ADOLESCENCIA/JUVENTUD: EL VÉRTIGO DE LAS PRIMERAS DECISIONES

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Toda nuestra vida está programada por nuestros padres. Somos bastantes dueños de la situación en los primeros meses de vida, cuando somos los que tomamos decisiones sobre cuando comemos, cuando dormimos y cuando jugamos, pero en cuanto sabemos caminar y andar, ya no volvemos a ser dueños de nuestro destino hasta muchísimos años después.

La infancia, adolescencia y primera juventud se caracterizan por ser etapas en las que los padres deciden sobre nuestro futuro: nos lo dan todo pensando y programado. Ellos van haciendo la hoja de ruta según nuestras características personales, nosotros mostramos predilección por determinadas actividades, amigos, comidas o asignaturas, pero son pequeñas decisiones sin mucha trascendencia.

Los padres son los encargados de marcar el camino, y nosotros nos dedicamos a vivir, protestar y en definitiva, levantarnos con la certeza de saber qué es lo que tenemos que hacer: cuales son los objetivos a corto plazo.

El primer momento de pánico, en la que se nos pide una decisión personal es a finales de la ESO en la que tenemos que decidir si queremos seguir en dirección a una carrera universitaria o hacer un módulo. Primera ramificación del camino: 2 alternativas. Es un momento demasiado prematuro en la vida de los chicos, una etapa en la que el reforzamiento a corto plazo es aún más importante que el reforzamiento a largo plazo y esta decisión se toma muchas veces en base a la ley del mínimo esfuerzo, porque es complicado que a estas edades su motivación hacia una profesión que requiere más esfuerzo personal sea superior a algo más rápido y que supone acceder al mundo laboral (y un sueldo) en un menor plazo de tiempo.

La toma de esta decisión todavía no es plenamente madura, y los padres, en aquellos casos que sus hijos muestren un potencial un poco diluido por las hormonas, tienen que hacer un esfuerzo extra para hacerles ver los pros y contras de cada alternativa en un futuro.

Aún así los adolescentes siguen ciñéndose a la hoja de ruta, no se sienten demasiado responsables de sus decisiones y en absoluto son capaces de evaluar las repercusiones a largo plazo de la alternativa que hayan elegido, y seguimos por el cómodo mundo de que otros carguen con nuestras decisiones, seguimos apoyados en la farola que suponen los padres.

El gran momento es cuando se acaba el plano, cuando nuestros padres ya no pueden ni deben tomar decisiones por nosotros. Llegamos al fin del mapa de la adolescencia y nos dejan un folio en blanco. Cada uno con su punto de partida según los pasos que hayan dado anteriormente. Ya no hay en quien apoyarse, ya no podemos delegar las decisiones, tenemos que tirarnos a nuestras propias piscinas.

Este punto es el que marca el inicio de la toma de decisiones “adultas” y para muchos chicos supone un vértigo absoluto: saber que de sus propias decisiones depende su futuro, sin red.

En este momento es normal que la persona presente crisis de ansiedad, una sensación de vacío, dificultad para tomar decisiones sencillas, irritabilidad, falta de concentración…

Una guía sobre cómo tomar estas decisiones, enseñar a la persona a establecer prioridades, analizar sus puntos fuertes y débiles, marcar objetivos de aproximación, les puede resultar muy útil para afrontar los nuevos retos de la vida desde un locus de control interno (atribución interna de las responsabilidades de nuestros actos. )

MASTURBACIÓN: LUCES Y SOMBRAS

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La masturbación cumple diversas funciones de muy diferente entidad (es como un huevo kinder con sorpresa).

En la infancia la estimulación genital es una forma de conseguir un placer puramente físico. Se asemeja a los niños que retienen voluntariamente las heces, porque sentir las contracciones anales les produce placer. Esta situación normal en la primera infancia no debe escandalizarnos. Hay niños que se masturban y otros no. Si el niño lo hace constantemente habrá que corregirlo, de la misma forma que si se chupa el pelo o muerde los lápices, es decir: ayudándoles a reducir esta conducta, especialmente si la realiza en público (hay niñas que se masturban en el colegio, moviéndose en la silla, por ejemplo).

La conducta de masturbación es normal, y como tal hay que tratarla. Obviamente a los niños muy pequeños las explicaciones de por qué no es una conducta apropiada en público sobran (hoy en día se les dan tantas explicaciones a los niños que un día les va a explotar la cabeza, que son niños, no son adultitos pequeños, por favor).

Cuando aparece la pubertad comienza la exploración del propio cuerpo, las pulsiones sexuales y se descubre el placer por medio de la masturbación. Aquí, como en todo, los habrá que se masturben mucho y otros lo harán menos. Lo importante: que aprendan que es un acto íntimo, sin más importancia.

Cuando llega la edad adulta es cuando empiezan los problemas. Personas que consideran que si se masturban es que no están satisfechas con su pareja, personas que recriminan a sus parejas que se masturben como si sus necesidades sexuales no estuvieran satisfechas, los que se creen un poco sucios por masturbarse a menudo… aquí aparecen los problemas.

Lo primero que hay que hacer es normalizar la masturbación y volver lo que decíamos antes: la masturbación cumple varias funciones. La primera (obviamente) conseguir satisfacción sexual. Hay quien piensa que una erección mañanera merece su merecido, tampoco es eso, las erecciones se pueden bajar por sí solas, hay que darles una oportunidad.

A veces se tienen fantasías sexuales (algo que es personal e intransferible, donde manda la imaginación) y que es algo que debe quedar en la intimidad de cada persona, sin sentirse culpable por dar rienda suelta a un deseo que sólo queremos ver cumplido en sueños.

Pero otras veces la manipulación tiene una connotación negativa. Es común que las personas se masturben en situaciones de estrés, descarga tensiones, las cosas como son (el sexo en general descarga bastantes tensiones y no siempre es el amor lo que nos mueve, sino una liberación de estrés).

El problema es cuando la persona tiene mucha ansiedad y asocia masturbación con liberación de tensiones. En este momento la persona puede entrar en un bucle:

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Este ciclo es el que hay que romper, pero no incidiendo sobre la masturbación, que es una conducta finalista, sino sobre las causas que producen ansiedad a la persona, ayudando a reinterpretar las situaciones, buscar soluciones y dotar a la persona de herramientas para manejar la ansiedad de una forma adaptativa.

Como resumen: la masturbación sólo es perjudicial cuando se convierte en una compulsión que no podemos dominar o que interfiere en la realización de otras actividades, en este caso, sí es conveniente buscar un remedio.



AFRONTAMIENTO DE LA VUELTA AL TRABAJO: "EL DRAMA DE SEPTIEMBRE"

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Lo nuestro es quejarnos, lo tengo comprobado.

Ayer estaba cenando con mi hijo en una terraza y asistía a una de las situaciones cotidianas de todos los veranos: “las cenas de reencuentro”. Aquí los besos son más largos, las palmadas en la espalda más fuertes y el buen rollito se palpa. Obviamente a la gente le gusta reencontrarse con los amigos. La tipología del reencuentro está en el veraneante de playa nacional (moreno a tope, aunque haya ido cuatro días a la playa), tostado y pelo descuidado (vacaciones exóticas, probablemente en Bali, Vietnam, etc, que es como haber ido a Eurodisney hace 20 años: un imprescindible), y el que pone cara de sufrimiento porque ha pasado el verano trabajando, ése es nuestro ídolo: el listo. Al que todavía le queda disfrutar, más barato, siendo el centro único de las envidias “cuando lo cuente” y que se ha pasado un veranito sin tener que esperar ni cinco minutos para que le den mesa en el restaurante.

Cada vez se toman menos días de vacaciones, pocos son los que disfrutan del mes completo (bueno, y los maestros, que no son envidiables en absoluto, porque un mes de vacaciones y volver a un trabajo “civilizado” no es lo mismo que ponerte el traje de domador y conseguir poner un poco de orden en unos niños, que como niños que son, han olvidado la rutina completamente. Les dan una semana de trabajo sin niños: un equipo psicológico full time les daba yo, las cosas como son.

La gente se va 15 días de vacaciones y yo escucho con auténtico estupor su drama de la vuelta al trabajo. ¿en serio? Yo lo que no entiendo es cómo aguantan trabajando todo el año. De repente se han alterado sus ritmos circadianos, se quejan de la cantidad de trabajo, de volver tarde a casa, de las rutinas, los atascos que se chuparán…como si fuera algo mucho más espantoso de lo que fue en el pasado, y sin embargo, en las charlas de fines de semana durante el invierno la gente está tan normal, sin estos dramas extremos.

Volver a las cosas que no nos gustan: madrugones, impojsiciones, problemas, prisas, estrés, es sin duda alguna un fastidio, pero fastidio no es drama. Claro que es mejor la terracita, el chapuzón y el helado sin prisas, pero es justamente el valor de ese tiempo lo que da sentido a la vida como tal: la alternancia entre el esfuerzo y el reposo.

Lo que nos decimos a nosotros mismos dirige nuestra actitud: si vamos como corderos degollados, totalmente atentos “a lo malo” de volver, la vuelta al trabajo se volverá insoportable.

Los hay que realmente lo sufren como un drama porque es un drama. Pero el drama lo tienen también en invierno. Tal vez una búsqueda activa de nuevo trabajo, un replanteamiento de las condiciones laborales, nuevas actividades en invierno que rompan la rutina y hagan más llevadero el día a día, sean necesarias para estas personas.

