LA BANALIZACIÓN DE LOS TRASTORNOS MENTALES

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Hay palabras que duelen como puñales, y expresiones que se utilizan a veces en un sentido coloquial que sin embargo deberían ser completamente desenterradas de nuestro vocabulario.

“Tienes un TOC”, “Ese es bipolar”, “Esa persona es tóxica”, “mi niño es hiperactivo“… con qué alegría lanzamos estas expresiones sin darnos cuenta que demostramos en primer lugar una absoluta falta de empatía hacia los demás (hacia aquellos de los que lo decimos, hacia aquellos que padecen de alguno de estos trastornos”, y además de poco empáticos, nos delatamos como unos ignorantes: hay cosas que si no se saben de qué se hablan, mejor no decirlas.

La célebre expresión “tiene un TOC”, la solemos emplear con personas que tienen manías. Y maniáticos, en mayor o menor medida lo somos todos (y segun vamos cogiendo años, más). Tener manías se debe a una necesidad de control sobre el entorno que ofrece seguridad a las personas, y se da más en personalidades más rígidas. Eso no es un trastorno ni muchísimo menos, simplemente es una forma de ser, que a veces puede resultar irritante, sin más.

Una persona que tienen un TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO sufre un tipo de trastorno de ansiedad en el que existen unos pensamientos generalmente destructivos, e invasivos, y la única forma que tienen estas personas de neutralizarlos es a través de la repetición de rituales que bajen su ansiedad. Hay diferentes tipos de pensamientos y diferentes tipos de rituales, pero lo que debemos tener en cuenta es que producen un empeoramiento de la calidad de vida del paciente, que se ve atrapado en su mundo de obsesiones y miedos, generando un estado de ansiedad y depresión bastante profundo, que le aisla del mundo, que le atrapa y que le impide vivir una vida normalizada. Normalmente requieren tratamientos largos y complejos y ayuda farmacológica. No es exactamente como tener siempre dos ambientadores olor a pino en el coche.

Luego tenemos los “bipolares”, cualquier persona que tiene oscilaciones en su estado de ánimo es bipolar (como si aquí todos fueramos robots que no tuviéramos diferentes tipos de estados de ánimo). Hay personas más inestables emocionalmente, en muchos casos por un exceso de extraversión, por falta de control de impulsos o porque nadie le ha parado los pies en sus cambios bruscos de humor. Hay personas sensibles a los cambios del entorno que pasan de un estado de animo a otro de manera abrupta, porque todo les afecta. Chuck Norris jamás sería bipolar, está claro, pero los componentes de la bipolaridad son muy complejos (hay diferentes tipos), y en algunos casos se manifiestan con depresiones abruptas y muy severas y en otras se alternan estados de depresión profunda con una euforia ilimitada que puede llevar a la persona a cometer auténticas locuras. Es un trastorno mental muy importante, que siempre necesita medicación de por vida y puede producir la incapacitación de la persona, Creo que por respeto a estas personas, deberíamos intentar evitar esta expresión.

Luego tenemos a las “personas tóxicas”, que es un término muy utilizado ultimamente. Resulta que nos rodeamos de personas tóxicas, pero nosotros somos perfectos. Es posible que demos con personas tóxicas, pero en nuestra mano está permanecer a su lado, no poner límites o en ocasiones, incrementar la toxicidad. Desde luego, si el patrón es que siempre tienes relaciones tóxicas, tal vez deberías analizar de quien parte la toxicidad y el casting que realizas para la selección de tus amistades.

Lo de “mi hijo es hiperactivo” cuando lo oye una madre de un niño realmente hiperactivo, se le deben poner los pelos de punta. Un niño hiperactivo puede llegar a un descontrol tal de sus impulsos y de sus conductas motoras que en ocasiones tienen que llevar casco para no lesionarse, ya que suelen tener muchos accidentes por su continuo movimiento. No pueden centrarse y no pueden parar, sufren dificultades serias en el colegio, suelen tener pocos amigos, y a pesar de intentar “portarse mejor”, no es algo que se haga a propósito, por lo que necesitan muchísima paciencia para bajarles la activación, necesitando en muchos casos adaptaciones curriculares para que puedan seguir las clases. Claro, si un niño es un pesado integral que corre entre las mesas de un restaurante, tira la pelota contra la gente, se choca por la calle con la gente porque corre mirando para atrás, no obedece ni a la de tres y salta por los sillones, ya tenemos el catalogado como hiperactivo, pero desgraciadamente es que es muy duro decir “tengo un hijo que es un salvaje porque no sé educarle o me da pereza”, etiquetita al canto y que todo el mundo comprenda que su hijo tiene que ser aceptado por algo que no es.

De verdad, por respeto a las personas que realmente tienen problemas importantes, no tildeis pequeños fallos como si se trataran de trastornos mentales.

Ninguno de nosotros estamos libres de pasar por algún tipo de situación de desestabilización emocional y es un proceso de lucha interior, de soledad y de miedo que debería merecernos mucho más respeto.

Respetemos los trastornos mentales como situaciones de la vida que no pueden usarse en sentido peyorativo. Seamos más humanos.

EL PACIENTE DIFÍCIL

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Diferentes problemas que requieren intervención terapéutica son especialmente difíciles de abordar por la actitud del paciente.

Cuando un paciente se bloquea en el "no puedo" no está realmente intentando promover el cambio (que está en su mano, no en el terapeuta, que puede guiarle, darle pautas, pero el esfuerzo de llevarlo a cabo es del paciente, con apoyo, pero es algo personal).

