Las redes sociales: el amor virtual

Cada día es más tristemente frecuente encontrarse con casos en terapia de pareja de parejas al borde la ruptura por una "infidelidad virtual". 

Sin entrar en generalizaciones, me gustaría centrarme en un caso bastante típico, o al menos muy frecuente en mi consulta: varones con pareja de larga duración y una vida estable que en un momento dado comienzan a tener una aventura amorosa por las redes. 

No entro en el apartado redes sociales de contactos, porque en ese caso existe una clara disposición a buscar la aventura, el caso en el que me centro empieza por un inocente intercambio de mensajes en redes sociales y terminan por una relación cada vez más personal a través del teléfono móvil.

En los casos en que me centro, no se tratan con parejas con más problemas de los habituales, tan solo la rutina y en algunos casos la falta de comunicación producen un sentimiento de aislamiento dentro de la familia, y en este momento aparece "el aire fresco": una mujer encantadora, siempre dispuesta a escucharnos, que nos alaba por lo maravillosos que somos, que siempre nos manda esa "canción especial" y aparece el enganche y la desconexión de la realidad. 

La persona centra toda su atención en la recepción de los mensajes que elevan su autoestima, les hace vivir una "realidad paralela" en la que todo es positivo, en la que ellos pueden perfectamente dar una imagen sobrevalorada de si mismos (y ellas tambien, por supuesto), en la que no hay obligaciones, discusiones, rutina.

Cuando el hombre se ve atrapado en esta situación desconecta de su vida, no es consciente de la deslealtad, y empieza a sentirse molesto por la vida familiar, por todo aquello que le aparte de su mundo ideal. Es un proceso de REFORZAMIENTO POSITIVO: siempre reciben algo positivo de esa interacción, y claro, eso engancha.

A veces es complicado detectar la situación, pero cambios de conducta en casa, distanciamiento, estar como en las nubes, dependencia del movil, control de contraseñas, llevárselo al baño, tenerlo en silencio, criticar todo lo de casa, pueden ser señales de que algo va mal.

CUANDO SE DESCUBRE LA DESLEALTAD

La pareja cuando lo descubre lo considera una infidelidad, pero a mi me gusta más llamarle deslealtad, porque en la mayoría de los casos no existe una relación real y la persona no se ha planteado dejar a su pareja ni nada por el estilo, está bien viviendo en el fastidioso mundo real y en el que se ha construido viviendo su segunda juventud a coste cero, pudiendo ser quien desearía ser y no quien es.

Bajar al mundo de los mortales, darse cuenta de lo falso que era lo que estaba viviendo, el engaño subyacente en la mayoría de los casos (por ambas partes), es un proceso lento, y tambien doloroso, ya que la pareja se siente destruida, desengañada, decepcionada.

Afortunadamente estos casos no suele repetirse la historia: la persona suele aprender de la experiencia, pero a veces a costa de una lenta y dificultosa terapia de pareja.

No vayas "comprando" una solución porque sólo encontrarás herramientas

 

La terapia de pareja es una de las formas más complicadas de promover un cambio, ya que en muchas ocasiones los objetivos por los que la pareja acude a consulta son equivocados, cuando no existe una manipulación directa: "me obliga a ir a terapia o se separa", "voy a terapia para que se calle". Si, desgraciadamente esto es más frecuente de lo deseable.

Existen diferentes motivos por los que una pareja decide acudir a terapia, y para cada problema encontraremos vías diferentes de solución, o más concretamente, utilizaremos diferentes herramientas. Entre los problemas más comunes que exponen las personas están:

- Infidelidad

- "Tonteos" por redes sociales con ocultamiento

- Falta de objetivos comunes

- Formas de comunicarse a gritos

- Diferencias sobre la educación de los hijos

- Baja tolerancia a la familia política o a los amigos del otro

- Problemas de consumo de alcohol

- Aburrimiento dentro de la relación

- Problemas en el ámbito sexual

- El silencio

- La hostilidad manifiesta

Lógicamente estamos hablando de diferentes problemas, ni más graves ni menos graves, solamente destructores y de urgente resolución con el bienestar emocional de ambas personas.

¿Y CÓMO AYUDA UN PSICÓLOGO A UNA PAREJA EN CRISIS?

Además de escuchar el problema que les lleva a la consulta (la llamada punta del iceberg), hay que hacer un poquito de prospección, indagar en la historia de la pareja para conocer los puntos que les unieros y dónde están las fisuras. Normalmente lo que les lleva a la consulta es la gota que colma el vaso: hay que analizar el contenido del vaso.

Una vez conseguido analizar el problema, y siempre atendiendo a las características personales de la pareja y, recalco nuevamente, a aquello que les hizo apostar por un proyecto en común, hay que hacer una operación informática muy básica: buscar el punto de restauración de la pareja (intentar llevarles a la situación que resultaba tan gratificante e ilusionante para ellos). 

Como es lógico habrá que "limpiar de virus" la pareja y para ello se establece un plan de negociación basado en el "yo me siento", "yo necesito", " a mi me gustaría". Los "lectores de mente" en las parejas son algo realmente dañino, creen saber lo que la otra persona piensa, y por que hace las cosas (vaya, que resulta que siempre son cosas malas y negativas).