Por lo tanto, sí: quejémonos, el único deporte que todos practicamos fantasticamente, pero también seamos realistas respecto a que un exceso de angustia ante la vuelta al trabajo está indicando problemas que dejamos sin resolver antes de irnos: trabajadores quemados, falta de motivación, problemas de relaciones con compañeros, una actitud poco proactiva… un asco absoluto hacia lo que estamos desarrollando. Todo cabe, pero si la vuelta al trabajo es un auténtico drama, del de dormir mal tres días antes, piensa que no es por lo bien que lo pasaste en vacaciones, que utilizaste la desconexión para aparcar el problema, y el problema está ahí, acogiéndote amoroso para seguir dándote un año de calvario porque algo no estás haciendo bien.

A todos los que habéis disfrutado de las vacaciones: por favor: no enseñeis más de diez fotos, no contéis más de diez anécdotas. Las vacaciones se están convirtiendo en el momento post-boda del amigo que te invitaba a ver el video de la boda y tu le preguntabas a tu pareja si habría bebidas fuertes o ya salías de casa con cuatro tequilas para anestesiar el momento.

Haced de este inicio una oportunidad de disfrutar del trabajo, y si esto no es posible (hay trabajos indisfrutables), montaros el plan B de vivir cuando se sale de hacer eso que buenamente te toca hacer para llenar la nevera.

No vivas la vuelta como un drama. Ya queda un día menos para las próximas aventuras: habrá que trabajar para ir ahorrando y poder igualar o superar lo de este año.

El año pasado me hice la Novia de la Muerte

Espero que no suene muy tremendista, o tal vez sí, tan sólo lo justo para llamar un poquito la atención sobre lo que cuento, que no es dramático ni busca la piedad. Para nada. Vamos a llamar a las cosas un poquito por su nombre. La primera vez duele, creo que a mi me dolió hasta la 100, y luego se abrió una dimensión de comprensión de realidad que me ayudó a sentir paz, y me ayudó a poder ayudar a otros, ya no desde el plano teórico de mi formación, incorporando las vivencias, ésas que no te dan títulos de papel pergamino, te dan cicatrices en la piel.

En el mes de junio 2018 tuve mi diagnóstico de cáncer de pecho, y reconozco no haber sentido el suficiente miedo, o tal vez el miedo superó la realidad y lo aparqué tras la necesidad de ser fuerte, de hacerme valer como una heroína que lucha las batallas sin quebrar la sonrisa ante las heridas de la guerra. Funciona, como primer afrontamiento la lucha es el mejor de los acicates. Las autoinstrucciones positivas, la esperanza, el pensar que luchar será ganar.

He luchado y sonreído hasta el infinito, me he ganado el Oscar de la Academia a la Superadora de Diagnósticos en Cáncer. He trabajado bien el papel. Tal vez los dos únicos que me suspenderían son mis dos mascotas, especialmente Freud, mi perro, el pequeñín llegó al mes del diagnóstico, no creo que sepa diferenciar el antes del después.

He vivido un año y un mes: 13 meses en los que he afrontado las situaciones que se han ido presentando de la única manera posible: con una actitud tranquila y positiva. De poco me valdría berrear o chillar si me van a cortar un pecho. Es curioso… esa sensación cuando vas en una camilla al quirófano y tocas por última vez tu pecho y piensas: “me van a amputar”, y lo sabes, y no importa, ya estás en una lucha por la supervivencia que te pueden sacar los ojos con cucharillas que lo das por bueno. Luego, cuando te despiertas de la anestesia, en una sala muy blanca, muy larga, en la que no ves a nadie, no sabes lo que pasa y te tocas el vendaje, y piensas: ya pasó lo peor, superé algo tan duro como someterme a una amputación y ya pasó, todo está bien.

El tiempo pasa después, te convierten en una guerrera, y tu sólo estás muy dolorida, preocupada, asustada, no terminas de encontrarte bien, y en ocasiones sólo te centras en tus dolores, o en ocultar tus dolores, y te siguen llamando guerrera, porque estás en una guerra contra el cáncer, pero el cáncer no es una batalla, el cáncer es tu novio, es una enfermedad crónica que te acompañará siempre, y con la que tienes que aprender a convivir.

Es duro el día a día en el que ya no importan mucho cosas banales y tienes que aprender a vivir de forma práctica. Ya no es importante conservarte en una talla 36, cuando la terapia hormonal te va a poner de las dimensiones de una hipopótama por mucho que hagas dieta o ejercicio, hay momentos en los que ese novio que es el cáncer te va a dictar que dejes de luchar por lo superfluo y te ocupes de lo imprescindible. Yo ya no lucho por mi silueta, me cuido y acepto lo que hay, con respeto hacia mi persona (esto no es licencia para convertirme en un hipopótamo), pero guardando en un cajón alto como la luna mi ropa de la 36, y mis gomas de pelo, y mis rizadores de pestañas, y mis sujetadores con dos (y he dicho dos) copas simétricas. Esas cosas me importan poco o más bien nada.

La vida con un cáncer es dura, porque es un novio que reclama de ti constantemente, te recuerda con los dolores, con las limitaciones, con las citas médicas, con pequeños achaques que está a tu lado, acompañándote tal vez para siempre. (Yo apuesto a que el cáncer me va a durar más que cualquier pareja, que me conozco).

Y llegado a este punto no muy bueno, anímicamente tampoco tan malo, he llegado al fin de mi duelo por mi enfermedad: a la aceptación. Y aquí se produce la gran pregunta”¿y si no lo supero?

Me he dado cuenta del nivel de aceptación cuando no he sentido ni un ápice de pena ni de miedo. Cuando he tenido bien claro lo que quiero y no quiero cuando me vaya (que me iré, con cáncer o por atropello de autobús, pero me iré): yo no quiero una lápida, no quiero un cementerio.

No quiero Día de Todos los Santos o flores por mi cumpleaños. Quiero que los mios me lleven dentro de ellos mismos, en sus pensamientos, en pensar cual sería mi opinión ante decisiones, qué cara pondría ante sus logros y las cosas importantes en la vida. No quiero ser una carga, una culpa porque no pudieron ir a poner flores, porque llevan tres años sin ir al cementerio, por cosas que no importan, en serio, no importan.

Yo sólo tengo un ser querido que ya se fue, pero nunca me abandonó. Voy al cementerio porque es un cementerio precioso y a los perros les encanta pasear por alli (hierba, flores, en un prao asturiano), pero no necesito ir el Día de Todos los Santos, ni el Cumpleaños, ni nada por el estilo. Ni lo hago. Nunca. Yo a mi padre le llevo en mi, en mi trabajo, en mis penurias, en mis alegrias y en mis tristezas.

Seguro que él tampoco habría querido una lápida ni una inscripción, pero eran otros tiempos. Yo estoy segura, quiero el viento, fundirme con las olas del mar y pasar a ser algo tan importante como un átomo en el Universo. Nunca les faltaré a los míos, y no tendrán más que pensar en mi para tenerme.

Por lo demás, esto es lo que piensa hoy una persona normal, feliz (excepto cuando viene Hacienda), con un trabajo maravilloso y con muchísimas ganas de ayudar a los demás, a algunos a superar los pequeños desencuentros de la vida, a otros a modificar formas de pensar o actuar que les perjudica y a muchos, a los que pueda, a encontrar la paz en sentirse un Novio de la Muerte (sabiendo que hay noviazgos eternos), simplemente aprendiendo a disfrutar del camino que para todos nosotros tiene un recorrido, largo, corto, nadie lo sabe y nadie nos lo garantiza.

RUPTURA DE PAREJA: LA COBARDÍA HISTÉRICA

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Cuando una persona decide zanjar una relación, no nos engañemos, no es fruto de un impulso o de un capricho (habría que diferenciar de los dañinos “calentones” con amenaza incluida, que no son sanos ni responsables).

Una persona toma la decisión de abandonar la relación tras muchos intentos de cambiar las cosas, de hacer ver a la otra persona que no es feliz, que las cosas no marchan bien, que se está produciendo una distancia.

Sin embargo hay quien no toma en cuenta estas advertencias, son como los futbolistas, que tras veinticinco advertencias les pitan la roja y todavía se muestran incrédulos.

Las personas que no toman en cuenta los avisos de que las cosas van mal ni hacen nada por mejorarlas, simplemente no están considerando la posibilidad de que la ruptura se produzca: ellos/ellas han conseguido establecer en la relación una zona de confort a medida de sus necesidades, y tampoco están dispuestas a los esfuerzos, se sienten tan cómodos que piensan que nadie rompería una situación así.

A veces ni se plantean si el amor perdura, si la relación es gratificante, si era esto lo que desearon: la rutina les resulta segura y se autoconvencen de que ésta es la vida que siempre quisieron tener. Pero la relación es de dos, y si la balanza se desequilibra, se produce el temido momento del “te dejo”.

Aquellas personas que han hecho caso omiso a que algo no iba bien, han adoptado la técnica de la avestruz que esconde la cabeza: no han querido darse cuenta, no han querido escuchar y no han querido solucionar los problemas, y ahora viene el momento delicado: el llanto y el crujir de dientes.

El miembro de la pareja que ha decidido acabar con todo lleva un proceso de desgaste en el que a pesar de sus intentos de que las cosas funcionen ha sentido impotencia, frustración y en muchos casos rencor. No es que quieran el mal de la otra persona: simplemente necesitan con desesperación aire fresco, sentirse escuchados, comprendidos, apoyados, algo que no han tenido y que se ha ido haciendo tan patente como para que su decisión normalmente sea firme, a pesar de las promesas de cambio de la otra persona.

Cuando se plantean las situaciones así (que es un tipo de ruptura distinta a las discusiones diarias, infidelidades o problemas derivados de adicciones, etc), las rupturas por distanciamiento y desgaste, pueden llevar a situaciones en las que la persona abandonada actúa con muy poca madurez.

