Ciclo Vital: una pequeña reflexión

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Si nos centramos en las tres etapas centrales de la vida de una persona: juventud/edad adulta/madurez, podemos sacar una conclusión:

En la juventud LUCHAMOS POR AQUELLO QUE DESEAMOS

En la edad adulta DESCARTAMOS AQUELLO QUE NO QUEREMOS

En la madurez disfrutamos del balance entre lo conseguido y eliminado.

No vale de gran cosa mirar al pasado con nostalgia, sobre aquellos ideales de juventud que no logramos alcanzar. La juventud está llena de optimismo, y muchas veces la ilusión (tremendo don que jamás deberíamos perder) se alía con la fuerza para ponernos metas que no llegamos a alcanzar.

Ya en la madurez hemos trazado un camino, no inalterable, pero al menos sí en cierta manera previsible, es donde podemos decir que no a aquello que nos desagrada o nos hace sentir incómodos o infelices, es más un trabajo de "poda" de todo aquello que hemos conseguido en la juventud, desechando lo que realmente ya no nos interesa.

Pero la edad realmente dorada es aquella en la que hemos logrado el equilibrio, en el que las fuerzas en oposición se han equilibrado y podemos disfrutar de los sueños acumulados en nuestra vida sin llevar pesadas cargas de situaciones que no nos hacen realmente felices.

El Eclesiastés dice: 

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:

2 un tiempo para nacer,
    y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar,
    y un tiempo para cosechar;
3 un tiempo para matar,
    y un tiempo para sanar;
un tiempo para destruir,
    y un tiempo para construir;
4 un tiempo para llorar,
    y un tiempo para reír;
un tiempo para estar de luto,
    y un tiempo para saltar de gusto;
5 un tiempo para esparcir piedras,
    y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse,
    y un tiempo para despedirse;
6 un tiempo para intentar,
    y un tiempo para desistir;
un tiempo para guardar,
    y un tiempo para desechar;
7 un tiempo para rasgar,
    y un tiempo para coser;
un tiempo para callar,
    y un tiempo para hablar;
8 un tiempo para amar,
    y un tiempo para odiar;
un tiempo para la guerra,
    y un tiempo para la paz.

Vivamos la plenitud de cada momento, apreciemos el momento de sembrar, el momento de recoger y el momento de sentarnos al atardecer, sin más afán que ver el trigo meciéndose al sol.

Sueña, pequeña, sueña...

Hay muchas personas que ponen banda sonora a su vida, escuchan música según su estado emocional, y esto produce una retroalimentación: si estamos tristes y escuchamos música triste nos instauramos en esta emoción, si estamos animados, escuchamos música con más ritmo y aumentamos nuestra activación y aparecen emociones positivas.

La música a muchos les acompaña, como un eco de sus propios sentimientos.

Sin embargo siempre podemos realizar la operación inversa: experimentar emociones diferentes a través de la música, consiguiendo calmarnos, reflexionar o en ocasiones sentir una pizca de esperanza.

Con el avance tecnológico tenemos acceso a videos musicales, en ocasiones verdaderas obras de arte (y otras horteradas como la copa de un pino), pero en cualquier caso, la unión de una imagen y un sonido puede potenciar el efecto emocional que nos produce verlo.

Os invito a ver un vídeo. Es de un genio de la expresión de emociones, una persona capaz de mover sentimientos y conectar con cada una de las personas que les escucha (es un maestro de la teoría de la mente). 

Por favor, mirad la expresión de las personas, todas muy diferentes, y sin embargo todas con la misma expresión en los ojos. El sentimiento aflora en este vídeo, mucho más allá de lo que dice. Es la expresión universal de una emoción: esperanza. Podéis ver lo que es la retroalimentación del espíritu, como cada persona hace suya la melodía, no veréis ni una pizca de maldad en esos rostros, no mientras suena esta canción.

Veréis parejas maduras, niños, chicos buenos y chicos malos, sonrisas, recogimiento, lágrimas, alegría... 

La canción solamente nos invita a soñar. Espero que disfrutéis de la experiencia, y podáis sentir en vuestro interior esa caricia que se llama esperanza.