¿Quieres controlarlo todo? be water, my friend

La necesidad de control del entorno, de las cosas que pueden pasar en la vida en típico de las personas que sufren un Trastorno de Ansiedad Generalizada. Siempre están preocupados, y pasan de una preocupación a otro de forma que siempre andan pensando (no pueden parar los pensamientos).

Todo es objeto de análisis de "lo que puede salir mal", de forma que hay que controlarlo, neutralizarlo o (esta es la parte que más me fascina) empezar a sufrir por lo que puede pasar "porque así ya me he hecho a la idea". 

La realidad es que el destino es puro azar. Se puede controlar lo que la vida "nos concede" controlar: la dieta para no tener colesterol, los ahorros por si vienen mal dadas, la marca de champú para prevenir la caída del pelo (que si se tiene que caer, se cae) y...cosas por el estilo. Nada más.

Cuando sales a la calle con tu vida hipercontrolada y tu preocupación elegida como "La Preocupación" no sabes realmente con quien te vas a cruzar, con quien vas a hablar, si vas a recibir una noticia maravillosa o vas a tener un "día de perros" (expresión que no logro entender, porque ya me gustaría a mi vivir la vida de mi perro). 

La necesidad de controlar las variables vuelve a la persona hipervigilante ante problemas que imagina, y pensar en problemas que no han sucedido, es en cierta manera vivir los problemas. Nos resta calidad de vida.

No es cierto que anticipar un suceso negativo va a suponer que luego duela menos. Conozco personas que llevan años anticipando el fallecimiento de un familiar y sufriendo una pérdida que no sucede (básicamente porque el familiar no está enfermo). Esta situación a esta persona le hace vivir en constante estado de alerta, tiene ansiedad, vive pendiente del móvil, no viaja por si pasa algo en su ausencia, tiene dificultades en su relación de pareja y un estado de ánimo deprimido. Insiste en que pensar sobre el fallecimiento del familiar le prepara para el suceso, aunque lo único que consigue es no disfrutar de su compañía, asociar su imagen a la angustia y el dolor, sin darse cuenta que nadie está preparado para determinadas cosas, y que cuando el dolor llega se vive con la misma intensidad por mucho entrenamiento que hayas tenido, que lo único que sirve es para desperdiciar los buenos momentos.

Estas personas necesitan urgentemente una reestructuración cognitiva, comprender que no es sano para la mente vivir anticipando desastres que, probablemente, si hacen una estadística de sus "catástrofes anticipadas" se darán cuenta que en la casi totalidad de los casos no sucedió lo que pensaban, y ese dolor, esa angustia, el estado permanente de ansiedad no sirvieron para nada.

No es fácil dejar de pensar. Se necesita un aprendizaje, técnicas específicas para "educar nuestra mente", pero realmente en ocasiones es necesario hacer ese trabajo, porque el precio de la ansiedad generalizada es alto: ánimo deprimido, sensación de angustia, frecuentes sobresaltos, problemas psicosomáticos (colon irritable, alergias, mareos, cefaleas tensionales), etc.

Si te has sentido identificado con esto piensa por un momento: la vida no es fácil, pero simplificarla, aprender a disfrutar del momento, concentrarse en lo que está sucediendo de bueno, puede convertir el viaje en algo sorprendente, como una aventura con episodios realmente malos, pero también con regalos inesperados que solamente podemos disfrutar si nuestra actitud es de aceptación.

Los días son regalos de cumpleaños que nos da la vida para abrir cada mañana: cuanto mejor trates a la vida, más generosa se mostrará.

Cordillera "Ansiedad", lo que te separa del Valle "Tranquilidad"

Por algún extraño motivo en el camino de la vida, muchos de nosotros nos tropezamos con la Cordillera "Ansiedad", que nos genera una sensación de impotencia por ser incapaces de subirla.

Algunos, con mentalidad de escaladores, suben con paciencia, no olvidando jamas el objetivo: llegar al otro lado de la cima, para poder descansar en ese valle de hierba fresca y río transparente que es la Tranquilidad.

Otras personas no pueden, no saben o simplemente se bloquean ante la visión de un risco abrupto y peligroso, que les genera miedo y la anticipación de un malestar físico y psicológico antes incluso de ponerse las botas: la visión de la escalada de cualquiera de los picos de la cordillera Ansiedad les transporta a una situación que viven como si se estuviera produciendo: miedo, impotencia, sensaciones físicas (taquicardia, nudo en la garganta, parestesia en las extremidades, ganas de vomitar, mareos...). 

Este núcleo de personas en  muchísimas ocasiones necesitan la ayuda de un "sherpa psicólogo" que les vaya indicando el camino (los sherpas conducen, no te suben a caballito). 

La cordillera Ansiedad tiene diferentes picos escarpados y cada uno de los que tienen la mala suerte de haberse topado con este avatar de la vida, lo encarará por la montaña que le toque: puede ser "Pico Ansiedad Generalizada" (miedo anticipatorio a algún problema irresoluble, teniendo siempre algún motivo de preocupación), "Pico Agorafobia" (sensaciones de incontrolabilidad de síntomas somáticos ante una situación en la que consideran que tienen difícil escape: cine, centro comercial, aula, salir a la calle), "Pico Hipocondriasis" (miedo y preocupación constante a padecer una enfermedad, buscando información confirmatoria respecto a la sintomatología), "Pico Fobia" (miedo irracional con sensaciones de pánico ante un estímulo concreto: arañas, aviones, tren, payasos...), "Pico Fobia Social" (sensaciones de angustia ante la interacción social),  "Pico Trastorno Obsesivo Compulsivo" (pensamientos incontrolables y rituales para bajar la activación y desactivar los pensamientos), "Pico Trastorno de Estres Postraumático" (miedo irracional y recuerdos persistentes sobre una situación traumática experimentada), "Pico Trastorno de Conversión", "Pico Trastornos Psicosomáticos".... y podríamos seguir, la cordillera es larga, con profusión de picos escarpados.

Si estás delante de esta cordillera ten la seguridad que ninguno de sus picos ha matado a nadie, pero hay personas que jamás se atrevieron a escalarlo, en el campamento base podrás encontrar a muchísimas personas que llevan meses, años, mirando a la cima con impotencia.

Si no quieres habitar en ese campamento base, que es más frío y desolador que la propia escalada, reúne fuerzas, piensa en el valle, y si aún así no te sientes capaz, contrata un sherpa. La vida está al otro lado.