Autolesiones: el dolor físico mitiga el dolor psíquico

Autolesiones en adolescentes como expresión de un intenso malestar emocional.

Las autolesiones en adolescentes son conductas en las que el joven se provoca daño físico de forma intencionada, por ejemplo mediante cortes, quemaduras o golpes.

En psicología clínica hablamos de autolesión no suicida (NSSI, por sus siglas en inglés) cuando estas conductas se producen deliberadamente sin intención suicida.

La autolesión puede cumplir distintas funciones. Una de las más frecuentes es intentar aliviar o regular un sufrimiento emocional intenso: transformar durante unos momentos un dolor difícil de manejar en una sensación física más concreta.

Pero que una autolesión sea inicialmente no suicida no significa que podamos ignorar el riesgo de suicidio. Las autolesiones constituyen una señal de alarma y es necesario valorar tanto su función como la posible existencia de ideación suicida.

¿Qué es la autolesión no suicida?

La autolesión puede convertirse en una estrategia desadaptativa de regulación emocional. El adolescente descubre que, después de hacerse daño, durante un tiempo disminuyen la tensión, la angustia o determinadas emociones difíciles de soportar.

Puede aparecer asociada a situaciones o estados como:

  • Ansiedad o tensión emocional intensa.

  • Frustración.

  • Sentimientos de vacío.

  • Culpa o autocrítica.

  • Conflictos familiares o sociales.

  • Dificultad para identificar o expresar lo que se siente.

No es “una moda” ni debemos reducirla a una simple llamada de atención.

Incluso cuando existe una intención de comunicar sufrimiento o conseguir ayuda, ese mensaje nos está diciendo precisamente algo importante: hay un adolescente que no está encontrando otra manera de expresar o manejar lo que le ocurre.

El alivio que puede aparecer después de la autolesión contribuye a reforzar la conducta: si hacerse daño reduce momentáneamente un malestar insoportable, aumenta la posibilidad de volver a utilizar esa estrategia cuando el malestar reaparece.

Formas de autolesión en adolescentes

Las autolesiones pueden adoptar distintas formas, entre ellas:

  • Cortarse deliberadamente.

  • Provocarse quemaduras.

  • Golpearse a sí mismo o contra objetos.

  • Rascarse o lesionarse deliberadamente la piel.

  • Interferir repetidamente en la cicatrización de las heridas.

El dolor emocional que existe detrás de estas conductas es real. La intervención debe dirigirse tanto a la conducta como a comprender qué función está cumpliendo.

¿La autolesión significa que quiere suicidarse?

No necesariamente.

La autolesión no suicida y la conducta suicida no son lo mismo. En la primera no existe intención de morir.

Pero esto no significa que podamos dar por hecho que un adolescente que se autolesiona no tiene riesgo suicida. Ambas conductas pueden coexistir y la presencia de autolesiones se asocia con un mayor riesgo de futuros intentos de suicidio.

Por eso, ante las autolesiones es importante preguntar y valorar directamente si existen pensamientos de muerte, ideación suicida, planificación o intentos previos, además de otros factores de riesgo y protección.

Preguntar por el suicidio no introduce la idea en la cabeza del adolescente. Puede abrir una puerta para que pueda hablar de algo que quizá hasta ese momento estaba viviendo en silencio.

¿Por qué se autolesiona un adolescente?

No existe una única explicación.

En algunos adolescentes la autolesión ayuda momentáneamente a disminuir una emoción muy intensa. En otros puede servir para salir de una sensación de vacío o desconexión, expresar un sufrimiento que no consiguen poner en palabras, castigarse o comunicar que necesitan ayuda.

Pueden existir además factores que aumenten la vulnerabilidad, como:

  • Dificultades para regular las emociones.

  • Impulsividad.

  • Autocrítica intensa o baja autoestima.

  • Experiencias traumáticas.

  • Conflictos familiares o interpersonales.

  • Acoso o dificultades con iguales.

  • Problemas de ansiedad o depresión.

  • Sentimientos de aislamiento o desesperanza.

Esto no significa que todos los adolescentes que se autolesionan presenten estos problemas ni que podamos conocer la causa simplemente viendo las heridas.

Tenemos que comprender qué está ocurriendo en ese adolescente concreto.

Señales de alerta para padres y cuidadores

Algunas señales pueden llamar nuestra atención:

  • Heridas o cicatrices repetidas sin una explicación clara.

  • Intentos frecuentes de ocultar determinadas partes del cuerpo.

  • Cambios importantes en el estado de ánimo.

  • Aislamiento.

  • Irritabilidad o tristeza persistentes.

  • Aparición o empeoramiento de otros problemas emocionales.

Ninguna de estas señales demuestra por sí sola que exista una autolesión.