Algunas personas piensan que el hecho de ir a terapia y pagarla tiene que ser suficiente para curarse. Entre estos yo les recomendaría que fueran directamente a Salud Mental: psiquiatría, que pidieran medicación y se limitaran a quejarse de sus problemas paliándolos, que no solucionándolos. Al menos es gratis.

Los límites nos los ponemos nosotros. Un "no puedo" es síntoma de un esfuerzo mínimo, de una falta de capacidad para pensar que somos nosotros y nuestro esfuerzo, muchas veces titánico y doloroso el que promoverá nuestra mejoría.

Los terapeutas tampoco somos exactamente tiranos. Comprendemos estas dificultades, y no, no nos limitamos a escuchar: buscamos y promovemos un cambio en conductas y pensamientos, pero intentamos adaptar los cambios a la capacidad de cada paciente.

Cuando el paciente se limita a decir "no puedo" (parar los pensamientos, dar un pequeño paseo, levantarse de la cama, hacer actividades ligeras, escribir pensamientos negativos y modificarlos mediante técnicas aprendidas en consulta), poco se puede hacer.

Nadie puede conseguir lo que nosotros mismos no somos capaces de intentar. 

Decir "no poder" es rendirse antes de intentarlo, es no hacer esfuerzos, es pensar que la paciencia de las personas que nos rodean y se preocupan es infinita (y a veces no lo es).

No des jamás pena, deja de caer una y otra vez en tu propia sensación de incapacidad y empieza a cambiar ese diálogo interno del "no puedo" por el "tengo que poder". Si tan mal te encuentras como para pedir ayuda, aprovéchala. 

Los terapeutas sabemos lo difícil que es arrancar, el sufrimiento, el miedo, la sensación de incapacidad, y contemplamos estos factores e intentamos ayudar a superar estos momentos, pero si la persona no hace nada por cambiarlo, si su única pantalla mental es negra con un enorme NO PUEDO impreso, tal vez la terapia jamás les ayude a superar su situación.

Todos podemos intentarlo. Nadie, absolutamente nadie puede permitirse sufrir por no intentarlo.

Piensa en gente a tu alrededor, con grandes o pequeños problemas, pero con la determinación de intentar superarlo. Lo conseguirán o no lo conseguirán, pero siempre sentirán en su interior la satisfacción de haberlo intentado, el respeto por ellos mismos.

Si necesitas una mano, recuerda que yo tengo dos (San Agustin), pero a veces, además de mis manos o mis consejos necesitarás confiar en ti mismo. 

SOY TERAPEUTA, Y TENGO CÁNCER

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Mil veces he escuchado a mi hija (también psicóloga) decir: mamá, deberías escribir un libro sobre casos clínicos, podrían ayudar a mucha gente a comprender sus problemas.

Siempre le decía: algún día, cuando tenga tiempo libre, lo haré, aunque sólo sea para ti.

Las circunstancias han cambiado, y ahora mismo toca escribir sobre otras cosas, no sobre casos clínicos o trastornos de otros pacientes, sobre algo tan personal como es el momento inicial en el que te dicen "tienes un cáncer". 

No sé si con lo que os voy a contar puedo ayudar a otras personas que estén pasando ahora por lo mismo, pero es algo que le debo a mi hija, que siempre me anima a escribir, y esta vez lo haré, intentaré explicar cómo una persona de repente ve su vida vuelta del revés y se enfrenta a la decisión más dura entre todas las decisiones: cómo afrontar una enfermedad.

Hace apenas un mes me noté un bulto en el pecho (aquello no necesitó una autoexploración, era un bulto muy grande), esa misma tarde fui al médico de cabecera, que me conoce de toda la vida y sabe que suelo ir "con algo colgando" y casi no me siento porque voy con prisas y simplemente con una palpación me dijo: esto tiene muy mala pinta.

En una semana ya me habían llamado para hacerme una mamografía, a los dos días una biopsia, y en pocos días más tenía al médico sacando la bolita negra: cáncer de pecho.

Los peores días fueron los de las pruebas. Yo no era muy consciente de la situación y realmente me fastidiaba tener que ir a hacerme tanta prueba y cambiar a mis pacientes las fechas y trastocar mi mundo.

En realidad supe que era cáncer antes de ir a ver al cirujano (la sanidad pública a veces funciona, y en la aplicación del hospital podía ver los resultados de las pruebas y los informes casi de un día para otro).

En mi familia no hay antecedentes de cáncer, y lo primero que sentí fue culpa, pensando que a partir de ahora a la famosa pregunta de los médicos: ¿antecedentes de cáncer? mi hija, mis sobrinas dirían: sí. No sé por que fue el primer sentimiento: la culpa.

Después pensé en mi familia, en mi madre ya muy mayor y en mis dos hijos (y sí, en mis perros, el pequeño un cachorro de 3 meses) y volvió la culpa por fallarles, por preocuparles, por disgustarles.

Una vez que supe exactamente lo que tenía: cáncer de pecho localizado y sin metástasis, me pasé tres días sin querer hablar con nadie, sólo podía trabajar con normalidad y luego dormir para no afrontar el problema. No quería pensar en las consecuencias y no quería hablar con nadie. Llegue a pedir a la gente que lo supo por cercanía que no me nombrara el tema.

Cuando fui a ver al cirujano y me explicó con claridad lo que tenía y los pasos a seguir me sentí profundamente liberada de una carga: ellos se iban a ocupar de mi, esta vez yo no tenía que buscar las soluciones, y simplemente escuché los pasos:

quimioterapia /mastectomía radical/ radioterapia

Perfecto, había un plan de ruta y sólo me quedaba seguirlo.