Suele adoptar la posición de víctima, rogar a su pareja, intentar de repente hacer todo aquello que se le demandaba durante años, pero ya no hay solución.

En estos casos suelen caer en situaciones de depresión y de ansiedad: tienen miedo al futuro, a la vida en solitario, a “quedarse solos” (qué egoísta es este sentimiento). Es difícil que puedan hacer una labor de introspección que les lleve a comprender que el “fuera de servicio” llega por muchas cosas en las que su responsabiidad es un factor importante, pero es absolutamente necesario que recapaciten, seguir hacia adelante como víctimas inocentes les hará caer en los mismos errores y en las mismas tragedias.

El “no voy a poder”, “no soy capaz de afrontar esta situación”, “qué va a ser de mi a partir de ahora”, son quejas habituales. Enseñarle a la persona a darse autoinstrucciones positivas, a buscar solución a los problemas prácticos que se le plantean es necesario para que poco a poco pueda ir recuperando la autoestima.

También es habitual que busquen el consuelo en sus allegados, algo que en principio es muy positivo, pero esa forma de ser, un tango egoísta hace que en realidad sólo quieran ser escuchados, no aconsejados, y ser escuchados como un taladro, sin reparar en que entre la escucha y la comprensión de un amigo o familiar y convertirte en el/la enfermera de la persona abandonada va un mundo, puede llegar a producir rechazo en los allegados que se sienten saturados.

El “no puedo” es un claro “ni lo voy a intentar”, y la persona lo primero que tiene que tener en cuenta es que no está ante una situación hipotética, está ante una realidad en la que no cabe el “me enfado y no respiro”. Hay que tomar decisiones, aprender a salir lloradito/a de casa, analizar los problemas con los que nos encontramos, hacer cambios en la forma de vida, pedir ayuda si es necesaria para ir dando forma a una nueva trayectoria personal que nos haga crecer como personas, como seres humanos capaces de vencer las adversidades y superar el dolor.

El histerismo en estas situaciones agrava el problema. Cuando una persona entra en pánico y lo ve todo como insuperable, cada vez se encuentra más desesperada y ansiosa, es incapaz de tomar decisiones, duda de todo, pensar en mover un dedo ya le supone una hazaña épica. Necesita recuperar la calma, y entender que, efectivamente está pasando por una situación muy desgraciada, pero mantener la calma, pensar en soluciones poco a poco, aceptar el mal momento con la confianza en un futuro mejor, le hará más llevadero el momento.

Especialmente importante es este tipo de rupturas cuando hay hijos. Involucrarles, hacerles ver nuestro malestar, nuestro miedo, llorar por las esquinas, puede tener consecuencias desastrosas: los chicos pueden sentir miedo del futuro al darse cuenta que uno de sus progenitores “no pilota” en absoluto, pueden perder el respeto o sentir desprecio hacia la actitud que toman. Es lógico que sepan que el núcleo familiar está pasando por una situación dolorosa, que a ellos mismos les atañe, pero añadirles dolor por la impotencia de ver el sufrimiento extremo de uno de sus progenitores no hace bien a nadie.

Si alguien cercano a ti sufre una desgracia, le animas, le intentas insuflar fuerzas, le haces sentir capaz de superar la situación. Eso mismo tienes que hacer contigo: darte autoinstrucciones positivas, planificar formas de pasar el trago (que no es eterno) de la mejor manera posible. No caer en catastrofismos sobre una vida solitaria (siempre me acuerdo de la pobre señora que los cangrejos le comían las ropas en el Muelle de San Blas).

Es normal el dolor, es normal la decepción, y el miedo, pero el miedo no puede paralizarte: analiza, pide ayuda, haz un plan para resurgir, céntrate en los pequeños avances, date pequeños caprichos, SIÉNTETE ORGULLOSO/A DE TI.

La histeria nubla la razón, impide pensar, conduce al pánico, pero recuerda: estamos hablando de algo que ya está pasando, no es momento de perder el norte, es momento de centrarse, sufrir, tirar y esperar a un futuro que va a ser tuyo y va a ser bueno.

LA BANALIZACIÓN DE LOS TRASTORNOS MENTALES

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Hay palabras que duelen como puñales, y expresiones que se utilizan a veces en un sentido coloquial que sin embargo deberían ser completamente desenterradas de nuestro vocabulario.

“Tienes un TOC”, “Ese es bipolar”, “Esa persona es tóxica”, “mi niño es hiperactivo“… con qué alegría lanzamos estas expresiones sin darnos cuenta que demostramos en primer lugar una absoluta falta de empatía hacia los demás (hacia aquellos de los que lo decimos, hacia aquellos que padecen de alguno de estos trastornos”, y además de poco empáticos, nos delatamos como unos ignorantes: hay cosas que si no se saben de qué se hablan, mejor no decirlas.

La célebre expresión “tiene un TOC”, la solemos emplear con personas que tienen manías. Y maniáticos, en mayor o menor medida lo somos todos (y segun vamos cogiendo años, más). Tener manías se debe a una necesidad de control sobre el entorno que ofrece seguridad a las personas, y se da más en personalidades más rígidas. Eso no es un trastorno ni muchísimo menos, simplemente es una forma de ser, que a veces puede resultar irritante, sin más.

Una persona que tienen un TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO sufre un tipo de trastorno de ansiedad en el que existen unos pensamientos generalmente destructivos, e invasivos, y la única forma que tienen estas personas de neutralizarlos es a través de la repetición de rituales que bajen su ansiedad. Hay diferentes tipos de pensamientos y diferentes tipos de rituales, pero lo que debemos tener en cuenta es que producen un empeoramiento de la calidad de vida del paciente, que se ve atrapado en su mundo de obsesiones y miedos, generando un estado de ansiedad y depresión bastante profundo, que le aisla del mundo, que le atrapa y que le impide vivir una vida normalizada. Normalmente requieren tratamientos largos y complejos y ayuda farmacológica. No es exactamente como tener siempre dos ambientadores olor a pino en el coche.

Luego tenemos los “bipolares”, cualquier persona que tiene oscilaciones en su estado de ánimo es bipolar (como si aquí todos fueramos robots que no tuviéramos diferentes tipos de estados de ánimo). Hay personas más inestables emocionalmente, en muchos casos por un exceso de extraversión, por falta de control de impulsos o porque nadie le ha parado los pies en sus cambios bruscos de humor. Hay personas sensibles a los cambios del entorno que pasan de un estado de animo a otro de manera abrupta, porque todo les afecta. Chuck Norris jamás sería bipolar, está claro, pero los componentes de la bipolaridad son muy complejos (hay diferentes tipos), y en algunos casos se manifiestan con depresiones abruptas y muy severas y en otras se alternan estados de depresión profunda con una euforia ilimitada que puede llevar a la persona a cometer auténticas locuras. Es un trastorno mental muy importante, que siempre necesita medicación de por vida y puede producir la incapacitación de la persona, Creo que por respeto a estas personas, deberíamos intentar evitar esta expresión.

Luego tenemos a las “personas tóxicas”, que es un término muy utilizado ultimamente. Resulta que nos rodeamos de personas tóxicas, pero nosotros somos perfectos. Es posible que demos con personas tóxicas, pero en nuestra mano está permanecer a su lado, no poner límites o en ocasiones, incrementar la toxicidad. Desde luego, si el patrón es que siempre tienes relaciones tóxicas, tal vez deberías analizar de quien parte la toxicidad y el casting que realizas para la selección de tus amistades.

Lo de “mi hijo es hiperactivo” cuando lo oye una madre de un niño realmente hiperactivo, se le deben poner los pelos de punta. Un niño hiperactivo puede llegar a un descontrol tal de sus impulsos y de sus conductas motoras que en ocasiones tienen que llevar casco para no lesionarse, ya que suelen tener muchos accidentes por su continuo movimiento. No pueden centrarse y no pueden parar, sufren dificultades serias en el colegio, suelen tener pocos amigos, y a pesar de intentar “portarse mejor”, no es algo que se haga a propósito, por lo que necesitan muchísima paciencia para bajarles la activación, necesitando en muchos casos adaptaciones curriculares para que puedan seguir las clases. Claro, si un niño es un pesado integral que corre entre las mesas de un restaurante, tira la pelota contra la gente, se choca por la calle con la gente porque corre mirando para atrás, no obedece ni a la de tres y salta por los sillones, ya tenemos el catalogado como hiperactivo, pero desgraciadamente es que es muy duro decir “tengo un hijo que es un salvaje porque no sé educarle o me da pereza”, etiquetita al canto y que todo el mundo comprenda que su hijo tiene que ser aceptado por algo que no es.

De verdad, por respeto a las personas que realmente tienen problemas importantes, no tildeis pequeños fallos como si se trataran de trastornos mentales.

Ninguno de nosotros estamos libres de pasar por algún tipo de situación de desestabilización emocional y es un proceso de lucha interior, de soledad y de miedo que debería merecernos mucho más respeto.

Respetemos los trastornos mentales como situaciones de la vida que no pueden usarse en sentido peyorativo. Seamos más humanos.

IDEAS OBSESIVAS: CUANDO SE ENTRA EN BUCLE

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Al hablar de ideas obsesivas no nos estamos refiriendo en este caso a un TOC, es algo más sencillo: se nos mete algo entre ceja y ceja y no podemos parar de darle vueltas.

Pueden ser situaciones personales o laborales, relaciones afectivas o dificultades con algún miembro de la familia política.

La persona se empieza a obsesionar con una idea y ésta se hace central en su vida, lo contamina todo, su vida, sus actos, sus acciones vienen determinadas por la idea obsesiva que les marca y les amarga la existencia.