Determinados problemas de la pareja han  de ser tratados por separado, como por ejemplo los celos patológicos causados por una baja autoestima y que requerirán un trabajo individual de la persona que lo sufre.

Lo más importante, una vez que hemos logrado la hoja de ruta perfecta para esa pareja, es reforzar las muestras de afecto (reforzamiento positivo de conductas que resultan agradables para el otro), y enseñarles o recordarles, las normas de etiqueta básicas en una relación de cualquier tipo: hablar dialogando, no discutiendo.

De la misma forma se planifican actividades en conjunto que probablemente hace tiempo que no se plantean realizar (ocio, momentos de intimidad, etc) y se les lanza al ruedo.

De nada sirve una terapia de pareja en la que uno de los dos no esté dispuesto a poner de su parte, especialmente si no consiguen pasar la primera prueba "Prueba de Hércules": hablar sin gritar.

En cualquier caso, si una pareja decide darse la oportunidad de salvar su relación, tiene que tener claro que la relación es cosa de dos, el terapeuta no es juez ni parte, ni el director de orquesta, tan sólo es el profesional que de forma objetiva pone de manifiesto los problemas y les da herramientas para su solución, o les marca aquellas situaciones que pueden estar perjudicando seriamente la relación.

Si te decides por una terapia de pareja, no vayas con el "no" por delante: os desgastareis emocionalmente y os costará dinero. Tan sólo aquellos que confían en ellos mismos y están dispuestos a trabajar para volver a sentirse pleno dentro de la pareja, son candidatos a su solución.

Cuando no puedas más, cuando la hostilidad te pueda, recuerda aquellos tiempos en los que hacías verdaderas tonterías por estar al lado de esa persona a la que ahora no soportas. Tal vez ninguno de los dos hayáis cambiado, tan solo os estáis perdiendo en avatares de la vida que no os dejan recordar cómo era aquello de la felicidad. 

Amor, enamoramiento, encaprichamiento, cariño...Ese tremendo lío de las emociones

EL AMOR

Una vieja polémica, aún no resuelta, es la que intenta distinguir al amor de otros estados emocionales y sentimientos como la atracción, el gustarse y el simple “enamoramiento”: ¿Es cualitativamente similar a los demás tipos de atracción interpersonal, con diferencias cuantitativas de intensidad, o es una realidad psicológica distinta y específica? Y, por otro lado ¿son todos los tipos de amor similares o tienen características diferenciales?

Tradicionalmente, la psicología científica ha defendido diferencias cualitativas entre el amor y la atracción, así Rubin presentó una escala diferenciadora del amor y la atracción, siendo los elementos cruciales los siguientes:

La atracción exige:

a) una evaluación favorable del otro (admiración)

b) respeto y confianza

c) percepción de semejanza (sentirnos parecidos)

El amor comprende:

a) una necesidad de estar con esa persona (apego)

b) una tendencia a prestarle ayuda aún cuando esto exija un sacrificio

c) un deseo de intimidad y exclusividad.

Por sexos, en los hombres se establece una mayor correlación (0,56) entre el amor y la atracción que en las mujeres (0,36), distinguiendo más claramente éstas ambos sentimientos y siendo más probable que una mujer se enamore de un hombre que no le gusta que a la inversa.

En concreto, hay tres importantes consideraciones que diferencian la atracción y el amor:

a) La fantasía: Las personas se sienten atraídas por quienes las gratifican, pero quienes aman pueden hacerlo a personas que realmente las gratifican o que las gratifican en sus fantasías (esto puede llevar, claro está, a la pasión y a la “ceguera”, enamorándonos de una criatura perfecta que nos proporciona una gratificación ilimitada... lo cual lleva fácilmente al desengaño. Así nos convencemos de que la persona amada posee cualidades extraordinarias, lo cual –con la convivencia– puede desinflarse o, como todos los espejismos, desvanecerse y, llevar a la ruptura si el único fundamento de la relación era este espejismo o ceguera).

b) El tiempo: La clave del verdadero amor la da el tiempo; el verdadero amor se consigue luchando contra el tiempo, habiendo desaparecido, incluso, la pasión, fortaleciéndose con las gratificaciones reales y no con las fantaseadas.

c) La sensatez: La atracción suele ser un fenómeno sensato, mientras que el amor –sobre todo el apasionado– no suele acogerse a normas sensatas, puesto que es algo más emocional que racional, aunque –para que funcione– no debe llegar a la “locura de amor”

Ciñéndonos más al amor de pareja (“apasionado” o “romántico”)Hatfield y Walster lo definen como “un estado de intenso deseo por la unión con otra persona” con las siguientes características:

a) Es un estado cargado de emociones y de excitación fisiológica general (atracción, deseo sexual, celos, enfado, ambivalencia y malestares por ausencia o nimiedades) fácilmente evidenciable

b) Con pensamientos recurrentes y característicos sobre la persona amada (idealización, temor al rechazo/abandono)

c) Con patrones peculiares de conducta, verbales y no verbales

LA DISTINCIÓN ENTRE EL ENAMORAMIENTO Y EL VERDADERO AMOR

Debe distinguirse entre el verdadero amor y la pasión, describiéndose el primero como maduro, duradero y sensible, frente a la pasión que se describe como infantil, caprichosa e irracional; de igual modo se diferencia del efímero amor romántico, siendo el amor verdadero más realista y duradero y más propio de las personas casadas que de las solteras. De hecho nadie puede mantener por mucho tiempo el mito y el irrealismo ideal que se fabrica durante el enamoramiento romántico y la pasión