En esa misma entrevista con el cirujano estuve bromeando sobre perder un pecho o perder el pelo, porque no lo considero cosas importantes. No son vitales, y además, decidí que ellos cuidarían mi cuerpo y yo cuidaría mi mente.

EL AFRONTAMIENTO

Tener miedo es normal: lo desconocido da miedo, el dolor da miedo, pero el miedo si no se reestructura te vence y se convierte en pánico, y hay situaciones en la vida en las que nadie te va a poder ayudar más que tu actitud.

He decidido establecer una hoja de ruta en 3 pasos:

1. quimio

2. operación

3. radioterapia

Estoy en el primer paso, y sinceramente los otros dos no me preocupan, ni siquiera nadie me puede garantizar que mañana no me caiga un tiesto en la cabeza y no haya valido la pena planificar a medio ni largo plazo.

Me he informado (lo justo, para no caer en hipocondrias) sobre los efectos secundarios. Ya sé, el pelo, que se cae. Pero soy bastante tozuda y he decidido que antes de que esto suceda me lo corto y voy acostumbrándome a mi nuevo aspecto. No pienso usar pelucas, que deben picar un montón, prefiero un pañuelo y andando, yo no tengo nada que ocultar.

Llegó la quimio y con ella mis primeras lecciones. Una sala llena de personas que con enorme naturalidad reciben su tratamiento y siguen con su vida, sin dramas, sin compasiones, sin mirar al otro con pena, sino más bien como compañeros de viaje.

La quimio en sí es algo muy personal: por lo visto a algunos les sienta fatal y a otros fenomenal. En mi caso no sabría definirlo, son molestias que curan y hay que pasarlas, no merece la pena pensar mucho en ello. Cuando te encuentras peor piensas en alguna gripe rastrera que has pasado en la vida y dices: "aquella vez si que estaba hecha polvo, no me vale excusarme en la quimio para regodearme en los efectos", y los efectos de la quimio son como los niños caprichosos, dan un poco la lata, y si no les haces mucho caso siguen ahí, pero no te molestan tanto. No merece la pena regodearse en la jugada de unas llagas o de una náuseas. Es simplemente como tener un montón de cosas que has tenido en la vida a la vez, pero que sabes que los efectos pasarán. 

Yo todavía no estoy perdiendo el poco pelo que me deje después de raparme (la gran alegría que sentí porque tenía los 20 cms. suficientes para poder donarlo para pelucas para niños oncológicos), y estoy a la expectativa de si al pelo de la cabeza se va a acompañar perder el pelo de las piernas, porque en caso contrario me sentiré algo estafada, la verdad.

Ahora siento rabia, porque no puedo pasear a los perros o hacer algunas cosas por el cateter ese que te implantan en el esternon para meter la medicación y que hasta que no pase un poco de tiempo me tiene limitado hacer esfuerzos o deportes, pero son unos días y luego pasará a ser parte de mi y ni me acordaré.

Estoy en una fase muy inicial del tratamiento, en la que el mayor estrés ha sido intentar llevar una alimentación más sana.

Soy fumadora y lo voy a dejar en el segundo ciclo de quimio. Es así como me lo he programado: el primer ciclo es más estresante por todo lo nuevo que no conoces, y no quería meter factores añadidos que pudieran desestabilizarme. Prefiero prepararme para cada paso que doy y pisar segura. 

LA FAMILIA Y LA NOTICIA DE UN CÁNCER

Es un momento duro cuando tienes que dar un disgusto así a la familia. En mi caso me preocupa muchísimo mi madre, que es mayor (87 años y sigue siendo guapa la muy de ella). Yo no puedo ayudarla, y de hecho, no ayudo mucho porque está empeñada en que "es imposible que siempre esté de buen humor", piensa que miento o que intento protegerla, así que hablé con la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) y visitará a un psicólogo de la asociación para que desdramatice la situación y acepte que este es un momento para venirse arriba y no abajo.

Mis hijos no han sido ningún problema. Están sin agobiarme, preferimos compartir el tiempo riéndonos (tenemos un pequeño problema con el humor negro) y disfrutando de situaciones agradables. En este sentido la moral de las tropas está muy alta.

Y los amigos, de aquellos que se dice que en momentos malos "conoces a tus verdaderos amigos", debí hacer una criba tan salvaje en el pasado, que ni uno sólo ha dejado de estar ahí, que para mi estar no es agobiar, es simplemente estar.

Por lo demás, me siento arropada pero no agobiada, sigo haciendo mi vida y sonriendo, como siempre hago. Estoy satisfecha conmigo misma porque he conseguido dar con la clave para tener una actitud muy positiva respecto a esta enfermedad.

En aquellos tres días en los que me encerré en mi misma conseguí vencer todos mis fantasmas, mis demonios, mis miedos. 

¿Y QUÉ PASARÁ?

Recuerdo una viñeta preciosa de Charly y Snopy abrazados de espaldas en la que Charly decía: "Snoopy, algún día nos moriremos", y Snoopy contestaba: "Sí, algún dia pero hoy no". 

El corto plazo es fundamental para vencer el miedo. La ansiedad (y aquí me pongo un poco psicóloga) tiene su raíz en la falta de control. Y ante cualquier enfermedad no podemos estar completamente seguros de lo que va a ocurrir. Los pensamientos catastrofistas no ayudan en absoluto (y encima ninguno tenemos certezas de nada, nunca), así que lo mejor es vivir el día a día, "que cada día tenga su afán", intentar que merezca la pena, disfrutar de pequeñas cosas o simplemente descansar, el siguiente escalón no ha llegado, no podemos preocuparnos de cómo será. Sólo justo antes de su inicio es el momento de pensar en él y planificar cómo lo acometemos.

