Hay adolescentes que llegan a 2º de Bachillerato después de años sacando buenas notas y, de repente, algo empieza a fallar. Estudian más, descansan menos y, paradójicamente, los resultados pueden empezar a empeorar.
Otros ya arrastraban dificultades de organización, concentración o método de estudio, pero habían conseguido compensarlas hasta ahora. En 2º de Bachillerato, cuando aumenta la carga académica y disminuye el margen para improvisar, aquello que antes funcionaba puede dejar de hacerlo.
Y sobrevolando todo aparece una idea especialmente peligrosa: «Este año me juego mi futuro».
¿Qué tiene de especial 2º de Bachillerato?
Es un curso objetivamente exigente. Hay mucho contenido, evaluaciones frecuentes y decisiones sobre estudios posteriores, mientras la EvAU/PAU aparece en el horizonte acompañada de notas de corte y preguntas sobre qué ocurrirá el año siguiente.
A todo esto tenemos que añadir que quien está afrontando esa presión sigue siendo un adolescente. Necesita dormir, tener amigos, salir, descansar, enamorarse, discutir con sus padres, mirar el móvil y hacer todas esas cosas que también forman parte de su vida.
El problema comienza cuando parece que cualquier cosa que no sea estudiar se ha convertido en una pérdida de tiempo.
«Siempre ha sacado buenas notas. No entendemos qué le pasa»
Precisamente los alumnos que siempre han funcionado bien pueden vivir esta situación con muchísimo desconcierto.
Hasta ahora tenían una imagen bastante clara de sí mismos: «Yo soy buen estudiante». Cuando empiezan a obtener resultados peores de los esperados, no siempre interpretan simplemente que un examen ha salido mal.
Pueden empezar a pensar:
«Ya no puedo».
«No soy tan bueno como creía».
«No voy a conseguir la nota».
«Voy a decepcionar a mis padres».
«Todo el mundo puede menos yo».
Entonces el problema deja de ser solamente académico. La nota empieza a convertirse en una medida de su propio valor.
Cuando estudiar más ya no significa rendir más
Ante una bajada de notas, la primera solución suele parecer evidente: estudiar más.
Y algunas veces será necesario, pero otras encontramos adolescentes que ya están dedicando muchísimas horas al estudio y cuyo problema no es precisamente la falta de tiempo frente a los apuntes.
Duermen menos para estudiar.
Eliminan actividades.
Dejan de salir.
Estudian cansados.
Se sienten culpables cuando descansan.
Y pueden acabar dedicando diez horas a algo que, en mejores condiciones, habrían hecho en seis.
Porque más horas de estudio no significan automáticamente más aprendizaje.
El bloqueo ante un examen
«Me lo sabía en casa». Esta frase aparece muchísimo.
El adolescente ha estudiado, llega al examen, lee la primera pregunta y nota que se pone nervioso. Empieza a pensar que no recuerda nada, intenta desesperadamente recuperar la información y cuanto más se esfuerza, más bloqueado se siente.
No significa que el cerebro haya «borrado» lo aprendido. La ansiedad intensa puede interferir con la atención, la recuperación de información y la capacidad para organizar una respuesta.
Y entonces puede comenzar otro problema: el miedo al próximo examen.
Ya no solamente tiene que estudiar Matemáticas, Historia o Biología. También tiene que luchar contra el recuerdo del último bloqueo y el miedo a que vuelva a ocurrir.
La autoexigencia: cuando un 7 empieza a parecer un fracaso
Querer conseguir una buena nota no es ningún problema. Tener objetivos altos tampoco.
La dificultad aparece cuando solamente existe un resultado aceptable.
Si necesito un 9 y saco un 8,5, he fracasado.
Si cometo un error, debería haber estudiado más.
Si descanso una tarde, estoy perdiendo el tiempo.
Si otro compañero obtiene mejor nota, significa que yo no estoy haciendo suficiente.
La autoexigencia puede ser un motor magnífico durante un tiempo, pero un motor permanentemente revolucionado también termina calentándose.
Y algunos adolescentes llegan a los últimos meses del curso completamente agotados.