En última instancia, Berscheid y Walster plantean que el amor romántico-apasionado es un fenómeno en su mayor parte de creación cultural, es decir, una forma cognoscitiva de calificar fuertes emociones con sustrato hormonal, que toma sentido del contexto social y no del contenido fisiológico de la excitación. En este marco, para que se dé el enamoramiento –flechazo–apasionado, el sujeto tiene que:

a) haber aprendido en su cultura que el amor es algo socialmente apropiado

b) tiene que aparecer otra persona que en la realidad o en la fantasía reúna las características adecuadas para ser el objeto de nuestro amor

c) ha de haber un estado de excitación emocional relacionado con la otra persona .

¿Es el componente sexual uno de los elementos diferenciadores?, la respuesta es que este componente no es clarificador, siendo más importante las emociones intensas y cómo se interpretan éstas

¿Podría ser amor?

 

Una vieja polémica, aún no resuelta, es la que intenta distinguir al amor de otros estados emocionales y sentimientos como la atracción, el gustarse y el simple “enamoramiento”: ¿Es cualitativamente similar a los demás tipos de atracción interpersonal, con diferencias cuantitativas de intensidad, o es una realidad psicológica distinta y específica? Y, por otro lado ¿son todos los tipos de amor similares o tienen características diferenciales?

Tradicionalmente, la psicología científica ha defendido diferencias cualitativas entre el amor y la atracción, así Rubin presentó una escala diferenciadora del amor y la atracción, siendo los elementos cruciales los siguientes:

La atracción exige:

a) una evaluación favorable del otro (admiración)

b) respeto y confianza

c) percepción de semejanza (sentirnos parecidos);

El amor comprende:

a) una necesidad de estar con esa persona (apego)

b) una tendencia a prestarle ayuda aún cuando esto exija un sacrificio

c) un deseo de intimidad y exclusividad.

Por sexos, en los hombres se establece una mayor correlación (0,56) entre el amor y la atracción que en las mujeres (0,36), distinguiendo más claramente éstas ambos sentimientos y siendo más probable que una mujer se enamore de un hombre que no le gusta que a la inversa.

En concreto, hay tres importantes consideraciones que diferencian la atracción y el amor:

a) La fantasía: Las personas se sienten atraídas por quienes las gratifican, pero quienes aman pueden hacerlo a personas que realmente las gratifican o que las gratifican en sus fantasías (esto puede llevar, claro está, a la pasión y a la “ceguera”, enamorándonos de una criatura perfecta que nos proporciona una gratificación ilimitada... lo cual lleva fácilmente al desengaño. Así nos convencemos de que la persona amada posee cualidades extraordinarias, lo cual –con la convivencia– puede desinflarse o, como todos los espejismos, desvanecerse y, llevar a la ruptura si el único fundamento de la relación era este espejismo o ceguera).

b) El tiempo: La clave del verdadero amor la da el tiempo; el verdadero amor se consigue luchando contra el tiempo, habiendo desaparecido, incluso, la pasión, fortaleciéndose con las gratificaciones reales y no con las fantaseadas.

c) La sensatez: La atracción suele ser un fenómeno sensato, mientras que el amor –sobre todo el apasionado– no suele acogerse a normas sensatas, puesto que es algo más emocional que racional, aunque –para que funcione– no debe llegar a la “locura de amor”

Ciñéndonos más al amor de pareja (“apasionado” o “romántico”) Hatfield y Walster lo definen como “un estado de intenso deseo por la unión con otra persona” con las siguientes características:

a) Es un estado cargado de emociones y de excitación fisiológica general (atracción, deseo sexual, celos, enfado, ambivalencia y malestares por ausencia o nimiedades) fácilmente evidenciables

b) Con pensamientos recurrentes y característicos sobre la persona amada (idealización, temor al rechazo/abandono)

c) Con patrones peculiares de conducta, verbales y no verbales

LA DISTINCIÓN ENTRE EL ENAMORAMIENTO Y EL VERDADERO AMOR

Debe distinguirse entre el verdadero amor y la pasión, describiéndose el primero como maduro, duradero y sensible, frente a la pasión que se describe como infantil, caprichosa e irracional; de igual modo se diferencia del efímero amor romántico, siendo el amor verdadero más realista y duradero y más propio de las personas casadas que de las solteras. De hecho nadie puede mantener por mucho tiempo el mito y el irrealismo ideal que se fabrica durante el enamoramiento romántico y la pasión.

En última instancia, Berscheid y Walster plantean que el amor romántico-apasionado es un fenómeno en su mayor parte de creación cultural, es decir, una forma cognoscitiva de calificar fuertes emociones con sustrato hormonal, que toma sentido del contexto social y no del contenido fisiológico de la excitación. En este marco, para que se dé el enamoramiento –flechazo–apasionado, el sujeto tiene que:

a) haber aprendido en su cultura que el amor es algo socialmente apropiado

b) tiene que aparecer otra persona que en la realidad o en la fantasía reúna las características adecuadas para ser el objeto de nuestro amor

c) ha de haber un estado de excitación emocional relacionado con la otra persona .