¿Y QUÉ ACTITUD TOMAR?

Preguntad lo que os inquiete: la incertidumbre suele conducir a malos pensamientos

No penséis en futuro a largo plazo (no porque sea un cáncer, es que si montáis en coche va a ser un poco más de lo mismo)

Pensar que el pronóstico en este tipo de enfermedades es muchísimo más benigno en personas que tienen un afrontamiento positivo de la enfermedad

Anima a los tuyos: tu estás en tu piel, pero tu gente puede estar muy preocupada. No dejes de decirles los buenos momentos que tengas, las cosas que has hecho durante el día, las ganas que tienes de dar un paseo .... tus ganas de vivir son lo que más les puede ayudar.

Y normaliza, por favor, normaliza: hoy en día tener un cáncer es una putada, admitido, pero excepto en casos muy agresivos, cada vez es más alto el porcentaje de curaciones. La calidad de vida es muy buena y los servicios sanitarios suelen tener en este tipo de especialidades una calidad humana excepcional.

Haz que la vitalidad salga de ti a raudales, regala una sonrisa a aquel que se muestra preocupado, no hagas de esta enfermedad una burbuja en la que introducirte y lleva con naturalidad un proceso que suele ser largo. Si toca llorar pues se llora (a ver si sólo lloramos por un cáncer y no por 700 cosas como un mal día, un desengaño, un incremento de peso o un disgusto familiar). 

Evita el estrés, es el momento en el que tienes que mostrarte inflexible en este punto: lo que no suma, fuera. No puedes permitirte situaciones de estrés, ni aceptes la compañia de personas que te bajen la moral. 

No aceptes la pena, porque eres una persona fuerte, valiente, digna, y vas a luchar en cada momento con las fuerzas que te queden.

No te regodees en las molestias físicas: se agudizarán si estás pendiente de ellas.

Que cada día bueno se convierta en una fiesta, y cada día malo en un alto para coger fuerzas

Relativiza todo eso: antes disfrutar de todo y de todos. Vive el día a día, confia en las muchísimas personas que velan por ti, y, hasta en los peores momentos, que te acompañe una sonrisa, porque esa sonrisa unida a otras sonrisas son las que en el futuro conseguirán que la gente no se sienta aterrada ante un diagnóstico que hoy en dia resulta aterrador.

No sé si mi experiencia os puede resultar de ayuda. Tan sólo intento mostrar cómo he aplicado lo que llevo trabajando muchos años: el afrontamiento positivo y los beneficios sobre el estado de salud percibido. A mi me sirve, espero que a alguien también.

No son horas de escribir, creo. He conseguido que mi pequeño cachorrito saque otra vez todos los peluches al salón, como si ya fuera de día, así que, momento de recoger juguetes y pensar que al fin, después de meses sin escribir en mi página, he vuelto a tomar un hábito que tenia perdido en mi mundo de prioridades raras.

Prometo no tocar mucho más este tema. Tan sòlo cuando vaya pasando las etapas y tenga alguna noticia tranquilizadora o simplemente vayan sucediéndose cosas que necesiten una reorganización mental.

Por el momento mi próximo objetivo es darme el mimo de comprarme algún pañuelo bonito.

Y que a un día le suceda el siguiente, y como cada día, tenga algo que haga ese día bueno y especial

 

 

 

 

 

IMPLEMENTAMOS UN NUEVO SERVICIO DE SEGUIMIENTO PERSONAL

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Las nuevas tecnologías tienen que servir para algo más que una diversión o, en muchísimas ocasiones una pérdida de relaciones sociales (parece que hemos perdido la capacidad de dialogar y todo se ciñe a mensajería instantánea.

Sin embargo, es muy común que tras una sesión de psicoterapia el paciente cuando llegue a casa haya olvidado parte de lo que hemos hablado, no recuerde bien los ejercicios si es que los debe realizar o no sea capaz de integrar toda la información. Esto no es que sea sólo común a los pacientes de terapia psicológica, yo reconozco que cuando voy al médico se me olvida la mitad de lo que tenía que decirle y recuerdo un cuarto de lo que él me ha dicho.

Tras analizar la situación, en la Consulta hemos decidido implementar un seguimiento online de las sesiones, de forma que tras la consulta, el paciente reciba un resumen de lo tratado, las soluciones que hemos ido pensando, las técnicas, a aplicar, etc. 

La experiencia piloto ha resultado muy satisfactoria, ya que supone un respaldo para el paciente y una mejora en la adherencia al tratamiento.

A continuación podéis ver, a grandes rasgos cómo se realiza este seguimiento. 

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TERAPIA PSICOLÓGICA ASISTIDA CON ANIMALES

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TERAPIA ASISTIDA CON ANIMALES

Está ampliamente demostrado que la utilización de animales para mejorar diferentes aspectos de la salud mental y física de pacientes con diferentes problemas, produce mejoras terapéuticas, en muchos casos superiores a la terapia convencional.

Ya hace años que está plenamente instaurado el uso de caballos y delfines (el primer caso es común en niños con parálisis cerebral, el segundo en graves problemas depresivos), no siendo estos los únicos núcleos de población atendida.

Sin embargo, y ya desde hace algunos años, se está avanzando en la utilización de perros como co-terapeutas en diferentes problemas.

