Creencias que mantienen atrapada a una mujer víctima de maltrato
El maltrato en la pareja es un proceso doloroso que puede dejar importantes consecuencias psicológicas.
Nadie comienza una relación pensando que su pareja se convertirá en un maltratador. En muchas ocasiones, su comportamiento anterior al inicio del maltrato ha sido tan “encantador” que el cambio confunde tanto a la mujer como a las personas de su entorno.
El maltrato no solo produce miedo. También va modificando la forma en que la mujer se ve a sí misma, interpreta lo que sucede y valora sus posibilidades de salir de la relación.
La anulación se produce poco a poco.
Por eso, cuando desde fuera alguien pregunta “¿por qué no se va?”, está simplificando un proceso mucho más complejo. Pedir ayuda puede resultar muy difícil cuando existen miedo, culpa, aislamiento, dependencia económica, amenazas o una autoestima profundamente dañada.
Ante la sospecha de que una mujer está siendo maltratada, no debemos mirar hacia otro lado. Pero ayudar tampoco significa presionarla, juzgarla o tomar todas las decisiones por ella. Necesita ser escuchada, creída y acompañada de forma segura.
¿Qué piensa una mujer que está sufriendo maltrato?
No todas las mujeres reaccionan igual ni atraviesan unas fases cerradas y consecutivas. Sin embargo, hay formas de pensar que aparecen con frecuencia y que pueden dificultar que la mujer reconozca el peligro o pida ayuda.
Negación y minimización del problema
Al principio puede resultar muy difícil aceptar que la persona a la que se quiere está ejerciendo violencia.
Aparecen pensamientos como:
“Tenemos nuestros más y nuestros menos. En todas las parejas hay roces.”
“No es para tanto. A otras mujeres les pasan cosas mucho peores.”
“Solo fue un empujón.”
Minimizar lo ocurrido puede ser una forma de soportar una realidad demasiado dolorosa. Pero una agresión no deja de serlo porque haya mujeres en situaciones aparentemente más graves.
No es necesario esperar a que la violencia empeore para pedir ayuda.
Justificación de la conducta violenta
También es frecuente buscar una explicación que permita seguir viendo al agresor como la persona de la que una vez se enamoró:
“Es muy pasional y a veces se deja llevar por el enfado.”
“No quería hacerme daño. Solo quería hacerme entender que tenía razón.”
“Está muy nervioso por el trabajo.”
El estrés, los celos, el alcohol o los problemas laborales pueden utilizarse como excusas, pero no justifican la violencia.
La responsabilidad de una agresión pertenece siempre a quien la ejerce.
Atención a los momentos buenos
La violencia no está presente cada minuto del día. También puede haber momentos de afecto, tranquilidad, disculpas y promesas.
La mujer puede pensar:
“Él es mi único apoyo.”
“¿Adónde voy a ir con mis hijos?”
“Nadie me va a querer como él.”
Los momentos buenos no borran el maltrato. Al contrario, pueden aumentar la confusión y alimentar la esperanza de recuperar a la persona cariñosa del principio.
La esperanza de que cambie
Después de una agresión pueden aparecer el arrepentimiento, las promesas y una etapa de especial atención:
“Con el tiempo cambiará.”
“En el fondo es buena persona.”
“Cuando tengamos menos problemas se tranquilizará.”
“Esta vez parece realmente arrepentido.”
Esta fase de acercamiento puede hacer creer que la violencia ha terminado. Sin embargo, una promesa no equivale a un cambio real y sostenido.
La culpa
Una de las consecuencias más destructivas del maltrato es que la mujer termine considerándose responsable:
“Me lo tengo merecido.”
“Seguramente no soy tan buena pareja como debería.”
“Él dice que soy yo quien le provoca.”
Pero ninguna discusión, error o comportamiento justifica una agresión.
La mujer no provoca el maltrato. El agresor decide cómo actúa y es responsable de sus actos.
Justificar la permanencia en la relación
Salir de una relación de maltrato no depende únicamente de comprender lo que está pasando.
Pueden aparecer pensamientos como:
“Por un momento malo no vamos a tirarlo todo por la borda.”
“Si le dejo, ¿qué será de él?”
“¿Qué será de nuestros hijos?”
“Si no fuera violento, sería el hombre ideal.”
“Sigo con él porque es el amor de mi vida.”
A todo esto pueden añadirse el miedo a una reacción violenta, la dependencia económica, el aislamiento, las amenazas, la falta de apoyo o la preocupación por los hijos.
Permanecer o regresar a la relación no significa que la mujer quiera ser maltratada.
Resignación e indefensión
Cuando la violencia se prolonga, la mujer puede terminar sintiendo que haga lo que haga nada cambiará:
“Esto es lo que me ha tocado vivir.”
“Mi única alternativa es seguir con él.”
“A los niños no les pega y es buen padre.”
“El problema es el alcohol. Si no bebiera, sería un hombre maravilloso.”
Esta resignación no es pasividad elegida. Puede ser el resultado del miedo, el agotamiento y muchos intentos anteriores de mejorar una situación que vuelve a repetirse.
¿Qué provocan estas creencias?
El maltrato continuado puede deteriorar la autoestima, la confianza y la capacidad para tomar decisiones. La mujer puede convencerse de que no será capaz de vivir sola o de que existe algo en ella que desencadena la violencia.
También puede pensar que su pareja la quiere “con locura” y atribuir las agresiones al alcohol, al trabajo o a los problemas económicos.
Sin embargo, ninguna de estas circunstancias elimina la responsabilidad del agresor.
Cuando cesa la convivencia puede comenzar un periodo de “reconquista”. El hombre se muestra atento, cariñoso y arrepentido. La mujer puede desear creer que realmente ha cambiado y plantearse volver.
Este acercamiento no debe interpretarse como falta de voluntad. Salir de una relación violenta puede requerir varios intentos, especialmente cuando todavía existen miedo, esperanza, amenazas o dependencia económica y afectiva.
La atención psicológica después del maltrato
Una mujer que ha sufrido violencia puede necesitar atención psicológica especializada para:
Comprender lo que ha vivido.
Dejar de sentirse responsable.
Recuperar su autoestima.
Volver a confiar en su propio criterio.
Trabajar el miedo y las secuelas traumáticas.
Reconstruir una vida segura y autónoma.
No se trata de decirle lo que tiene que hacer ni de sustituir el control del agresor por las órdenes de otras personas.
Se trata de devolverle algo que el maltrato le ha ido quitando: la capacidad de decidir sobre su propia vida.
Un hombre que agrede no está demostrando amor. Ninguna mujer provoca ni merece una situación de maltrato.
En Consulta Psicológica Villaverde ofrecemos acompañamiento psicológico para ayudar a comprender lo ocurrido y recuperar la seguridad, la dignidad y la confianza.
Si estás viviendo una situación de maltrato, busca ayuda desde un dispositivo seguro siempre que sea posible.
Diccionario de la Consulta
Indefensión aprendida: Cuando has intentado tantas veces que las cosas cambien que terminas sintiendo que hagas lo que hagas nada servirá.
Minimización: Ese “no fue para tanto” que ayuda a soportar lo ocurrido, pero también puede impedir ver el peligro.
Ciclo de la violencia: La alternancia entre tensión, agresión y reconciliación que hace pensar que esta vez todo será diferente.
Reconquista: El periodo de disculpas, cariño y promesas con el que el agresor intenta recuperar la relación después de una agresión.
Plan de seguridad: Una forma de preparar, con ayuda profesional, qué hacer y a quién acudir si existe peligro.