Técnicas para mejorar la autoestima infantil

Los padres somos los formadores de la autoestima de nuestros hijos, alentándolos, haciéndoles resilientes y capaces

La importancia de la autoestima en los niños

La autoestima infantil tiene que ver con cómo un niño se ve, se valora y va construyendo la idea de quién es. Y esa imagen no nace con él, se va formando a través de sus experiencias y de las relaciones con las personas importantes de su vida.

Padres, familiares, profesores y compañeros funcionan, de alguna manera, como pequeños espejos. A través de ellos el niño empieza a descubrir:

  • «Soy capaz».

  • «Me quieren aunque me equivoque».

  • «Hay cosas que me cuestan, pero puedo aprender».

O, por el contrario:

  • «Todo lo hago mal».

  • «Los demás son mejores que yo».

  • «Solo están contentos conmigo cuando hago las cosas bien».

¿Cómo se construye la autoestima infantil?

La autoestima se va formando durante todo el desarrollo. La familia tiene un papel fundamental, especialmente durante los primeros años. Pero no es la única influencia.

A medida que el niño crece aparecen el colegio, los amigos, los profesores, las actividades, las comparaciones y las experiencias de éxito y fracaso. Todo ello contribuye a construir la imagen que tiene de sí mismo.

El efecto espejo: cómo nos miran importa

Durante la infancia necesitamos la mirada de los demás para empezar a construir la nuestra. Esto no significa que tengamos que decir continuamente a nuestro hijo que es maravilloso.

Significa que necesita sentirse querido y valorado sin tener que ganárselo constantemente. También necesita saber que puede equivocarse sin que el error se convierta en una definición de quién es.

No es lo mismo decir: «Has dejado todos los juguetes tirados».

Que: «Eres un desastre».

La primera frase habla de algo que ha hecho. La segunda habla de quién es, y los niños terminan incorporando muchas de esas etiquetas.

Cuidado con elogiarlo todo

Puede parecer contradictorio. Si queremos mejorar su autoestima, ¿no deberíamos decirle continuamente lo bien que hace las cosas? No necesariamente. Un elogio automático pierde valor.

«¡Qué bien, ¡Perfecto!, ¡Eres el mejor!».

No necesitamos convertir cada dibujo en una obra maestra. Es mucho más útil prestar atención al proceso.

«Has seguido intentándolo aunque te estaba costando, Antes no sabías hacerlo y mira todo lo que has aprendido, veo que estás muy orgulloso de tu dibujo».

Así ayudamos al niño a mirar lo que hace y no únicamente a buscar nuestra aprobación.

Valorar el esfuerzo, no exigir el resultado

Un niño necesita experimentar que puede aprender. Eso implica permitirle también equivocarse.

Si intervenimos inmediatamente cada vez que algo le cuesta, podemos transmitir sin querer un mensaje: «Tú solo no puedes».

A veces tenemos que soportar un poquito nuestra propia impaciencia.

  • Dejarle probar.

  • Dejarle pensar.

  • Incluso dejarle frustrarse un poco.

  • Y estar disponibles cuando realmente necesite nuestra ayuda.

La confianza también se construye descubriendo: «Me costaba, pero finalmente pude hacerlo».

Fomentar su autonomía

Una de las mejores maneras de ayudar a un niño a sentirse capaz es permitirle hacer cosas. Cosas adaptadas a su edad, claro.

• Elegir entre dos prendas.

• Recoger sus juguetes.

• Preparar su mochila.

• Ayudar a poner la mesa.

• Participar en alguna tarea de casa.

• Tomar pequeñas decisiones.

• Intentar solucionar un problema antes de que nosotros lo resolvamos.

No buscamos cargarle de responsabilidades, buscamos transmitirle: «Confío en que puedes hacer cosas por ti mismo».

Evitar las comparaciones

«Tu hermano a tu edad ya lo hacía». «Mira qué bien lee tu prima». «Todos tus compañeros han aprobado».

Las comparaciones pueden parecer una manera de motivar. Muchas veces producen exactamente lo contrario.

El niño no escucha: «Puedes esforzarte más».

Puede escuchar: «Los demás son mejores que yo».

Es mucho más útil compararlo consigo mismo. «Hace unos meses esto te costaba muchísimo», «Mira cuánto has avanzado».

Su referencia no necesita ser otro niño. Puede ser su propio proceso.

Enseñarle a tolerar los errores

Una autoestima saludable no se construye evitando todos los fracasos. Se construye aprendiendo que fracasar en algo no significa ser un fracaso.

Podemos ayudar al niño a preguntarse:

• ¿Qué ha ocurrido?

• ¿Qué puedo aprender?

• ¿Qué podría intentar de otra manera?

