La adolescencia es ese extraño periodo en el que uno deja poco a poco de ser un niño para convertirse en un proyecto de adulto con demasiadas preguntas y, muchas veces, muy pocas respuestas.
Es el momento en que algunas certezas de la infancia empiezan a tambalearse y aparecen grandes preguntas: «¿Quién soy?», «¿Dónde encajo?», «¿Cómo me ven los demás?» o «¿Qué quiero hacer con mi vida?».
Esta búsqueda no es un error de fábrica. Forma parte del proceso de construir una identidad propia, aunque no todos los adolescentes lo viven de la misma manera ni con la misma intensidad.
Pero claro, convivir con todo esto en casa a veces se parece más a un episodio de The Walking Dead que a una película de Disney.
¿Qué es una crisis existencial en la adolescencia?
No es simplemente estar de mal humor porque no le dejas salir un martes. Tampoco todos los adolescentes tienen que atravesar una gran «crisis existencial».
Lo que sí es frecuente es que durante esta etapa empiecen a cuestionarse quiénes son, qué piensan, qué quieren y hasta qué punto siguen identificándose con las ideas y valores que han recibido de su familia.
Podríamos decir que la adolescencia es un puente colgante —y a veces con bastante viento— entre la infancia y la vida adulta.
Ya no eres exactamente quien eras, pero todavía estás descubriendo quién quieres ser.
¿Por qué tu hijo parece otra persona?
Si te preguntas dónde ha quedado aquel niño que te contaba todo, probablemente no haya desaparecido. Está creciendo y su manera de relacionarse consigo mismo, con vosotros y con el mundo está cambiando.
Hay varios procesos que nos ayudan a entender esta transformación.
Cerebro en obras
El cerebro adolescente continúa madurando, especialmente algunas capacidades relacionadas con la planificación, el control de impulsos y la valoración de las consecuencias.
Eso no significa que los adolescentes sean incapaces de razonar ni que podamos justificar cualquier comportamiento diciendo «son las hormonas».
Simplemente, algunas de las herramientas que utilizamos para regular nuestra conducta todavía están desarrollándose.
El cerebro está en obras. Y vivir dentro de una casa en obras puede resultar bastante incómodo.
La búsqueda de identidad
Durante la adolescencia empezamos a explorar activamente quiénes somos.
Cambian la forma de vestir, la música, las ideas, las amistades, los intereses e incluso la manera de entender el mundo. Algunas de estas cosas permanecerán y otras durarán aproximadamente lo mismo que aquel corte de pelo que parecía imprescindible.
Probar distintas versiones de uno mismo puede formar parte del crecimiento.
No necesitamos interpretar cada cambio como un problema.
El grupo gana importancia
Los amigos y compañeros adquieren una enorme relevancia. Sentirse aceptado, pertenecer al grupo y no quedarse fuera puede tener muchísimo peso durante esta etapa.
Para los padres esto puede resultar desconcertante. De repente parece que nuestra opinión ha pasado del primer puesto al vigésimo séptimo.
Pero que el grupo gane importancia no significa que la familia deje de tenerla.
Aunque a veces hagan un esfuerzo extraordinario por aparentar exactamente eso.
La caída de los ídolos
Cuando somos pequeños podemos pensar que nuestros padres saben prácticamente todo.
Después llega la adolescencia, y descubrimos que nuestros padres se equivocan, tienen contradicciones, pierden las llaves y tampoco poseen todas las respuestas.
Descubrir que nuestros padres son personas y no superhéroes forma parte del crecimiento. Puede provocar discusiones y cuestionamientos, pero también ayuda al adolescente a construir progresivamente sus propios criterios.
Señales de alerta: ¿es la edad o es algo más?
Querer más intimidad, cuestionar algunas normas, discutir con los padres o conceder mayor importancia a los amigos puede formar parte de la adolescencia.
Pero tampoco deberíamos atribuir automáticamente cualquier cambio al famoso «es la edad».
Conviene prestar especial atención cuando aparecen cambios intensos, persistentes o muy diferentes de la forma habitual de comportarse del adolescente.
• Se aísla progresivamente, también de sus amigos y de actividades que antes disfrutaba.
• Pierde el interés por casi todo y la apatía se mantiene.
• Habla constantemente de sí mismo de forma muy negativa o expresa desesperanza.
• Aparecen cambios importantes en el sueño, la alimentación o sus rutinas.