La persona que está pasando por una situación de obsesión, a menudo ha pasado previamente por una situación en la que se ha sentido injustamente tratada y no ha podido defenderse, o es una situación que ha ido in crescendo, haciendo que cada cosa que haga o diga la persona con la que tiene una manía obsesiva la interprete como una ofensa personal.

Entrar en ese bucle supone perderse todo lo demás que conforma la vida y no poder disfrutarlo, es como descartar cualquier situación agradable porque no podemos apreciarla, sólo vivimos pensando en aquello que nos obsesiona y consume.

Es imposible dejar de lado el pensamiento, girando y girando en nuestra cabeza, consumiendo días, semanas, meses.. y produciendo un deterioro en nuestro estado anímico y nuestras relaciones con el resto de las personas.

Salir de una obsesión supone la identificación de aquello que hemos considerado en principio una afrenta, re-evaluándolo en términos objetivos, midiendo en términos de coste-beneficio lo que realmente nos supone esa obsesión en nuestra vida, para posteriormente trabajar el modo de ir reduciendo su peso emocional y aprendiendo a manejar la situación identificando los momentos en los que estamos atribuyendo un ataque a situaciones que en otras ocasiones o viniendo de otras personas, no le daríamos importancia.

Cuando estamos obsesionados con algo o alguien en términos negativos, focalizamos toda nuestra atención hacia sus actos y dejamos de vivir para centrarnos en acechar.

La persona obsesionada sufre, su entorno sufre y, desgraciadamente en la mayoría de los casos, la única forma de salir de esta situación es mediante la aplicación de técnicas cognitivo-conductuales (terapia psicológica) que enseñen al paciente los pasos adecuados para conseguir el cambio:

identificación- re-evaluación - acción

Si estás “consumido” por alguna idea obsesiva, no pierdas ni un segundo más de TU vida, tienes que sacarlo de la cabeza, tienes que romper el bucle porque estás dando vueltas como un hamster en su rueda, algo cansado y estéril.

LA DIFERENCIA ENTRE LA REFLEXIÓN Y EL JUICIO

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Es muy español eso de ir juzgando a las personas. En tres minutos de ver a una persona ya le hemos cortado un traje, para qué esperar, escuchar, intentar comprender… nos lanzamos a juzgar personas y situaciones con una ligereza digna de mejor causa.

Tal vez ese mal vicio se vaya curando con la edad, yo creo que sí, que las personas mayores, por la experiencia de la vida y porque ya no se creen los más listos del pueblo, suelen ser más pacientes a la hora de enjuiciar.

Por supuesto somos iguales juzgando personas y situaciones (vete a un bar a la hora de un partido y te vas a encontrar a los mejores seleccionadores nacionales de fútbol todos ahi, concentrados con su cañita y su profunda reflexión sobre alineaciones, pases y faltas).

Hasta ahí nada que objetar, que somos muy jueces y que de todo opinamos,, y eso, no hace demasiado daño (excepto cuando la persona ya es una criticona nivel pro, que lo que necesitaría es ver su nivel de frustración para saber por qué le fastidia todo el mundo, bueno, a ese tipo de personas, se les puede aconsejar que miren a ver si se pueden comprar una vida por Amazon,que seguro que las venden.

PERO NO ES ESE EL TIPO DE JUICIO PELIGROSO

El juicio peligroso para nuestra satisfacción personal y nuestro grado de adaptación es el que hacemos sobre nosotros mismos.

Hay personas que se detestan de una forma increíble. Todo lo que hacen les parece que los demás lo va a juzgar ridículo, inapropiado, absurdo…

Estas personas siguen el lema de “antes de hablar fustígate”, y claro, como su autoconcepto es malo y consideran que lo que ellos digan no es igual de válido que lo que dicen los demás, suelen ser personas que se retraen y sólo se atreven a ser ellas mismas con muy pocas personas.

Este problema en algunos casos es debido a un trastorno por fobia social (miedo a la interacción social), y en otras ocasiones es por una conducta aprendida, o por haber sido muy cuestionados por sus padres en su infancia.

Es necesaria la intervención sobre estas personas porque no son felices. Desearían ser como las otras personas, estar cómodas, disfrutar con amigos, dar su opinión, pero creen que esto no es para ellos.

Afortunadamente el desarrollo de técnicas apropiadas incrementan las habilidades sociales de estas personas, a la vez que se trabaja sobre sus creencias erróneas sobre que otras personas siempre nos van a juzgar negativamente.

Si este es tu problema, es hora de que te grabes en la cabeza que NADIE ES MAS QUE NADIE, y a partir de ahí empezar a cambiar el juicio implacable por la reflexión sobre lo que hacemos y decimos, pero no con el objetivo de cohibirnos, sino de encontrarnos cada vez más integrados socialmente.

LOS REYES ME HAN TRAIDO RESILIENCIA!

Son mágicos estos Reyes que te traen lo que necesitas, además de cosas, porque a veces no necesitas cosas que se compran o que te dan, son cosas que salen de ti.

A mi me han traído brillo a mi armadura, y con ese traje lustroso y brillante hecho de fuerza y de ilusión, lo tengo hecho, ya todo lo demás viene en el pack. Es como… los 3 deseos del mago, pero a lo bestia, no son tres deseos, es uno que es todo: ganas.

Muchos sabéis (o algún aburrido de la vida que me lee) que hace siete meses me detectaron un cáncer de pecho. Ya he pasado por todos los procesos que lleva esta enfermedad, siempre con un puntito de deformación profesional, intentando apresar las emociones y miedos que puede sufrir un enfermo de cáncer.

Acabó la primera fase de esta etapa en la que no soy digna representante de esta enfermedad, yo soy de las afortunadas que el tratamiento les funciona y que siempre recibe buenas noticias.

He aprendido que es vivir con una quimio y no dejarse vencer por ella, pero comprender que no todas las condiciones físicas son iguales. Ahora sé no se es valiente por ser fuerte, es ser valiente por no tirarte por una ventana cuando el cuerpo no puede más y la incertidumbre sobre la muerte es algo real.

Yo sólo lo superé pensando en las posibilidades que existen de morirte de cualquier cosa cualquier día del mes. No creo que tener un cáncer o hacerte 50.000 km. al año diferencien mucho las estadísticas, o simplemente que sea tu día. No es el cáncer el que te pone fecha de caducidad en realidad, en algunos casos te da una fecha aproximada, y eso asusta, pero atragantarte con una uva puede ser en definitiva más letal que el cáncer.

Este proceso ha sido agridulce: estoy harta de médicos y tengo las venas como un colador, sigo con la espadita de damocles encima de la cabeza, porque cuando tienes un cáncer los médicos son gallegos y nunca sabes si las cosas van bien o mal, esa es la parte negativa, que luego os detallaré más, pero tiene una gran parte positiva: la humanidad, la valentía de los demás, el amor real.

He recibido lecciones durante siete meses difíciles de olvidar, se me encoge el corazón recordando a todos los amigos de mi hijo, con una sinceridad en su preocupación que te devuelven el haberlos visto crecer, el saber que son realmente parte de ti, que no te olvidaron en su infancia.

He tenido a mi lado a unos hijos con una entereza que yo no hubiera sabido capaz de tener, sin agobiarme, comprendiendo que el sentido del humor era nuestra válvula de escape, haciéndome reír camino del quirófano, y estando siempre ahí.

He tenido a una amiga de las que casi nadie puede tener. Una amiga que no pregunta, que se anticipa, que está dispuesta a sacrificar estos siete meses de su vida por ti, para hacerte la vida fácil, para hacerte sentir cómoda, para que no tengas frío, para escucharte, para permanecer callada a tu lado, para irse o para venir sin necesidad de explicarle lo que te pasa.

He tenido una hermana que ha llorado mi enfermedad, que ha dejado de lado todas las tonterías que pueda haber entre hermanas y ha estado ahí, la primera, ofreciendo todo para cuidarme.

Y he tenido a mis pacientes, comprendiendo y pasando esto a mi lado. Siendo sin saberlo un punto de anclaje con la realidad, permitiéndome evadirme de mi propio ombligo para centrarme en ellos, reafirmándome en mi creencia de que es más duro un dolor del alma que del cuerpo,

Familia, amigos, pacientes, me han dado una lección de amor (y alguna de todo lo contrario, que agradezco para saber con quien no perder el tiempo que es oro)

Pero ahora viene una reflexión sobre algo que considero muy importante desde el punto de vista psicológico, algo en lo que yo no había reparado y he sufrido, y he tardado 2 meses en asumir.

¿Qué pasa con el paciente oncológico una vez es operado con resultados positivos? Pensaréis que es el alivio, la felicidad, el pasar página…no, es el principio del precipicio.

Durante un proceso oncológico hay un proceso de afrontamiento en el que todos los esfuerzos se dirigen a una meta: que la quimio funcione, que la operación sea positiva… vale. Pongamos que todo sale bien. ¿Es el final? eso es lo que todos pensamos.

En el paciente quedan unas secuelas psicológicas. Se hace consciente de lo que ha vivido, y aparece la reexperimentación. Hay un miedo a una recidiva, y cada prueba, cada revisión se vive con angustia. Los familiares intentan animarte a hacer cosas, a recuperar tu vida y actividad anterior, pero las secuelas de la quimio tardan un tiempo en desaparecer y el cuerpo no responde, y te debates entre los sentimientos de culpa y de incomprensión, te asaltan dudas sobre si estarás sacando provecho de tu malestar, si estarás quejándote demasiado…

Los médicos que antes te arropaban y te veían cada semana,ya no están, te verán cada tres meses, y mientras, te las tienes que apañar con tus dolores o tus molestias, asumiendo que son normales.