¿Es el componente sexual uno de los elementos diferenciadores?, la respuesta es que este componente no es clarificador, siendo más importante las emociones intensas y cómo se interpretan éstas

Dejar una relación sin hacer más daño del necesario

Poner fin a una relación es algo doloroso para quien toma la determinación: sabe que va a herir a la otra persona. Este es motivo más que suficiente para que muchas personas demoren la finalización de una relación con otra persona, y continúan durante meses “atrapados” en una situación que va minando emocionalmente a ambos miembros de la pareja. 

A continuación, exponemos algunas pautas para poner fin a una relación:

Asegúrate de que quieres terminar:  Este tipo de decisiones no se pueden tomar a la ligera. No pueden ser fruto de un momento de rabia o decepción, que llevaría en cualquier caso a un “enfado” con la pareja pero no a una ruptura definitiva. Si amenazas con una ruptura porque estás en un momento de enfado, cabe la posibilidad de que en el fondo busques manipular a tu pareja, o “castigarla”, pero no se trataría de una ruptura madura y serena.

Conciénciate: el que deja la relación pasa a ser “el malo de la película”. Es cierto que vas a ser la persona que ponga fin a la relación, la que abre la caja de los truenos, sin embargo, a veces hay que tomar este tipo de decisiones por el bien de ambos. Puede ser un momento doloroso, pero a largo plazo es algo bueno para ambos, incluso para el abandonado. Nadie quiere que otra persona permanezca a su lado por pena, nadie merece eso.

Escoge un buen momento: No escojas un momento especial, no hay buen momento para esto, pero sí hay mejores momentos. No lo hagas coincidir nunca con una celebración, no busques como aliados “un par de copas”, no lo hagas en un sitio muy concurrido, ya que las lágrimas son normales en estos momentos.

-  Visualiza en tu mente la escena: Imagina que estás hablando con él/ella, y visualiza las posibles respuestas , contraargumentos y réplicas que puede hacer. No esta de sobra que prepares lo que dirás en cada posible escenario. Podrás decir que es un poco calculador el asunto, pero he aprendido que quien no planea no sabe predecir o prever posibles formas de hacer mejor las cosas

- Antes de tener la conversación que pone fin a la relación, busca objetivamente los motivos que te llevan a esta ruptura. Busca la manera de exponerlos en la que tu pareja se sienta menos dolida, bastante tiene con el momento que se le avecina. Intenta apelar al cariño pero no amor, y ante todo, sé honesto y claro en los motivos. Las medias palabras, la falta de argumentos concretos para el fin de la relación, hundiría más a tu pareja.

Explicar de forma clara los motivos que ponen fin a la relación no significa que tengas que justificarte. Se supone que es una decisión con motivos que la avalan y es lo único que tienes que exponer. No caigas en ambigüedades respecto a que sigues queriendo a tu pareja, son cosas que se dicen y sólo sirve para que la persona a la que se abandona albergue falsas esperanzas de reconciliación.

- Tras la ruptura debe existir una pausa en la comunicación entre ambas personas (algunas veces es una ruptura de comunicación definitiva). No es cierto que podáis “terminar como amigos”: los amigos no son pareja, son amigos. A ambos os puede herir comportamientos que tengáis después de la ruptura, y la comunicación sólo retrasará el proceso de cicatrización de las heridas. Daros un largo tiempo para poner en orden vuestra vida.

No permitas que esta conversación una vez finalizada prosiga durante horas, sólo servirá para que brote el rencor, para que pierdas los nervios, o tal vez para que te debilites y cedas ante ruegos de una reconciliación que lo único que hará es demorar el momento de la ruptura

Estas pautas pueden servirte para finalizar una relación, algo que sin duda causará daño a tu pareja, pero al menos puedes tener la tranquilidad de saber que habéis hecho lo mejor para ambos, y que lo has hecho de la mejor forma posible.

Y ante todo: sé maduro. No utilices una amenaza de ruptura para que la relación cambie: eso no funciona así. Si realmente quieres terminar, hazlo, evitando herir el amor propio del otro y siendo firme en tu decisión: las dudas, las actitudes equívocas pueden hacer albergar falsas esperanzas a la otra persona, cuando tú estás actuando de forma egoísta: intentando un distanciamiento progresivo que a ti no te duela. 

¿Crisis de pareja en Septiembre?

Un fin de verano sin un incremento de rupturas de pareja es... como un jardín sin flores.

Las redes se llenan de fotos de parejas sonriendo con fondos de playas maravillosas o sosteniendo cócteles tamaño pecera y yo las veo y pienso... se masca la tragedia.

El primer problema que produce crisis de pareja en el periodo estival es el tiempo de convivencia. Durante el año una pareja puede funcionar como un "team" perfecto... especialmente de intendencia, y las conversaciones se reducen a los aspectos más prácticos de la vida cotidiana, pero llega el verano y el "tú a tú", y los primeros problemas.

Hay parejas que constatan que sus intereses se han ido alejando: se aburren, los temas de conversación se agotan y al final son dos extraños, compañeros de hamaca y crema solar.

Los intentos por hacer planes, cenas, copas, etc, suelen no cumplir las expectativas a pesar de los esfuerzos. Detrás de la "sonrisa instagram" se esconde una cabecita pensando "vaya infierno de veranito este".

Surgen problemas con los ritmos: uno quiere ver cosas, madrugar, hacer...el otro sólo quiere dormir hasta tarde y descansar.