Si la descubrimos, lo importante es intentar evitar una primera reacción basada en el enfado, el interrogatorio, el reproche o el castigo.

Podemos estar asustados —y es completamente comprensible—, pero necesitamos intentar escuchar.

Una pregunta mucho más útil que “¿cómo puedes hacerte esto?” puede ser:

“¿Qué te estaba pasando antes de hacerte daño?”

Cómo se aborda la autolesión en terapia psicológica

El tratamiento psicológico no consiste únicamente en conseguir que el adolescente deje de hacerse daño. Necesitamos comprender qué función cumple esa conducta y ayudarle a desarrollar alternativas para manejar aquello que hasta ahora estaba intentando regular mediante la autolesión.

Identificación y regulación emocional

Ayudamos al adolescente a reconocer lo que siente, identificar las situaciones que desencadenan el malestar y aprender a poner palabras a emociones que a veces resultan difíciles de comprender.

Alternativas a la autolesión

Trabajamos estrategias para afrontar los momentos de elevada activación emocional y ampliar progresivamente su repertorio de respuestas sin recurrir al daño físico.

Pensamientos, autoestima y resolución de problemas

Dependiendo del caso, podemos trabajar la autocrítica, determinados pensamientos negativos, las dificultades interpersonales, la autoestima o las estrategias para resolver problemas.

Intervención con la familia

Cuando trabajamos con adolescentes, la familia puede desempeñar un papel fundamental. Orientamos a los padres para comprender mejor lo que está ocurriendo, mejorar la comunicación y aprender cómo actuar ante nuevas autolesiones o situaciones de crisis.

Qué pueden hacer los padres

  • Escuchar antes de juzgar.

  • No ridiculizar ni minimizar la conducta.

  • Evitar convertir las heridas en el único tema de conversación.

  • Intentar comprender qué estaba ocurriendo antes de la autolesión.

  • Buscar ayuda profesional.

  • Valorar el riesgo suicida.

  • Seguir las indicaciones profesionales sobre seguridad y supervisión.

Y algo especialmente importante: no prometáis guardar en secreto una situación en la que pueda existir riesgo para su seguridad.

Si el adolescente expresa intención de suicidarse, existe un peligro inmediato o no podéis garantizar su seguridad, es necesario solicitar ayuda urgente llamando al 112. En España también está disponible la Línea 024 de atención a personas con conducta suicida y a sus familiares.

Atención psicológica para adolescentes en Villaverde

Si tu hijo presenta conductas autolesivas o cambios emocionales preocupantes, es recomendable realizar una valoración profesional.

En la Consulta Psicológica Villaverde ofrecemos atención psicológica para adolescentes y orientación familiar para:

  • Comprender qué función está cumpliendo la autolesión.

  • Trabajar las dificultades emocionales que existen detrás.

  • Desarrollar nuevas estrategias de regulación emocional.

  • Valorar y prevenir situaciones de riesgo.

  • Ayudar a la familia a saber cómo actuar.

Una intervención adecuada no se limita a intentar eliminar la conducta. Necesitamos comprender el sufrimiento que está intentando aliviar.

📞 Contacta con nosotros en el 690 30 19 49.

Diccionario de la Consulta

Autolesión no suicida: Daño físico que una persona se provoca deliberadamente sin intención de morir. Que sea “no suicida” no significa que debamos ignorar el posible riesgo de suicidio.

Regulación emocional: Capacidad para identificar, comprender y manejar nuestras emociones. Cuando faltan recursos para hacerlo, algunas personas pueden recurrir a estrategias perjudiciales que producen un alivio momentáneo.

Función de la autolesión: El “para qué” de la conducta. No significa que el adolescente quiera hacerse daño porque sí: necesitamos comprender qué consigue o qué intenta aliviar mediante ella.

Refuerzo negativo: Aquí está una de las trampas de la autolesión: aparece un malestar intenso → la persona se autolesiona → el malestar disminuye momentáneamente. El cerebro aprende que esa conducta “funciona” para escapar del malestar y aumenta la posibilidad de repetirla.

Ideación suicida: Pensamientos relacionados con morir o quitarse la vida. Deben evaluarse específicamente aunque el adolescente explique que sus autolesiones no tienen intención suicida.

CONSULTA PSICOLOGICA VILLAVERDE

Centro Psicológico ubicado en la Ciudad de Los Angeles (Madrid).

Atendemos niños, jovenes, adultos, terapia de pareja, tercera edad. Igualmente ofrecemos el servicio de informes periciales.

https://www.almudenapelaez.es
Anterior
Anterior

El chantaje emocional: la manipulación que nos debilita

Siguiente
Siguiente

Creencias erróneas sobre el suicidio. Conócelas