En mi caso estuve en el hospital tras una mastectomiía menos de 48 horas, y ni me informaron sobre si podía llevar sujetador o no, o qué podía hacer o que nó. Me fui a casa arrastrando una maleta 300 metros hasta una parada de taxi con una bolsa de tela escondiendo mi botella de drenaje, y recibí….muchísimas felicitaciones porque todo había ido bien.

Me ha costado dos meses este último golpe de tententieso hasta que me he vuelto a centrar.

Ya no me importa gran cosa la tasa de recaídas, no me tengo que tomar un lexatín para poder ducharme y pasarme una esponja por el lugar donde antes había un pecho y ahora hay una nada que me recuerda un mal sueño de siete meses en el que aprendí a levantarme cada día para luchar.

Me he cansado de ser una enferma, me he cansado de la palabra cáncer y ya no necesito tomarme un lexatin para mirar un vacío que a fin de cuentas no me ayudaba a caminar, escribir o pensar.

Tengo ganas, las ganas que me han traído los Reyes Magos de regalo. Ganas de abrir la consulta, remangarme y poner a funcionar todos mis recursos para hacer que la gente deje de sufrir y encuentre un sentido a la vida.

Este año quiero ser un poco Rey Mago cada día con mi trabajo.

Y esta vez las gracias van para mi hermana y su marido.

A todos los demás, y como siempre les digo con pleno convenciimiento cada vez que vienen a mi consulta: VAMOS A POR ELLO.

DIA MUNDIAL DEL CÁNCER DE MAMA: LOS HÉROES SON LOS QUE NOS CUIDAN

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Las mujeres que sufrimos un cáncer de mama somos consideradas unas valientes y unas luchadoras. Lo de ser valientes no es en nuestro caso una opción, es lucha por la supervivencia, que llevamos con mayor fortuna dependiendo de muchísimos factores: nuestra fuerza interior, nuestra resilencia, la convicción que poner de nuestra parte va a hacer más fácil el proceso, la actitud positiva que siempre resta dramatismo a un hecho cruel pero cierto del que no podemos huir.

Sin embargo, en todo el proceso de un cáncer, el papel de las personas allegadas, las que se involucran en el padecimiento de la mujer, es duro y ante todo es OPCIONAL: quien se mantiene al lado de una enferma de cáncer tiene que hacer un sobre esfuerzo tanto en la asunción de tareas como en el área emocional.

Cuando recibes un diagnóstico demoledor, en el que la mujer sabe que emprende un camino lleno de sufrimiento físico, desgaste mental, dolor e incertidumbre, tu mundo personal y social se muestra nítido, sin trampa ni cartón. Llegan los posicionamientos claros y las personas que se involucran en tu sufrimiento hasta extremos insospechados.

Creo que la persona que lo padece sufre muchísimo esta situación. La quimio supone el sufrimiento físico y constante, las pruebas la incertidumbre y la ansiedad, los cambios físicos la necesidad de construir una nueva autoestima alejada de los cánones estéticos, y para muchas, los momentos malos la necesidad de pedir ayuda y de mostrarnos enfermas (para las que somos madres es muy complicado y doloroso este rol).

En mi caso mis valientes son en primer lugar mis hijos, que han sabido multiplicar su tiempo y cambiar sus prioridades para poder continuar con sus trabajos y a la vez estar en primera linea de batalla, ayudando, acompañando, anticipando las necesidades, dejando de la noche a la mañana de ser aprensivos con hospitales, curas, inyecciones…

Ellos no están enfermos, y sin embargo viven mi enfermedad, tal vez de una forma más dura: pudiendo huir del sufrimiento y sin embargo eligiendo estar ahi, con la impotencia de no poder curarme y la angustia de mi día a día (a veces complicado, soy de las que cuento una y callo veinte).

También están los amigos, esa extraña tropa que se mete en el calendario mis fechas de quimio para bombardearme de ánimos a las 7 de la mañana, que están, que respetan los momentos y saben escuchar y en muchas ocasiones sólo decir: “estoy aqui y te quiero”.

Para mi héroe con capa y superpoderes es la amiga que me regaló mi primer perro (ahora tengo dos) y que cada día, tres veces por día, compaginando con su trabajo, lleva a mis perros de paseo, cuando va a la compra hace la mia con cosas que piensa que me pueden apetecer, aparece los días que me ve mustia y se planta en casa de una forma “tan casual” que se cree que no me he enterado que tiene un grupo de whattsap con mis hijos y se van organizando.

Está mi madre, que ya es mayor y sabe que me duele verla sufrir, y que espera a que sea yo quien la llame, a pesar de su angustia, porque busca lo mejor para mi, está mi hermana que me hace mermeladas y llora mi pena y haría lo necesario para hacerme sentir mejor.

Todas esas personas no tienen un cáncer, pero sufren la parte emocional del cáncer de una forma intensa y dolorosa, y para mi son los valientes, porque son los que eligen estar, los que eligen permanecer día y noche al lado del sufrimiento, los que realmente se secan las lágrimas para dar lo mejor de ellos mismos, a los que tan sólo unos pocos de sus amigos (aquellos que han pasado por situaciones similares) podrán ayudar y comprender.

Creo que la sociedad comprender a los enfermos de cáncer, y nos cuidan y nos protegen, pero considero que debemos ampliar urgentemente ese círculo solidario y asistencial, procurando, ofreciendo apoyo desde la misma red hospitalaria, a todos estos valientes silenciosos.

Para mí el sufrimiento opcional es el mayor de los sacrificios, y para mi, ellos son los héroes de esta triste historia, y los que nos dan fuerza para seguir adelante.

AMAR ES...PERSEGUIR UNA ACTITUD POSITIVA

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Ante los problemas de la vida (grandes o pequeños) somos nosotros mismos los que decidimos cómo afrontarlos. 

Los problemas no tienen peso específico, no tienen la cualidad de poder definirse por niveles, porcentajes, magnitudes físicas. Se definen por cómo los afrontamos, por una decisión personal de gestión de la dificultad y el dolor.

Obviamente no será lo mismo la rotura de un pie que el incendio de una casa, no tiene la misma repercusión ni movilizará en nosotros tantos recursos para su gestión. PERO (debería decir mejor:  PERO es la forma en que decidimos hacer frente al problema lo que definirá el nivel de sufrimiento. 

La resiliencia es un concepto básico en el afrontamiento de problemas: la capacidad para crecerse ante las dificultades. En el extremo opuesto a la persona resiliente estaría la persona débil y victimista.

Los victimistas tienen un componente tóxico y un poco chupóptero de la energía de los otros. Ante las dificultades no se toman ni un tiempo mínimo en intentar afrontar los problemas, buscar soluciones, crecerse. Su forma de actuar es cómoda y sencilla: "si tengo un problema y se lo transmito a mis allegados como algo insalvable y que me hace sufrir inmensamente, ellos se sentirán responsables de aliviar mi sufrimiento".

El concepto como cómodo es comodísimo, es como pasar el testigo en una carrera de relevos: te paso mi dolor y así me alivio yo. 

Las personas que actúan así muestran muy poco amor por las personas que les rodean. Nada produce más impotencia que ver a una persona derrotada y que no hace esfuerzos por mejorar su situación, de la que hay que tirar continuamente como un pesado fardo que llevamos a la espalda. 

No existe problema en el mundo que no pase por el tamiz de nuestra propia valoración, de nuestros intentos por afrontarlo. La ayuda de las personas que nos quieren resulta fundamental (el apoyo social es básico en la superación del problema), pero no podemos dejar de diferenciar entre APOYARSE y TIRARSE ENCIMA DE. 

Querer a alguien, cuando tienes un problema, pasa por hacer esfuerzos (los que se puedan, grandes o pequeños, exitosos o tan solo intentonas) de salir adelante. Eso ofrece seguridad a las personas que nos rodean respecto a que estamos intentando afrontar las situaciones, que nos pueden dar la mano para recorrer el camino, pero que no tienen que llevarnos a su espalda.

Cuando tengas alguna dificultad en la vida, por favor, muestra amor a los tuyos. Mírate en un espejo a los ojos, busca la fuerza en tu interior y llega hasta donde puedas, siempre tendrás a los tuyos para acompañarte en los desiertos de la vida, pero no les hundas innecesariamente con el peso emocional de tirar de un carro que no quiere rodar, que quiere que le lleven en volandas.

Nunca digas "NO PUEDO" sin intentarlo, estarás diciendo "ME QUIERO MAS A MI QUE A TI", y todo lo que venga después, piénsalo en tu interior, serán palabras vacías. 

EL PACIENTE DIFÍCIL

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Diferentes problemas que requieren intervención terapéutica son especialmente difíciles de abordar por la actitud del paciente.

Cuando un paciente se bloquea en el "no puedo" no está realmente intentando promover el cambio (que está en su mano, no en el terapeuta, que puede guiarle, darle pautas, pero el esfuerzo de llevarlo a cabo es del paciente, con apoyo, pero es algo personal).

Algunas personas piensan que el hecho de ir a terapia y pagarla tiene que ser suficiente para curarse. Entre estos yo les recomendaría que fueran directamente a Salud Mental: psiquiatría, que pidieran medicación y se limitaran a quejarse de sus problemas paliándolos, que no solucionándolos. Al menos es gratis.

Los límites nos los ponemos nosotros. Un "no puedo" es síntoma de un esfuerzo mínimo, de una falta de capacidad para pensar que somos nosotros y nuestro esfuerzo, muchas veces titánico y doloroso el que promoverá nuestra mejoría.

Los terapeutas tampoco somos exactamente tiranos. Comprendemos estas dificultades, y no, no nos limitamos a escuchar: buscamos y promovemos un cambio en conductas y pensamientos, pero intentamos adaptar los cambios a la capacidad de cada paciente.