La terapia asistida con animales no se centra exclusivamente en sesiones centradas en la interacción paciente-perro, es un instrumento más, una potente herramienta terapéutica en las que se establece una vinculación propia entre ambos.

Por supuesto, una de las grandes ventajas de utilizar perros en terapia es su tamaño, lo que les hace accesibles a todo tipo de población.

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¿QUÉ NOS APORTA EL PERRO COMO CO-TERAPEUTA?

Mucho se habla en las corrientes psicológicas más punteras de la “aceptación y compromiso” con uno mismo, de la necesidad de no juzgarnos, de centrarnos en el momento y vivirlo en toda su implicación de disfrutar el momento.

Pues bien, si un paciente establece una relación con un perro, puede estar seguro que la aceptación es auténtica, la corriente empática que se establece se basa en el afecto y en la conexión emocional, sin juicios, basándose en el beneficio de una corriente de emociones positivas sin ningún tipo de condiciones.

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El perro de terapia actúa en diversos ámbitos: infancia, adolescencia, trastornos de ansiedad y depresión, aislamiento social, tercera edad y discapacidades.

¿LA TERAPIA ASISTIDA CON ANIMALES ES UNA MODALIDAD DE TERAPIA?

No exactamente. La terapia psicológica se basa en una metodología científica en la que persiguen unos beneficios psicológicos para la persona, y se vale de los instrumentos que científicamente se han mostrado más eficaces.

Una terapia asistida con un perro es como una terapia en la que se utiliza una relajación: es simplemente un vehículo más para potenciar los efectos de mejora que se persiguen, pero la terapia en sí no está basada en una técnica o herramienta, sino en un conjunto de ellas.

¿CÓMO ES UN PERRO DE ASISTENCIA PSICOLÓGICA?

La raza del perro no es un factor importante, es el carácter y su capacidad de cumplir su objetivo de establecer una conexión con el paciente y ayudarle en el proceso global de recuperación de sus problemas o sus carencias, sin embargo, un perro grande puede ser un “problema” en personas que tienen cierta prevención con los perros, o simplemente por el espacio con el que se trabaja (personalmente considero que los perros Golden Retriever son excelentes en muchísimos niveles).

Hay que buscar un perro que sea cariñoso, alegre sin ser excesivamente movido, de un tamaño pequeño, que disfrute con la compañía humana, y: que sea hipoalergénico, es decir, que su pelo no produzca alergias. En ese sentido, yo opto por el bichón frisé, ya que aúna todas las cualidades en su temperamento, y aspecto como para ser un excelente perro de terapia.

¿ES EL PERRO EL TERAPEUTA?

No, en absoluto, es un ayudante, un co-terapeuta. Nos ayuda en partes del tratamiento en los que queremos dejar aparte partes fundamentales de la terapia, como puede ser la corrección de pensamientos, el aprendizaje de nuevas conductas, el análisis de las actuaciones del paciente, para dejar un espacio de expresión en el que la persona se sienta acogida, relajada, que deje atrás ese rol de paciente para sentir la naturalidad de la acción junto al perro.

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Dependiendo de los objetivos, puede significar simplemente que el animal se deje acariciar, consiguiendo bajar los niveles de cortisol y reducir el estado de ansiedad, otras veces la interacción con respuesta del animal (ven, trae la pelota, dame la pata), puede hacer romper barreras a personas muy bloqueadas en su interacción.

En niños con autismo, es mucho más sencillo la conexión con el mundo animal que con el mundo de los humanos, permitiéndose logros importantes en su nivel de interacción.

Los problemas de conducta también tienen un buen campo de actuación, la actitud colaborativa y lúdica que se establece entre un niño y el perro, en el que ve que su autoestima dañana no requiere una actuación disruptiva para sentirse “alguien” (malo pero alguien), sentir la mirada del perro, su deseo de jugar y su alegría al verle aparecer, suele tener efectos muy positivos

¿Y SI ME ENCARIÑO CON MI PERRO DE TERAPIA?

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Los perros de terapia están seleccionados por sus cualidades de interacción, por los beneficios emocionales que saben aportar y su docilidad, y están adiestrados para poder aportar todos estos aspectos positivos de equilibrio emocional o mejoras en la relación de los humanos, pero no son perros en venta. No obstante, en muchas ocasiones la persona decide integrar un perro en su propio núcleo familiar, y en ese sentido se le aconseja sobre las características que debe tener el perro, dejando que establezcan posteriormente su propia relación con su mascota.

¿EN QUÉ CASOS SE HA MOSTRADO EFICAZ EL USO DE PERROS DE ASISTENCIA EN LAS TERAPIAS?

El campo de actuación es amplio, y abarca muchos segmentos de población y diferentes patologías, ya que las posibilidades de actuación están diseñadas expresamente para cada problema.

En los siguientes gráficos expondremos de una forma general, no pormenorizada, los diferentes problemas que pueden ser abordados con una terapia asistida con animales.  

ASISTENCIA EN LA TERAPIA CON NIÑOS

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ASISTENCIA EN LA TERAPIA CON ADULTOS

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TERAPIA PSICOLÓGICA DE ANCIANOS

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Terapias psicológicas: cuando colorear no sólo es cosa de niños

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Una queja muy frecuente en los pacientes con ansiedad, estrés, depresión, ideas obsesivas al terminar una relación, preocupaciones recurrentes es: “no puedo dejar de pensar”.
 Lo que quieren decir es: no puedo relajarme, no puedo sacarme los malos pensamientos de la cabeza.
 Pensar puede ser bueno, y soñar despierto, increíblemente agradable, pero los pensamientos obsesivos agotan psíquicamente a la persona.
 Necesitan técnicas que le ayuden a desconectar la mente, y algunas veces son incapaces de disfrutar de una sesión de relajación.
 En este punto la arte-terapia puede ser una excelente herramienta terapéutica para producir esa desconexión con los pensamientos que nos atenazan y nos invaden.
 Hay muchos tipos de arte-terapia, pero yo os quiero hablar de una que por su sencillez, es tan buena para niños como para ancianos, para trastornos de ansiedad como para superar un duelo.

