Ansiedad, estrés, nerviosismo. Aprende a diferenciarlos
Ansiedad, estrés o nerviosismo: ¿sabes qué te está pasando realmente?
Normalmente, cuando nos sentimos activados, preocupados o inquietos, lo bautizamos todo como “ansiedad”. Pero en la Consulta Psicológica Villaverde aplicamos el dicho: “A cada perro, su collar”.
No es lo mismo estar nervioso ante una situación concreta, encontrarnos estresados porque sentimos que las demandas nos desbordan o experimentar una ansiedad que empieza a condicionar nuestra vida.
Y últimamente escuchamos mucho eso de “ir al gimnasio para bajar el cortisol”, esa famosa hormona del estrés que parece haberse convertido en la responsable de todos nuestros males.
Pero antes de ponernos a sudar la camiseta, vamos a entender qué le pasa a nuestra cabeza.
1. El nerviosismo: tu artillería preparada
Estar nervioso no es necesariamente malo.
Ante un examen, una entrevista de trabajo o esa primera cita en una terraza de Villaverde con alguien que te encanta, es normal que nuestro organismo aumente su nivel de activación.
Es nuestro cuerpo preparando su artillería para enfrentarse a una situación que consideramos importante.
Podemos notar:
Mariposas en el estómago.
Aumento del ritmo cardiaco.
Inquietud.
Tensión muscular.
Dificultad para dejar de pensar en lo que va a ocurrir.
El nerviosismo puede ayudarnos a estar atentos y preparados. El problema aparece cuando la activación es tan intensa que empieza a interferir en lo que queremos hacer.
Porque tampoco necesitamos aspirar al efecto vaca pastando, con horchata en las venas en lugar de sangre.
Un cierto grado de activación forma parte de estar vivos.
2. El estrés: el síndrome del “pollo sin cabeza”
El estrés aparece cuando percibimos que las demandas de una situación superan o amenazan con superar nuestros recursos para afrontarlas.
Puede ocurrir por una acumulación de tareas, pero también por problemas laborales, familiares, económicos, enfermedades, cuidados prolongados o acontecimientos vitales importantes.
Aquí aparece nuestro particular síndrome del pollo sin cabeza: correr a todas partes, intentar resolver diez cosas al mismo tiempo y tener la sensación de que, por mucho que hagamos, nunca llegamos.
Podemos encontrar:
Dificultades para dormir.
Cansancio.
Irritabilidad.
Problemas de concentración.
Sensación constante de no llegar a todo.
Reducción de las actividades de ocio.
Tensión muscular o molestias físicas.
Mayor consumo de alcohol, tabaco u otras conductas utilizadas para intentar desconectar.
El estrés no es necesariamente un trastorno psicológico. Es una respuesta que puede ser útil a corto plazo, pero cuando se mantiene durante demasiado tiempo puede acabar pasando factura.
3. La ansiedad: cuando el “¿y si...?” toma el mando
La ansiedad tampoco es siempre patológica.
Todos podemos experimentar ansiedad ante determinadas situaciones. El problema aparece cuando es excesiva, persistente, difícil de controlar o empieza a interferir significativamente en nuestra vida.
Puede manifestarse mediante:
Palpitaciones.
Sensación de falta de aire.
Opresión o molestias en el pecho.
Mareo.
Temblores.
Hormigueo.
Molestias digestivas.
Tensión muscular.
Preocupación persistente.
Dificultades para dormir.
Y aquí puede aparecer uno de los grandes protagonistas de la ansiedad:
el “¿y si...?”
“¿Y si me pasa algo?”
“¿Y si hago el ridículo?”
“¿Y si pierdo el control?”
“¿Y si esto que siento significa que tengo algo grave?”
La mente empieza a anticipar amenazas y puede interpretar algunas sensaciones o situaciones de manera catastrófica.
Además, cuanto más intentamos comprobar constantemente si estamos bien o eliminar inmediatamente cualquier sensación de ansiedad, más atención terminamos prestándole.
