IDEAS OBSESIVAS: CUANDO SE ENTRA EN BUCLE

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Al hablar de ideas obsesivas no nos estamos refiriendo en este caso a un TOC, es algo más sencillo: se nos mete algo entre ceja y ceja y no podemos parar de darle vueltas.

Pueden ser situaciones personales o laborales, relaciones afectivas o dificultades con algún miembro de la familia política.

La persona se empieza a obsesionar con una idea y ésta se hace central en su vida, lo contamina todo, su vida, sus actos, sus acciones vienen determinadas por la idea obsesiva que les marca y les amarga la existencia.

La persona que está pasando por una situación de obsesión, a menudo ha pasado previamente por una situación en la que se ha sentido injustamente tratada y no ha podido defenderse, o es una situación que ha ido in crescendo, haciendo que cada cosa que haga o diga la persona con la que tiene una manía obsesiva la interprete como una ofensa personal.

Entrar en ese bucle supone perderse todo lo demás que conforma la vida y no poder disfrutarlo, es como descartar cualquier situación agradable porque no podemos apreciarla, sólo vivimos pensando en aquello que nos obsesiona y consume.

Es imposible dejar de lado el pensamiento, girando y girando en nuestra cabeza, consumiendo días, semanas, meses.. y produciendo un deterioro en nuestro estado anímico y nuestras relaciones con el resto de las personas.

Salir de una obsesión supone la identificación de aquello que hemos considerado en principio una afrenta, re-evaluándolo en términos objetivos, midiendo en términos de coste-beneficio lo que realmente nos supone esa obsesión en nuestra vida, para posteriormente trabajar el modo de ir reduciendo su peso emocional y aprendiendo a manejar la situación identificando los momentos en los que estamos atribuyendo un ataque a situaciones que en otras ocasiones o viniendo de otras personas, no le daríamos importancia.

Cuando estamos obsesionados con algo o alguien en términos negativos, focalizamos toda nuestra atención hacia sus actos y dejamos de vivir para centrarnos en acechar.

La persona obsesionada sufre, su entorno sufre y, desgraciadamente en la mayoría de los casos, la única forma de salir de esta situación es mediante la aplicación de técnicas cognitivo-conductuales (terapia psicológica) que enseñen al paciente los pasos adecuados para conseguir el cambio:

identificación- re-evaluación - acción

Si estás “consumido” por alguna idea obsesiva, no pierdas ni un segundo más de TU vida, tienes que sacarlo de la cabeza, tienes que romper el bucle porque estás dando vueltas como un hamster en su rueda, algo cansado y estéril.

LA DIFERENCIA ENTRE LA REFLEXIÓN Y EL JUICIO

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Es muy español eso de ir juzgando a las personas. En tres minutos de ver a una persona ya le hemos cortado un traje, para qué esperar, escuchar, intentar comprender… nos lanzamos a juzgar personas y situaciones con una ligereza digna de mejor causa.

Tal vez ese mal vicio se vaya curando con la edad, yo creo que sí, que las personas mayores, por la experiencia de la vida y porque ya no se creen los más listos del pueblo, suelen ser más pacientes a la hora de enjuiciar.

Por supuesto somos iguales juzgando personas y situaciones (vete a un bar a la hora de un partido y te vas a encontrar a los mejores seleccionadores nacionales de fútbol todos ahi, concentrados con su cañita y su profunda reflexión sobre alineaciones, pases y faltas).

Hasta ahí nada que objetar, que somos muy jueces y que de todo opinamos,, y eso, no hace demasiado daño (excepto cuando la persona ya es una criticona nivel pro, que lo que necesitaría es ver su nivel de frustración para saber por qué le fastidia todo el mundo, bueno, a ese tipo de personas, se les puede aconsejar que miren a ver si se pueden comprar una vida por Amazon,que seguro que las venden.

PERO NO ES ESE EL TIPO DE JUICIO PELIGROSO

El juicio peligroso para nuestra satisfacción personal y nuestro grado de adaptación es el que hacemos sobre nosotros mismos.

Hay personas que se detestan de una forma increíble. Todo lo que hacen les parece que los demás lo va a juzgar ridículo, inapropiado, absurdo…

Estas personas siguen el lema de “antes de hablar fustígate”, y claro, como su autoconcepto es malo y consideran que lo que ellos digan no es igual de válido que lo que dicen los demás, suelen ser personas que se retraen y sólo se atreven a ser ellas mismas con muy pocas personas.

Este problema en algunos casos es debido a un trastorno por fobia social (miedo a la interacción social), y en otras ocasiones es por una conducta aprendida, o por haber sido muy cuestionados por sus padres en su infancia.

Es necesaria la intervención sobre estas personas porque no son felices. Desearían ser como las otras personas, estar cómodas, disfrutar con amigos, dar su opinión, pero creen que esto no es para ellos.

Afortunadamente el desarrollo de técnicas apropiadas incrementan las habilidades sociales de estas personas, a la vez que se trabaja sobre sus creencias erróneas sobre que otras personas siempre nos van a juzgar negativamente.

Si este es tu problema, es hora de que te grabes en la cabeza que NADIE ES MAS QUE NADIE, y a partir de ahí empezar a cambiar el juicio implacable por la reflexión sobre lo que hacemos y decimos, pero no con el objetivo de cohibirnos, sino de encontrarnos cada vez más integrados socialmente.

LOS REYES ME HAN TRAIDO RESILIENCIA!

Son mágicos estos Reyes que te traen lo que necesitas, además de cosas, porque a veces no necesitas cosas que se compran o que te dan, son cosas que salen de ti.

