otaku: la realidad va más allá de la ficción

El término otaku (おたく/オタク) se define como una persona fanática o con aficiones obsesivas, proviene de la cultura japonesa, y se aplica a cualquier tema, área o campo (juegos, grupos de música, afición, comics, películas, series, informática, automóviles, fotografía, etc.), sobre todo al anime y al manga.

Normalmente se trata de chicos con un nivel cultural normal, que han tenido problemas en el colegio desde pequeño, no consiguiendo integrarse plenamente dentro de su grupo, y siendo definidos como "raritos". Algunos relatan antecedentes de acoso escolar, otros simplemente aceptan no haber encajado con sus compañeros por no estar en absoluto interesados en sus aficiones.

El problema de estos adolescentes es el carácter obsesivo que imprimen a su afición/fascinación. Les aleja de su entorno social, no muestran ningún interés por los patrones sociales y culturales occidentales: no hacen ningún esfuerzo por su integración social, rechazando de plano la apertura hacia otras formas de diversión o de ocio: el anime, el manga es su vida y el resto de las actividades son totalmente menospreciadas.

Suelen tener un círculo de amistades muy reducido, que en algunos casos se limita a sus convenciones o "kedadas", pero es difícil que establezcan, incluso con otros chicos "otaku" buenas relaciones personales, siendo más de tipo superficial.

Realmente los otaku son solitarios. Pueden pasar muchas horas viendo películas en japonés (aunque no entiendan el japonés), dedicados a sus videojuegos o sus cómic manga, sintiendo que todo lo que no tenga que ver con ese mundo carece de importancia.

El gran problema que presenta un adolescente otaku es su carencia absoluta de habilidades sociales para establecer relaciones personales adaptadas, lo que a la larga les hace verse como "víctimas de una sociedad que les marca", mostrando en ocasiones falta de empatía y capacidad afectiva muy limitada.

Estos chicos pueden estar descargando sus grandes dosis de ansiedad en la obsesión por el manga o el anime, que es llamativamente alta (la gran diferencia entre lo que nos gusta y lo que no podemos parar de hacer).

De esta forma, a pesar de que un otaku no vaya a ser consciente de un problema de relaciones personales y limitaciones de ocio y de carácter afectivo, sería muy interesante que pudieran realizar una terapia (obviamente no encaminada a que dejen de lado sus aficiones), sino para poder dotarles de un mejor repertorio de habilidades sociales, y de una capacidad empática que le haga comprender que otros mundos distintos del suyo propio pueden ser complementarios y enriquecedores.

En algunos casos un otaku puede tener problemas importantes, como una personalidad antisocial, que queda enmascarada por el recurso fácil de "el chico obsesionado con sus aficiones que no entendemos".

Y con ello, me gustaría enlazar con otro problema que, no siendo en absoluto el mismo, tiene algunas raíces comunes: los "hikikomori", adolescentes y jovenes japoneses que deciden recluirse voluntariamente durante años dentro de su habitación dedicándose exclusivamente a sus videojuegos y rechazando cualquier tipo de contacto social. En cualquier caso, el retraimiento social de los otaku y el abandono de la sociedad de los hikijomori podrían tener una raíz común.

En cualquier caso, siempre opino lo mismo: los adolescentes tienen que elegir sus grupos, sus gustos, sus "tribus", su "endogrupo", sus aficiones....pero siempre hay que tener cuidado, observar si su afición puede estar resultándole perjudicial.