Los rencores se van acumulando, las discusiones se hacen cada vez más frecuentes y terminan por no soportarse, por considerar que la convivencia es un horror. Y cuando no se tienen temas de conversación, ¿qué mejor recurso que tirar de trapos sucios acumulados durante el año?. La familia política suele ser el top trending de estas conversaciones que terminan como una auténtica batalla de dardos envenenados.

Así aparece Septiembre, con esas crisis de pareja que se convierten en un incremento de trabajo en los gabinetes de Psicología. Por fortuna este tipo de situaciones se pueden reconducir con bastante facilidad: son más un "síndrome de la convivencia reconcentrada" que el fin del amor, lo que pasa es que llegan con rencor y poca disponibilidad para ceder.

Trabajar estas crisis se basa más en un reencuentro de las cosas que les unían o una búsqueda de nuevas actividades que les atraigan, un cambio de hábitos incrementando el tiempo de diálogo diario (basado en el nosotros y no en la economía doméstica), nuevas vías de comunicación basadas en el refuerzo positivo del otro y capacidad para expresar el malestar por situaciones en vez de guardarlo como balas en la recámara.

Dejemos de lado las posiciones radicales: la pareja se ha construído sobre mucho más de lo que nos lleva a destruirla y a veces una crisis es positiva para llevar aire fresco y producir una regeneración de la relación.

Huyamos de los pensamientos derrotistas y las actitudes tajantes o soberbias que sólo empeoran la situación o nos llevan a rupturas que luego pesan la eternidad.

Si estáis ante una de estas famosas crisis, es mejor un intento de solución cuanto antes mejor: vamos a hacer los diques para reconducir el canal. El intento siempre merecerá más la pena que terminar buscando un repuesto en la soledad en una de las famosas páginas para buscar parejas, que suelen ser un compendio de fracasos, tristeza, soledad y segundas intenciones muchísimo peor que el momento en el que la pareja se encuentra. 

yo no sé cómo va a terminar esto de las parejas y las redes sociales

La irrupción de las redes sociales como parte de nuestra vida está causando serios estragos en muchas parejas hasta el momento estables.

El proceso, que suele comenzar con un "reencuentro" de viejos amigos en Facebook o un conocimiento paulatino en otras redes tipo Twitter (vamos a dejar de lado otro tipo de redes de contenido explícito para buscar pareja o relaciones rápidas), suele convertirse en un proceso de bola de nieve que acabe con una relación.

Curiosamente es más frecuente que la persona "enganchada" sea un varón, de mediana edad y sin antecedentes de infidelidades.

El sistema es simple, aunque la persona que está pasando por este trance lo ve como una obsesión y no logra comprender cómo ha llegado a este punto. Los ingredientes son perfectos: falta de compromiso, poder vender una imagen idealizada de uno mismo, atención constante, focalización en temas amorosos o que incrementan la autoestima de la persona y ausencia de todo aquello que puede suponer rutina, compromiso o las situaciones a veces incómodas que se producen en la convivencia.

Normalmente la persona "captada" se siente hechizada ante los halagos que recibe, siempre existe una constante gratificación que le hace alejarse de la realidad, y como si de una droga se tratara comienza a obsesionarse con la llegada de mensajes, canciones dedicadas, verbalización de fantasías sexuales y la sensación de sentirse nuevamente joven, enamorado, apasionado.

Este tipo de relaciones suelen ser simples fantasías donde ambos miembros dejan fluir todo aquello de lo que carecen en su día a día.

En muchas ocasiones el hombre comenta que no puede llegar a comprender cómo ha podido desvincularse completamente de su pareja, a pesar de quererla y ni siquiera estar pendiente de los hijos, como "si se sintiera abducido". No entienden una situación racional directamente porque no lo es.

El sistema de gratificación intermitente es un clásico en las teorías de aprendizaje: si quieres someter a un animal a estar pendiente continuamente de que haga algo, no le refuerces siempre, hazlo de forma intermitente, sin pauta fija ni horarios. Así de simple funciona el aprendizaje y así de simple se crea una ciber-obsesión.

La forma de salir de ella es altamente traumática. Por una parte suele producirse porque la pareja se da cuenta, y es el momento de enfrentarse a la realidad: seguir en pos de la fantasía o intentar recuperar la pareja. Al principio es complicado: la obsesión es tan fuerte como la droga dura y la persona tiene dificultades para controlar sus deseos de consultar el móvil o el ordenador, piensa continuamente sobre lo ocurrido como algo idealizado. Por otra parte la otra parte de la pareja se siente engañada y con deseos de ruptura. 

La terapia en estos casos siempre comienza con la persona que ha sufrido esa obsesión: hay que devolverle a la realidad y mitigar los sentimientos de culpa, hay que buscar el por qué los halagos pueden llegar a enganchar de tal forma. A veces la falta de autoestima es la base del problema. En otros casos no podemos negar que hasta la pareja más perfecta puede haber entrado en un ciclo rutinario en el que se necesiten introducir cambios para reactivar las emociones.

Tras el trabajo con la persona afectada para que comprenda la realidad y la disocie de la fantasía, se trabajan aspectos de su personalidad, y de forma paralela, muy frecuentemente hay que trabajar con el otro miembro de la pareja, primero para que comprenda que lo sucedido pertenece a una realidad completamente virtual (no por ello menos dañina pero con otra base), hay que evitar los reproches, las preguntas de los por qués que en muchísimas ocasiones no tienen respuesta, porque hablamos de personas que en ese momento no actúan de forma racional, sino impulsiva.

