No te creas todo lo que te dicen

Una crisis de pareja suele desembocar en una crisis personal donde nos cuestionamos nuestros propios actos, conductas y emociones desde un filtro de culpa y sentimientos negativos hacia nosotros mismos.

La propia crisis supone que tu pareja te está cuestionando y existe un mecanismo completamente normal que se despliega en estos momentos: LA JUSTIFICACIÓN.

En ocasiones nuestra pareja se aleja y nos damos cuenta, intentamos hablar, razonar, buscar soluciones y normalmente cuando le planteamos el hecho de habernos dado cuenta de que algo va mal en la relación, la otra persona reaccionará atacando: es más sencillo culpar a la otra persona, hacerse la víctima de la situación que reconocer que existe un enfriamiento, del que lógicamente es consciente. Esto supone una sensación de inseguridad en la persona: no dispone de datos para saber QUÉ es lo que va mal, solo sabe que va mal, y si le reprochan determinadas actitudes, probablemente crea que son ciertas, o al menos, le entrará una duda razonable.

Cuando esta situación no se produce en una crisis, sino en una situación de ruptura (pongamos una infidelidad), la persona que se ha alejado no reconocerá normalmente la situación, tenderá a culpabilizar a la otra parte, esgrimiendo razones como que es una persona distante, que no le hace caso, que ya no es su prioridad la pareja, que se ha descuidado, que le hace sentir solo (me refiero a persona, no a que sea hombre o mujer).

El momento de crisis o ruptura inesperada supone un tsunami emocional, nos hace perder pie, nos sentimos desorientados y cualquier cosa que nos digan nos la podemos creer mucho más facilmente.

Con un poco de suerte, si la ruptura se produce, y pasado un tiempo prudencial, la persona última en enterarse de que aquello iba mal, podrá reflexionar sobre lo que ocurrió y hacer un balance sobre lo ocurrido. Tal vez la acusación de "tú cada vez eras más pasivo" obedece a un proceso en el que la persona aceptó un periodo previo en el que su pareja (supuesta víctima), estaba malhumorada, cansada y más pendiente del móvil que de mantener una conversación. Tal vez la acusación de "apenas teníamos relaciones sexuales" se debiera a esa alarma interna que nos dice que algo va mal en la relación porque las cosas no son como antes, porque la relación sexual está más carente de caricias y se restringe a un acto puramente fisiológico que nos deja vacíos....

En otras ocasiones la ruptura no deja claros los motivos y la persona sufre tremendamente al no saber las causas reales, y se cree lo que le dijeron cuando perdía pie, produciendo una bajada de autoestima y una más que predecible inseguridad en las relaciones futuras.

No te creas todo lo que te dicen, especialmente en momentos de crisis o de ruptura. Los motivos que te dan pueden no ser totalmente ciertos, pero cuando alguien carece de motivos, se los puede inventar.

Cuidado con los "busqué lo que no me dabas". Si no se lo dabas es porque igual no se lo merecía.

Cuidado con "la relación se enfrió". Si confiabas en esa persona, tal vez notabas ese enfriamiento, y sí, eres responsable de no haberlo hablado en su momento, o tal vez lo intentaste hablar y te dijeron que eran imaginaciones tuyas. Tal vez sólo asististe con preocupación a un enfriamiento que iba helando tu propia sangre, pero con el que no pudiste luchar.

Cuidado con "todo era más importante que yo", especialmente si la otra persona dejó de cuidar la relación o no te ayudaba a sacar adelante el hogar, dejando que te consumieras remando en soledad para sacar adelante a tu familia.

Cuidado con el "siempre estabas de malhumor". Igual era cierto. Muchas veces nos amargamos y estamos enfadados con el mundo, y, curiosamente, es más probable que ocurra cuando nuestra vida no nos satisface, cuando nuestra propia pareja, esa que ahora se hace la víctima, fue más una piedra en el camino que un compañero de viaje.

Revisa los motivos, analiza lo que ocurrió, pero hazlo desde tu propia perspectiva, intentando mantener la objetividad. Tú sabes lo que pasó, no te creas que pasó lo que la otra persona te cuenta, especialmente si esa persona no se portó bien contigo. Si no fue noble en la relación, menos lo iba a ser en la ruptura.

El tiempo y un repaso objetivo te ayudarán a recuperar la confianza en ti. Jamás le concedas demasiado crédito a lo que te dice alguien cuando se intenta justificar. Recuerda que entre los humanos funciona mucho el "NO HAY MEJOR DEFENSA QUE UN BUEN ATAQUE"

Antes de insultar...enciende el corazón

¿Qué nos pasa? ¿Dónde quedan nuestros auténticos sentimientos cuando herimos a los seres que más queremos?

