SOY CREYENTE, Y ME ENCANTA

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Hoy hablaba con una Amiga (con A mayúscula, a pesar de que no nos conocemos personalmente, ni lo necesitamos) y en un momento dado, por un tema personal me ha preguntado: eres creyente? Sí, lo soy. Creyente de las que tuvieron mil crisis de Fe, de las que creen después de renegar.

Soy católica desde que nací, y en esa Fé me criaron mis padres. Pero por algún motivo a mi no me llegaba ningún mensaje. De niña ir a Misa era el peor de los suplicios, no entendía nada y mi madre me daba unos pellizcos espantosos si me entraba un ataque de risa (me sigue sucediendo, hasta en los funerales, es una risa nerviosa). 

Seguí todos los preceptos de la Iglesia, customizándolos según crecía hasta convertirme una adulta sin tiempo para Dios. En ese momento pesaba más la superstición que la convicción.

Tuve hijos y les enseñé mi religión, y luego les dejé decidir. También es cierto que mi interpretación de la religión es un poco sui géneris y no establezco ningún tipo de diferencias entre la Fe, y considero las religiones interpretaciones muchas veces mediadas por el entorno cultural donde se desarrollan. 

Las circunstancias de la vida, me hicieron enfadarme con Dios y negarle. Eso y por supuesto, mi actitud prepotente de mujer de Ciencia (no está bien visto ser psicóloga evolucionista y creer en Dios). 

Y me reencontré con la Fe a través de mis pacientes. Ellos me enseñaron que Dios es todo o es nada, según el lugar que le demos en nuestro corazón. Dios es atemporal, incorpóreo, imposible de dimensionar. Dios habita en nosotros a través de nuestros actos, a través de la Esperanza, a través de la capacidad de sentir amor hacia aquellos que no conocemos, Dios es lo que nos hace ayudar a una anciana, enseñar a nuestros hijos a elegir el bien antes que el mal y muchísimas cosas que no tienen nada que ver con el concepto que parece entenderse por Fe.

Algunos dirán que eso es simplemente moral, pero va mas allá. La moral no nos acompaña, no dialogamos con la moral y especialmente, no nos hace no sentir miedo del futuro.

Yo me reencontré con Dios a través de una paciente (que ni siquiera sé si es católica), pero entendí que su afrontamiento a situaciones increíblemente duras, su dulzura, su paz interior, su falta de buscar culpables o quejarse de su suerte, tenía que ser la esencia de la Fe.

Ese día volví a creer (los renegados somos muy felices en el reencuentro).

Sigo sin ir a Misa, sigo sin saberme el Padre Nuestro actual (de hace 25 años), pero todos los días celebro mi propia liturgia con Dios, cuando en un diálogo interno le confieso mis miedos y me manda fuerza para seguir sin enfadarme con el mundo, le cuento mis errores y mis fallos garrafales cuando no tengo paciencia, o contesto como una borde, o miro hacia otro lado en vez de tender la mano a quien lo necesita, o me falta un te quiero para mis hijos o para mi madre, por pereza.

La Fe me ayuda a continuar y me ayuda a trabajar, no es esencial para mi profesión, sólo me da una dosis extra de humanidad en las ocasiones que considero que mi mano puede servir a una persona para reflotar, más allá del trabajo y más cerca del ser humano.

Y entiendo a todos los que no creen (yo también milité mucho tiempo en ese bando), pero sinceramente, a mi, una vez que encontré la Fe dentro de mi y supe lo que significaba me ayuda que mi mejor amigo sea Dios. 

Este es el secreto de mi alegría, de mi fuerza. Yo nunca estoy sola. Juego con la ventaja de algo muy poderoso que me impulsa y me consuela.

Creo que es la experiencia interior que más me ha gratificado en mi vida.

Me siento afortunada

Extracto del libro Señor Dios, soy Anna (Fynn). Regalo de mi madrina cuando era una niña

Es fácil darse cuenta de la diferencia que hay entre un ángel y una persona. La mayor parte de un ángel está por dentro y la mayor parte de una persona está por fuera

Fynn
"Señor Dios, Soy Anna" 
Ed. Urano

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