Terapia infantil para el trastorno por tics

los tics o hábitos nerviosos se pueden revertir por técnicas conductuales y de relajacion

Tics infantiles: cuando el cuerpo parece ir por libre

Los tics son movimientos o sonidos que aparecen de forma repetida y que al niño le cuesta controlar.

Puede ser un parpadeo, una mueca, mover la cabeza, encoger los hombros, carraspear o emitir algún sonido.

Y hay algo que los padres necesitan saber desde el principio: no son una manía, una llamada de atención ni una mala costumbre.

Decir «deja de hacer eso» suele servir de bastante poco.

Algunos niños pueden contener el tic durante un rato, pero hacerlo puede suponerles bastante esfuerzo. Es un poco como intentar no estornudar cuando ya notas que el estornudo viene de camino.

¿Por qué aparecen los tics?

Esta suele ser una de las primeras preguntas de los padres y no siempre podemos señalar una única causa. Los tics pueden aparecer durante la infancia, cambiar con el tiempo y atravesar temporadas en las que aumentan o disminuyen.

El cansancio, el estrés, la excitación o determinadas situaciones pueden hacer que se manifiesten más, pero esto no significa que el niño tenga tics «porque está nervioso».

Tampoco significa que, si conseguimos que esté relajado, vayan necesariamente a desaparecer. Lo importante es observar su evolución y, sobre todo, cómo están afectando al niño.

No todos los tics son Tourette

Esta es una preocupación muy frecuente cuando los padres buscan información en internet.

Podemos encontrar dos grandes tipos:

• Tics motores: parpadear, hacer muecas, mover la cabeza, encoger los hombros...

• Tics vocales: carraspear, gruñir, toser, emitir sonidos o pronunciar determinadas palabras.

Dependiendo de cuáles aparezcan y del tiempo que lleven presentes, podemos hablar de distintos trastornos por tics.

El síndrome de Tourette implica que hayan aparecido varios tics motores y al menos un tic vocal y que el problema se mantenga durante más de un año.

También existen trastornos persistentes en los que aparecen tics motores o vocales y otros tics que llevan presentes menos de un año, que denominamos provisionales.

Pero quédate con una idea: Tener un tic no significa tener síndrome de Tourette.

¿Y si dice palabrotas?

El cine y la televisión han conseguido que mucha gente identifique automáticamente Tourette con una persona que dice palabrotas de manera involuntaria.

Esto se denomina coprolalia, pero no aparece en la mayoría de las personas con Tourette.

Así que no: un niño no necesita decir palabras malsonantes para tener Tourette y tener Tourette tampoco significa que vaya a desarrollar coprolalia.

«Mamá, noto que tengo que hacerlo»

Algunos niños sienten algo justo antes de que aparezca el tic.

Puede ser tensión, picor, presión o simplemente una sensación difícil de explicar que desaparece o disminuye cuando realizan el movimiento. Es lo que llamamos impulso premonitorio.

Volvamos al estornudo. Notas que viene, intentas contenerlo, la sensación aumenta... y cuando finalmente estornudas aparece cierto alivio.

Con algunos tics puede ocurrir algo parecido.

Los niños pequeños no siempre son capaces de identificar esta sensación, pero aprender a reconocerla puede resultar muy útil para trabajar posteriormente el tic.

¿Debemos decirle que deje de hacerlo?

En general, convertirnos en policías del tic no ayuda demasiado.

«Otra vez estás parpadeando».

«Deja de hacer ese ruido».

«Si quieres puedes controlarlo».

«Mira, llevabas diez minutos sin hacerlo».

Si continuamente dirigimos la atención hacia el tic podemos conseguir que el niño se sienta observado, avergonzado o pendiente de cada movimiento que hace. Y eso puede terminar siendo más molesto que el propio tic.

Tampoco deberíamos castigarle por hacerlo.

El niño no necesita sentirse culpable por tener un tic.

¿Todos los tics necesitan tratamiento?

No.

Hay tics leves que aparecen durante una temporada, apenas molestan al niño y no interfieren significativamente en su vida.

No necesitamos convertir cualquier parpadeo en un problema psicológico.

Nos planteamos intervenir especialmente cuando los tics producen malestar, interfieren en el colegio o en las relaciones, provocan burlas, producen molestias físicas o están condicionando demasiado la vida del niño.

A veces, además, descubrimos algo curioso: los padres están mucho más preocupados por el tic que el propio niño.