Cuando el paciente se limita a decir "no puedo" (parar los pensamientos, dar un pequeño paseo, levantarse de la cama, hacer actividades ligeras, escribir pensamientos negativos y modificarlos mediante técnicas aprendidas en consulta), poco se puede hacer.

Nadie puede conseguir lo que nosotros mismos no somos capaces de intentar. 

Decir "no poder" es rendirse antes de intentarlo, es no hacer esfuerzos, es pensar que la paciencia de las personas que nos rodean y se preocupan es infinita (y a veces no lo es).

No des jamás pena, deja de caer una y otra vez en tu propia sensación de incapacidad y empieza a cambiar ese diálogo interno del "no puedo" por el "tengo que poder". Si tan mal te encuentras como para pedir ayuda, aprovéchala. 

Los terapeutas sabemos lo difícil que es arrancar, el sufrimiento, el miedo, la sensación de incapacidad, y contemplamos estos factores e intentamos ayudar a superar estos momentos, pero si la persona no hace nada por cambiarlo, si su única pantalla mental es negra con un enorme NO PUEDO impreso, tal vez la terapia jamás les ayude a superar su situación.

Todos podemos intentarlo. Nadie, absolutamente nadie puede permitirse sufrir por no intentarlo.

Piensa en gente a tu alrededor, con grandes o pequeños problemas, pero con la determinación de intentar superarlo. Lo conseguirán o no lo conseguirán, pero siempre sentirán en su interior la satisfacción de haberlo intentado, el respeto por ellos mismos.

Si necesitas una mano, recuerda que yo tengo dos (San Agustin), pero a veces, además de mis manos o mis consejos necesitarás confiar en ti mismo. 

FAMILIARES DE ENFERMOS: CUIDADO CON LA GANANCIA SECUNDARIA

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La ganancia secundaria es el beneficio que obtiene un enfermo expresando quejas sobre su enfermedad, y de esta manera recibiendo mayor atención de sus cuidadores.

No se trata de un fenómeno realizado conscientemente, simplemente el aprendizaje de las consecuencias de una conducta de queja (mayor atención) hace que se perpetúe y acentúe.

Esta situación pone a los familiares ante un dilema moral: la atención que requiere el enfermo por un lado (sería el componente subjetivo), y la necesidad de mantener una conducta firme pero cariñosa, no atendiendo sistemáticamente a estas quejas (componente objetivo). 

Pongamos el ejemplo de una persona con una depresión (valdría para muchísimas enfermedades, y es también frecuente en los pacientes que padecen dolor crónico y no siguen las prescripciones de realizar ejercicio).

Pues bien, la persona con una depresión severa se siente incapaz de realizar las tareas encomendadas y necesarias para empezar a salir de la depresión: realizacion de pequeñas actividades, levantarse de la cama, escribir sobre sus pensamientos negativos e intentar neutralizarlos, y otras muchas herramientas destinadas a sacar a la persona de su estado de inactividad y pensamientos obsesivos de corte catastrofista.

Como a estas personas les cuesta muchísimo iniciar cualquier tipo de actividad, cuando sus familiares les animan a realizar las tareas encomendadas, suelen refugiarse en el llanto y en quejas sobre sus ganas de morirse, en acusaciones sobre incomprensión de su enfermedad, etc. Esto suele derrumbar a las personas del entorno, dejando de insistir a la persona que está sufriendo esta enfermedad. La ganancia secundaria que consigue el enfermo es cuidados constantes, atención, comprensión y aceptación de su falta de fuerzas para iniciar cualquier actividad, perpetuando el problema.

Podríamos extender este ejemplo a personas que tienden a tener ansiedad. No realizan las actividades encomendadas y en muchas ocasiones los intentos de los familiares porque pongan algo de su parte se traduce en hiperventilación, mareos y acusaciones sobre que la presión les produce un incremento de la ansiedad.

Esta situación de ganancia secundaria por parte del enfermo desgasta emocionalmente a sus familiares y perpetua o agrava al problema, ya que impide la adherencia al tratamiento. 

Ante esta situación, es necesario ignorar las quejas somáticas de los pacientes que no consigan llevarnos a su terreno. Aquellas cosas que son buenas para ellos pero que se niegan a hacer, se les instará a hacerlo, pero ante su negativa, cualquier otra queja tendrá que ser respondida con una atribución de su responsabilidad en la falta de esfuerzos para iniciar su mejoría.

Es una situación muy complicada, que en muchos casos requiere orientación terapeutica para poder comprender las conductas que deben ser reforzadas, las que no y que los familiares comprendan que el exceso de cuidados pueden perjudicar al paciente, haciéndole una persona dependiente, demandante y abandonando cualquier esfuerzo para recuperarse. 

LA SOLEDAD COMO UNA DE LAS PRINCIPALES CAUSAS DE TRATAMIENTO PSICOLÓGICO

Efectivamente, uno de los principales motivos de petición de consulta en el psicólogo es "la soledad".

Este sentimiento se distribuye de forma homogénea entre la población, es un mal que no respeta sexo ni edad (nos referimos a la edad adulta).

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Muchos casos de los que se presentan obedecen a una ruptura de pareja, pero en muchas ocasiones, las personas que sienten esta emoción tan negativa, son personas jóvenes que se encuentran aisladas, ya que al llegar a una edad en la que sus amigos o amigas se han emparejado, cambian los planes y ellos se encuentran de golpe aislados.

La soledad se siente muchas veces incluso cuando se está rodeado de gente, porque la soledad de la que hablamos, la patologica, la que produce miedo y se ve como irreversible, es una soledad respecto a la posibilidad de compartir intimidad, planes, ideales, proyectos, de sentirse especial para alguien.

La emocionalidad negativa unida al sentimiento de soledad produce pensamientos catastróficos, la persona no encuentra una salida a esta situación, se siente atrapada, sin capacidad de cambiar las cosas. 

El mayor error que puede cometer una persona que siente ese tipo de soledad (la del alma), es lanzarse a la búsqueda de una persona que mitigue esa sensación. Puede encontrarla, puede cerrar esa sensación en falso, pero la realidad es que es una manera rápida de alivio que simplemente supone no enfrentarse a la realidad de no saber disfrutar el momento vital, el no querer reconocer que no ha llegado a la madurez personal que supone no necesitar una pareja (lo que a veces desemboca conformarse, engañarse a uno mismo o priorizar la compañía a la auténtica felicidad que supone la plenitud de una relación). 

Cuando una persona siente esa soledad, debería realizar un trabajo personal previo, analizar sus pensamientos catastrofistas, su necesidad de alivio a cualquier precio, la obsesión por encontrar fuera lo que debería encontrar dentro de su persona.

Hay muchas maneras de ser feliz, y no todas pasan por estar en pareja (de hecho hay personas que se aferran a estar en pareja a pesar de su profunda insatisfacción, pero el miedo a esa soledad les impide avanzar, ser valientes para intentar aprender a disfrutar de la vida).

La persona que sufre de "soledad" primero debe quererse (normalmente la autoestima está dañada), profundizar sobre las cosas que le hacen disfrutar o que desea realizar, y priorizarlas. Muchas puede empezar a hacerlas sola, evitando la rumiación del "todos en pareja menos yo", y cambiándolo por "tengo la suficiente autonomía para saber qué cosas me gustan y hacerlas, no dejar pasar la oportunidad".

El trabajo en uno mismo, aprender a caminar sólo por la vida sin obsesiones por encontrar a alguien o esos pensamientos negativos sobre la imposibilidad de tener una pareja, hace que poco a poco (y tengo que recalcar el poco a poco), la persona se centre en sí misma y en sus necesidades, se siente orgullosa de sus pequeños y grandes logros y pierda el miedo a la soledad.

Cuando la persona deja de obsesionarse con buscar a alguien, pierde ese halo de negatividad y de cierto grado de desesperación, que actúa como un auténtico repelente para las otras personas. Nada más agradable que la serenidad y seguridad en si misma que emana de alguien que disfruta por si mismo de lo que hace, que se siente libre de decidir y hacer: que elige.

Las personas que aprenden a vivir en soledad, disfrutar de lo que hace, abrirse a nuevas experiencias, propiciar nuevas amistades, nuevas formas de ocio, que saben lidiar con la frustración de los días grises (que se tienen en soledad y sin ella), se muestran serenas, satisfechas, abiertas a nuevas experiencias, recuperan su autoestima y, esto es fundamental: eligen.

Si estás en un período en el que te encuentras solo debes recordar algunas cosas:

- Cuanto más desesperadamente busques a alguien, más posibilidades de elegir mal

- Sentirse solo es una oportunidad de conocerse a uno mismo y aprender a valorarse y disfrutar por uno mismo de las cosas

- Tu soledad durará tanto tiempo como el que tu te dediques a sentir autocompasión de ti mismo. Mírate al espejo y decide si a esa persona que te devuelve el reflejo la quieres hacer un ser triste o prefieres sacudirte el polvo del camino y empezar de cero, paso a paso, hacia la seguridad en ti mismo

- Aprovecha este momento para enriquecerte como persona

- Deja de huir de ti mismo: al final sólo te tienes a ti

- La gente no te mira como un bicho raro por ir solo a los sitios: comer en un restaurante, ir solo al cine o al teatro puede ser desagradable si estás más pendiente de lo que piensan los demás que si te centras en el disfrute, en un par de veces te importará bien poco lo que opine la gente

- Tras ese proceso duro de soledad, saldrás reforzado como persona, y probablemente los demás te encontrarán una persona enriquecedora e interesante

Acuérdate que la vida tiene momentos malos. De ti depende en convertir un mal momento en una oportunidad para aprender a ser feliz. 

