HAY UN TIEMPO PARA CADA COSA. MEDITA SOBRE LO QUE PROCEDE

siembra.jpg

Siempre me ha gustado El Eclesiastés, especialmente su libro 3, del que se sacan muchas reflexiones:

Eclesiastés 3 

Hay un tiempo para todo

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:

un tiempo para nacer,  y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar;
un tiempo para matar, y un tiempo para sanar;
un tiempo para destruir, y un tiempo para construir;

un tiempo para llorar,  y un tiempo para reír;
un tiempo para estar de luto,  y un tiempo para saltar de gusto;
un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse;
un tiempo para intentar,  y un tiempo para desistir;
un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar;

 un tiempo para rasgar,  y un tiempo para coser;
un tiempo para callar, y un tiempo para hablar;

 un tiempo para amar, y un tiempo para odiar;
un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz.

El problema viene cuando no respetamos los tiempos para cada cosa, no dejamos que la vida fluya al compás de la situación, y surge el malestar.

Queremos recibir los frutos sin habernos tomado el tiempo de sufrir plantando y esperando que germinen nuestros esfuerzos, buscando siempre la recompensa rápida, sin aprender a sufrir para lograr, y así surgen problemas de frustración (esto le pasa especialmente a la gente joven que piensa que los móviles crecen en los árboles, y la paga es un derecho a cambio de nada).

Otras partes que tienen mucho de psicológico son las que hablan de los tiempos de abrazarse y los tiempos de despedirse (qué difícil resultan algunas rupturas, que se tornan eternas y tortuosas)

También aquellos en que se empeñan en ser amados por el hecho de estar enamorados, y que creen que terminarán consiguiendo que la otra persona se enamore por su perseverancia (entramos en la categoría cansinos históricos) Estas personas no aceptan un no por respuesta y se mueven en el mundo de las obsesiones y los celos.

Y sí, también hay momentos de rasgar, y acabar con aquellas cuestiones que nos empobrecen (criticar, envidiar, mentir, tener adicciones…), hay momentos para romper con ello y construir una vida en que todo aquello que en el fondo nos hería, lo cosamos para que tan sólo quede una pequeña cicatriz

Y sí, también es posible que llegue tiempo de odiar a quien se amó, tampoco vamos a ir por ahí de santitos. El odio cuando nos dañan es una reacción natural, en la que imaginamos a la persona a la que amábamos sufriendo 17 tipos de torturas, a cual más cruel, si así te quedas mejor, adelante. El proceso de duelo en una ruptura lleva el odio como una fase, pero ojo: esto no es barra libre: es una fase que tiene que estar muy limitadita en el tiempo, y que se puede cambiar por unas sesiones de boxeo que nos liberen. El tiempo de odiar debe ser corto, dando lugar a otro momento: el de volver a amarte a ti mismo, en ese momento el odio se convertirá en indiferencia o una sonrisa torcida con un pensamiento “qué cabroncete/a” cuando recuerdes lo que te llevo a romper el amor.

También hay tiempo para la guerra, la lucha, la reclamación….pero no puede ser permanente. Los profesionales de la reivindicación terminan olvidando que una reivindicación debe orientarse al bienestar no a la crispación permanente.

Y sí, tiempo de hablar y de comunicarte, y de expresarte…y tiempo de callar para no dañar o simplemente para algo tan necesario como es escuchar.

Como veis no he seguido el orden de los versos. Intento que volváis sobre ellos, y que os paréis a buscar vuestra propia interpretación.

DIA MUNDIAL DEL CÁNCER DE MAMA: LOS HÉROES SON LOS QUE NOS CUIDAN

cancer.jpg

Las mujeres que sufrimos un cáncer de mama somos consideradas unas valientes y unas luchadoras. Lo de ser valientes no es en nuestro caso una opción, es lucha por la supervivencia, que llevamos con mayor fortuna dependiendo de muchísimos factores: nuestra fuerza interior, nuestra resilencia, la convicción que poner de nuestra parte va a hacer más fácil el proceso, la actitud positiva que siempre resta dramatismo a un hecho cruel pero cierto del que no podemos huir.

Sin embargo, en todo el proceso de un cáncer, el papel de las personas allegadas, las que se involucran en el padecimiento de la mujer, es duro y ante todo es OPCIONAL: quien se mantiene al lado de una enferma de cáncer tiene que hacer un sobre esfuerzo tanto en la asunción de tareas como en el área emocional.

Cuando recibes un diagnóstico demoledor, en el que la mujer sabe que emprende un camino lleno de sufrimiento físico, desgaste mental, dolor e incertidumbre, tu mundo personal y social se muestra nítido, sin trampa ni cartón. Llegan los posicionamientos claros y las personas que se involucran en tu sufrimiento hasta extremos insospechados.

Creo que la persona que lo padece sufre muchísimo esta situación. La quimio supone el sufrimiento físico y constante, las pruebas la incertidumbre y la ansiedad, los cambios físicos la necesidad de construir una nueva autoestima alejada de los cánones estéticos, y para muchas, los momentos malos la necesidad de pedir ayuda y de mostrarnos enfermas (para las que somos madres es muy complicado y doloroso este rol).

En mi caso mis valientes son en primer lugar mis hijos, que han sabido multiplicar su tiempo y cambiar sus prioridades para poder continuar con sus trabajos y a la vez estar en primera linea de batalla, ayudando, acompañando, anticipando las necesidades, dejando de la noche a la mañana de ser aprensivos con hospitales, curas, inyecciones…

Ellos no están enfermos, y sin embargo viven mi enfermedad, tal vez de una forma más dura: pudiendo huir del sufrimiento y sin embargo eligiendo estar ahi, con la impotencia de no poder curarme y la angustia de mi día a día (a veces complicado, soy de las que cuento una y callo veinte).

También están los amigos, esa extraña tropa que se mete en el calendario mis fechas de quimio para bombardearme de ánimos a las 7 de la mañana, que están, que respetan los momentos y saben escuchar y en muchas ocasiones sólo decir: “estoy aqui y te quiero”.

Para mi héroe con capa y superpoderes es la amiga que me regaló mi primer perro (ahora tengo dos) y que cada día, tres veces por día, compaginando con su trabajo, lleva a mis perros de paseo, cuando va a la compra hace la mia con cosas que piensa que me pueden apetecer, aparece los días que me ve mustia y se planta en casa de una forma “tan casual” que se cree que no me he enterado que tiene un grupo de whattsap con mis hijos y se van organizando.

Está mi madre, que ya es mayor y sabe que me duele verla sufrir, y que espera a que sea yo quien la llame, a pesar de su angustia, porque busca lo mejor para mi, está mi hermana que me hace mermeladas y llora mi pena y haría lo necesario para hacerme sentir mejor.

Todas esas personas no tienen un cáncer, pero sufren la parte emocional del cáncer de una forma intensa y dolorosa, y para mi son los valientes, porque son los que eligen estar, los que eligen permanecer día y noche al lado del sufrimiento, los que realmente se secan las lágrimas para dar lo mejor de ellos mismos, a los que tan sólo unos pocos de sus amigos (aquellos que han pasado por situaciones similares) podrán ayudar y comprender.

Creo que la sociedad comprender a los enfermos de cáncer, y nos cuidan y nos protegen, pero considero que debemos ampliar urgentemente ese círculo solidario y asistencial, procurando, ofreciendo apoyo desde la misma red hospitalaria, a todos estos valientes silenciosos.

Para mí el sufrimiento opcional es el mayor de los sacrificios, y para mi, ellos son los héroes de esta triste historia, y los que nos dan fuerza para seguir adelante.