También necesitamos escucharle a él.

¿Cómo trabajamos los tics en terapia?

Aquí no se trata de sentar al niño delante de nosotros y decirle:

«Venga, ahora concéntrate y no hagas el tic».

Precisamente queremos enseñarle herramientas que vayan más allá de intentar contenerlo por fuerza de voluntad.

Una de las técnicas que podemos utilizar es la inversión del hábito.

Primero ayudamos al niño a conocer bien su tic: cuándo aparece, cómo empieza y, si existe, qué sensación nota justo antes.

Después podemos entrenar una respuesta incompatible con ese tic, es decir, una conducta que dificulte realizar ambos movimientos al mismo tiempo.

Por ejemplo, si un niño tiene un tic determinado con los hombros, podemos trabajar una respuesta alternativa adaptada específicamente a ese movimiento.

No hay una receta idéntica para todos los niños ni para todos los tics.

El objetivo es que vaya aprendiendo a reconocerlos y disponga de herramientas para manejarlos.

¿Y la relajación?

Puede ser útil, pero tampoco queremos transmitir al niño que sus tics existen simplemente porque «no sabe relajarse».

Si observamos que aumentan en momentos de tensión, podemos trabajar estrategias para manejar mejor esas situaciones.

Pero la relajación no es un botón para apagar los tics.

Forma parte de las herramientas que podemos utilizar cuando tiene sentido para ese niño.

Cuando el tic no viene solo

En algunos niños pueden aparecer además dificultades de atención, impulsividad, ansiedad, obsesiones o compulsiones.

Por eso no debemos quedarnos mirando únicamente el tic.

Quizá el parpadeo que preocupa muchísimo a los padres apenas molesta al niño, pero sus dificultades para organizarse, concentrarse o controlar sus impulsos le están ocasionando problemas todos los días en el colegio.

En ese caso tendremos que trabajar lo que realmente está interfiriendo en su vida, no necesariamente lo que resulta más visible desde fuera.

¿Cuándo conviene consultar?

Puede ser conveniente pedir una valoración cuando:

• Los tics producen malestar al niño.

• Interfieren en el colegio, las relaciones o sus actividades habituales.

• Provocan dolor o molestias físicas.

• El niño empieza a evitar situaciones por vergüenza.

• Existen además problemas importantes de atención, ansiedad, obsesiones o compulsiones.

• Los movimientos o sonidos preocupan a la familia y existen dudas sobre qué está ocurriendo.

Y, si las características de los movimientos hacen pensar que podría tratarse de algo diferente a un tic, será importante realizar la valoración sanitaria correspondiente.

Terapia infantil para los tics en Villaverde

En la Consulta Psicológica Villaverde podemos valorar cómo están afectando los tics a la vida del niño y trabajar las estrategias que necesite en su caso.

También orientamos a los padres, porque muchas veces una parte importante de la intervención consiste en saber cuándo ayudar, cuándo no dar importancia al tic y cómo evitar que termine ocupando toda la vida familiar.

Nuestro objetivo no es que el niño pase el día vigilando su cuerpo.

Queremos que tenga herramientas para manejar sus dificultades y pueda seguir siendo exactamente eso: un niño que, además, tiene un tic. No «el niño de los tics».

📖 Diccionario de la Consulta

• Impulso premonitorio: esa sensación incómoda que algunas personas notan justo antes del tic. Es un poco como las ganas de estornudar: sabes que viene y realizar el tic puede producir cierto alivio.

• Coprolalia: emisión involuntaria de determinadas palabras o expresiones socialmente inapropiadas. Es uno de los síntomas más famosos del Tourette y, sin embargo, la mayoría de las personas con Tourette no la presentan.

• Tics motores: movimientos repetitivos como parpadear, hacer muecas, mover la cabeza o encoger los hombros.

• Tics vocales: sonidos como carraspear, gruñir, toser o emitir determinadas vocalizaciones.

• Inversión del hábito: técnica conductual en la que enseñamos al niño a reconocer mejor el tic y entrenamos una respuesta que resulte incompatible con su realización.

CONSULTA PSICOLOGICA VILLAVERDE

Centro Psicológico ubicado en la Ciudad de Los Angeles (Madrid).

Atendemos niños, jovenes, adultos, terapia de pareja, tercera edad. Igualmente ofrecemos el servicio de informes periciales.

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