FAMILIARES DE ENFERMOS: CUIDADO CON LA GANANCIA SECUNDARIA

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La ganancia secundaria es el beneficio que obtiene un enfermo expresando quejas sobre su enfermedad, y de esta manera recibiendo mayor atención de sus cuidadores.

No se trata de un fenómeno realizado conscientemente, simplemente el aprendizaje de las consecuencias de una conducta de queja (mayor atención) hace que se perpetúe y acentúe.

Esta situación pone a los familiares ante un dilema moral: la atención que requiere el enfermo por un lado (sería el componente subjetivo), y la necesidad de mantener una conducta firme pero cariñosa, no atendiendo sistemáticamente a estas quejas (componente objetivo). 

Pongamos el ejemplo de una persona con una depresión (valdría para muchísimas enfermedades, y es también frecuente en los pacientes que padecen dolor crónico y no siguen las prescripciones de realizar ejercicio).

Pues bien, la persona con una depresión severa se siente incapaz de realizar las tareas encomendadas y necesarias para empezar a salir de la depresión: realizacion de pequeñas actividades, levantarse de la cama, escribir sobre sus pensamientos negativos e intentar neutralizarlos, y otras muchas herramientas destinadas a sacar a la persona de su estado de inactividad y pensamientos obsesivos de corte catastrofista.

Como a estas personas les cuesta muchísimo iniciar cualquier tipo de actividad, cuando sus familiares les animan a realizar las tareas encomendadas, suelen refugiarse en el llanto y en quejas sobre sus ganas de morirse, en acusaciones sobre incomprensión de su enfermedad, etc. Esto suele derrumbar a las personas del entorno, dejando de insistir a la persona que está sufriendo esta enfermedad. La ganancia secundaria que consigue el enfermo es cuidados constantes, atención, comprensión y aceptación de su falta de fuerzas para iniciar cualquier actividad, perpetuando el problema.

Podríamos extender este ejemplo a personas que tienden a tener ansiedad. No realizan las actividades encomendadas y en muchas ocasiones los intentos de los familiares porque pongan algo de su parte se traduce en hiperventilación, mareos y acusaciones sobre que la presión les produce un incremento de la ansiedad.

Esta situación de ganancia secundaria por parte del enfermo desgasta emocionalmente a sus familiares y perpetua o agrava al problema, ya que impide la adherencia al tratamiento. 

Ante esta situación, es necesario ignorar las quejas somáticas de los pacientes que no consigan llevarnos a su terreno. Aquellas cosas que son buenas para ellos pero que se niegan a hacer, se les instará a hacerlo, pero ante su negativa, cualquier otra queja tendrá que ser respondida con una atribución de su responsabilidad en la falta de esfuerzos para iniciar su mejoría.

Es una situación muy complicada, que en muchos casos requiere orientación terapeutica para poder comprender las conductas que deben ser reforzadas, las que no y que los familiares comprendan que el exceso de cuidados pueden perjudicar al paciente, haciéndole una persona dependiente, demandante y abandonando cualquier esfuerzo para recuperarse. 

Cordillera "Ansiedad", lo que te separa del Valle "Tranquilidad"

Por algún extraño motivo en el camino de la vida, muchos de nosotros nos tropezamos con la Cordillera "Ansiedad", que nos genera una sensación de impotencia por ser incapaces de subirla.

Algunos, con mentalidad de escaladores, suben con paciencia, no olvidando jamas el objetivo: llegar al otro lado de la cima, para poder descansar en ese valle de hierba fresca y río transparente que es la Tranquilidad.

Otras personas no pueden, no saben o simplemente se bloquean ante la visión de un risco abrupto y peligroso, que les genera miedo y la anticipación de un malestar físico y psicológico antes incluso de ponerse las botas: la visión de la escalada de cualquiera de los picos de la cordillera Ansiedad les transporta a una situación que viven como si se estuviera produciendo: miedo, impotencia, sensaciones físicas (taquicardia, nudo en la garganta, parestesia en las extremidades, ganas de vomitar, mareos...). 

Este núcleo de personas en  muchísimas ocasiones necesitan la ayuda de un "sherpa psicólogo" que les vaya indicando el camino (los sherpas conducen, no te suben a caballito). 

La cordillera Ansiedad tiene diferentes picos escarpados y cada uno de los que tienen la mala suerte de haberse topado con este avatar de la vida, lo encarará por la montaña que le toque: puede ser "Pico Ansiedad Generalizada" (miedo anticipatorio a algún problema irresoluble, teniendo siempre algún motivo de preocupación), "Pico Agorafobia" (sensaciones de incontrolabilidad de síntomas somáticos ante una situación en la que consideran que tienen difícil escape: cine, centro comercial, aula, salir a la calle), "Pico Hipocondriasis" (miedo y preocupación constante a padecer una enfermedad, buscando información confirmatoria respecto a la sintomatología), "Pico Fobia" (miedo irracional con sensaciones de pánico ante un estímulo concreto: arañas, aviones, tren, payasos...), "Pico Fobia Social" (sensaciones de angustia ante la interacción social),  "Pico Trastorno Obsesivo Compulsivo" (pensamientos incontrolables y rituales para bajar la activación y desactivar los pensamientos), "Pico Trastorno de Estres Postraumático" (miedo irracional y recuerdos persistentes sobre una situación traumática experimentada), "Pico Trastorno de Conversión", "Pico Trastornos Psicosomáticos".... y podríamos seguir, la cordillera es larga, con profusión de picos escarpados.

Si estás delante de esta cordillera ten la seguridad que ninguno de sus picos ha matado a nadie, pero hay personas que jamás se atrevieron a escalarlo, en el campamento base podrás encontrar a muchísimas personas que llevan meses, años, mirando a la cima con impotencia.

Si no quieres habitar en ese campamento base, que es más frío y desolador que la propia escalada, reúne fuerzas, piensa en el valle, y si aún así no te sientes capaz, contrata un sherpa. La vida está al otro lado.