MALTRATO PSICOLÓGICO: NI CALVO NI CON PELUCA

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Para escribir este artículo debo clarificar de antemano mi opinión sobre el concepto de maltrato psicológico, en el que se da una situación reiterada de insultos, vejaciones, anulación de la persona hasta convertirla en una persona incapaz de dar una respuesta coherente a una situación que justifica desde su propio sentimiento de culpabilidad, y se da una situación de INDEFENSIÓN APRENDIDA. 

Diferenciaremos primero lo que es maltrato físico, en el que obviamente, ocurre una agresión y que puede tener diferentes grados y siempre un mal pronóstico.

No es este el tipo de maltrato al que me quiero referir, es al maltrato psicológico y las señales bastante equivocadas que nos están llegando respecto a la mujer maltratada y el hombre maltratador, y que hace que se nos escapen por el camino algunos factores importantes que corrompen la ecuación.

Considero una auténtica barbaridad la posibilidad de que una mujer se ampare en la figura jurídica del maltrato psicológico sin que exista un estudio de la dinámica familiar y el estilo de comunicación de la pareja. Maltratar no puede convertirse en un arma de chantaje para que el hombre siempre diga que sí por miedo a las consecuencias.

Debería comenzarse muchísimo antes a cambiar la base del concepto de maltrato, una educación real en valores que enseñe a los niños a identificar la diferencia entre diálogo y discusión, las repercusiones de ambas formas de comunicación y lo estéril que resulta la segunda forma como arma de persuasión o posibilidad de consensuar situaciones entre la pareja.

No sólo existen hombres maltratadores, también existen hombres con una gran paciencia que se someten sistemáticamente a los reproches, sospechas infundadas, denigraciones, exigencias, insultos, utilización del sexo como premio o castigo por parte de su pareja. ¿No es acaso esto maltrato? Obviamente el hombre no puede denunciar esto, y si lo denuncia se encontrará con la incompresión del sistema y el miedo a la estigmatización como "calzonazos".  Este tipo de maltrato es el que más se ve en las terapias de pareja, y por supuesto se tratan, pero no como maltrato, tan sólo intentando que la mujer flexibilice su posición y considere la pareja como un sistema cooperativo, en el que no se intenta cambiar a la otra persona, sino aceptar a aquel del que nos enamoramos como era.

El problema muchas veces es cuando este hombre se cansa o en una discusión se siente atacado y responde en la misma sintonía: el insulto o la vejación, éste es el punto importante. En ese momento a la mujer le estamos dando una escopeta cargada: la denuncia por maltrato.

Da igual si ella lleva "pegándole tiros en el pie" durante años, él no puede defenderse con las mismas armas, porque ella abrirá mucho los ojos y dirá: "me estás maltratando".

Habrá quien crea que exagero. Desgraciadamente no es así. Nos están lanzando el mensaje de que cualquier cosa que haga el hombre goza de la "presunción de culpabilidad" y que el Sistema nos protege de todo aquello que nos haga sentirnos vejadas o maltratadas, aunque esa sea nuestra forma de conducirnos con nuestra propia pareja.

No me gusta esta situación. No creo que una mujer que suelta veinte insultos, se considera maltratada por recibir una réplica y aún así sea capaz de continuar la misma línea tenga nada que ver con el auténtico maltrato. Es como dar más munición a una tocapelotas. 

Las mujeres maltratadas psicológicamente son perfectamente identificables: no miran a los ojos, se sienten inseguras, carecen de autoestima, tienen elevados niveles de ansiedad, tristeza, falta de ilusión y en muchas ocasiones poca conciencia de la situación. Han sido tan vejadas y humilladas, se les ha repetido tanto lo poco que valen que se lo creen, y lo que es peor: justifican a su maltratador, que las ha anulado de tal manera que consideran que él es la única persona que las admite. Esto es un maltrato psicológico, una situación espantosa y dificilísima por la mujer, que se mira en el espejo y ve una imagen distorsionada de sí misma, que tiene miedo a la interacción social, se aísla, sufre, aguanta lo que sea necesario en muchos casos porque su pareja la ha convencido que un Juez le quitaría a sus hijos.

Esto es maltrato.

Que estés machacando a tu pareja desde que entra por la puerta con gritos, reproches, diciéndole que es un inútil y que ha sido el peor error de nuestra vida, también es maltrato, pero de la mujer hacia el hombre, por mucho que el hombre termina diciendo cualquier salvajada.

Que un hombre le diga a su pareja: no me acuesto contigo porque estás gorda y no me pones es maltrato. Que una mujer le diga a su pareja no me acuesto contigo porque sudas mucho y estás gordo es el derecho de la mujer a decir no. ¿No suena discriminatorio?

Esta nueva tendencia a considerar maltrato a quien lleve la contraria (que no sé si se materializará en sentencias, pero que el mensaje que nos llega es exactamente este), no enseña a cambiar la forma de comunicación ni fomenta el dialogo en la pareja, es discriminatorio y propicia situaciones en las que se utiliza como chantaje.

De esta forma, yo soy absolutamente contraria a esta nueva tendencia respecto al maltrato.

