Adicción a los ansiolíticos: ¿Anestesias tu ansiedad?
Las benzodiacepinas pueden ser enormemente útiles para aliviar determinados síntomas de ansiedad, insomnio y otras situaciones clínicas. El problema no está en que existan ni en necesitarlas cuando están correctamente indicadas.
El problema puede aparecer cuando aquella pastilla que un día fue una ayuda empieza a convertirse en algo sin lo que sentimos que no podemos funcionar.
«Por si me pongo nervioso».
«Por si esta noche no duermo».
«Por si me da ansiedad».
«Por si no puedo controlarlo».
Y poco a poco podemos pasar de utilizar un medicamento a sentir miedo ante la posibilidad de no tenerlo.
La pastilla y la alarma de incendios
Cuando sentimos ansiedad queremos que desaparezca. Es comprensible: la ansiedad puede llegar a ser tremendamente desagradable.
Una benzodiacepina puede reducirla rápidamente. Pero si nuestra única estrategia para afrontar la ansiedad consiste en hacerla desaparecer mediante un fármaco, podemos perder la oportunidad de aprender otras maneras de manejarla.
Es como tener una alarma de incendios sonando y limitarnos siempre a quitarle las pilas para dejar de escucharla.
A veces habrá un incendio y otras veces la alarma será excesivamente sensible. Pero necesitamos aprender a distinguir una cosa de la otra.
Con la ansiedad ocurre algo parecido: no se trata simplemente de silenciarla, sino de comprender por qué aparece, qué la mantiene y qué hacemos nosotros cuando aparece.
Uso, dependencia y adicción no son lo mismo
Esta diferencia es fundamental.
Una persona puede tomar una benzodiacepina prescrita por su médico y desarrollar dependencia física. El organismo se adapta a la presencia del medicamento y, si se retira bruscamente, pueden aparecer síntomas de abstinencia.
Eso no significa automáticamente que esa persona tenga una adicción.
La adicción implica un problema más amplio, relacionado con pérdida de control sobre el consumo, uso problemático y persistencia a pesar de las consecuencias.
También puede aparecer tolerancia, de manera que el efecto de una determinada dosis disminuya con el tiempo.
Por eso no deberíamos llamar «adicto» a cualquiera que lleva tiempo tomando un ansiolítico.
Pero tampoco deberíamos ignorar las señales que indican que nuestra relación con el medicamento está cambiando.
Cuando aparece el miedo a no tener la pastilla
Hay una señal psicológica especialmente interesante: el miedo a sentir ansiedad sin medicación.
La persona ya no teme solamente la situación que originalmente producía ansiedad. Empieza a temer también no disponer de su recurso de seguridad.
«¿Y si me da un ataque y no llevo la pastilla?».
«Sin ella no voy a dormir».
«No puedo viajar si no la llevo».
«Necesito saber que está en el bolso».
La medicación puede acabar funcionando entonces como una conducta de seguridad: tenerla cerca proporciona tranquilidad porque pensamos que sin ella no podremos manejar lo que ocurra.
Y cuanto menos nos permitimos comprobar que disponemos de otros recursos, más difícil puede resultar confiar en ellos.
¿Por qué no debemos retirar las benzodiacepinas por nuestra cuenta?
Esto es especialmente importante.
Si llevas un tiempo tomando benzodiacepinas, no debes suspenderlas bruscamente ni modificar por tu cuenta la pauta prescrita.
La dependencia física puede aparecer incluso cuando se utilizan según prescripción, y una retirada brusca o excesivamente rápida puede provocar síntomas importantes de abstinencia y, en determinados casos, reacciones graves como convulsiones. U.S. Food and Drug Administration
La reducción, cuando esté indicada, debe plantearse con el profesional sanitario responsable y adaptarse a cada persona. No existe una pauta de retirada idéntica que sirva para todo el mundo. U.S. Food and Drug Administration
La terapia psicológica no sustituye este seguimiento médico. Puede acompañarlo trabajando otra parte del problema.
¿Qué podemos trabajar en terapia?
Imaginemos que durante mucho tiempo la pastilla ha sido nuestra principal herramienta frente a la ansiedad.
Si queremos depender menos de ella, no basta con quitar esa herramienta y esperar que todo vaya bien.
Necesitamos construir otras.
