Cuando los niños nos culpan del divorcio

 

Es frecuente encontrar en consulta a padres o madres alarmados porque sus hijos, tras un divorcio, mantienen una conducta hostil hacia el progenitor que ostenta la custodia.

Esta situación produce una gran preocupación en el padre/madre, que se sienten culpables y tienden a adoptar una posición de complacencia ante el hijo pensando que así le volverá a aceptar.

Las conductas hostiles, agresivas, oposicionistas o de claro reproche hacia el progenitor, culpabilizándole de la situación, hay que comprenderla dentro del contexto de maduración del niño, de cómo interpreta la realidad de un divorcio.

Un niño, cuando sus padres se divorcian ven que su mundo infantil se derrumba: para ellos la situación normal e idílica es que "papá y mamá" estén juntos y a su lado, y el cambio de situación les produce un gran dolor y sentimientos de inseguridad.

Es normal que vean a la persona con la que se quedan como la fuerte, y aquella que tiene que abandonar el hogar, como la débil y desprotegida. Ante esta situación, es normal que cierren filas con el que se ha ido, en un intento (infantil, evidentemente) de darles ellos mismos protección.

Los niños no pueden expresar sus emociones y sentimientos con un discurso coherente, y por ello utilizan las únicas armas que dominan: su conducta. La forma de expresar dolor y frustración es el mal comportamiento, una forma de expresar su malestar, a veces con la idea de que conseguirán volver a unir a sus padres, otras veces para que ellos mismos se sientan mal.

Ante esta situación tan complicada (se une el problema emocional propio de la ruptura con la mala conducta del hijo), los padres se pueden sentir sobrepasados.

Es importante, como primer punto analizar la situación: un niño con mala conducta, si esta se está produciendo en un contexto de crisis familiar, es un niño que está expresando su frustración, y sobre ello hay que trabajar, considerando el mal comportamiento una válvula de escape.

Es necesario eliminar cualquier conducta que suponga un incremento de la ansiedad y el dolor del niño: el progenitor que no está con el hijo JAMÁS debe mostrar su dolor delante del niño, básicamente porque no le llega el mensaje de "cuanto te quiero y cómo sufro", sino "tu padre sufre y tu, como eres un niño, no puedes ayudarme". No se está "castigando" al otro progenitor: se está haciendo sufrir al niño.

El padre/madre que ostenta la custodia tampoco debe sentirse una víctima del odio de su hijo: nos movemos en clave: adulto-niño, no nos podemos poner a su altura. La comprensión del problema con una cierta madurez, nos ayudará a darle al niño la seguridad, protección, amor y a liberarle de los miedos o los sentimientos de culpa.

Es importante que los padres ante una situación de divorcio, y a pesar de sus diferencias individuales, actúen como personas adultas, maduras y responsables. Nada más nocivo para un niño que verse inmerso en las luchas entre mayores, incluso si uno de los padres persevera en esa actitud, el otro no debe entrar en esa guerra: hay que mantener una actitud firme, y saber que a pesar del rechazo inicial del niño, la vida "pone a cada uno en su sitio", y la actitud de "querer a un hijo sin esperar nada a cambio" siempre da frutos positivos, aunque no precisamente a corto plazo.

Cuando el divorcio no es un mercado persa

La co-parentalidad o modelo de custodia compartida se está extendiendo con fuerza por toda Europa. En España nos cuesta aceptarla, porque nuestro modelo familiar es tal vez más tradicional que el de los países anglosajones.

Tradicionalmente el divorcio con hijos suponía la custodia para la madre y un régimen de visitas más o menos extenso para el padre. Dependiendo de las posibilidades económicas de cada pareja, la cosa terminaba con uno viviendo en cada casa o en algunos casos el hombre viviendo en una caravana (llegó a prohibirse la pernocta en campings para hombres divorciados).

Hay que partir de la base de que un divorcio es una situación complicada en la que cada miembro de la pareja tiene sus propios sentimientos negativos (en algunos casos, puede existir también el sentimiento de culpa). Este modelo tradicional de madre con los niños, padre visitando a los niños ha supuesto una gran desventaja para los menores, que en muchísimas ocasiones han perdido la vinculación afectiva con su progenitor, al considerarle o bien el cajero automático de la familia o el culpable de todos los males familiares. 

Este modelo es absolutamente injusto en una sociedad actual en la que padre y madre trabajan y ambos colaboran en las tareas domésticas y en el cuidado de los hijos. Siempre habrá casos excepcionales y situaciones excepcionales, que son precisamente las que deben ser evaluadas para establecer la APTITUD PARENTAL de los progenitores.

En caso de que ambos hayan sido padres dedicados, que no significa exactos, porque el hecho de que la madre haga lleve a los niños a parque no la hace mejor que el padre que se queda haciendo la comida y poniendo lavadoras (esto es un reparto de tareas). Si ambos padres han optado por una responsabilidad responsable, las situaciones puntuales que han podido llevar al divorcio no son motivo a tener en cuenta para desposeer a uno de los progenitores de la custodia. Hablamos de padres, hijos y la responsabilidad y amor que demuestran hacia ellos.