Y...jamás te conformes por evitar este momento de dolor. No siempre vas a estar solo, pero de cómo gestiones esta experiencia puede depender encontrar la persona adecuada o encontrar la persona que te hace sentir que tienes pareja, pero que con el corazón en la mano piensas "estaba mejor sola que mal acompañada".

La soledad no es eterna. El camino para superar esa sensación es duro. Los frutos son dulces.

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RUPTURA DE PAREJA: EL ALMA DEVASTADA

Una ruptura de pareja, aunque sea la mejor opción que pueda tener una persona para llegar a ser feliz, supone pasar un período de intenso dolor y desesperanza respecto al futuro.

Dentro de una pareja, la persona encuentra un refuerzo positivo en algunos aspectos fundamentales para el ser humano: sentirse acompañado (no estar solo en la vida), no percatarse de su propia soledad o aislamiento en caso de haber dejado de lado su vida anterior (ocio, amigos), sentir que camina junto a alguien.

La ruptura, aún siendo deseada o necesaria, produce un sentimiento de caos emocional en la persona: se encuentra perdida y experimenta dificultades para reorganizar su mundo personal (emocional y social). 

El miedo atenaza, la desesperación por no saber cómo salir de esa situación y entonces aparece la idealización de la pareja perdida, omitiendo todos aquellos aspectos negativos y dolorosos de la relación: se empieza a pensar que tal vez se esté mejor acompañado que en soledad, y no se contempla la posibilidad de mejoría a largo plazo (ese corto plazo que nos lleva a todos por tan malos caminos). 

El inicio de terapia con estas personas es difícil, tanto porque no son capaces de analizar el pasado con objetividad, como los pensamientos catastrofistas respecto al futuro. El "yo puedo" no suele ser parte de su vocabulario, y eso les dificulta, les lastra en su proceso de recuperación.

Utilicemos un símil (siempre vienen bien en terapia):

Imaginemos que teníamos un pequeño jardín: había flores y muchas hierbas malas. Era un jardín que no podíamos disfrutar porque las ortigas lastimaban nuestras piernas. A veces veíamos flores bonitas, pero en la mayoría de las ocasiones era un jardín al que no podíamos acceder.

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Nadie quiere un jardín así. Tal vez sea necesario coger nuestra pequeña parcela y sanearla: es la ruptura.

Tras esa ruptura nos encontraremos con una parcela de tierra, en la que todavía hay alguna mala hierba (nuestros pensamientos torturadores, el anhelo de una relación, la desesperanza respecto al futuro). Ya no hay ortigas, sólo malas hierbas, que tendremos que arrancar pacientemente hasta dejar la tierra sana.

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Aún no es hermoso, no nos gusta nuestro jardín vacío de todo.

Empecemos la terapia entonces.

Sembremos.

Cuando se siembran semillas, el trabajo es arduo y no hay una recompensa inmediata. Trabajamos duramente sin recibir ningún fruto, ninguna flor, sólo la expectativa, la ilusión de que" algo hermoso brote. Este es el núcleo de nuestra terapia: sembrar, trabajar de cara al futuro. Elegir y diseñar nuestro jardín, soñar con cómo será, sin saber exactamente cuándo lo veremos florecer.

Y poco a poco, ese jardín personal irá llenándose de todo aquello que hemos plantado. Pueden morir algunas plantas, puede que algún árbol no de buenos frutos, pero puede que algunas de las flores nos sorprendan con su belleza.

Sera nuestro jardiín, probablemente no perfecto, pero si nuestro, agradable de ver y de disfrutar. Un jardín que no daña, que no hiere, y del que podemos sentirnos orgullosos hasta del último de sus frutos.

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Trabaja a largo plazo, siembra, sueña, aguanta el tirón de los malos momentos y no te quedes en el pasado o en el presente doloroso.

Si te hicieron daño, recuerda a Scarlatta O'Hara, y en tu campo sin fruto, levanta un puñado de tierra hacia el cielo y grita: "A Dios pongo por testigo que luchare para labrar mi propia felicidad"

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"Kufungisisa": el cansancio mental por pensar demasiado

Kufungisisa es una palabra de la lengua shona (Zimbabwe) que considera que pensar demasiado produce problemas como la ansiedad, depresión y problemas somáticos.
 Esta preocupación constante, que puede ser en torno a un tema en concreto (problemas conyugales, dificultades económicas, etc), y supone la rumiación constante de los problemas, con incapacidad para disfrutar de las cosas o pensar en cosas diferentes, como un pensamiento obsesivo al que se da vueltas constantemente.  
De esta forma Kufungisisa se asocia con varios tipos de trastornos psicopatológicos, como la ansiedad generalizada, los ataques de pánico, síntomas depresivos e irritabilidad.
En muchas culturas se considera que “pensar demasiado” es perjudicial para la mente y el cuerpo, provocando cefaleas y mareos.
Trastornos relacionados en el DSM-5: trastorno de depresión mayor, trastorno depresivo persistente (distimia), trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de estrés postraumático, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de duelo complejo persistente.
¿SE PUEDE CONTROLAR ESTE PROBLEMA?
Ciertamente es difícil conseguir un control sobre los pensamientos obsesivos que nos invaden. Probablemente una técnica como la parada de pensamiento no sea completamente útil.
Idealmente el tratamiento consistirá en una combinación de técnicas que buscan que la persona "desmembre" el problema hasta el punto de diluirlo. Se requiere un tratamiento cognitivo conductual y posteriormente se pueden aplicar técnicas de mindfulness,
La finalidad del tratamiento es que la persona consiga elaborar los pensamientos sobre sus problemas, afrontándolos y buscando soluciones, en caso de tener solución, o aceptando una solución cuando no hay posibilidad de cambiarla, enseñándole a descentrar sus pensamientos de "su" problema para dotar su mundo interior de mayor riqueza, disfrutando de aquellas situaciones en las que hasta el momento no lograban el pleno disfrute por estar atrapados en sus preocupaciones

¿Quieres controlarlo todo? be water, my friend

La necesidad de control del entorno, de las cosas que pueden pasar en la vida en típico de las personas que sufren un Trastorno de Ansiedad Generalizada. Siempre están preocupados, y pasan de una preocupación a otro de forma que siempre andan pensando (no pueden parar los pensamientos).

Todo es objeto de análisis de "lo que puede salir mal", de forma que hay que controlarlo, neutralizarlo o (esta es la parte que más me fascina) empezar a sufrir por lo que puede pasar "porque así ya me he hecho a la idea". 

La realidad es que el destino es puro azar. Se puede controlar lo que la vida "nos concede" controlar: la dieta para no tener colesterol, los ahorros por si vienen mal dadas, la marca de champú para prevenir la caída del pelo (que si se tiene que caer, se cae) y...cosas por el estilo. Nada más.

Cuando sales a la calle con tu vida hipercontrolada y tu preocupación elegida como "La Preocupación" no sabes realmente con quien te vas a cruzar, con quien vas a hablar, si vas a recibir una noticia maravillosa o vas a tener un "día de perros" (expresión que no logro entender, porque ya me gustaría a mi vivir la vida de mi perro). 

La necesidad de controlar las variables vuelve a la persona hipervigilante ante problemas que imagina, y pensar en problemas que no han sucedido, es en cierta manera vivir los problemas. Nos resta calidad de vida.

No es cierto que anticipar un suceso negativo va a suponer que luego duela menos. Conozco personas que llevan años anticipando el fallecimiento de un familiar y sufriendo una pérdida que no sucede (básicamente porque el familiar no está enfermo). Esta situación a esta persona le hace vivir en constante estado de alerta, tiene ansiedad, vive pendiente del móvil, no viaja por si pasa algo en su ausencia, tiene dificultades en su relación de pareja y un estado de ánimo deprimido. Insiste en que pensar sobre el fallecimiento del familiar le prepara para el suceso, aunque lo único que consigue es no disfrutar de su compañía, asociar su imagen a la angustia y el dolor, sin darse cuenta que nadie está preparado para determinadas cosas, y que cuando el dolor llega se vive con la misma intensidad por mucho entrenamiento que hayas tenido, que lo único que sirve es para desperdiciar los buenos momentos.

Estas personas necesitan urgentemente una reestructuración cognitiva, comprender que no es sano para la mente vivir anticipando desastres que, probablemente, si hacen una estadística de sus "catástrofes anticipadas" se darán cuenta que en la casi totalidad de los casos no sucedió lo que pensaban, y ese dolor, esa angustia, el estado permanente de ansiedad no sirvieron para nada.

No es fácil dejar de pensar. Se necesita un aprendizaje, técnicas específicas para "educar nuestra mente", pero realmente en ocasiones es necesario hacer ese trabajo, porque el precio de la ansiedad generalizada es alto: ánimo deprimido, sensación de angustia, frecuentes sobresaltos, problemas psicosomáticos (colon irritable, alergias, mareos, cefaleas tensionales), etc.

Si te has sentido identificado con esto piensa por un momento: la vida no es fácil, pero simplificarla, aprender a disfrutar del momento, concentrarse en lo que está sucediendo de bueno, puede convertir el viaje en algo sorprendente, como una aventura con episodios realmente malos, pero también con regalos inesperados que solamente podemos disfrutar si nuestra actitud es de aceptación.

Los días son regalos de cumpleaños que nos da la vida para abrir cada mañana: cuanto mejor trates a la vida, más generosa se mostrará.

Tal vez sea el momento de hacerle un ERE a tu Departamento de Solución de Problemas

 

Imagina que tu cerebro es una empresa, con muchos departamentos.

Tienes un departamento dedicado al procesamiento de la información que recibes. Este departamento distribuye el trabajo etiquetándolo: en algunas ocasiones los "problemas" que aparecen pasan al Departamento de Aceptación, ya que no son realmente problemas por resolver, son situaciones de la vida que tenemos que encajar.