 Sencillo, barato y fácil: COLOREAR.

 La explicación más técnica se basaría en el hecho de que el hemisferio izquierdo es el encargado de la racionalización, búsqueda de soluciones, y es el que está más activo cuando ponemos en marcha nuestra batería de preocupaciones. Sin embargo, el hemisferio derecho, que se suele emplear mucho menos, pertenece a lo no racional, el dirigido a las emociones.

 NIVELES DE DIFICULTAD SEGÚN CARACTERÍSTICAS DEL PACIENTE

 

Con los niños se suelen utilizar mandalas sencillas. Son dibujos geométricos que tienen que colorear según sus preferencias. Tienen un nivel de complejidad ascendente, y ayuda tanto a niños con un exceso de actividad motora como aquellos que necesitan mejorar su atención.
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En adultos, y centrándonos en aquellos que tienen algún tipo de pérdida cognitiva, les ayuda a ejercitar la mente, y relajarse. Se pueden utilizar dibujos para colorear infantiles, con un grado de complejidad adecuado a la capacidad cognitiva que tiene la persona. A veces necesitan guías para los colores (marcar pequeños puntos en las áreas que van a ser coloreadas), y en otras, si son dibujos con su representación en el mundo real, intentar que utilicen los colores que sean adecuados (partes del cuerpo color carne, labios rojos, etc).
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En las personas que están sometidas a un alto nivel de estrés o tienen pensamientos obsesivos recurrentes, la concentración en la elección de colores, el trazo fino necesario, etc, hacen que se centren en una actividad lejana del mundo de sus preocupaciones, pudiendo ocupar ese espacio mental en actividades que les producen calma y satisfacción.
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Los mandalas siguen siendo una buena elección, sin embargo, en los últimos años han salido al mercado libros para colorear para adultos que configuran pequeñas obras de arte, y que producen un enorme nivel de abstracción y concentración en los adultos, que al final de su “rato de colorear”, sienten las mismas sensaciones de tranquilidad que una sesión de relajación.
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"El Jardín Secreto". Johanna Basfotd

 

Beneficios psicológicos de las mascotas

Centraré esta reflexión sobre los perros, no más importantes que gatos, conejos, cobayas, pero con unas características especiales por la necesidad de atención e interacción que requieren.

 

Lo primero que me gustaría comentar es el concepto de COSIFICACIÓN que se tiene sobre los animales de compañía: nuestro Código Civil los equipara a bienes, y por ello pueden ser embargables (afortunadamente en Cataluña no se aplica esta ley).

Los perros no son "cosas", ni tampoco son humanos, tienen unas características propias que les convierten en lo que son: perros. Hay muchísimas personas que aman a los animales (un 40% de los hogares españoles tienen mascota), El concepto de cosificación de los animales induce a rebajar sus derechos, y ser considerados por algunas personas como sucios, portadores de infecciones, molestos...

Existen muchísimas personas que se han negado rotundamente a tener un perro y tras ceder por presiones familiares, se han hecho sus primeros cuidadores: es el problema del desconocimiento.

Entre el perro y el amo se establece un vínculo de apego, en el que la relación tiene sus propias características. El amo (que forma más espantosa de denominarlo), le provee de los cuidados, le saca a pasear, le cura si está enfermo y procura y se preocupa de que esté sano y feliz.

El perro ofrece a su dueño cualidades próximas a la más absoluta inocencia: amor incondicional, capacidad empática, sinceridad, lealtad.

Un perro es bueno para los niños porque ellos aprenden a respetar a otro ser y establecer otras vias de comunicación alternativas. El niño tiene un compañero de juegos, un ser viviente que actúa de forma autónoma y al que tiene que aprender a comprender sus necesidades. Especialmente en este tiempo de juguetes electrónicos, la posibilidad de esa comunicación es muy positiva para los niños.

Los perros poseen una capacidad empática muy desarrollada: son seres intuitivos que saben detectar el estado de ánimo de sus dueños y actuar en consonancia con su situación emocional. Normalmente cuando una persona se encuentra física o animicamente mal, el perro no se separará de su lado, cuidándole.

A las personas mayores o que se encuentran solas por multitud de motivos, el perro es su compañero, la respiración que habita la casa, el ser con el que se termina hablando y pasando tiempo juntos. Un perro ayuda a disminuir la depresión y los sentimientos de soledad que tienen muchas personas.

Por otra parte la sociedad actual está estructurada de forma que se fomenta la inactividad: las personas trabajan y se tiran al sofá. Pasear con el perro oxigena, es bueno para la salud, la forma física y fomenta las relaciones personales.

Es cierto que hay personas que "humanizan" a sus perros, hasta extremos que pueden resultar excéntricos: les disfrazan, tienen cunas, les hablan como si fueran humanos... esta actitud es a veces muy criticada, aduciendo el hambre en el mundo, que un perro es solo un perro. Tal vez nos guste criticarlo todo sin entender los motivos. Tal vez las personas que actúan de esta manera han convertido a su perro en el centro de sus mimos y cuidados porque necesitan dar cariño, necesitan estar volcados en su pequeño animal. Supongo que esta actitud podría ser tan discutible como el que se compra un coche por encima de sus probabilidades y lo cuida de forma obsesiva, o cualquier otra actitud que pueda ser una tendencia exagerada: mejor no juzgar, detrás siempre habrá unos motivos. 