Por último, sesiones de terapia de pareja pueden ayudar a fomentar la confianza,, buscar nuevas vías de relación y ayudar a comprender que a veces una crisis, tan dolorosa como esta, puede servir para reforzar la relación y solucionar problemas latentes, que en ocasiones han estado ocultos durante años. 

la obsesión por la pérdida como enfermedad

La obsesión ante la pérdida de una relación es una experiencia devastadora para el ser humano.

Es un estado de incapacidad de ser racional en lo que se piensa, se siente y lo que se  ha vivido, que la persona, a pesar de comprender lo ilógico de sus sentimientos, no puede dejar de vivir pensando en la persona, anhelándola, buscando formas de solución y en muchos casos dedicando muchísimo tiempo a "perseguirla" y "expiarla".

 

Las personas relatan la focalizan absoluta de toda su vida y pensamientos en esa persona. Son capaces de recordar las situaciones que les han llevado a la situación de ruptura, si ha habido infidelidades están dispuestos a olvidarlas (algo que lo piensan pero que en realidad, si recuperaran a la persona, sería el principal punto de inicio del nuevo proceso de ruptura).

Normalmente estas personas se encuentran aisladas de su entorno, que comienzan siendo comprensivos con su situación y acaban por exponerle la cruda realidad de lo enfermizo de la situación.

Cuando una pérdida sentimental se convierte en obsesión tiene que ser objeto de ayuda psicológica intensa, y en los momentos iniciales muy complicada por las propias barreras que pone la persona que se resiste a pensar en iniciar una vida en la que la persona perdida sea el núcleo de sus sentimientos y acciones.

El tratamiento pasa lógicamente por una búsqueda de actividades que puedan desconectar a la persona de ese pensamiento obsesivo, al principio no lo consiguen, y se requerirá paciencia y constancia para que vayan viendo como "poco a poco" ese cien por cien de tiempo dedicado a pensar, vigilar y hablar sobre la persona perdida se va reduciendo.

Las amistades tienen un papel fundamental de apoyo para la persona, y deben evitar, activamente, hablar sobre este problema: la escucha empática, tan sanadora en los momentos iniciales, se puede volver una forma de retroalimentación para la persona respecto a sus pensamientos obsesivos.

Actividad, ocio alternativo, deporte si es posible y una terapia psicológica que ayude a la persona a que comprenda la realidad de la situación de pérdida son las formas adecuadas de tratamiento del problema. Entendiendo siempre que el psicólogo no va a convencer en absoluto a la persona de lo inadecuado de sus pensamientos o de las pocas posibilidades que tiene de recuperar una relación cuando está definitivamente acabada. La tarea del psicólogo en estos casos es la reestructuración cognitiva del propio paciente que es quien debe ir modificando sus pensamientos, buscando vías alternativas y siendo él mismo capaz de comprender que la obsesión por una persona deseada cuando es inaccesible, sólo produce sufrimiento, hace que no seamos conscientes de la realidad que nos llevó a esta situación, idealizando los buenos momentos y olvidando el dolor anterior y siendo incapaces de comprender que somos nosotros mismos los que trazamos nuestro futuro, los que tenemos la capacidad de superar las situaciones dolorosas (recordando lo bueno y lo malo) y haciendo un pronóstico real de "a qué nos llevaría esa situación si volviéramos a recuperar lo perdido".

Difícil, muy difícil, es una situación tremendamente dolorosa para el paciente. Pero como parte positiva, la superación de la obsesión genera un sentimiento de fuerza interior en el individuo, un incremento de la autoestima y una nueva ilusión por vivir que de poder experimentarla, sólo por unos segundos al inicio del proceso, les "daría alas" en su proceso de curación. 

"mi mujer ya nunca tiene ganas"

Uno de los problemas más frecuentes que relatan los hombres en terapia de pareja es que su pareja ha dejado de sentir deseo sexual, que apenas tienen relaciones y que él siempre tiene que estar demandando, mientras ella pone excusas y parece desganada y que le hace un favor.

Triste, pero cierto. La realidad que hay detrás de este problema no es exactamente la falta de deseo, es el cambio de intereses en la vida de la mujer.

Antes de seguir puntualizo: no es en todos los casos, pero la estadística es demoledora (enhorabuena para las afortunadas que no han caído en este problema, fuente de conflictos y desagradable para ambos).

El origen de la desmotivación está en la preparación biológica que tenemos, y que no podemos negar. El hombre está diseñado para engendrar cuantos más descendientes mejor, la mujer tiene una capacidad limitada de procreación, por lo que una vez que tiene "crías" su objetivo fundamental en la vida pasa de tener relaciones sexuales a cuidar de lo que tiene: el óvulo es caro, el espermatozoide barato.

Nos gusta pensar que esa patraña del origen de la especie está superada, y que somos seres racionales y esos patrones ya no son reales. Al que lo diga le haré una pregunta: si un bebé llora, por qué la madre secreta leche y el padre no?  Por qué al final del embarazo la mujer limpia la casa como una posesa? No tan superado, verdad? 

