La sexualidad debería ser un terreno para el placer, la conexión y el juego.
Sin embargo, muchas más veces de las que nos atrevemos a confesar, se convierte en un escenario de ansiedad.
Miedo a no estar a la altura.
A no gustar.
A no responder como esperamos.
A veces el problema aparece por falta de información. Otras, por experiencias anteriores, inseguridades, dificultades de pareja o una autoestima que pide auxilio.
En la Consulta Psicológica Villaverde sabemos que la ansiedad puede colarse en la sexualidad y terminar ocupando demasiado espacio.
Cuanto más intentamos controlar lo que debería ocurrir, más difícil puede resultar dejarnos llevar.
La buena noticia es que se puede trabajar.
Ansiedad sexual: ¿qué es lo que te frena?
No todos los miedos tienen el mismo origen.
Algunos son pequeñas piedras en el camino. Otros se han convertido en auténticos muros.
Y algunos tienen raíces más profundas que necesitamos comprender antes de intentar arrancarlos.
Las «piedras» en el camino
Son preocupaciones frecuentes que pueden interferir en las relaciones sexuales:
Miedo a la incompetencia: pensar que no «sabes» lo suficiente.
Preocupación excesiva por el otro: estar tan pendiente de su placer que te olvidas del tuyo.
Temor al juicio: «¿Le gustará mi cuerpo?», «¿lo estaré haciendo bien?».
Vergüenza: sentir que no puedes mostrarte o expresarte con libertad.
Cuando nuestra cabeza está ocupada evaluándonos, queda menos espacio para sentir.
Los «muros»
A veces la preocupación empieza a ocupar tanto espacio que disfrutar se vuelve cada vez más difícil.
Puede aparecer:
Ansiedad de rendimiento: vivir el encuentro sexual como un examen.
Miedo a perder el control: estar permanentemente pendiente de lo que ocurre.
Conflictos de pareja: llevar a la cama enfados, resentimientos o luchas que pertenecen a otros espacios.
Autoobservación constante: mirarte desde fuera para comprobar si «lo estás haciendo bien».
Entonces aparece una paradoja.
Cuanto más intentas controlar tu respuesta sexual, más difícil puede resultar que aparezca espontáneamente.
Las «raíces»
En otras ocasiones necesitamos mirar un poco más abajo.
La ansiedad sexual puede estar relacionada con experiencias negativas anteriores, miedo a la intimidad, dificultades con la propia imagen o aprendizajes muy rígidos sobre la sexualidad.
También puede aparecer después de experiencias sexuales traumáticas.
En estos casos no buscamos simplemente eliminar un síntoma.
Necesitamos comprender qué está protegiendo ese miedo y por qué ha aparecido.
Cuando el sexo se convierte en un examen
«Tengo que excitarme».
«Tengo que mantener la erección».
«Tengo que llegar al orgasmo».
«Tengo que conseguir que mi pareja disfrute».
Demasiados «tengo que».
Cuando entramos en una relación sexual con una lista de objetivos que debemos cumplir, dejamos de prestar atención a las sensaciones.
Y empezamos a vigilarnos.
¿Estoy suficientemente excitado?
¿Estoy tardando demasiado?
¿Se habrá dado cuenta?
¿Y si vuelve a pasar?
La preocupación aumenta.
Y aquello que tanto intentábamos evitar puede hacerse todavía más probable.
¿Cómo trabajamos la ansiedad sexual?
El tratamiento no consiste en darte unos cuantos «trucos».
Necesitamos entender qué está manteniendo la ansiedad.
Información y educación sexual
Todavía arrastramos muchos mitos sobre cómo «debería» funcionar nuestra sexualidad.
No existe una respuesta sexual perfecta.
Cuestionar determinadas ideas puede aliviar una presión que llevamos mucho tiempo soportando.
Trabajar los pensamientos
«Tengo que dar la talla».
«Si no tengo un orgasmo, algo va mal».
«Mi pareja pensará que no la deseo».
«Esto no debería estar pasándome».
Aprendemos a identificar estos pensamientos y a cuestionar la presión que generan.
Volver a las sensaciones
Cuando estamos demasiado pendientes del resultado, podemos necesitar volver a algo mucho más sencillo: sentir.
El tacto.
La temperatura.
Una caricia.
Una sensación agradable.
La focalización sensorial permite explorar el contacto reduciendo temporalmente la presión por conseguir un resultado concreto.
No buscamos hacerlo «bien».
Buscamos recuperar un espacio que la ansiedad nos había quitado.
Tratamiento psicológico de la ansiedad sexual en Villaverde
Cuando la ansiedad entra en nuestra vida sexual puede aparecer un círculo difícil de romper.
Una experiencia genera preocupación.
La siguiente vez anticipamos que volverá a ocurrir.
Nos vigilamos todavía más y aumentamos precisamente la ansiedad que queríamos evitar.
En la Consulta Psicológica Villaverde podemos ayudarte a comprender qué está ocurriendo y a trabajar los factores que mantienen el problema.
La sexualidad no debería convertirse en un examen que tienes que aprobar.
Podemos trabajar para que vuelva a ser un espacio de intimidad, comunicación y placer.
📖 Diccionario de la Consulta
Ansiedad de rendimiento: Cuando vivimos el encuentro sexual como un examen. En lugar de sentir, estamos pendientes de comprobar si nuestro cuerpo responde como esperamos.
Focalización sensorial: Ejercicios que permiten recuperar progresivamente la atención sobre el contacto y las sensaciones, reduciendo la presión por alcanzar un resultado determinado.
Autoobservación: Cuando durante una relación sexual estás más pendiente de comprobar cómo lo estás haciendo que de sentir lo que está ocurriendo.
Anticipación ansiosa: Ese «¿y si vuelve a pasar?» que aparece antes incluso de iniciar un encuentro y puede aumentar la ansiedad.