Se necesita una campaña de concienciación en la sociedad respecto a los animales de compañía, protegiendo sus derechos, que probablemente deberían partir de un exámen de idoneidad antes de ser dados en adopción o comprados, para evitar motivos absurdos como el capricho pasajero o el desconocimiento de las responsabilidades inherentes a su cuidado.

Por otra parte, la aplicación del 21% en los servicios veterinarios, considerando a los animales de compañía como un artículo de lujo es una barbaridad, producto de esa consideración que tienen en la sociedad: vacunar a un perro, operarle si tiene una enfermedad tiene un IVA superior a ir a un concierto. No se tiene en cuenta por otra parte, que muchas de las personas que tienen un animal de compañía son personas mayores con pocos recursos económicos, y sin embargo, muy probablemente, son capaces de quitarse de cualquier cosa antes de dejar de acudir al veterinario en caso de necesidad.

Como conclusión considero que el amor por los animales nos enriquece como personas, nos hace conectar con sus emociones, y sacar de nosotros mismos nuestra parte más sensible y afectuosa.

Estoy a favor de que los perros visiten a sus dueños hospitalizados, que se doten zonas dignas para el esparcimiento de los perros, que se regule su adopción por criterios de idoneidad, que se de más visibilidad social al mundo de las personas con perros, que se les enseñe a los niños desde pequeños el amor por los animales, que dejen de ser considerados cosas o artículos de lujo para que tengan su propio lugar en una sociedad, en la que acompaña al ser humano, El perro lleva siendo animal de compañía 10.000 años. Tal vez sea el momento de reflexionar sobre esos lazos emocionales y empezar a darles su lugar en nuestra sociedad, como el mejor amigo del hombre

Los beneficios terapéuticos del pádel

 

La práctica de ejercicio físico es una recomendación básica para mejorar el estado de ánimo, ya que favorece la liberación de endorfinas, hormonas con propiedades analgésicas, que calman la ansiedad y producen sensación de bienestar. Igualmente con la práctica de deporte la persona se activa, teniendo más energía.

Por todo ello, una de las recomendaciones terapéuticas básicas en muchos trastornos psicológicos es la práctica de algún deporte. No obstante, y a pesar de que en principio cualquier ejercicio físico sería recomendable, el Padel resulta especialmente atractivo por las ventajas globales que se obtienen en diversas patologías por ejemplo:

DEPRESIÓN

La actividad física produce una activación general del organismo con sensación de dinamismo y energía. El paciente deprimido suele presentar un cuadro de decremento de la actividad que hay que frenar (de hecho la activación conductual suele preceder a las técnicas cognitivas). 

Las personas con depresión están permanentemente rumiando sus pensamientos catastrofistas y sus sensaciones de tristeza: al practicar un deporte como el Pádel, en el que necesita incrementar su concentración descentrándola totalmente de sus propios problemas, conseguimos una desconexión básica entre el paciente y su problema, lo que le produce una sensación de alivio en su sintomatología. Obviamente es imposible intentar devolver una pelota y estar a la vez rumiando los pensamientos catastrofistas que suelen acompañar a estos pacientes.

Probablemente con cualquier actividad física conseguiríamos la ansiada liberación de endorfinas, pero hay deportes individuales y que se realizan de forma rutinaria (pesas, footing, bicicleta) que no exigen la concentración extrínseca. 

ANSIEDAD

El paciente con ansiedad suele presentar problemas de tensión acumulada que no pueden aliviar de forma natural, lo que les produce hiperactivación, problemas musculares, hiperventilación con el consiguiente incremento de la sensación de angustia y nerviosismo, dificultades para conciliar el sueño y en muchos casos ingesta compulsiva.

Cualquier deporte que consiga la liberación de la tensión acumulada sería recomendable: boxeo, spinning, natación, ciclismo, pero.... ¡cualquier amante del Padel puede hablará maravillas sobre la sensación de descarga de tensiones al practicar la volea!

FOBIA SOCIAL


Las personas que padecen fobia social experimentan una fuerte ansiedad al intentar establecer relaciones sociales. Habitualmente están pendientes del juicio de valor (negativo, por supuesto) que pueda emitir la otra persona, y sus pensamientos catastrofistas les llevan a evitar el contacto con otras personas. La cuestión no es que no quieran establecer relaciones personales, simplemente la sensación de ser evaluados negativamente, el miedo al rechazo social les paraliza.

El principio terapéutico que se aplica con estos pacientes es la exposición a situaciones de interacción social, y mediante la práctica del Padel se consigue que pasado el momento inicial de presentación a sus compañeros, puedan establecer de forma mucho más natural relaciones personales, ya que nuevamente nos encontramos con la imposibilidad de estar concentrado en la práctica de este deporte y sus propias cogniciones de corte autodevaluativo. Durante el tiempo que dura el partido o la clase, establece de forma más natural una relación personal de tipo cooperativo, incrementando su capacidad empática y teniendo que desarrollar una adecuada teoría de la mente encaminada a establecer una estrategia de juego.


Es un deporte cooperativo en el que las personas que lo están disfrutando aprenden de forma natural a relacionarse. Por otra parte,, a pesar de la lógica competitividad, es un deporte de cortesía en el que no es común la devaluación entre compañeros ni contrarios, desgraciadamente frecuente en otros deportes de equipo.

