La emoción de la ira: ¿Por qué perdemos el control?

la ira es una emoción básica que puede ser controlada mediante terapia

¿Qué es la ira?

La ira es una emoción humana y completamente normal.

Suele aparecer cuando sentimos que algo nos frustra, nos perjudica o vulnera nuestros derechos.

También cuando interpretamos que alguien nos ha tratado injustamente.

La ira nos activa. Nuestro cuerpo se prepara para responder y nuestra atención se dirige hacia aquello que nos ha enfadado.

Por eso podemos sentir tensión muscular, calor, aceleración del corazón o unas enormes ganas de actuar.

Pero hay algo muy importante: Sentir ira no es lo mismo que ser agresivo.

Podemos estar tremendamente enfadados y decidir qué hacemos con ese enfado.

Ira, hostilidad y agresividad no son lo mismo

Aunque solemos utilizar estas palabras como si fueran sinónimos, no significan exactamente lo mismo.

La ira es una emoción.

La hostilidad tiene más que ver con una actitud negativa hacia otra persona. Podemos empezar a verla como alguien que quiere perjudicarnos o contra quien debemos defendernos.

La agresividad aparece en nuestra conducta: insultar, amenazar, golpear, romper algo o intentar hacer daño.

Podemos sentir ira sin convertirla en una conducta agresiva.

Esta diferencia es fundamental.

No siempre podemos elegir lo que sentimos. Pero sí podemos aprender a manejar lo que hacemos cuando lo sentimos.

¿Qué cosas pueden provocar ira?

No todos nos enfadamos por lo mismo, pero existen algunas situaciones que tienen bastantes papeletas para conseguirlo.

Cuando algo nos impide conseguir lo que queremos

  1. Tenemos un objetivo y algo se interpone.

  2. Puede ser una persona, una situación o una maravillosa máquina de café.

  3. Metes la moneda.

  4. Pulsas el botón.

  5. Y no sale café.

  6. Vuelves a pulsar.

  7. Nada.

Sabes que darle una patada a la máquina no hará aparecer mágicamente el café, pero durante unos segundos tu cuerpo parece tener otra opinión.

La frustración es uno de los grandes desencadenantes de la ira.

Cuando sentimos que algo es injusto

También nos enfadamos cuando creemos que alguien ha vulnerado nuestros derechos.

• «No debería haberme hablado así».

• «Esto es injusto».

• «Se está aprovechando de mí».

Aquí no solo importa lo que ha ocurrido.

Importa también cómo interpretamos lo ocurrido.

Cuando esperábamos algo que no sucede

Nuestro cerebro aprende continuamente relaciones entre lo que hacemos y lo que ocurre después.

Hago esto y espero aquello. Cuando esa relación deja de funcionar, puede aparecer frustración.

La máquina de café vuelve a ser un ejemplo perfecto.

Has aprendido que moneda + botón = café.

Cuando de repente obtienes moneda + botón = absolutamente nada, aparece el enfado, cuando ya estamos al límite

Dolor, cansancio, falta de sueño, calor, ruido o encontrarnos continuamente en un ambiente desagradable pueden reducir nuestra tolerancia.

Entonces ocurre algo curioso.nQuizá aquello que ha sucedido no sea tan grave.

Pero nos encuentra con el depósito de paciencia prácticamente vacío. Y reaccionamos con mucha más intensidad.

¿Por qué unas personas se enfadan más que otras?

La ira es universal.

Lo que cambia es qué nos enfada, cuánto nos enfada y qué hacemos después.

Nuestra historia personal influye.

También lo que hemos aprendido en casa, nuestra manera de interpretar las intenciones de los demás y nuestra capacidad para tolerar la frustración.

Hay personas especialmente sensibles a sentirse despreciadas, ignoradas o cuestionadas.

Otras necesitan tener mucho control sobre lo que ocurre

Y algunas han aprendido que enfadarse es la manera más eficaz de conseguir que los demás cedan.

Si cada vez que grito consigo lo que quiero, mi cerebro puede aprender algo bastante peligroso:

«Gritar funciona».

Lo que pensamos puede echar gasolina al fuego

Imagina que alguien te empuja al entrar en el metro.