En terapia podemos trabajar:
• Qué situaciones desencadenan nuestra ansiedad.
• Qué pensamientos hacen que aumente.
• El miedo a las propias sensaciones de ansiedad.
• Estrategias de regulación emocional.
• Técnicas para afrontar situaciones que hemos empezado a evitar.
• Problemas de sueño cuando están relacionados con el malestar psicológico.
• Conductas de seguridad y evitación.
• La confianza en nuestra propia capacidad para tolerar y manejar la ansiedad.
• Prevención de recaídas cuando ha existido un uso problemático.
El objetivo no es demostrar que podemos soportarlo todo sin ayuda.
Es ampliar nuestro repertorio de herramientas para que una pastilla no sea la única respuesta que sentimos disponible.
¿La ansiedad siempre intenta decirnos algo?
Aquí también conviene desmontar una idea. No toda ansiedad es un mensaje oculto que tengamos que descifrar.
A veces responde a un problema concreto. Otras veces aparece por anticipación, por aprendizajes previos, por nuestra manera de interpretar determinadas sensaciones o porque hemos desarrollado miedo a la propia ansiedad.
Por eso el trabajo psicológico no consiste únicamente en preguntarnos «qué quiere decirme mi ansiedad». Consiste en comprender cómo funciona en nuestro caso.
De anestesiar la ansiedad a aprender a manejarla
No necesitamos demonizar los ansiolíticos.
En determinadas circunstancias pueden ser una herramienta terapéutica útil y corresponde al profesional sanitario valorar su indicación.
El problema aparece cuando sentimos que ya no disponemos de ninguna otra forma de afrontar aquello que nos ocurre.
Podemos aprender progresivamente a reconocer la ansiedad, tolerar determinadas sensaciones, cuestionar pensamientos, afrontar situaciones que evitábamos y comprobar que somos capaces de atravesar el malestar sin necesitar eliminarlo inmediatamente.
Siempre me ha gustado más esta imagen:
No podemos impedir que aparezcan todas las olas, pero podemos aprender a surfearlas.
Y aprender a surfear la ansiedad no significa que nunca volveremos a necesitar ayuda, significa que tendremos más recursos cuando llegue la siguiente ola.
Terapia para la ansiedad y el uso problemático de ansiolíticos en Villaverde
En la Consulta Psicológica Villaverde podemos trabajar la parte psicológica que acompaña al uso problemático de ansiolíticos y, cuando sea necesario, hacerlo en coordinación con el profesional médico responsable del tratamiento farmacológico.
No retiramos medicación ni modificamos pautas farmacológicas.
Trabajamos aquello que puede haber debajo o alrededor de su uso: ansiedad, miedo, insomnio, evitación, dependencia psicológica, estrés y la sensación de «sin la pastilla no puedo».
Si sientes que tu tranquilidad depende cada vez más de saber que tienes un ansiolítico cerca, puede ser un buen momento para revisar qué está ocurriendo.
No para quitarte una herramienta sin más.
Para ayudarte a construir otras.
📖 Diccionario de la Consulta
• Benzodiacepinas: grupo de medicamentos con efectos ansiolíticos, sedantes, anticonvulsivantes y relajantes musculares, entre otros. Pueden ser clínicamente útiles, pero también producir dependencia física y presentar riesgos que requieren seguimiento profesional.
• Dependencia física: adaptación del organismo a la presencia de un medicamento. Puede aparecer aunque se utilice correctamente y no equivale por sí sola a una adicción.
• Tolerancia: disminución de la respuesta a un medicamento tras su uso continuado, de manera que una misma dosis puede producir menos efecto.
• Síndrome de abstinencia: conjunto de síntomas que pueden aparecer al suspender o reducir determinados medicamentos después de que se haya desarrollado dependencia física. En las benzodiacepinas, una retirada brusca puede llegar a ser peligrosa. U.S. Food and Drug Administration
• Conducta de seguridad: comportamiento que utilizamos para sentir que estamos protegidos frente a aquello que tememos. Por ejemplo, creer que solo podemos afrontar determinadas situaciones si llevamos siempre un ansiolítico encima.
• Adicción: patrón problemático en el que aparecen dificultades para controlar el consumo y este continúa a pesar de sus consecuencias. No debe confundirse automáticamente con dependencia física.