DIFICULTADES PARA ESTABLECER RELACIONES PERSONALES POR CAMBIOS EN LA SITUACIÓN PERSONAL

Es frecuente que personas que acuden al psicólogo por rupturas sentimentales, o simplemente porque su círculo de amigos se ha ido deteriorando, encuentren dificultades para encontrar nuevas amistades. Muchos no quieren entrar en el círculo de la noche, conscientes de la dificultad de establecer relaciones personales con un círculo amplio y con intereses que muchas veces son absolutamente diferentes de la búsqueda de una nueva pareja.

Mediante la práctica del Padel, al igual que ocurriría con el senderismo, clubs de cicloturismo, etc, es fácil incrementar el círculo de amistades. En el caso concreto de este deporte, el apuntarse a torneos, retos, etc, facilita tremendamente el acceso a personas con intereses similares: práctica de deporte, amistades sanas, rápido incremento del círculo de amistades. Además, al practicarse de una forma muy extendida mediante partidos mixtos, el acceso a nuevas amistades es muy variada. Por otra parte, es un deporte apto para un amplio rango de edad y diferentes condiciones físicas, no existen limitaciones en este punto

ESPECIALMENTE ÚTIL PARA NIÑOS

No todos los niños tienen las mismas cualidades físicas. Es común que el niño que no le guste el futbol o que sea menos hábil sea objeto de burla por parte de sus compañeros. Estos niños tienden al aislamiento e inadaptación escolar. Muchos encuentran deportes que les gustan y son fantásticos para su desarrollo personal (artes marciales, natación, etc), pero....volvemos al problema de la individualidad o colectividad, el desarrollo personal (necesario) o el desarrollo de las habilidades sociales que proporciona un deporte de equipo. En el Padel, un profesor con la preparación necesaria para trabajar con niños puede ser un instrumento terapéutico muy potente: ayuda a cada niño a mejorar su potencial, desarrolla la cooperación necesaria y suele establecer una equidad en sus correcciones técnicas que hace que los niños se encuentren apoyados en sus avances y parte de un equipo.

En definitiva, cualquier deporte es recomendable para personas con algún problema puntual en su adaptación psicológica, y lógicamente hay que respetar y alentar cualquier preferencia personal del paciente, pero, en caso de que pidan mi recomendación profesional, suelo recomendar el Padel por:


1. Actividad física apta para cualquier edad y prácticamente cualquier forma física de base

2. Resultados rápidos y progresión constante, lo que supone un reto personal para el que lo practica y una mejora de la autoestima y la autoaceptación de forma progresiva

3. Facilitador de la relación personal y la cooperación. 

4. Deporte de cortesía: los casos de crítica sobre la ejecución del compañero son aislados, siendo lo habitual el reforzamiento del compañero

5. Mejora de la coordinación en niños e incremento de su autoestima y sensación de aceptación por sus pares

Vamos a descargarnos de lo innecesario para caminar más livianos

 "Todos los pozos profundos

viven con lentitud sus experiencias:

tienen que esperar largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó

en su profundidad"

(Nietzsche)

 

 

Estos versos definen perfectamente la inmensa mayoría de los problemas con los que nos encontramos al abordar un tratamiento psicológico. 

 

Las personas comienzan a sentirse anímicamente mal: tristes ansiosas, irritables, desmotivadas...algunas (las menos) conocen el origen de su estado de ánimo, o lo atribuyen a alguna situación negativa que les ha sucedido recientemente.

Otras se desesperan con el célebre pensamiento de "cómo puedo estar así si lo tengo todo para ser feliz", lo que incrementa la sensación de culpa y desesperación.

Lo cierto es que en la vida vamos acumulando situaciones que nos producen sentimientos negativos que muchas veces no solucionamos en el momento, vamos llenando la "célebre mochila" de frustraciones, miedos, desconfianza, decepción, culpa) a nuestra espalda, haciendo el día a día más pesado pero sin ser capaces de darnos cuenta del peso que llevamos a nuestras espaldas.

A veces la última piedrecita que metemos en la mochila, el guijarro, hace que la mochila se rompa y la persona entre en un estado emocional que no puede asumir, o lo atribuye al guijarro, existiendo problemas de base mucho más grandes y que pueden estar condicionando su vida.

En este punto entra el análisis que realiza el terapeuta: no es cuestión de que la persona le cuente su vida de cabo a rabo, es simplemente ir analizando aquellas situaciones de su vida que las comentan como "agua pasada" pero que muchas veces no lo son.

Por ello, el tratamiento psicológico muchas veces comienza con un "diálogo socrático" en el que el paciente habla sobre las dificultades pasadas y el terapeuta le pregunta sobre ello, sobre cómo lo solucionó, sobre cómo le afectó, intentando que la persona se pare a analizar los problemas por los que ha pasado dándose cuenta de la forma de gestión que tuvo.

Una vez que conseguimos saber los auténticos problemas del paciente: los actuales y los larvados, comienza a diseñarse el programa de tratamiento, que por ello debe ser personalizado, ya que cada persona tiene vivencias particulares y formas específicas de gestionar sus problemas.

El tratamiento psicológico es por ello cosa de dos: el que planifica de una manera objetiva y basándose en conocimientos específicos sobre los problemas, y el que ejecuta el plan (el paciente), que es la parte activa del proceso.

El terapeuta ayuda al paciente a ir desprendiéndose de las piedras de su mochila para caminar más liviano, y le enseña a no guardarlas, a saber desprenderse de ellas para no vivir con cargas innecesarias.