«No suelta el móvil»
El móvil puede interferir con el estudio, por supuesto. Las notificaciones, los vídeos, las conversaciones y las recompensas inmediatas compiten fácilmente con una tarea que requiere esfuerzo y cuyos resultados veremos mucho más tarde.
Pero convertir el móvil en la explicación de todo puede impedirnos mirar qué está ocurriendo realmente.
A veces el adolescente coge el móvil porque está aburrido, otras porque no sabe por dónde empezar. Porque lleva dos horas delante de un tema que no entiende porque está agotado o, porque mirar un vídeo durante cinco minutos le permite escapar de una sensación bastante desagradable: «No voy a ser capaz».
Necesitamos poner límites a las distracciones, pero también comprender qué función están cumpliendo.
¿Es falta de capacidad, de esfuerzo o está ocurriendo otra cosa?
Cuando el rendimiento disminuye, conviene evitar los diagnósticos familiares rápidos.
«Es un vago».
«No se concentra porque no quiere».
«Tiene capacidad, pero no la aprovecha».
«Lo que necesita es ponerse las pilas».
Detrás de una bajada de rendimiento podemos encontrar dificultades muy diferentes: ansiedad ante los exámenes, agotamiento, problemas de sueño, mala organización, métodos de estudio poco eficaces, dificultades atencionales, problemas emocionales, conflictos personales o simplemente una combinación de varias cosas.
Incluso podemos encontrarnos con un adolescente que aparentemente estudia muchas horas pero no sabe estudiar de una manera eficaz.
Por eso antes de buscar una solución necesitamos comprender el problema.
Método de estudio: estudiar no es mirar un libro durante horas
Hay alumnos que han llegado bastante lejos utilizando estrategias que funcionaban cuando el volumen de contenido era menor.
Leer.
Volver a leer.
Subrayar.
Volver a subrayar.
Y finalmente tener unos apuntes que parecen un arcoíris precioso, pero no saber muy bien cuánto de todo aquello podrían explicar sin mirar.
En Bachillerato puede ser necesario revisar cómo se organiza el tiempo, cómo se distribuyen los repasos, cómo comprobamos lo que realmente sabemos y qué estrategias utilizamos para recuperar y relacionar la información.
El método de estudio no consiste simplemente en conseguir que el adolescente pase más horas sentado.
Consiste en que las horas que dedica sirvan para aprender.
La EvAU/PAU: el monstruo final del videojuego
Cuando llevas todo el curso escuchando hablar de una prueba, es bastante fácil que termine creciendo hasta convertirse en el monstruo final de un videojuego.
«De esta nota depende todo».
«Si no entro este año, he perdido mi oportunidad».
«Si fallo, he tirado Bachillerato».
La prueba es importante y puede tener consecuencias reales sobre el acceso a determinados estudios. No necesitamos decirle al adolescente que «no importa», porque él sabe perfectamente que sí importa.
Lo que necesitamos es colocarla en su tamaño real.
Un examen importante no es toda una vida. Una nota puede modificar un camino sin destruir necesariamente el destino.
Y existen más rutas de las que somos capaces de ver cuando tenemos diecisiete años y estamos mirando el futuro a través de una nota de corte.
Padres: cuidado con añadir presión intentando ayudar
Cuando vemos a nuestro hijo desbordado, nuestra reacción natural es intentar solucionar el problema.
«¿Has estudiado?».
«¿Qué examen tienes mañana?».
«¿Cuánto llevas?».
«Deja el móvil».
«¿No deberías estar estudiando?».
Una pregunta aislada no supone ningún problema. Pero cuando toda la relación familiar empieza a girar alrededor de estudios, exámenes y notas, el adolescente puede sentir que en casa también está permanentemente siendo evaluado.
Incluso una frase aparentemente motivadora como «tú puedes sacar mucho más» puede convertirse, en determinados momentos, en otra forma de presión.
Necesitamos interesarnos por sus estudios. Pero también seguir interesándonos por él.
Suspender también puede doler
Para un adulto, un suspenso puede parecer un pequeño tropiezo dentro de una trayectoria muy larga. Para un adolescente que siente que su futuro depende de sus notas, puede vivirse como una auténtica catástrofe.
Puede aparecer tristeza, frustración, vergüenza, irritabilidad o miedo a decepcionar. Y si los malos resultados se repiten, también puede empezar a deteriorarse la confianza en su propia capacidad.
