¿Qué es la asertividad? ¿Por qué yo no soy asertivo?

¿Qué es ser asertivo?

La asertividad es la capacidad de expresar y defender nuestros derechos, opiniones y necesidades respetando también los de los demás.

Ser asertivo no significa conseguir siempre lo que queremos.

Significa poder decir lo que pensamos, pedir lo que necesitamos o decir «no» sin someternos y sin atacar al otro.

Podemos entender la asertividad como un punto de equilibrio entre dos formas de comunicación:

  1. La inhibida o pasiva, en la que dejamos nuestras necesidades en segundo plano.

  2. La agresiva, en la que defendemos nuestras necesidades sin respetar suficientemente las del otro.

Y entre ambas encontramos la comunicación asertiva.

Ejemplo práctico: el préstamo del coche

Imagina que alguien te pide el coche y tú, en realidad, no quieres prestárselo.

Podríamos responder de tres maneras:

  • Forma inhibida: «Bueno... vale, te lo presto...», aunque realmente no quieras hacerlo.

  • Forma agresiva: «No me da la gana prestártelo. ¡Vaya cara tienes!».

  • Forma asertiva: «Lo siento, pero no acostumbro a prestarlo».

En las tres situaciones queremos lo mismo: no prestar el coche.

Lo que cambia es la forma de comunicarlo.

imagen de 3 flechas. la pasividad en una direccion, la agresividad en otra direccion y en centro la asertividad

Los tres estilos de comunicación

1. La comunicación inhibida o pasiva

La persona tiene dificultades para defender sus propios derechos o expresar lo que necesita.

Respeta tanto las necesidades de los demás que puede terminar dejando las suyas siempre para después.

Detrás pueden aparecer pensamientos como:

«Lo que yo piense no importa».

«Necesito caer bien a todo el mundo».

«Si digo lo que pienso, se molestarán conmigo».

Puede costarle decir «no», pedir algo, expresar desacuerdo o defenderse ante una situación injusta.

Esto puede generar frustración, culpabilidad, inseguridad o ansiedad.

Y hay una consecuencia muy curiosa.

Podemos aguantar una cosa. Después otra. Y otra.

Hasta que llega la número cien y explotamos.

El problema es que quien está delante solo ha visto la número cien y puede no entender por qué nuestra reacción ha sido tan intensa.

2. La comunicación agresiva

Aquí ocurre prácticamente lo contrario.

La persona defiende sus necesidades, pero puede hacerlo atacando, intimidando o ignorando las necesidades de los demás.

Pueden aparecer pensamientos como:

«Si no soy fuerte, se aprovecharán de mí».

«Tengo que imponerme para que me respeten».

El tono de voz, las palabras o los gestos pueden convertir una petición o un desacuerdo en un enfrentamiento.

A corto plazo, esta forma de comunicarse puede conseguir que los demás cedan.

A largo plazo, puede deteriorar las relaciones y generar numerosos conflictos.

3. La comunicación asertiva

La persona asertiva intenta defender sus derechos sin dejar de respetar los de los demás.

Puede decir «no».

Puede pedir ayuda.

Puede expresar desacuerdo.

Puede reconocer que se ha equivocado.

Y puede escuchar una opinión diferente sin interpretar necesariamente que está siendo atacada.

Ser asertivo tampoco significa hablar siempre con absoluta seguridad.

Puedes estar nervioso y ser asertivo al mismo tiempo.

Lo importante es aprender a expresar lo que necesitas sin desaparecer tú de la conversación y sin intentar hacer desaparecer al otro.

Nadie es asertivo todo el tiempo

No somos «personas pasivas», «personas agresivas» o «personas asertivas» como si fueran tres tipos cerrados de personalidad.

Nuestra forma de comunicarnos puede cambiar según la situación.

Quizá seas perfectamente capaz de poner límites en el trabajo, pero te resulte dificilísimo hacerlo con tu madre.

O puedas expresar tus necesidades con tus amigos, pero no con tu pareja.

Por eso no buscamos convertirnos en una supuesta persona «100 % asertiva».

Buscamos aumentar nuestro repertorio de respuestas para poder elegir cómo queremos comunicarnos.

¿Por qué no soy asertivo?

La asertividad se aprende.

Y si no hemos desarrollado suficientemente esta habilidad, también podemos aprenderla de adultos.

Existen diferentes razones por las que puede costarnos ser asertivos.

Lo que aprendimos en casa

Quizá crecimos en un entorno en el que decir «no» estaba mal visto.

O expresar desacuerdo se interpretaba como una falta de respeto.

También podemos haber aprendido observando cómo se relacionaban los adultos que teníamos alrededor.

Miedo a las consecuencias

«Si digo que no, se enfadará».

«Si digo lo que pienso, dejará de quererme».

«Si pongo un límite, pensarán que soy egoísta».

A veces sabemos perfectamente qué queremos decir.

El problema es que tenemos miedo de lo que ocurrirá después de decirlo.

La sumisión también puede recibir premios

Ser quien nunca protesta puede recibir mucho reconocimiento.

«Qué buena eres».

«Contigo da gusto».

«Tú nunca das problemas».

El problema aparece cuando para mantener esa imagen tenemos que renunciar continuamente a nuestras propias necesidades.

La agresividad también puede funcionar

La comunicación agresiva también puede conseguir resultados.

Si cada vez que nos enfadamos los demás ceden, aprendemos que enfadarnos funciona.

Funciona a corto plazo.

El coste suele aparecer después, en nuestras relaciones.

Algunas creencias nos lo ponen difícil

«Tengo que caer bien a todo el mundo».

«Decir no es ser egoísta».

«No tengo derecho a cambiar de opinión».

«Si alguien se enfada conmigo, significa que he hecho algo mal».

Trabajar la asertividad también implica revisar estas ideas.

¿Se puede aprender a ser más asertivo?

Sí. La asertividad es una habilidad y, como cualquier habilidad, puede entrenarse.

En terapia podemos aprender a decir «no», expresar desacuerdo, hacer peticiones, responder a críticas y establecer límites.

Pero no buscamos aprender unas frases de memoria.

Buscamos comprender por qué nos cuesta utilizarlas precisamente cuando más las necesitamos.

En la Consulta Psicológica Villaverde podemos ayudarte a trabajar la comunicación asertiva y las dificultades para establecer límites.

Diccionario de la Consulta

  • Asertividad: La habilidad de expresar lo que necesitas o decir «no» sin sentir que estás declarando la Tercera Guerra Mundial.

  • Comunicación inhibida: Cuando evitamos expresar nuestras necesidades o defender nuestros derechos por miedo al conflicto, al rechazo o a las consecuencias.

  • Comunicación agresiva: Cuando defendemos nuestras necesidades sin respetar suficientemente los derechos o necesidades de la otra persona.

  • Explosión retardada: Nuestra forma de llamar a lo que puede ocurrir cuando aguantamos 99 cosas sin decir nada y estallamos con la número 100.

  • Límite: Aquello que decidimos aceptar o no aceptar en nuestras relaciones. Poner un límite no obliga al otro a estar de acuerdo con nosotros.

CONSULTA PSICOLOGICA VILLAVERDE

Centro Psicológico ubicado en la Ciudad de Los Angeles (Madrid).

Atendemos niños, jovenes, adultos, terapia de pareja, tercera edad. Igualmente ofrecemos el servicio de informes periciales.

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