La necesidad de ayuda psicológica en lesionados medulares

Hoy quería hablaros de la huella psíquica que padece una persona que tras un accidente ha sufrido una lesión medular y se encuentra en una silla de ruedas (paraplejia).

A nivel abstracto, cualquier persona que no tiene este problema se lo imagina y piensa: "qué espanto", tal vez alguno, especialmente sensibilizado haya llegado a hacer la prueba de intentar vivir un día entero en una silla de ruedas: lo encontrará increíblemente duro, pero no se aproxima a la realidad, porque esa persona sabe que al día siguiente continuará caminando. 

Imaginemos un chico cualquiera, veintipocos años, deportista, terminando unos estudios, con su grupo de amigos y actividades, novia o novietas y la vida repleta de planes y aventuras. Un día cualquiera ese chico tiene un accidente de moto, pongamos que se secciona la médula con uno de los famosos guarda raíles asesinos. Cuando se despierta en el hospital le dan la demoledora noticia de que jamás podrá caminar.

Tal vez eso es lo primero que a cualquiera se nos venga a la cabeza cuando nos cuentan de alguien que ha pasado por esto: no volverá a caminar.

Sin embargo, la realidad es mucho más compleja para estas personas: no sólo no van a volver a caminar, su estructura de vida se ha hecho mil pedazos, ya nada, absolutamente nada volverá a ser igual, y tendrán que aprender a vivir con lo que tienen. Explícaselo a un chico de veintipocos, su reacción será siempre la misma: pensar en luchar y trabajar para que todo vuelva a la normalidad.

Los problemas ante una paraplejia no pasan simplemente por las barreras arquitectónicas o las costosísimas adaptaciones de la vivienda. 

Una persona con una paraplejia tiene que aprender a sondarse en muchos casos, tiene que esforzarse por realizar ejercicios con el tren superior para poder cambiar la postura y no tener úlceras por la posición, tienen que ver como algunos de sus amigos les rechazan, y no porque no sean sus amigos, simplemente porque no saben cómo tratarles, porque se sienten incómodos hablando "del partido de baloncesto del otro día" o de "la ruta en bici por el campo".

La persona que ha sufrido una paraplejia muy probablemente necesite ayuda psicológica para superar el hecho de que ahora todo va a ser diferente, y que sí, muy probablemente consiga tener una vida plena y feliz, pero sabiendo, porque lo experimentó previamente, que la vida puede ser más fácil.

Normalmente la autoestima queda muy dañada, la desesperanza respecto al futuro les haga volverse más callados y taciturnos. Tienden a aislarse del grupo de amigos y de las situaciones sociales en las que se sienten incómodos, recordando cómo eran antes. 

El trabajo psicológico con una persona que ha sufrido semejante trance es intenso, doloroso y en muchísimos casos muy gratificante.

Es increíble ver la fuerza de voluntad, el coraje, la valentía de estas personas. Necesitan normalizar su vida y hay que ayudarles a que lo hagan, a que acepten la situación como un hecho del que quejarse no mejorará su vida y empezar a que comprendan que una persona es ante todo una persona, y las cualidades no están siempre en su capacidad para meter goles. 

Necesitan actividad física, aprender deportes adaptados que les hagan intentar superarse, salir con los amigos, aprender a manejarse con su discapacidad y dejar de ponerla como una barrera entre ellos y el mundo.

Una parte muy importante del hecho de sufrir una paraplejia es la necesidad de buscar soluciones a la actividad sexual, se necesita una reeducación a este respecto, ya que hay vías y soluciones para poder llevar una vida sexualmente satisfactoria (existen muchas zonas erógenas y muchas formas de recibir placer). He dicho recibir y no dar, porque las personas con este problema pueden tener erecciones inducidas de forma farmacológica, sin embargo les preocupa su falta de sensibilidad al respecto, y esto es lo que hay que trabajar mediante técnicas precisas que les pueden ayudar a mejorar su vida sexual (y su autoestima).

También hay que tener en cuenta que no sólo la persona que ha sufrido el accidente requerirá un apoyo psicológico intenso: su familia puede requerir ayuda para aceptar la situación e intentar superar el dolor; todos van a tener que reorganizar sus vidas.

De esta forma, cuando veamos alguien en silla de ruedas, jamás debemos sentir compasión, tal vez, en alguna ocasión, debamos preguntarnos si de esas personas que muestran semejante capacidad de superación, nosotros tengamos algo que aprender.

SECUELAS PSICOLÓGICAS EN ACCIDENTES: LA HUELLA INVISIBLE

 

 

Ser víctima de un accidente de tráfico de gravedad (por ejemplo, con lesión medular que conduce a una paraplejia), suele conllevar una demanda judicial.

En estos casos la peritación de las secuelas físicas es relativamente sencilla: existen, de forma fehaciente lesiones, tiempo de recuperación, secuelas físicas, que pueden ser observadas y tasadas para la oportuna reclamación.

Las secuelas psicológicas son algo más complicado de evaluar. Nos encontramos con la realidad de un demandante, con unos abogados que defienden su caso y unos abogados que protegen los intereses de la parte contraria (culpables, aseguradoras, el Estado o cualquiera de sus órganos por negligencia...).

El afectado tiene que demostrar sus secuelas, y en el caso de la evaluación psicológica, al ser una evaluación basada en conductas, pensamientos o la demostración de trastornos psicológicos derivados de la condición médica post-accidente, es un trabajo que requiere minuciosidad y la aplicación de instrumentos psicométricos que demuestren la existencia de daño psíquico.

Es obvio pensar que una persona que pierde movilidad, tiene que reorganizar su vida, renunciar a muchas cosas que le llenaban, suele tener diferentes trastornos asociados a su nueva situación: se sucede la depresión, ansiedad, las etapas de duelo, en muchas ocasiones la agresividad, desesperanza, actitudes de aislamiento social, falta de intereses, etc.

Son situaciones que no se ven en una radiografía, se viven, día a día, a cada momento, como el primer pensamiento del día y el último de la noche. Condicionan en gran medida su vida, y no existe radiografía que pueda detectar este estado anímico.

No se puede ningunear esta realidad, porque afecta de forma muy negativa a la vida de la persona, que en muchos casos pierde muchos alicientes y tiene simplemente con conformarse con lo que le ha tocado vivir.

Tampoco podemos olvidar, al realizar el peritaje psicológico de las personas allegadas su estado anímico y sus fortalezas: hay personas (especialmente padres de chicos parapléjicos) con cuadros ansioso-depresivos de difícil tratamiento, y son personas a las que hay que llegar, atender, intentar normalizar su vida dentro de la situación exstente. 

Una persona víctima de accidente, que tiene unas secuelas físicas de carácter irreversible, presenta con una alta frecuencia un cuadro de indefensión aprendida: su situación anímica, con un posible cuadro de trastorno adaptativo, le hace incapaz de plantearse un pleito en el que demuestre el daño psicológico que sufre.

Sin embargo, en los casos de secuelas físicas de carácter severo, en los que existe un cambio dramático en las condiciones de vida y de movilidad, la peritación psicológica exhaustiva se hace imprescindible, ya que estas personas tendrán que luchar toda la vida por "normalizar" su vida, buscar nuevas formas de disfrutar, olvidando lo que antes era su vida, y esto supone un desgaste psicológico continuo que debe ser objeto de la pertinente reparación como secuela de máxima gravedad.