Un niño de padres divorciados no es un niño huérfano
Es comprensible: el divorcio suele estar impregnado de sentimientos negativos. Se cuentan con los dedos de una mano esos divorcios idílicos donde la pareja rompe y mantiene una relación estupenda de cariño y cooperación.
En el mundo real podemos encontrarnos con una simplificación bastante peligrosa: «el malo», que es quien se quiere ir y supuestamente destruye la familia, y «el bueno», que es quien se queda y habría aguantado por los hijos.
Cuando entramos en esa narrativa, es fácil que comiencen las guerras púnicas por la televisión, el perro, la vajilla buena y, desgraciadamente, también por los niños.
De gatitos cursis a tigres de Bengala
Es fascinante cómo dos personas que antes formaban un equipo pueden convertirse en rivales más enconados que un Madrid-Barça. El dolor, la rabia, la decepción o el miedo pueden hacer muy difícil separar lo que ocurrió en la pareja de lo que necesitan los hijos.
Si sacáramos el vídeo de algunas bodas y después grabáramos determinadas conversaciones durante el divorcio, podríamos encontrar a aquellos «lindos gatitos» convertidos en tigres de Bengala que llevan semanas sin comer.
Pero hay algo que no deberíamos perder de vista: podemos dejar de ser pareja sin dejar de ser padres.
El gran error: convertir al hijo en campo de batalla
Los hijos han crecido aprendiendo a querer a ambos progenitores. Esa relación no debería convertirse ahora en otra batalla de la separación.
Un niño no necesita decidir quién tiene razón. Tampoco necesita conocer todos los detalles de la ruptura ni convertirse en juez de lo ocurrido entre sus padres.
Cuando hablamos mal del otro progenitor delante de él, podemos colocarlo en un conflicto muy difícil: querer a alguien que una de las personas que más quiere le está diciendo que debería rechazar.
Y eso puede generar culpa, confusión y un enorme conflicto de lealtades.
La pareja se rompe, la parentalidad continúa
Los niños no se divorcian.
Son los adultos quienes terminan su relación de pareja. La relación de cada progenitor con sus hijos continúa después de la separación.
Por eso necesitamos distinguir dos escenarios.
• El escenario de pareja contiene el dolor, el enfado, la decepción y todos los motivos que han llevado a la ruptura.
• El escenario de crianza contiene las necesidades de los hijos, las decisiones sobre su educación y el vínculo que mantienen con cada progenitor.
Mezclarlos suele ser una mala idea.
Podemos estar tremendamente enfadados con nuestra expareja y, al mismo tiempo, intentar proteger la relación de nuestros hijos con ella.
Algunas reglas para proteger a los niños durante el divorcio
No existe el divorcio perfecto. Tampoco necesitamos convertirnos de repente en los mejores amigos de nuestra expareja.
Pero sí podemos intentar que los hijos no tengan que cargar con un conflicto que pertenece a los adultos.
• Evita comentarios despectivos sobre el otro progenitor delante de los niños.
• No utilices al niño como mensajero: «dile a tu padre...» o «pregúntale a tu madre...».
• No conviertas al niño en confidente o paño de lágrimas. Necesitas apoyo, pero ese apoyo debe proceder de otros adultos.
• Permite que te cuente las cosas buenas que ha hecho con el otro progenitor sin hacerle sentir que te está traicionando.
• Evita interrogarle cuando vuelve de estar con el otro: puede contarte lo que quiera sin convertirse en tu fuente de información.
• No le hagas elegir entre sus padres ni le pidas que tome partido.
• Intenta mantener unas rutinas y mensajes relativamente coherentes entre ambas casas cuando sea posible.
«¿Y tengo que hablar bien de mi ex después de lo que me ha hecho?»
No. No necesitas hacer campaña electoral a favor de tu expareja.
Tampoco necesitas fingir delante de tus hijos que sois íntimos amigos. Los niños suelen percibir mucho más de lo que creemos. Lo que necesitan es permiso para querer al otro progenitor sin sentirse culpables por ello.