En el Departamento de Aceptación hay personas con gran experiencia de la vida que tratan de encajar esas situaciones irresolubles dentro de nuestra vida. Ojo con los becarios, como se les encargue la gestión de emociones vinculadas a estos no problemas-lances de la vida,  pueden liarla pardísima, dando una respuesta poco adaptada a la situación.

El resto de situaciones que entran en el Departamento de Procesamiento de la Información, pasan al Departamento de Solución de Problemas. Aquí se suele formar el gran lío. En este Departamento hay un servicio de clasificación: ponderan la importancia y la urgencia de los problemas y los pasan a urgentes/importantes, prioridad media, cosas que habrá que ir pensando en algún momento.

Este es el departamento complicado. Tiene fama en algunos cerebros. Las personas que han hecho una buena selección de personal de este Departamento tienen buenos empleados: eficaces, eficientes, organizados. Suelen tener la mesa limpia, porque atienden con diligencia los asuntos que entran, analizan las situaciones y suelen ser bastante certeros en sus diagnósticos.

Ahora bien, hay cerebros con unos Departamentos de Solución de Problemas....muchísimo personal, todos caminando de un lado a otro como pollos sin cabeza, resoplan quejándose de la cantidad de trabajo que tienen, están desmotivados, se les acumula el trabajo y la sobrecarga de problemas les lleva a tomar decisiones erróneas, o directamente no tomarlas.

Aquí esta la sobrecarga, este es el Departamento sobre el que hay que actuar. Tiene tantos empleados que el Departamento de Ocio y Tiempo Libre no tiene recursos, y hay pocos trabajadores, no les llega material. Todo queda bloqueado en el otro Departamento.

Toda la empresa cerebral les odia, taponan, ralentizan y su ineficacia hace que el Departamento de Somatizaciones se tenga que "comer más de un marrón".

De nada sirve un buen cerebro con estupendas instalaciones si tienes problemas en este departamento. Tal vez sea el momento de reorganizar la plantilla: menos personal y más dinámico en su trabajo. Distribución de problemas: el Departamento de Problemas urgentes es como una unidad de intervención rápida: tiene prioridad absoluta y no le suele gustar que personal del departamento de "anticipación de problemas futuros" (les llaman los "y sis", unos cenizos) estén pululando y estorbando constantemente. Interrumpen, distraen, hacen que el cerebro no pueda realizar su trabajo perfectamente.

Si estás teniendo problemas con los departamentos de tu cerebro, haz una auditoría: recoloca al personal, da prioridad a aquellos departamentos eficientes y elimina al personal que dinamita el buen funcionamiento de tu empresa.

Hay excelentes cursos de formación sobre solución de problemas, bloqueo de preocupaciones innecesarias, priorización, relajación, gestión del tiempo libre, relativización...

Si vas a preguntar a algún asesor externo, probablemente te hablarán de ansiedad anticipatoria, necesidad de control de aquello que en incontrolable y técnicas distractoras.

Tu cerebro puede tener un Trastorno de Ansiedad Generalizada. Si ese es el caso, hazle un ERE. Tienes personal poco cualificado que está enfermando tu empresa

 

 

Somos como somos porque no nos vemos

 

La edad adulta, qué importantes nos creemos!

Nuestro mundo gira en torno a los logros, al éxito, a conseguir cosas, a expresar nuestras opiniones como si fueran verdades absolutas, en tener LA RAZÓN, en salir a la calle con ese gente de personas triunfadoras y bastantes serias (debe ser porque las personas triunfadoras tienen muchas responsabilidades y no se ríen, claro). 

Las personas mayores en general tienen un sistema de ocio que es una castaña pilonga. Cuentan sus aventuras, que ya no se sabe si las hacen porque les apetece o porque está en su planning de personas adultas. La casa rural, un mito: "ir a respirar y desconectar", como si te fueran a meter en una bomba hiperbárica. 

No todas las personas viven esa vida de adultos "conseguidores" de una vida sin pensar que la vida en sí es lo realmente importante, claro, que la felicidad no se compra, se trabaja sin remuneración y hay que pensar y a veces renunciar a caminar por las rodadas.

Aquí los únicos felices son los niños (y los asimilados a niños, que son los adultos que tienen la suficiente memoria y la suficiente valentía para no renunciar a lo que le enseñó su niñez sobre enfrentarse a la vida. 

Los niños tienen más responsabilidades que los adultos, cierto que no saben de dónde sale la comida ni cuánto cuestan las cosas, pero tienen que aprender un montón de cosas, relacionarse durante horas con otros niños mejores o peores y tienen un jefe, pero un jefe de los chungos, de los que te vigila a todas horas. Un niño tiene que aprender a jugar, a obedecer, a aguantarse las ganas de conseguir un taco de cromos, a irse a la cama sin sueño y a tener que ir día tras día al colegio con ese anorak hortera que le compró su madre.

A pesar de los exámenes, los castigos, la frustración por no conseguir algo, el disgusto con su compañero, los niños sonríen. 

¿Y cual es la gran diferencia de actitud entre un niño y un adulto?

No es la responsabilidad, que está repartida cualitativamente según la capacidad de cada uno, pero es similar en importancia.

Es una capacidad de disfrutar de lo que se tiene, de hacer de cada cosa pequeña y de cada momento algo importante y digno de ser vivido. Los niños cogen la vida como una plastilina y juegan con ella, pueden estar horas con una bola de plastilina construyendo, imaginando, viviendo otras vidas sentados en el suelo. 

Un adulto en un trozo de plastilina ve una masa pegajosa y que va a dejar manchas: mucho mejor unas horitas de tele viviendo otras vidas ajenas para luego irse a la cama y quejarse de que mañana hay que madrugar.

Las responsabilidades las tenemos, y a veces se convierten en problemas, y a veces en problemones, de eso no cabe ninguna duda, pero si sumas a lo que viene implícito en el hecho de ser adulto y le restas todo lo bueno que tenía la infancia, porque es "inmaduro" ilusionarse, ya tenemos una persona que posiblemente tenga una capacidad de disfrute limitada, o que su vías de escape estén dentro del circuíto social de "esto lo que hace uno para divertirse".

Coge setas, pasea por bosques, lee, busca el scalextric, come cosas que nunca has probado...haz cosas diferentes y tuyas, y sobretodo, sonríe. (sí probablemente te preguntarán qué puñetas te pasa). Sonreír porque decides que la vida no se convierta en una agenda programada y tu en una persona importante es simplemente comprender que "el rebaño" puede resultar muy aburrido.

Reflexiona, por favor, reflexiona sobre tus actitudes, tus metas y hasta tu expresión corporal. Gástate menos en "lo de todos" y baila en tu casa (ahorras y adelgazas, esto ya es increíble). 

Y si con esto nada te dice que tal vez te hayas convertido en una persona aburrida, haz un ejercicio de memoria y recuerda tu infancia. Métete en la piel del niño que fuiste y que te vea cómo eres ahora, lo que haces, lo que piensas. 

Nunca es tarde para volver a tomar el único control que nos concede la vida: el control sobre nuestra forma de enfrentarla.

el infierno interno de la susceptibilidad

¿Pueden ser las personas susceptibles felices? Tal vez en alguna Corte de "esas que cortaban cabezas a los súbditos", si, porque desde luego el Monarca no admitía la contradicción ni que se pusieran en duda sus decisiones o se contradijeran los deseos.

Las personas susceptibles tienen una baja tolerancia a la frustración y sesgan la información contradictoria con sus propios deseos como intentos de llevares la contraria o boicotearles.

La capacidad de autocrítica o el desarrollo de la empatía no figuran entre sus cualidades fundamentales, ya que basan su vida en lo que ellos quieren y necesitan, y cuando no son saciadas sus necesidades, consideran que han sido heridos.

El susceptible sufre, porque es incapaz de comprender que sus derechos llegan sólo hasta donde empiezan los derechos de los demás, y que en ocasiones sus demandas no pueden ser aceptadas por falta de posibilidad o de ganas (que el resto del mundo también tiene sus propios afanes).

Ese mundo agrio, en el que siempre están sufriendo las afrentas del prójimo, sesgando la información para confirmar "que el mundo está contra ellos", les hace perderse maravillosas oportunidades de disfrutar de los momentos y las personas, aislándose y en muchas ocasiones, siendo aislados por el resto, incapaces de relacionarse sin naturalidad, con pies de plomo ante una caja de bombas que puede sentirse herido por cualquier cosa sin importancia.

El susceptible se siente inseguro, se juzga negativamente de forma permanente y es incapaz de ver a los demás como personas sanas, que a veces bromean o simplemente no contestan a una pregunta porque no estaban atentos.

Les encanta felicitar en los cumpleaños, tener detalles, llevar una vida social puntillosamente anotada y recordada, no tanto por el placer de hacerlos, sino por tener la oportunidad de echar en cara la falta de reciprocidad: no pasan una.

Llega un momento que el susceptible puede cansarse de serlo, bien porque se da cuenta de lo agrio de su carácter, bien porque los demás se han cansado de sus reproches y enfados. 

Para reconducir esta situación hay que trabajar la propia autoestima de la persona y realizar una reestructuración cognitiva: analizar cómo procesa la información, eliminando los sesgos negativos que pueblan sus pensamientos y que les hace sentirse vejados sin motivo.

Se trabaja también el role playing, el análisis de posibles situaciones y el desarrollo de la empatía.

Hacer de un "susceptible" una persona que deja de ver un campo de nardos y ve flores, es un trabajo apasionante, es como enseñar los colores a alguien que sólo veía en blanco y negro.