Necesitamos más intervención psicológica (urgente, intensiva, extensiva) ante las mujeres auténticamente maltratadas, y medidas de protección social y comunitaria hacia ellas.

Yo a las tocapelotas simplemente les explicaría que el hecho de ser mujer no nos puede convertir en las débiles por sistema. Yo no lo quiero para mi ni para ninguna: protejamos entre todas a las débiles, identifiquemos en nuestro entorno a aquellas que necesitan de nuestra ayuda y aquí si, es nuestra obligación como mujer apoyarlas, ayudarlas, acompañarlas, animarlas a denunciar, prestarles todo el apoyo material y emocional que podamos. Eso sí es ser mujer: la solidaridad y capacidad empática nos define y enaltece. Que sea esa nuestra seña de identidad y no nos convirtamos en las dictadoras de nuestras relaciones sentimentales.

Y a todos esos hombres que se están haciendo la "carrera de calzonazos" les animo a que a pesar de la falta de apoyo y las risas disimuladas que van a encontrar al denunciar (reflexionemos también sobre esto), que denuncien.

Yo no quiero ser la mujer en que me quieren convertir: revanchista, instaurada en su propia verdad, inflexible, poco dialogante, dictadora, victimista.

En definitiva TODO MI APOYO A LAS MUJERES Y A LOS HOMBRES VÍCTIMAS DE MALTRATO DOMÉSTICO.

Y que la Ley sea igual de estricta y tajante con LA DENUNCIA AUTÉNTICA como con LA DENUNCIA FALSA, que necesita un endurecimiento de las leyes para proteger a las auténticas víctimas frente a las chantajistas del sistema. 

 

 

 

El DSM-5 como instrumento clarificador en procesos de Peritaje Psicológico

En Psicología, y en Psiquiatría se utilizan unos manuales de diagnóstico de trastornos mentales que sirven de forma de comunicación entre toda la comunicación científica respecto a la existencia de alguna patología.

Estos manuales se basan en criterios de cumplimiento de características patológicas para ser incluídos en una categoría. Habitualmente se utilizan el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la APA, Asociación Americana de Psiquiatría), y el CIE -10, Que significa Clasificación Iternacionanl de Enfermedades.

Ambos sistemas clasificatorios coexisten e incluso en esta última versión del DSM, se utilizan los criterios numéricos expresados en el CIE para mayor integración.

Estos sistemas de clasificación son de gran utilidad en los procesos judiciales que requieren un peritaje psicológico forense, ya que al estar descrito cada criterio de inclusión y exclusión, supone una forma de ayudar a la Justicia en su toma de decisiones, al poder acudir a estos manuales para verificar los datos expuestos en los peritajes.

Conscientes de la importancia de este punto, el DSM-5 incorpora, por primera vez UNA DECLARACIÓN CAUTELAR PARA EL EMPLEO FORENSE

Ahorrándonos la extensión del texto, podemos subrayar como puntos fundamentales de esta declaración: 

1, Los criterios de diagnóstico del DSM-5 se formulan fundamentalmente para la evaluación y tratamiento desde el punto de vista clínico, sin embargo, también se utiliza en Juzgados y Tribunales para evaluar las consecuencias forenses de los trastornos mentales descritos.

2. El DSM-5 no incluye propuestas de tratamiento, ciñéndose a proporcionar información sobre el diagnóstico, con lo que su uso puede ayudar a los profesionales de la ley a tomar decisiones. De esta forma, cuando hay que tomar una determinación legal basada en la presencia de un trastorno mental, la aplicación de un sistema diagnóstico consensuado refuerza la validez y la fiabilidad de la determinación. 

3. El DSM-5 también ayuda al sistema legal a comprender las características relevantes de los trastornos propuestos por los Forenses, ya que la literatura relacionada con los diagnósticos ayuda a descartar la especulación o la falta de criterio en el diagnóstico realizado.

4. Por otra parte, la información que aporta el manual sobre la evolución del curso clínico de cada trastorno, ayuda a mejorar la toma de decisiones en cuestiones legales, respecto a la expectativa de funcionamiento futuro de la persona, 

5. No obstante el mismo DSM -5 advierte a los expertos forenses sobre las limitaciones que puede suponer la utilización exclusiva de este manual para dictaminar la existencia de un trastorno mental de forma textual, ya que puede existir un desajuste entre lo que la ley reclama respecto a la evaluación de la salud mental o existencia de un trastorno del individuo ya, que además de la existencia de dicho trastorno, es preciso ampliar esa información con énfasis en el grado de deterioro funcional de esa persona y cómo afecta a determinadas cuestiones (las que son objeto de interés legal) y cómo afecta este deterioro a las capacidades que se están juzgando. 

Por todo lo expuesto, el DSM 5 postula su utilización como herramienta de clarificación de las causas de los trastornos, los efectos que produce, siendo necesaria por parte del experto la ampliación de información clínica referida al caso que se está peritando, y haciendo la observación a aquellas personas que han de tomar las decisiones no clínicas, que un diagnóstico no implica unas causas concretas del trastorno mental del individuo, ni constituye a priori, una valoración del grado de control que pueda tener el individuo sobre los comportamientos que estuvieran asociados al trastorno.