Eso no significa que cualquier bajada de ánimo después de un suspenso sea un problema psicológico. Estar disgustado porque algo importante ha salido mal es completamente normal.
Nos preocupará más cuando ese malestar sea intenso o persistente, cuando el adolescente empiece a abandonar actividades, se aísle, tenga importantes problemas de sueño, presente ansiedad muy elevada o su funcionamiento cotidiano cambie significativamente.
Descansar también forma parte de estudiar
Esta idea cuesta muchísimo en 2º de Bachillerato.
Cuando hay tanto por hacer, descansar parece irresponsable.
Pero dormir, comer adecuadamente, moverse, desconectar y conservar cierto espacio de ocio no son premios que el adolescente obtiene cuando ha terminado absolutamente todo.
Son necesidades. No podemos exigirle al cerebro concentración, memoria y capacidad para resolver problemas mientras le quitamos sistemáticamente aquello que necesita para funcionar razonablemente bien.
El objetivo tampoco es construir el horario perfecto.
Es encontrar un equilibrio suficientemente bueno para llegar al final del curso sin haber dejado al adolescente por el camino.
¿Cuándo puede ayudar la terapia psicológica?
No todos los estudiantes agobiados en 2º de Bachillerato necesitan un psicólogo. Es normal que existan momentos de estrés, cansancio, preocupación e incluso algún bloqueo durante un curso especialmente exigente.
Puede ser conveniente pedir ayuda cuando la ansiedad empieza a interferir claramente con el rendimiento, el adolescente se bloquea repetidamente en los exámenes, la autoexigencia resulta difícil de manejar o existe un deterioro importante del sueño, el ánimo o la vida cotidiana.
También cuando estudiar se ha convertido en una fuente permanente de conflicto familiar o cuando el adolescente dedica muchísimo esfuerzo pero no consigue organizarse de una manera eficaz.
En terapia podemos trabajar la ansiedad ante los exámenes, la organización y planificación, las estrategias de afrontamiento, la solución de problemas, la autoexigencia y aquellas dificultades emocionales que estén interfiriendo con el estudio.
No buscamos que deje de importarle el resultado.
Buscamos que la importancia del resultado no le impida rendir ni vivir.
Ayuda psicológica para adolescentes en Villaverde
En la Consulta Psicológica Villaverde trabajamos con adolescentes que están atravesando dificultades académicas, ansiedad ante los exámenes, problemas de organización o situaciones en las que la presión por el rendimiento ha empezado a desbordarlos.
Antes de decidir qué necesita el adolescente, valoramos qué está ocurriendo realmente. Porque no necesita lo mismo quien no ha adquirido un método de estudio adecuado que quien sabe estudiar perfectamente pero se queda bloqueado cada vez que entra en un examen.
Si vuestro hijo está dando señales de agotamiento mental o la presión académica está interfiriendo seriamente con su bienestar o rendimiento, podéis contactar con Iciar Goujon, responsable del área infantil y adolescente.
Diccionario de la Consulta
• EvAU/PAU: prueba de acceso a la universidad que puede convertirse mentalmente en el «monstruo final del videojuego». Es importante, pero una prueba académica no resume la capacidad de una persona ni determina por sí sola toda su vida futura.
• Bloqueo de examen: dificultad para acceder a información o responder con normalidad durante una prueba cuando la ansiedad interfiere con procesos como la atención, la memoria de trabajo o la recuperación de lo aprendido.
• Gratificación inmediata: tendencia a preferir recompensas disponibles rápidamente frente a otras que requieren esperar. Puede ayudarnos a entender por qué determinadas distracciones resultan especialmente atractivas cuando estudiar exige mucho esfuerzo.
• Autoexigencia: establecimiento de estándares elevados para uno mismo. Puede favorecer el esfuerzo, pero se convierte en un problema cuando cualquier resultado que no alcance esos estándares se interpreta como fracaso y genera un sufrimiento excesivo.
• Método de estudio: conjunto de estrategias que utilizamos para organizar el tiempo y aprender, comprender, practicar y recuperar la información. No consiste únicamente en acumular horas delante de los apuntes.