Terapia para la gestión de las rabietas infantiles
Terapia para la gestión de las rabietas infantiles
Una rabieta o berrinche no es un ataque personal contra los padres; es una forma inmadura y primaria de expresar ira o frustración. Aunque los padres tengan un carácter apacible, es natural que el niño experimente estos estallidos.
Lo crucial es cómo los gestionamos: si el pequeño descubre que sus gritos son una “moneda de cambio” eficaz para conseguir determinadas cosas, podemos contribuir sin querer a que una conducta inicialmente evolutiva se mantenga en el tiempo.
1. La rabieta por frustración: el reto del aprendizaje
A veces, el niño se frustra consigo mismo: un puzle que no encaja, una tarea escolar que se resiste o la incapacidad de hacerse entender cuando aún no domina el lenguaje.
La respuesta: comprensión y estimulación.
Cómo actuar: Debes hacerle entender que comprendes perfectamente su enfado, pero que perder los nervios solo empeora su capacidad para resolver el problema. Ayúdale a superar el obstáculo puntualmente, alentándole a que lo intente de nuevo desde la calma. Aquí la rabieta es un grito de auxilio, no una exigencia.
2. La rabieta por fatiga: el agotamiento del sistema
Es muy común que el cansancio extremo se manifieste como una pérdida de autocontrol. Es la rabieta típica cuando se despiertan en el coche tras un viaje o al final de un día intenso de colegio.
La respuesta: regulación y consuelo.
Cómo actuar: En este estado, al niño le resulta mucho más difícil razonar y regularse. Si es posible, lo ideal es facilitar el descanso y acompañarlo hasta que se calme o se duerma. Ignorar esta rabieta puede no servir de mucho porque el niño no está “negociando”: está agotado y desbordado.
3. El “espectáculo” para conseguir algo: la necesidad de público
Este es el tipo de rabieta que más pone a prueba la paciencia de los padres. El niño puede organizar un verdadero despliegue —gritos, pataletas, tirarse al suelo— para conseguir algo: un juguete, no irse a la cama o que no te vayas de casa sin él.
El principio fundamental: La atención de los adultos puede contribuir a mantener determinadas conductas. Si una rabieta consigue sistemáticamente aquello que el niño pretende, aprenderá que esa estrategia funciona.
La técnica de extinción: Si cedes “para no oírle”, el niño puede aprender rápidamente que intensificar la protesta le permite conseguir lo que quiere. En aquellas rabietas cuya función es obtener algo mediante la protesta, no ceder a la exigencia y mantenerse firme en el “no” ayuda a que comprenda que ese no es el camino. La atención que recibe durante la rabieta también debe manejarse con cuidado para no reforzar involuntariamente la conducta.
4. Estrategias de intervención: del preaviso a la reparación
Para reducir la frecuencia de estos episodios, podemos utilizar diferentes estrategias:
El tiempo de preaviso: Muchos conflictos surgen por cambios bruscos de actividad. Decir “dentro de cinco minutos nos vamos” prepara al niño para la transición. Cuando llega el momento, conviene mantener el límite previamente anunciado sin entrar en negociaciones interminables.
Tiempo fuera (time-out): En algunas situaciones concretas puede utilizarse una retirada breve de la situación y de los reforzadores, especialmente cuando determinadas conductas se mantienen por la atención que reciben. No debe utilizarse como aislamiento emocional ni como respuesta automática ante cualquier rabieta, y siempre debe adaptarse a la edad y características del niño.
Sobrecorrección y reparación: Si el niño ha roto, tirado o ensuciado algo durante su estallido, una vez calmado puede participar en recogerlo, repararlo o dejarlo en condiciones adecuadas. De esta manera aprende que sus actos tienen consecuencias y que también puede responsabilizarse de reparar aquello que ha hecho.
Si le gritas habitualmente, le estás enseñando a gritar; si le pegas, puede aprender que la violencia es una forma válida de expresión.
¿Cuándo pedir ayuda por las rabietas infantiles?
¿Sientes que las rabietas de tu hijo están afectando a la armonía de tu hogar y no sabes cómo establecer límites sin perder los nervios?
En la Consulta Psicológica Villaverde te ofrecemos herramientas para comprender qué está manteniendo esas conductas y aprender a establecer límites desde la calma y la coherencia.
Trabajamos con las familias para que comprendan mejor las emociones y el comportamiento de sus hijos y puedan recuperar la seguridad a la hora de manejar estas situaciones.
Podcast Entendiendo la Psicología con episodios sobre Terapia Infantil
Diccionario de la Consulta
Extinción: Procedimiento que consiste en dejar de proporcionar el refuerzo que estaba manteniendo una determinada conducta para favorecer que disminuya. En algunas rabietas, la atención puede funcionar como reforzador, pero antes es importante comprender qué función cumple la conducta.
Sobrecorrección: Técnica conductual mediante la cual, después de una conducta inadecuada, se pide al niño que repare sus consecuencias y, cuando procede, practique una conducta adecuada relacionada con la situación.
Preaviso: Estrategia que facilita la transición entre actividades. Avisar con antelación de que una actividad va a terminar puede reducir la resistencia al cambio y facilitar la colaboración.
Modelo parental de autocontrol: Concepto que recuerda que los padres somos modelos importantes para nuestros hijos. Si gestionamos nuestro propio estrés gritando o perdiendo el control, podemos estar enseñándoles esa misma forma de reaccionar. La calma del adulto facilita la regulación del niño.
Inmadurez emocional: Durante la infancia, las capacidades de regulación emocional y autocontrol se encuentran todavía en desarrollo. Por eso los niños pueden tener dificultades para gestionar emociones intensas y necesitan progresivamente límites, aprendizaje y acompañamiento adulto.