Problemas de conducta en adolescentes
Los problemas de conducta son dificultades emocionales y de comportamiento que hacen que el adolescente incumpla las normas de manera reiterada y tenga problemas en casa, en el instituto o en sus relaciones.
No toda discusión, desobediencia o rebeldía adolescente indica que exista un trastorno. La señal de alarma aparece cuando las conductas son persistentes, graves o terminan dañando al propio joven o a quienes lo rodean.
A menudo, la sociedad considera a estos adolescentes “rebeldes” o “delincuentes”, cuando en realidad necesitan que alguien mire más allá de su conducta y se pregunte qué está pasando.
Entre los factores que pueden influir se encuentran:
Experiencias de abuso o violencia.
Acoso escolar.
Vulnerabilidad genética.
Fracaso escolar o dificultades de aprendizaje.
Experiencias traumáticas.
Impulsividad o dificultad para regular las emociones.
Formas de comunicación familiar que han dejado de funcionar.
No se trata de buscar culpables. Se trata de entender qué hay detrás de la conducta para poder intervenir.
Manifestaciones frecuentes de los problemas de conducta
Los adolescentes con estos problemas pueden mostrar:
Agresión hacia personas o animales:
Acosar, intimidar o amenazar a otros.
Iniciar peleas físicas.
Utilizar objetos o armas para causar daño.
Mostrar crueldad física hacia personas o animales.
Cometer robos mediante confrontación o coacción.
Destrucción de la propiedad:
Prender fuego intencionadamente.
Destruir propiedades ajenas.
Forzar la entrada en casas, edificios o vehículos.
Mentiras y robos sin confrontación:
Realizar pequeños robos sin enfrentarse a la víctima.
Mentir o manipular para obtener cosas o favores.
Incumplimiento grave de las normas:
Permanecer fuera de casa pese a la negativa de los padres.
Escaparse del hogar.
Ausentarse del instituto de forma repetida.
Estas conductas no sirven, por sí solas, para diagnosticar a un adolescente. Hay que valorar su frecuencia, gravedad, duración y las circunstancias en las que aparecen.
Además, los problemas de conducta no siempre vienen solos. Pueden coexistir con:
Ansiedad o depresión.
Consumo de sustancias.
TDAH.
Dificultades de aprendizaje.
Experiencias traumáticas.
A veces, la conducta es solo la parte visible del problema: la punta del iceberg.
La importancia de la terapia
Cuando estos problemas no se abordan, pueden acabar afectando a:
Las relaciones familiares y sociales.
La adaptación académica.
La futura vida laboral.
La relación del adolescente con las normas y los límites.
Su propia autoestima.
Intervenir pronto permite evitar que la conducta se convierta en su única manera de expresar el malestar, defenderse o relacionarse con los demás.
Nuestro enfoque terapéutico en Villaverde
En la Consulta Psicológica Villaverde trabajamos con el adolescente y con su familia.
La terapia puede incluir:
Trabajo con el adolescente: Para aprender a manejar la ira, la impulsividad y la frustración.
Terapia cognitivo-conductual: Para identificar los pensamientos y emociones que aparecen antes de determinadas conductas.
Acompañamiento familiar: Para reducir los enfrentamientos y recuperar una comunicación que no termine siempre en una batalla.
Apoyo a los padres: Para establecer límites claros sin perder el vínculo afectivo.
Coordinación educativa: Cuando existen dificultades de aprendizaje, absentismo o problemas de adaptación escolar.
La terapia puede ser prolongada, porque cambiar patrones de conducta lleva tiempo. No se trata de conseguir que el adolescente “obedezca sin rechistar”, sino de ayudarlo a entender las consecuencias de sus actos y encontrar otras formas de expresar lo que le ocurre.
Contacta con nosotros
Si sientes que cada conversación con tu hijo termina en una batalla y que ya no sabes cómo acercarte sin que todo estalle, podemos ayudaros.
En la Consulta Psicológica Villaverde no buscamos adolescentes culpables ni malos padres. Buscamos comprender qué está ocurriendo y recuperar una convivencia en la que vuelvan a caber los límites, la comunicación y el afecto.
Diccionario de la Consulta
Punta del iceberg: La conducta que todos ven. Debajo puede haber miedo, rabia, vergüenza, fracaso escolar o algo que el adolescente todavía no sabe explicar.
Lucha de poder: Cuando cada conversación termina siendo una batalla para ver quién gana. El problema es que, muchas veces, acaba perdiendo toda la familia.
Comorbilidad: Una palabra seria para decir que el problema no siempre viene solo. Puede ir acompañado de TDAH, ansiedad, depresión o dificultades de aprendizaje.
Límites con afecto: Dejar claro qué no se puede permitir sin retirar el cariño ni convertir cada error en una sentencia.
Intervención temprana: Pedir ayuda antes de que la conducta sea la única manera que encuentra el adolescente de decir que algo no va bien.