Por esto los niños no deberían tener que pasar por el "trago" de ver que se quedan con uno de sus progenitores pasando el otro a ser "el de me toca". Cuando son pequeños les gusta más: si el padre tiene posibilidades económicas les colmará de regalos y no les castigará demasiado, total, para lo poco que ven a los niños... Esto conduce al papel de la madre sobrecargada y normalmente enfadada por tener que quedar como el ogro educando a los niños en solitario y llevándose lo que consideran la peor parte.

Los modelos de custodia compartida abogan por niños que pasan la mitad del tiempo con cada progenitor, dependiendo de las circunstancias económicas ambos pueden coger una nueva casa o ejercer su tiempo de custodia en la casa familiar sin mover al niño de su entorno. Este tipo de educación se considera más colaborativa, ya que responsabilidades, buenos y malos momentos, etc se pasan al cincuenta por cien. También los padres necesitan comunicarse más allá de un frío mensaje si surge algún imprevisto.

Económicamente resulta menos doloroso para los cónyuges y más fácil de asumir para los niños.

Esta situación se hace especialmente clara con hijos adolescentes: un padre/madre que ve a sus hijos dos tardes en semana y fines de semana alternos se dará pronto cuenta que los deberes invaden sus días intersemanales, que apenas tienen tiempo de comentar el día a día, y los fines de semana pasan de "padres" a "revientaplanes". Es ley de vida, todos hemos sido jóvenes y a todos nos ha llegado el momento de preferir estar con los amigos que con los padres.

La custodia compartida es dura, pero a la larga se puede convertir en una fuente de riqueza emocional para los niños, que van aprendiendo más de su padre y de su madre como seres individuales, además que los padres aprenden la esencia de la paternidad: desde el mismo momento en que nacieron, los niños son de ambos, aquí no hay quien sea más que nadie. 

Informes para solicitar la custodia a espaldas del otro progenitor: NO

Ante un proceso de divorcio con hijos menores, es frecuente que uno de los progenitores desee realizar un peritaje de los niños con objeto de demostrar la idoneidad de que le otorguen a él la custodia.

Acuden al psicólogo jurídico con la intención de realizar el peritaje de los niños sin consentimiento del otro progenitor, y esto no es posible realizarlo. De hecho, cualquier intervención sobre un menor, en el área jurídica o clínica precisa del consentimiento de ambos progenitores o una autorización judicial en caso de la negativa de uno de ellos. 

Por esto es importante que la persona interesada en llevar a cabo este proceso tenga en cuenta la diferencia entre un Informe pericial psicológico de (valoración de alternativas) de guarda y custodia; y otros títulos como: Informe psicológico pericial de competencia parental, Informe de relación paterno(materno)-filial y similares. Por tanto, en el caso de que no se trate de un «Informe de valoración de alternativas de guarda y custodia», porque no se valora a todo el conjunto de la unidad familiar, debe hacerse explícito.

La diferencia fundamental entre el informe pericial psicológico de valoración da alternativas de guarda y custodia y un infome pericial de competencia parental, radica, en un primer lugar en la aceptación o no por ambas partes de la valoración psicológica de los menores, ya que en el informe de competencia parental se evalúa la capacidad de uno de los padres para asumir la custodia de los niños, sin valorar a la otra parte ni a los niños de forma personal, siendo esta labor propia de los equipos psicosociales de los Juzgados, o en determinados casos, mediante peritaje privado solicitado expresamente al Juzgado de Familia que lleve el caso. 

A este respecto, el Código Deontológico del Colegio Oficial de Psicólogos, señala en su art. 25 la obligación de informar sobre la intervención al menor, al menor al progenitor no solicitante de la misma, ya que el incumplimiento de dicha obligación, y teniendo en consideración las obligaciones recíprocas de ambos progenitores con respecto al ejercicio de sus respectivos derechos de patria potestad, invalidaría los resultados, siendo rechazado por el Juzgado. 

Por ello el psicólogo siempre debe actuar de la siguiente manera:

1. Informar al progenitor no solicitante de la intervención del proceso que se va a llevar a cabo, invitándole a participar en todas las pruebas que se realicen, de forma que se consiga el objeto real de la pericia: el estudio de todo el entorno involucrado y la posibilidad de realizar un ajuste a las necesidades del menor en las distintas alternativas de guardia y custodia

2. El progenitor puede dar su consentimiento de forma fehaciente o permitirla mediante la no oposición a la misma (no comunicando su oposición en el tiempo marcado para ello).

3. En caso de que el progenitor se oponga a la evaluación de los menores, sólo se podrá intervenir sobre ellos mediante la autorización judicial.

Hay que tener en cuenta que estas medidas garantizan la protección del menor frente a la posibilidad de manipulación de uno de los progenitores, además de situar al niño en una situación comprometida al verse involucrado en un conflicto de lealtades (el niño a partir de los 6/7 años se preguntará por qué en esa evaluación no están presentes ambos padres). 

La imposibilidad de realizar esta evaluación con la oposición de la otra parte garantiza la imparcialidad del perito y promueve la colaboración entre ambos cónyuges de cara a recibir una opinión externa sobre la idoneidad de las condiciones de custodia, algo que debería ser lo perseguido por ambos progenitores en aras del superior interés del menor.