Demasiadas veces faltamos al respeto, hablamos mal, herimos a aquellos por los que daríamos la vida. No pensamos, el rencor, el dolor del momento nos ciega y dejamos de ver lo que significa la persona para centrarnos en hacer daño.

¿Cómo se puede insultar a tu pareja?, ¿Cómo se puede ridiculizar o denigrar al hijo adolescente? Lo hacemos, a menudo, demasiado a menudo. Somos incapaces de replicar al jefe (ese señor que es importante para llenar nuestra nevera pero que jamás nos hizo temblar de emoción) y sin embargo, ante aquellas personas que hicieron que tan solo por existir se nos arrasaran los ojos de una emoción indescriptible, de un amor sin medida, sacamos lo peor de nosotros.

La próxima vez que vayas a insultar a alguien a quien amas, por favor, piénsalo: estás hiriendo lo más preciado de tu vida. Tal vez haya otras maneras de hacer sentir tu dolor que no pasen por hacer lo que juraste jamás hacer.

A veces nuestra pareja nos irrita, y gritamos nuestro enfado y nuestra impotencia, pero insultar es insultarnos a nosotros mismos: si piensas lo que le estás diciendo a tu pareja (habitualmente que es lo peor), significa simplemente que tu estás con lo peor, que te mereces lo peor. ¿es así? seguramente no. Estás con quien amas, probablemente has construido una vida a su lado, y la vida son espinas y son rosas, pero no hace falta envenenar las espinas, tan sólo comprender que a veces hay dolor y otras alegrías, y que no siempre todo es perfecto o sale como quisiéramos (poco aprenderías de la vida, la verdad).

Lo mismo pasa con los hijos. Especialmente los adolescentes, a veces se les critica, se les llama inútiles, se les considera vagos, infantiles, irresponsables, mentirosos, sucios...pero son nuestros hijos, y no son nada de eso. No les digas eso, por favor, nunca más antes de recordar la primera vez que estuvo entre tus brazos (sí, el inútil, vago, irresponsable, mentiroso, desordenado ese). Darías tu vida por él. Empieza por darle tu comprensión. Bájate de tu pedestal de "adulto responsable que lo sabe todo" y empieza a ser padre, padre de verdad, el padre asustado porque estás igual de asustado ahora que cuando no sabías cómo poner un pañal (pero ahora las dudas se notan más).

Tienes la oportunidad de amar. Ahora. Sé valiente, sé frágil, pero nunca, jamás vuelvas a faltar al respeto a lo que amas. Grábate ese momento en que la emoción te hizo sentir que tu vida era para hacer feliz a otros. No dejes que la rutina, el cansancio, el tiempo mate ese sentimiento: el más puro, el más auténtico que has sentido.

Los tuyos, lo tuyo, se merecen una mirada al corazón

¿Crisis de pareja en Septiembre?

Un fin de verano sin un incremento de rupturas de pareja es... como un jardín sin flores.

Las redes se llenan de fotos de parejas sonriendo con fondos de playas maravillosas o sosteniendo cócteles tamaño pecera y yo las veo y pienso... se masca la tragedia.

El primer problema que produce crisis de pareja en el periodo estival es el tiempo de convivencia. Durante el año una pareja puede funcionar como un "team" perfecto... especialmente de intendencia, y las conversaciones se reducen a los aspectos más prácticos de la vida cotidiana, pero llega el verano y el "tú a tú", y los primeros problemas.

Hay parejas que constatan que sus intereses se han ido alejando: se aburren, los temas de conversación se agotan y al final son dos extraños, compañeros de hamaca y crema solar.

Los intentos por hacer planes, cenas, copas, etc, suelen no cumplir las expectativas a pesar de los esfuerzos. Detrás de la "sonrisa instagram" se esconde una cabecita pensando "vaya infierno de veranito este".

Surgen problemas con los ritmos: uno quiere ver cosas, madrugar, hacer...el otro sólo quiere dormir hasta tarde y descansar.

Los rencores se van acumulando, las discusiones se hacen cada vez más frecuentes y terminan por no soportarse, por considerar que la convivencia es un horror. Y cuando no se tienen temas de conversación, ¿qué mejor recurso que tirar de trapos sucios acumulados durante el año?. La familia política suele ser el top trending de estas conversaciones que terminan como una auténtica batalla de dardos envenenados.

Así aparece Septiembre, con esas crisis de pareja que se convierten en un incremento de trabajo en los gabinetes de Psicología. Por fortuna este tipo de situaciones se pueden reconducir con bastante facilidad: son más un "síndrome de la convivencia reconcentrada" que el fin del amor, lo que pasa es que llegan con rencor y poca disponibilidad para ceder.