Puedes pensar:

• «Ha sido sin querer».

O puedes pensar:

• «Será imbécil. Me ha empujado porque se cree que puede hacer lo que quiera».

El empujón es el mismo.

Pero nuestra reacción probablemente no lo será.

Cuando estamos enfadados podemos interpretar más fácilmente la conducta del otro como intencionada.

• «Lo ha hecho para fastidiarme».

• «Me está provocando».

• «Se está riendo de mí».

Y cada uno de esos pensamientos puede añadir un poco más de gasolina.

Cuando la ira sube demasiado deprisa

La ira no suele pasar de cero a cien sin dejar ninguna señal.

El problema es que muchas veces no hemos aprendido a reconocer las primeras.

• Mandíbula apretada.

• Puños cerrados.

• Calor.

• Tensión.

• El corazón se acelera.

• Subimos el volumen de voz.

• Empezamos a interrumpir.

• Nuestra cabeza repite una y otra vez lo que el otro ha hecho.

Cuanto antes reconozcamos estas señales, más posibilidades tendremos de decidir qué hacer.

Esperar al 100 para intentar controlarnos es muchísimo más difícil.

Controlar la ira no significa dejar de enfadarse

Este punto es importante.

El objetivo de la terapia no es eliminar la ira.

Necesitamos esta emoción.

Puede avisarnos de que algo nos parece injusto, de que necesitamos defender un límite o de que una situación debe cambiar.

El problema aparece cuando nuestra manera de expresarla nos perjudica.

• Gritamos.

• Insultamos.

• Rompemos cosas.

• Amenazamos.

• Decimos cosas de las que después nos arrepentimos.

Entonces necesitamos aprender otra forma de responder.

¿Cómo trabajamos el control de la ira en terapia?

Lo primero es comprender cómo funciona tu ira.

• Qué situaciones la desencadenan.

• Qué pensamientos aparecen.

• Qué notas en el cuerpo.

• Qué haces cuando la intensidad aumenta.

Después podemos trabajar la tolerancia a la frustración, el control de impulsos, la interpretación de las situaciones y nuestra manera de comunicarnos.

También aprendemos a detectar las señales de activación antes de llegar al punto de explosión.

No se trata de tragarse el enfado.

Se trata de conseguir que la ira nos dé información sin tomar las decisiones por nosotros.

Tratamiento psicológico para el control de la ira en Villaverde

No dejes que el motor se queme antes de llegar a tu destino.

Sentir ira es humano.

Vivir constantemente al borde de la explosión resulta agotador para nosotros y para quienes nos rodean.

Si sientes que pierdes el control con demasiada facilidad o que tu forma de expresar el enfado está deteriorando tus relaciones, podemos ayudarte.

En la Consulta Psicológica Villaverde trabajamos el control de impulsos y el manejo de la ira.

El objetivo no es que nunca vuelvas a enfadarte, es conseguir que puedas decidir qué hacer con tu enfado.

En nuestra terapia psicológica para adultos trabajamos también las dificultades relacionadas con el control de impulsos y el manejo de la ira.

Diccionario de la Consulta

Ira: emoción que nos activa ante situaciones que vivimos como frustrantes, injustas o amenazantes. Sentirla no significa necesariamente actuar de forma agresiva.

• Hostilidad: actitud negativa hacia otra persona que puede llevarnos a interpretar sus acciones desde la desconfianza o el enfrentamiento.

• Activación fisiológica: ese «motor» que empieza a subir de revoluciones: tensión, calor, aceleración del corazón o respiración más rápida.

• Frustración: lo que sentimos cuando algo se interpone entre nosotros y aquello que queríamos conseguir. La máquina de café que se queda con nuestra moneda es un pequeño laboratorio de frustración.

• Control de impulsos: capacidad para crear un espacio entre lo que sentimos y lo que hacemos. No elimina la ira: nos permite decidir nuestra respuesta.

CONSULTA PSICOLOGICA VILLAVERDE

Centro Psicológico ubicado en la Ciudad de Los Angeles (Madrid).

Atendemos niños, jovenes, adultos, terapia de pareja, tercera edad. Igualmente ofrecemos el servicio de informes periciales.

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