En terapia no buscamos simplemente “hacer desaparecer” cualquier sensación desagradable. Trabajamos para comprender qué mantiene el problema y aprender formas diferentes de responder a los pensamientos, las sensaciones físicas y las situaciones que generan ansiedad.
Entonces, ¿qué diferencia hay entre nerviosismo, estrés y ansiedad?
Aunque pueden solaparse, podemos utilizar una distinción sencilla:
El nerviosismo suele aparecer ante una situación concreta que nos importa y generalmente disminuye cuando esa situación termina.
El estrés está relacionado con las demandas y presiones que sentimos que tenemos que afrontar.
La ansiedad implica una respuesta de anticipación y amenaza que puede mantenerse incluso cuando no existe un peligro inmediato y que, cuando es intensa o persistente, puede interferir significativamente en nuestra vida.
No son tres cajones perfectamente separados.
Podemos estar estresados y ansiosos al mismo tiempo. El estrés mantenido puede favorecer problemas de ansiedad y una persona con ansiedad puede sentirse especialmente nerviosa ante determinadas situaciones.
Lo importante no es acertar con nuestra propia etiqueta, sino comprender qué nos está ocurriendo y cuánto está interfiriendo en nuestra vida.
¿Y qué hacemos con el famoso cortisol?
El cortisol es una hormona que participa, entre otras funciones, en la respuesta del organismo al estrés.
Pero no necesitamos convertirlo en el villano de la película.
Nuestro objetivo no es mantener el cortisol permanentemente “bajo”, y tampoco podemos saber cómo están nuestros niveles simplemente porque nos sintamos estresados.
En lugar de obsesionarnos con “bajar el cortisol”, tiene más sentido cuidar aquellos factores que pueden ayudarnos a manejar mejor el estrés:
Dormir suficientemente y mantener horarios razonablemente regulares.
Realizar actividad física adaptada a nuestras posibilidades.
Mantener contacto social.
Reservar espacios de descanso y ocio.
Aprender a priorizar.
Establecer límites cuando estamos asumiendo más de lo que podemos sostener.
Buscar ayuda cuando sentimos que el malestar nos está desbordando.
A veces, aprender a decir “no” sigue siendo bastante mejor estrategia que cualquier suplemento milagroso de moda.
¿Te ayudamos a recuperar la calma en Villaverde?
Si sientes que los síntomas físicos te asustan, que las preocupaciones ocupan gran parte del día o que el “¿y si...?” no te deja descansar, podemos ayudarte.
En la Consulta Psicológica Villaverde trabajamos para comprender qué está manteniendo la ansiedad y enseñarte estrategias para afrontarla de una manera diferente.
No buscamos una vida sin nervios, estrés ni preocupaciones.
Buscamos que no sean ellos quienes decidan cómo tienes que vivirla.
Diccionario de la Consulta
Efecto Vaca Pastando: Ese estado de calma absoluta que a veces imaginamos como objetivo cuando estamos desbordados. Pero estar activado ante determinadas situaciones no significa estar enfermo: nuestro organismo también necesita ponerse en marcha cuando algo nos importa.
Síndrome del Pollo sin Cabeza: Correr a todas partes, intentar hacer mil cosas y sentir que no terminas ninguna. Mucha acción, poca dirección y la paciencia bajo mínimos.
El Dictador “¿Y si...?”: Ese pensamiento anticipatorio que plantea una amenaza y después exige que le prestemos toda nuestra atención. “¿Y si sale mal?”, “¿y si me pasa algo?”. Cuanto más intentamos obtener certeza absoluta, más espacio puede terminar ocupando.
Cortisol: Hormona que cumple numerosas funciones en el organismo y participa en la respuesta al estrés. No es una sustancia tóxica que tengamos que eliminar ni necesitamos mantenerla permanentemente baja.
Interpretación catastrófica: Cuando una sensación o situación ambigua recibe automáticamente una explicación amenazante. Una palpitación deja de ser simplemente una palpitación y nuestra cabeza empieza a escribir el peor final posible.