“VOY A EMPEZAR TERAPIA PARA QUE MI PAREJA ME DEJE EN PAZ”

A veces, una persona acepta acudir a terapia de pareja únicamente porque su pareja insiste, amenaza con terminar la relación o necesita comprobar que «al menos lo han intentado».

Acudir con dudas no significa que la terapia esté condenada al fracaso. La ambivalencia es frecuente cuando una relación atraviesa una crisis.

El problema aparece cuando una persona participa solo para cumplir el trámite, tranquilizar temporalmente a su pareja o demostrar que la relación no tiene solución, sin ninguna disposición a revisar su propio comportamiento.

¿Puede funcionar la terapia si uno de los dos no está convencido?

Para comenzar no es imprescindible que ambos lleguen con la misma motivación. Uno puede conservar la esperanza de recuperar la relación mientras el otro duda si quiere continuar.

Durante las primeras sesiones necesitamos aclarar qué espera cada persona y si existe una mínima disposición a:

  • Hablar con honestidad.

  • Escuchar la experiencia de la pareja.

  • Reconocer la propia participación en los problemas.

  • Respetar las reglas de la terapia.

  • Valorar posibles cambios.

  • Tomar una decisión sin utilizar la terapia para castigar o manipular al otro.

Si uno de los miembros tiene completamente decidido terminar y no desea explorar ninguna alternativa, el objetivo no debería presentarse como «salvar la pareja». En ese caso, puede ser más útil trabajar para comprender la situación y afrontar una posible separación de la forma menos destructiva posible.

La terapia de pareja no tiene que mantener una relación a cualquier precio.

¿Y si uno quiere continuar y el otro no lo sabe?

En ocasiones, antes de iniciar un trabajo dirigido a mejorar la relación, es necesario aclarar qué desea realmente cada miembro.

Podemos explorar tres posibilidades:

  • Intentar reconstruir la relación mediante terapia de pareja.

  • Mantener temporalmente la situación mientras se toma una decisión.

  • Iniciar una separación y trabajar para que se produzca con el menor daño posible.

Aclarar estas opciones no es tiempo perdido. Es preferible reconocer la ambivalencia que comenzar una supuesta terapia de pareja en la que cada persona está trabajando hacia un objetivo diferente.

¿Qué ocurre después de las sesiones?

Algunas parejas salen de la consulta y continúan hablando de manera constructiva. Otras reanudan inmediatamente las acusaciones: «Me has dejado en mal lugar», «Te has hecho la víctima» o «Eso que has contado no fue así».

Convertir la sesión en munición para la siguiente discusión impide avanzar.

Por eso puede ser necesario establecer algunos acuerdos:

  • No utilizar fuera de la consulta las revelaciones realizadas durante la sesión para atacar al otro.

  • No continuar una conversación si ambos están demasiado alterados.

  • Tomarse un tiempo antes de hablar sobre los temas más sensibles.

  • Anotar lo que se quiere plantear en la siguiente sesión.

  • Recordar que comprender la versión de la pareja no significa darle automáticamente la razón.

Si después de cada consulta se produce una nueva bronca, debemos hablar de ello en terapia y modificar la forma de trabajar.

¿Cuándo puede no ser adecuada la terapia de pareja?

Antes de comenzar es necesario valorar si existen condiciones suficientes de seguridad y libertad.

Cuando hay miedo, amenazas, control, coacción o violencia dentro de la relación, una terapia conjunta puede no ser la intervención adecuada. Estas situaciones requieren una evaluación específica y pueden necesitar atención individual y recursos especializados.

También puede ser necesario detener o replantear el proceso si uno de los miembros utiliza la terapia para intimidar, vigilar o perjudicar al otro.

¿Y si la relación no puede recuperarse?

La experiencia profesional nos permite señalar con realismo cuándo no se están produciendo las condiciones necesarias para avanzar.

No podemos decidir por la pareja ni asegurar que una relación carezca de toda posibilidad. Sí podemos explicar qué obstáculos observamos, qué cambios serían necesarios y si el tipo de terapia planteado está resultando útil.

A veces, el mejor resultado no consiste en continuar juntos, sino en comprender qué ha ocurrido y tomar una decisión más consciente.

¿Os podemos ayudar?

Si uno de los dos quiere iniciar una terapia de pareja y el otro tiene dudas, podéis consultarnos. Las primeras sesiones nos permitirán conocer vuestra situación y valorar qué tipo de intervención puede resultar más adecuada.

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