Trabajar estas crisis se basa más en un reencuentro de las cosas que les unían o una búsqueda de nuevas actividades que les atraigan, un cambio de hábitos incrementando el tiempo de diálogo diario (basado en el nosotros y no en la economía doméstica), nuevas vías de comunicación basadas en el refuerzo positivo del otro y capacidad para expresar el malestar por situaciones en vez de guardarlo como balas en la recámara.

Dejemos de lado las posiciones radicales: la pareja se ha construído sobre mucho más de lo que nos lleva a destruirla y a veces una crisis es positiva para llevar aire fresco y producir una regeneración de la relación.

Huyamos de los pensamientos derrotistas y las actitudes tajantes o soberbias que sólo empeoran la situación o nos llevan a rupturas que luego pesan la eternidad.

Si estáis ante una de estas famosas crisis, es mejor un intento de solución cuanto antes mejor: vamos a hacer los diques para reconducir el canal. El intento siempre merecerá más la pena que terminar buscando un repuesto en la soledad en una de las famosas páginas para buscar parejas, que suelen ser un compendio de fracasos, tristeza, soledad y segundas intenciones muchísimo peor que el momento en el que la pareja se encuentra. 

"mi mujer ya nunca tiene ganas"

Uno de los problemas más frecuentes que relatan los hombres en terapia de pareja es que su pareja ha dejado de sentir deseo sexual, que apenas tienen relaciones y que él siempre tiene que estar demandando, mientras ella pone excusas y parece desganada y que le hace un favor.

Triste, pero cierto. La realidad que hay detrás de este problema no es exactamente la falta de deseo, es el cambio de intereses en la vida de la mujer.

Antes de seguir puntualizo: no es en todos los casos, pero la estadística es demoledora (enhorabuena para las afortunadas que no han caído en este problema, fuente de conflictos y desagradable para ambos).

El origen de la desmotivación está en la preparación biológica que tenemos, y que no podemos negar. El hombre está diseñado para engendrar cuantos más descendientes mejor, la mujer tiene una capacidad limitada de procreación, por lo que una vez que tiene "crías" su objetivo fundamental en la vida pasa de tener relaciones sexuales a cuidar de lo que tiene: el óvulo es caro, el espermatozoide barato.

Nos gusta pensar que esa patraña del origen de la especie está superada, y que somos seres racionales y esos patrones ya no son reales. Al que lo diga le haré una pregunta: si un bebé llora, por qué la madre secreta leche y el padre no?  Por qué al final del embarazo la mujer limpia la casa como una posesa? No tan superado, verdad? 

Volviendo al por qué la mujer deja de mostrar interés por su pareja: el hombre es sexualmente activo y tiene la actividad sexual como una de sus actividades preferentes. La mujer, en el período de cortejo suele ser más activa, tomar más la iniciativa y estar más dispuesta a tener relaciones sexuales. Su objetivo (no consciente) es emparejarse y el sexo es casi una premisa fundamental para establecer una pareja.

Una vez que la pareja está asentada y cada uno tiene establecido su rol (que no pasa por condiciones sexistas, sólo prioridades), el hombre sigue teniendo necesidad de relaciones sexuales frecuentes, pero en la mujer surgen otras motivaciones poderosas: suelen estar más interesadas por asuntos relacionados con el mundo social, los relacionados con los hijos, la casa y la organización de la vida, dejando el sexo un poco arrinconado.

Las relaciones sexuales se van distanciando, y eso es, como lo de ir al gimnasio: vas todos los días y estableces tu rutina, faltas una semana y siempre habrá excusas para posponerlo. La pereza.

Si le preguntas a esas mujeres si no desean a sus parejas lo niegan taxativamente, y a la pregunta de qué está pasando entonces, suelen mostrarse pensativas, como si no hubieran reparado en ello: cansancio, pereza por iniciar el intercambio sexual, cansancio, la cabeza en otro sitio son las respuestas más usuales. En realidad ni han reparado en ello.

La solución en este tipo de problemas no suele pasar por el hombre, es con la mujer con la que hay que trabajar. Es un trabajo simplemente de "pararse a reflexionar" sobre el por qué lo que antes era importante en su vida ha pasado a ser algo casi molesto, a pesar de que luego consideran las relaciones placenteras.

Habitualmente el cambio de actitud en la mujer, sobre su propio mundo de prioridades, hace que las aguas vuelvan a su cauce. Aviso para los "ilusionados": no van a volver a encontrar a la tigresa de los primeros tiempos, pero pueden establecer una relación mucho más equilibrada en el sexo, en la que la sensación sea de satisfacción para ambos y se eviten las malas interpretaciones sobre las causas de la terrible rutina que tanto daño puede llegar a hacer.