como tener siempre dos ambientadores olor a pino en el coche.

Luego tenemos los “bipolares”, cualquier persona que tiene oscilaciones en su estado de ánimo es bipolar (como si aquí todos fueramos robots que no tuviéramos diferentes tipos de estados de ánimo). Hay personas más inestables emocionalmente, en muchos casos por un exceso de extraversión, por falta de control de impulsos o porque nadie le ha parado los pies en sus cambios bruscos de humor. Hay personas sensibles a los cambios del entorno que pasan de un estado de animo a otro de manera abrupta, porque todo les afecta. Chuck Norris jamás sería bipolar, está claro, pero los componentes de la bipolaridad son muy complejos (hay diferentes tipos), y en algunos casos se manifiestan con depresiones abruptas y muy severas y en otras se alternan estados de depresión profunda con una euforia ilimitada que puede llevar a la persona a cometer auténticas locuras. Es un trastorno mental muy importante, que siempre necesita medicación de por vida y puede producir la incapacitación de la persona, Creo que por respeto a estas personas, deberíamos intentar evitar esta expresión.

Luego tenemos a las “personas tóxicas”, que es un término muy utilizado ultimamente. Resulta que nos rodeamos de personas tóxicas, pero nosotros somos perfectos. Es posible que demos con personas tóxicas, pero en nuestra mano está permanecer a su lado, no poner límites o en ocasiones, incrementar la toxicidad. Desde luego, si el patrón es que siempre tienes relaciones tóxicas, tal vez deberías analizar de quien parte la toxicidad y el casting que realizas para la selección de tus amistades.

Lo de “mi hijo es hiperactivo” cuando lo oye una madre de un niño realmente hiperactivo, se le deben poner los pelos de punta. Un niño hiperactivo puede llegar a un descontrol tal de sus impulsos y de sus conductas motoras que en ocasiones tienen que llevar casco para no lesionarse, ya que suelen tener muchos accidentes por su continuo movimiento. No pueden centrarse y no pueden parar, sufren dificultades serias en el colegio, suelen tener pocos amigos, y a pesar de intentar “portarse mejor”, no es algo que se haga a propósito, por lo que necesitan muchísima paciencia para bajarles la activación, necesitando en muchos casos adaptaciones curriculares para que puedan seguir las clases. Claro, si un niño es un pesado integral que corre entre las mesas de un restaurante, tira la pelota contra la gente, se choca por la calle con la gente porque corre mirando para atrás, no obedece ni a la de tres y salta por los sillones, ya tenemos el catalogado como hiperactivo, pero desgraciadamente es que es muy duro decir “tengo un hijo que es un salvaje porque no sé educarle o me da pereza”, etiquetita al canto y que todo el mundo comprenda que su hijo tiene que ser aceptado por algo que no es.

De verdad, por respeto a las personas que realmente tienen problemas importantes, no tildeis pequeños fallos como si se trataran de trastornos mentales.

Ninguno de nosotros estamos libres de pasar por algún tipo de situación de desestabilización emocional y es un proceso de lucha interior, de soledad y de miedo que debería merecernos mucho más respeto.

Respetemos los trastornos mentales como situaciones de la vida que no pueden usarse en sentido peyorativo. Seamos más humanos.