Volviendo al por qué la mujer deja de mostrar interés por su pareja: el hombre es sexualmente activo y tiene la actividad sexual como una de sus actividades preferentes. La mujer, en el período de cortejo suele ser más activa, tomar más la iniciativa y estar más dispuesta a tener relaciones sexuales. Su objetivo (no consciente) es emparejarse y el sexo es casi una premisa fundamental para establecer una pareja.

Una vez que la pareja está asentada y cada uno tiene establecido su rol (que no pasa por condiciones sexistas, sólo prioridades), el hombre sigue teniendo necesidad de relaciones sexuales frecuentes, pero en la mujer surgen otras motivaciones poderosas: suelen estar más interesadas por asuntos relacionados con el mundo social, los relacionados con los hijos, la casa y la organización de la vida, dejando el sexo un poco arrinconado.

Las relaciones sexuales se van distanciando, y eso es, como lo de ir al gimnasio: vas todos los días y estableces tu rutina, faltas una semana y siempre habrá excusas para posponerlo. La pereza.

Si le preguntas a esas mujeres si no desean a sus parejas lo niegan taxativamente, y a la pregunta de qué está pasando entonces, suelen mostrarse pensativas, como si no hubieran reparado en ello: cansancio, pereza por iniciar el intercambio sexual, cansancio, la cabeza en otro sitio son las respuestas más usuales. En realidad ni han reparado en ello.

La solución en este tipo de problemas no suele pasar por el hombre, es con la mujer con la que hay que trabajar. Es un trabajo simplemente de "pararse a reflexionar" sobre el por qué lo que antes era importante en su vida ha pasado a ser algo casi molesto, a pesar de que luego consideran las relaciones placenteras.

Habitualmente el cambio de actitud en la mujer, sobre su propio mundo de prioridades, hace que las aguas vuelvan a su cauce. Aviso para los "ilusionados": no van a volver a encontrar a la tigresa de los primeros tiempos, pero pueden establecer una relación mucho más equilibrada en el sexo, en la que la sensación sea de satisfacción para ambos y se eviten las malas interpretaciones sobre las causas de la terrible rutina que tanto daño puede llegar a hacer. 

 

Y tú, ¿por qué gritas a quien amas?

El refranero popular debería ser asignatura de primero en la carrera de Psicología, y es que recoge la experiencia de la vida de una forma simple y a veces muy certera.

"Donde hay confianza da asco", sería un excelente ejemplo de cómo se tratan algunas parejas según va pasando el tiempo de convivencia: se pierden el respeto.

Visto desde fuera resulta sorprendente como personas que tienen un proyecto de vida en común, y en muchos casos hijos, están permanentemente en lucha, soltando descalificaciones a la mínima, poniendo el grito en el cielo a cada minuto o contestando con ladridos a cualquier demanda de su pareja. ¿Acaso se han dejado de querer? pues no, no tiene nada que ver. Se quieren pero se han dejado en el camino algo esencial que les unió: el deseo de cuidarse, la admiración, el respeto.

Cuando vienen personas a la consulta para una terapia de pareja con este problema (no se aguantan, no paran de discutir en todo el día, se llevan la contraria sistemáticamente, todo les sienta mal), lo primero que observo es la falta de contacto ocular entre ellos, unido evidentemente a la falta de contacto físico.

Se echan en cara auténticas barbaridades, no se ponen en el lugar del otro y sólo parecen estar pendientes de quedar por encima, de demostrar que uno es el bueno y otro es el malo.

La situación lógicamente es de una gran hostilidad, primando el afecto negativo en sus relaciones. Les suelo preguntar: ¿Vd. habla así a su jefe? la respuesta es un no tajante. Mi siguiente pregunta es: ¿si tuviera que elegir, perdería el trabajo o la pareja? la respuesta es el trabajo.

Ya tenemos la ecuación: lo más importante es la pareja, pero a la pareja se le chilla PORQUE NO HAY AUTÉNTICAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS. Al jefe no, es algo impensable.

Este es el punto de arranque: "resetear" la pareja a punto inicial, cuando el intercambio de gestos y palabras era gratificante, cuando se intentaba hacer feliz al otro, sintiendo la necesidad de crear amor. 

Se pierde la forma, pero no el fondo, que simplemente ha quedado dormido. En terapia de pareja se trata en primer lugar de hacer ver a las personas su actitud, lo negativo de los comentarios que ya han dejado de dar importancia, marcando cada uno de ellos e instando a las personas por expresar sus necesidades, deseos, e incluso lo que le incomoda de forma positiva.

Posteriormente existen técnicas específicas para incrementar los "refuerzos positivos" entre las parejas (es increíble ver cómo cuando se les proponen algunas sencillas técnicas sonríen azorados, como si les diera apuro expresar ternura). 

Existiendo una base de amor y un deseo de permanencia por parte de ambos, erradicar los hábitos nocivos que han convertido la convivencia en un intercambio hostil es una tarea ilusionante, y la pareja que pasa por esa experiencia suele relatar después una mejora en la calidad de la relación que no sólo pasa por la convivencia en sí, sino por el deseo de recuperar muchas sensaciones dormidas. 

 

 

 

Nunca te separes "en caliente"

 

Muchas personas que viven en pareja llegan a un momento en su vida en las que el tedio, la incomprensión, la soledad se han hecho sus mejores compañeros.