• Su funcionamiento escolar, familiar o social se deteriora de manera significativa.
• Aparecen conductas de riesgo, autolesiones o comentarios relacionados con no querer vivir.
Una señal aislada no significa necesariamente que exista un problema psicológico. Importa observar cuánto dura, su intensidad y hasta qué punto está afectando a su vida cotidiana.
Manual de supervivencia para padres sin perder la cordura
Convivir con un adolescente requiere paciencia, flexibilidad y, algunos días, las habilidades negociadoras de alguien que trabaja para el FBI.
No necesitamos entender absolutamente todo lo que hace para continuar siendo una figura importante y segura en su vida.
• Elige tus batallas. El pelo rosa probablemente no merece la misma energía que un problema relacionado con su salud, su seguridad o el respeto dentro de casa.
• Menos interrogatorios y más presencia. A veces estar en el sofá sin hacer preguntas permite más conversación que repetir quince veces «¿qué te pasa?».
• Escucha antes de solucionar. Cuando nos cuentan un problema no siempre están pidiendo inmediatamente tres soluciones.
• Mantén los límites. Comprender lo que siente no significa permitir cualquier conducta.
• Respeta progresivamente su intimidad. Necesita un espacio propio y, al mismo tiempo, saber que seguimos disponibles.
• Hazle saber que vuestro vínculo no depende de sus notas, de sus éxitos ni de que piense como vosotros.
Validar no significa darle la razón
Podemos decir: «Entiendo que estés enfadado porque no te dejamos salir».
Y mantener exactamente el mismo límite.
Validar significa reconocer la emoción y tratar de comprenderla desde su punto de vista. No significa estar de acuerdo con todo ni renunciar a nuestra función como padres.
A veces el adolescente no necesita que le demostremos que está equivocado. Necesita comprobar que podemos escucharle aunque pensemos diferente.
¿Cuándo puede necesitar ayuda psicológica?
No todas las crisis adolescentes necesitan terapia. Dudar, discutir, querer mayor independencia o buscar una identidad propia no son enfermedades.
La ayuda profesional puede ser útil cuando el malestar es intenso, se mantiene en el tiempo o empieza a interferir significativamente en su vida familiar, social o académica.
También puede ayudar cuando la comunicación familiar se ha deteriorado tanto que cada intento de hablar termina en una discusión.
Un psicólogo puede ofrecer un espacio diferente donde el adolescente pueda expresar lo que le ocurre sin sentirse interrogado.
Psicólogos para adolescentes en Villaverde: un espacio libre de sermones
Una de las ventajas de acudir a terapia es que no somos sus padres. Nuestro trabajo tampoco consiste en convertirnos en otro adulto que le explique constantemente lo que debería hacer.
En nuestra terapia psicológica para adolescentes en Villaverde podemos ayudarles a comprender qué les ocurre, manejar emociones difíciles y desarrollar progresivamente sus propios recursos.
• Poner palabras a lo que les ocurre.
• Manejar emociones difíciles.
• Trabajar autoestima e inseguridades.
• Mejorar sus relaciones y su comunicación.
• Aprender a tomar decisiones con mayor autonomía.
• Encontrar su propia voz sin necesidad de romperlo todo.
Si sientes que tu hijo se ha perdido en su propio laberinto, pedir ayuda puede proporcionarle un espacio donde empezar a orientarse.
En la Consulta Psicológica Villaverde trabajamos con adolescentes respetando su ritmo y su manera de comunicarse. Sin intentar hablar «como ellos», que eso queda fatal.
📖 Diccionario de la Consulta
• Identidad: ese traje que el adolescente se prueba muchas veces. A veces le queda grande, otras pequeño y otras es, sencillamente, hortera. Pero necesita descubrir cuál siente como propio.
• Validación emocional: reconocer lo que otra persona siente sin juzgarlo ni intentar eliminar inmediatamente esa emoción. Validar no significa estar de acuerdo.
• Autonomía: capacidad progresiva para tomar decisiones y asumir responsabilidades. No aparece mágicamente al cumplir 18 años: se va construyendo.
• Grupo de iguales: amigos y compañeros que adquieren especial importancia durante la adolescencia y participan también en la construcción de la identidad.
• Crisis de identidad: periodo de dudas y exploración sobre quién somos, qué pensamos y qué queremos. No todos los adolescentes lo experimentan con la misma intensidad y no constituye por sí mismo un trastorno.