Si tu hijo vuelve emocionado porque ha pasado una tarde estupenda con su padre o su madre, puedes alegrarte por tu hijo, aunque no sientas ninguna simpatía por tu ex.
La diferencia parece pequeña, pero para un niño puede ser enorme.
¿Qué ocurre cuando el otro progenitor no cumple?
Este es uno de los puntos más difíciles. ¿Qué hacemos cuando el otro progenitor no llama, llega tarde, incumple acuerdos o decepciona repetidamente al niño?
No necesitamos inventar excusas constantemente. Pero tampoco necesitamos aprovechar cada decepción para demostrar que «yo tenía razón y tu padre/madre es un desastre».
Podemos explicar lo ocurrido de una manera adecuada a su edad, evitando que el niño piense que él es responsable. «Entiendo que estés triste porque esperabas verle».
Acompañar su decepción es diferente de utilizarla para aumentar el rechazo hacia el otro progenitor.
Los hijos no deberían tener que elegir
Cuando un niño siente que querer a uno significa traicionar al otro, queda atrapado en un conflicto que no puede resolver.
Puede empezar a medir lo que cuenta en cada casa, ocultar que se lo ha pasado bien o intentar cuidar emocionalmente a uno de sus padres.
Incluso puede aprender a decir a cada progenitor lo que cree que necesita escuchar. No porque sea manipulador, porque está intentando sobrevivir emocionalmente en medio de dos personas a las que quiere.
El tiempo también permite que los hijos construyan su propia historia
No hace falta contarles continuamente «la verdad» sobre nuestra expareja para que sepan quién es.
A medida que crecen, los hijos van construyendo su propia relación con cada progenitor a partir de lo que viven con ellos. Nuestra tarea no consiste en fabricar esa conclusión por adelantado.
Consiste, siempre que no exista una situación que comprometa su seguridad, en permitir que puedan mantener sus vínculos sin convertirlos en armas del conflicto.
Cuando proteger el vínculo no significa mantenerlo a cualquier precio
Hay una excepción importante. No todos los conflictos familiares son simplemente desacuerdos entre dos adultos enfadados.
Cuando existen situaciones de violencia, abuso, negligencia grave o riesgo para el menor, proteger al niño es prioritario. En esos casos, las recomendaciones generales sobre cooperación entre progenitores pueden no ser adecuadas y la situación necesita una valoración específica.
Proteger la relación con ambos progenitores nunca significa ignorar una situación de riesgo.
Ayuda psicológica durante un divorcio con hijos
Una separación puede ser dolorosa para toda la familia, pero no tiene por qué convertirse en una guerra en la que los hijos queden atrapados.
En la Consulta Psicológica Villaverde podemos ayudaros a gestionar el impacto emocional de la separación, proteger a los niños del conflicto y encontrar una forma de ejercer la parentalidad después de que la pareja haya terminado.
La máxima expresión de amor durante un divorcio quizá sea precisamente esa: no pedir a nuestros hijos que carguen con nuestras heridas.
📖 Diccionario de la Consulta
Coparentalidad: forma en que dos progenitores participan en la crianza y toman decisiones relacionadas con sus hijos después de la separación. No exige que mantengan una relación personal cercana.
• Triangulación: ocurre cuando el niño queda introducido en un conflicto entre adultos. Por ejemplo, cuando se utiliza como mensajero, confidente, aliado o intermediario.
• Conflicto de lealtades: situación en la que el niño siente que querer o apoyar a uno de sus progenitores significa traicionar al otro.
• Escenario de crianza: nuestra manera de describir ese espacio en el que intentamos dejar fuera los problemas de pareja para centrarnos en las necesidades de los hijos.
• Amortiguación emocional: capacidad de los adultos para evitar trasladar directamente a los niños toda la intensidad del conflicto, ofreciéndoles explicaciones que puedan comprender según su edad.