Somos como somos porque no nos vemos

 

La edad adulta, qué importantes nos creemos!

Nuestro mundo gira en torno a los logros, al éxito, a conseguir cosas, a expresar nuestras opiniones como si fueran verdades absolutas, en tener LA RAZÓN, en salir a la calle con ese gente de personas triunfadoras y bastantes serias (debe ser porque las personas triunfadoras tienen muchas responsabilidades y no se ríen, claro). 

Las personas mayores en general tienen un sistema de ocio que es una castaña pilonga. Cuentan sus aventuras, que ya no se sabe si las hacen porque les apetece o porque está en su planning de personas adultas. La casa rural, un mito: "ir a respirar y desconectar", como si te fueran a meter en una bomba hiperbárica. 

No todas las personas viven esa vida de adultos "conseguidores" de una vida sin pensar que la vida en sí es lo realmente importante, claro, que la felicidad no se compra, se trabaja sin remuneración y hay que pensar y a veces renunciar a caminar por las rodadas.

Aquí los únicos felices son los niños (y los asimilados a niños, que son los adultos que tienen la suficiente memoria y la suficiente valentía para no renunciar a lo que le enseñó su niñez sobre enfrentarse a la vida. 

Los niños tienen más responsabilidades que los adultos, cierto que no saben de dónde sale la comida ni cuánto cuestan las cosas, pero tienen que aprender un montón de cosas, relacionarse durante horas con otros niños mejores o peores y tienen un jefe, pero un jefe de los chungos, de los que te vigila a todas horas. Un niño tiene que aprender a jugar, a obedecer, a aguantarse las ganas de conseguir un taco de cromos, a irse a la cama sin sueño y a tener que ir día tras día al colegio con ese anorak hortera que le compró su madre.

A pesar de los exámenes, los castigos, la frustración por no conseguir algo, el disgusto con su compañero, los niños sonríen. 

¿Y cual es la gran diferencia de actitud entre un niño y un adulto?

No es la responsabilidad, que está repartida cualitativamente según la capacidad de cada uno, pero es similar en importancia.

Es una capacidad de disfrutar de lo que se tiene, de hacer de cada cosa pequeña y de cada momento algo importante y digno de ser vivido. Los niños cogen la vida como una plastilina y juegan con ella, pueden estar horas con una bola de plastilina construyendo, imaginando, viviendo otras vidas sentados en el suelo. 

Un adulto en un trozo de plastilina ve una masa pegajosa y que va a dejar manchas: mucho mejor unas horitas de tele viviendo otras vidas ajenas para luego irse a la cama y quejarse de que mañana hay que madrugar.

Las responsabilidades las tenemos, y a veces se convierten en problemas, y a veces en problemones, de eso no cabe ninguna duda, pero si sumas a lo que viene implícito en el hecho de ser adulto y le restas todo lo bueno que tenía la infancia, porque es "inmaduro" ilusionarse, ya tenemos una persona que posiblemente tenga una capacidad de disfrute limitada, o que su vías de escape estén dentro del circuíto social de "esto lo que hace uno para divertirse".

Coge setas, pasea por bosques, lee, busca el scalextric, come cosas que nunca has probado...haz cosas diferentes y tuyas, y sobretodo, sonríe. (sí probablemente te preguntarán qué puñetas te pasa). Sonreír porque decides que la vida no se convierta en una agenda programada y tu en una persona importante es simplemente comprender que "el rebaño" puede resultar muy aburrido.

Reflexiona, por favor, reflexiona sobre tus actitudes, tus metas y hasta tu expresión corporal. Gástate menos en "lo de todos" y baila en tu casa (ahorras y adelgazas, esto ya es increíble). 

Y si con esto nada te dice que tal vez te hayas convertido en una persona aburrida, haz un ejercicio de memoria y recuerda tu infancia. Métete en la piel del niño que fuiste y que te vea cómo eres ahora, lo que haces, lo que piensas. 

Nunca es tarde para volver a tomar el único control que nos concede la vida: el control sobre nuestra forma de enfrentarla.