Miran atrás, a los que les llevó a unirse a una persona y no pueden encontrar ninguna de las razones. La ilusión, el compromiso, las ganas de compartir y disfrutar de las pequeñas cosas se han esfumado y se sienten completamente vacías, y en algunas ocasiones desesperadas.

La presión familiar, los amigos, la presencia de hijos, la motivación económica, hacen difícil replantearse la vida, la persona se encuentra en un cruce de caminos: la felicidad y la estabilidad.

Esta situación es realmente peligrosa. La insatisfacción personal puede llevar a ver todo bajo un prisma negativo, a no estar atento a la parte buena de la relación, minimizando la gratificación que recibe y focalizando la atención en los aspectos negativos, lo que alimenta la sensación de vacío y fracaso.

Ante una situación de este tipo, es necesario que la persona analice sus sentimientos, de una forma global. En algunas ocasiones, la ayuda de un terapeuta que dirija las preguntas que la persona debería formularse, puede ayudar a ese proceso de clarificación.

Dejar a la otra parte de la pareja al margen de esta crisis puede resultar perjudicial y por supuesto, nada leal: el otro tiene que saber su parte de responsabilidad y tener la oportunidad de meditar sobre hacia dónde se dirige su relación, si los lazos son el cariño o el amor verdadero, si existen los motivos que les llevaron a unir sus vidas, y si quiere luchar (de verdad) para buscar nuevas vías para fortalecer su compromiso.

La terapia de pareja puede ayudar mucho a las parejas en crisis, cuando existe realmente una motivación para cambiar aquellas actitudes o formas de ver la relación que les han hecho alejarse. Desgraciadamente muchas veces en terapia de pareja nos encontramos con una falta de compromiso: una de las partes busca realmente nuevas fórmulas de acercamiento y la otra parte "está cubriendo el expediente" porque no desea abandonar la relación.

Las personas ante una crisis de relación deberían disgregar los aspectos de permanencia o abandono, analizando cada factor por separado. El núcleo de la intervención se basa en la propia felicidad del individuo, y los miedos se tendrán que ir tratando uno a uno. Es absurdo continuar con una pareja cuando no existe comunicación o las muestras de afecto se reducen a una relación fría y "políticamente correcta", ya que eso es una fuente de insatisfacción no sólo para ambas personas, sino también para las personas que forman el núcleo familiar.

Establecer las verdaderas razones que nos llevan a pensar que la relación está acabada tienen que pasar por un análisis "con el corazón el la mano", ya que a veces factores externos, como enamoramientos por cubrir el vacío afectivo, envidia de la situación de otras personas en situación de libertad, pueden llevar a una obstinación respecto al fin con consecuencias dramáticas.

 

Si la situación realmente no depende de factores externos, o la necesidad de un cambio ha aparecido de forma independiente o anterior, la persona debe evaluar su momento afectivo de forma intrínseca, buscando lo que realmente desea en la vida. Debe tener en cuenta el daño que produce, pero no como un factor de paralización de su camino, sino buscando la forma más madura y adaptada de plantear esta nueva situación. En ocasiones se espera a que los niños sean mayores, para que no sufran (¿alguien cree realmente que el sufrimiento de los hijos es menor a los 20 años que a los 10?, ¿no será la forma y no la edad la que tengan repercusión sobre el afrontamiento de la situación?). Otras veces es el "disgusto que se va a llevar la familia" lo que paraliza el proceso, o la presencia de problemas económicos que hacen difícil o imposible la existencia de dos núcleos familiares: si la casa pesa más que la felicidad, tal vez la persona deba plantearse que sus objetivos vitales están más próximos a lo material que a lo afectivo y deba quedarse en esa situación.

Dar a la otra persona la posibilidad de ser nuevamente amada, cuando nosotros ya no tenemos nada que ofrecer más que una convención social o un interés económico es a veces un síntoma de salud mental, equilibrio personal y coherencia... además de representar el último gesto de generosidad hacia alguien que tal vez se merezca algo mejor.

¿POR QUÉ DE REPENTE MI PAREJA SE HA VUELTO CELOSA?

 

 

Es bastante habitual esta consulta. Mujeres, normalmente muy preocupadas, y en algunos casos con síntomas de ansiedad que no saben el motivo para el cambio de actitud de su pareja.

Se quejan de que "de repente" se ha vuelto celoso, controlador, acusa de que se ve con otras personas o le dice que no se arregle tanto...de repente, sin existir un motivo para este cambio de actitud.

Se muestran irritables, espían los móviles, controlan la hora, y en muchos casos muestran síntomas de depresión.

Esta conducta suele estar motivada por un cambio vital que ha hecho que la persona (en este caso estamos hablando de hombres) que motivan una BAJADA DE AUTOESTIMA: cuando el hombre se siente menos valioso comienza a pensar que su pareja "puede preferir a cualquier otro". Se desvalorizan y sienten el peligro de ser abandonados.

Motivos como quedarse en el paro, jubilación, una incapacidad, problemas de disfunción sexual...cualquier aspecto que les haga sentirse inferiores pueden desencadenar estas reacciones.

El trabajo en este caso no pasa por una terapia de pareja: los celos son sólo la expresión de un problema de baja autoestima y una falta de adaptación a una situación que la persona tiene que asimilar, así como la sintomatología depresiva que le pueda acompañar.