• ¿Necesito ayuda?

• ¿Quiero volver a intentarlo?

El error deja entonces de ser una amenaza para convertirse en parte del aprendizaje.

Ayudarle a conocer sus fortalezas

No todos los niños destacan en lo mismo. Uno puede tener facilidad para las matemáticas, otro puede ser especialmente cariñoso. otro dibuja, construye, inventa historias, corre, baila o consigue que todos se rían.

Y algunos necesitan más tiempo para descubrir aquello que se les da bien. La autoestima no debería construirse exclusivamente sobre las notas o los resultados deportivos.

Ayudemos al niño a descubrir una imagen de sí mismo mucho más amplia.

Enseñarle a hablarse con respeto

Escucha cómo habla tu hijo sobre sí mismo.

«Soy tonto».

«Todo me sale mal».

«No puedo».

«Soy el peor».

En lugar de responder inmediatamente «¡No digas tonterías, eres estupendo!», podemos explorar qué ha ocurrido.

«¿Qué te hace pensar eso?».

Así podremos ayudarle a distinguir entre lo que siente en ese momento y quién es.

  • Suspender un examen no significa ser tonto.

  • Perder un partido no significa ser malo en todo.

  • Que otro niño no quiera jugar hoy con él no significa que nadie le quiera.

La autoestima también necesita límites

Querer a un niño no significa permitirle todo. Los límites proporcionan estructura y seguridad.

Un niño puede enfadarse porque le decimos que no. Y nosotros podemos mantener ese límite sin convertir su enfado en una amenaza para nuestra relación.

«Entiendo que estés enfadado. Pero esto no puedes hacerlo».

Afecto y límites no son enemigos. Pueden convivir perfectamente.

Técnicas para mejorar la autoestima infantil

En nuestro día a día podemos ayudarles con pequeñas cosas:

• Valorar el esfuerzo además del resultado.

• Evitar comparaciones con otros niños.

• Corregir conductas sin etiquetar al niño.

• Dar responsabilidades adecuadas a su edad.

• Permitirle tomar pequeñas decisiones.

• Dejarle intentar algunas cosas antes de intervenir.

• Reconocer sus avances.

• Ayudarle a aprender de los errores.

• Escuchar cómo habla sobre sí mismo.

• Mostrar afecto sin condicionarlo a sus resultados.

No necesitamos hacerlo perfectamente.

Los padres también nos equivocamos, y reconocer un error delante de nuestros hijos puede ser, precisamente, una magnífica lección de autoestima.

¿Cuándo puede necesitar ayuda?

Todos los niños tienen momentos de inseguridad. Eso no significa necesariamente que exista un problema de autoestima.

Conviene prestar más atención cuando esa visión negativa de sí mismo se mantiene y empieza a limitar su vida. Por ejemplo, cuando evita continuamente retos porque está convencido de que fracasará.

Cuando se compara constantemente, cuando necesita una aprobación permanente o cuando utiliza con frecuencia expresiones muy negativas para describirse.

En esos casos puede ser útil valorar qué está ocurriendo.

Psicología infantil y autoestima en Villaverde

En la Consulta Psicológica Villaverde trabajamos con niños y familias cuando las dificultades de autoestima empiezan a afectar a su bienestar.

No buscamos fabricar niños que crean que todo lo hacen bien. Buscamos algo bastante más útil: Que puedan reconocer sus capacidades, aceptar sus dificultades y aprender que equivocarse no cambia su valor como personas.

Puedes conocer también cómo trabajamos la psicología infantil y terapia con niños en nuestra consulta.

Diccionario de la Consulta

  • Efecto espejo: nuestra forma de explicar cómo el niño empieza a conocerse a través de la mirada de las personas importantes para él. Lo que recibe de esos «espejos» influye en cómo aprende a mirarse.

• Resiliencia infantil: capacidad para adaptarse y recuperarse después de situaciones difíciles. No significa que el niño no sufra ni que tenga que poder con todo.

• Autonomía guiada: permitir que el niño haga cada vez más cosas por sí mismo, ofreciéndole ayuda cuando la necesita sin resolver automáticamente todo por él.

• Refuerzo del proceso: valorar el esfuerzo, la estrategia, la constancia y el aprendizaje, no únicamente el resultado final.

• Etiquetas: expresiones que convierten una conducta concreta en una definición del niño. No es lo mismo «has hecho algo desordenado» que «eres un desastre».

CONSULTA PSICOLOGICA VILLAVERDE

Centro Psicológico ubicado en la Ciudad de Los Angeles (Madrid).

Atendemos niños, jovenes, adultos, terapia de pareja, tercera edad. Igualmente ofrecemos el servicio de informes periciales.

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