A mi me han traído brillo a mi armadura, y con ese traje lustroso y brillante hecho de fuerza y de ilusión, lo tengo hecho, ya todo lo demás viene en el pack. Es como… los 3 deseos del mago, pero a lo bestia, no son tres deseos, es uno que es todo: ganas.

Muchos sabéis (o algún aburrido de la vida que me lee) que hace siete meses me detectaron un cáncer de pecho. Ya he pasado por todos los procesos que lleva esta enfermedad, siempre con un puntito de deformación profesional, intentando apresar las emociones y miedos que puede sufrir un enfermo de cáncer.

Acabó la primera fase de esta etapa en la que no soy digna representante de esta enfermedad, yo soy de las afortunadas que el tratamiento les funciona y que siempre recibe buenas noticias.

He aprendido que es vivir con una quimio y no dejarse vencer por ella, pero comprender que no todas las condiciones físicas son iguales. Ahora sé no se es valiente por ser fuerte, es ser valiente por no tirarte por una ventana cuando el cuerpo no puede más y la incertidumbre sobre la muerte es algo real.

Yo sólo lo superé pensando en las posibilidades que existen de morirte de cualquier cosa cualquier día del mes. No creo que tener un cáncer o hacerte 50.000 km. al año diferencien mucho las estadísticas, o simplemente que sea tu día. No es el cáncer el que te pone fecha de caducidad en realidad, en algunos casos te da una fecha aproximada, y eso asusta, pero atragantarte con una uva puede ser en definitiva más letal que el cáncer.

Este proceso ha sido agridulce: estoy harta de médicos y tengo las venas como un colador, sigo con la espadita de damocles encima de la cabeza, porque cuando tienes un cáncer los médicos son gallegos y nunca sabes si las cosas van bien o mal, esa es la parte negativa, que luego os detallaré más, pero tiene una gran parte positiva: la humanidad, la valentía de los demás, el amor real.

He recibido lecciones durante siete meses difíciles de olvidar, se me encoge el corazón recordando a todos los amigos de mi hijo, con una sinceridad en su preocupación que te devuelven el haberlos visto crecer, el saber que son realmente parte de ti, que no te olvidaron en su infancia.

He tenido a mi lado a unos hijos con una entereza que yo no hubiera sabido capaz de tener, sin agobiarme, comprendiendo que el sentido del humor era nuestra válvula de escape, haciéndome reír camino del quirófano, y estando siempre ahí.

He tenido a una amiga de las que casi nadie puede tener. Una amiga que no pregunta, que se anticipa, que está dispuesta a sacrificar estos siete meses de su vida por ti, para hacerte la vida fácil, para hacerte sentir cómoda, para que no tengas frío, para escucharte, para permanecer callada a tu lado, para irse o para venir sin necesidad de explicarle lo que te pasa.

He tenido una hermana que ha llorado mi enfermedad, que ha dejado de lado todas las tonterías que pueda haber entre hermanas y ha estado ahí, la primera, ofreciendo todo para cuidarme.

Y he tenido a mis pacientes, comprendiendo y pasando esto a mi lado. Siendo sin saberlo un punto de anclaje con la realidad, permitiéndome evadirme de mi propio ombligo para centrarme en ellos, reafirmándome en mi creencia de que es más duro un dolor del alma que del cuerpo,

Familia, amigos, pacientes, me han dado una lección de amor (y alguna de todo lo contrario, que agradezco para saber con quien no perder el tiempo que es oro)

Pero ahora viene una reflexión sobre algo que considero muy importante desde el punto de vista psicológico, algo en lo que yo no había reparado y he sufrido, y he tardado 2 meses en asumir.

¿Qué pasa con el paciente oncológico una vez es operado con resultados positivos? Pensaréis que es el alivio, la felicidad, el pasar página…no, es el principio del precipicio.

Durante un proceso oncológico hay un proceso de afrontamiento en el que todos los esfuerzos se dirigen a una meta: que la quimio funcione, que la operación sea positiva… vale. Pongamos que todo sale bien. ¿Es el final? eso es lo que todos pensamos.

En el paciente quedan unas secuelas psicológicas. Se hace consciente de lo que ha vivido, y aparece la reexperimentación. Hay un miedo a una recidiva, y cada prueba, cada revisión se vive con angustia. Los familiares intentan animarte a hacer cosas, a recuperar tu vida y actividad anterior, pero las secuelas de la quimio tardan un tiempo en desaparecer y el cuerpo no responde, y te debates entre los sentimientos de culpa y de incomprensión, te asaltan dudas sobre si estarás sacando provecho de tu malestar, si estarás quejándote demasiado…

Los médicos que antes te arropaban y te veían cada semana,ya no están, te verán cada tres meses, y mientras, te las tienes que apañar con tus dolores o tus molestias, asumiendo que son normales.

En mi caso estuve en el hospital tras una mastectomiía menos de 48 horas, y ni me informaron sobre si podía llevar sujetador o no, o qué podía hacer o que nó. Me fui a casa arrastrando una maleta 300 metros hasta una parada de taxi con una bolsa de tela escondiendo mi botella de drenaje, y recibí….muchísimas felicitaciones porque todo había ido bien.

Me ha costado dos meses este último golpe de tententieso hasta que me he vuelto a centrar.

Ya no me importa gran cosa la tasa de recaídas, no me tengo que tomar un lexatín para poder ducharme y pasarme una esponja por el lugar donde antes había un pecho y ahora hay una nada que me recuerda un mal sueño de siete meses en el que aprendí a levantarme cada día para luchar.

Me he cansado de ser una enferma, me he cansado de la palabra cáncer y ya no necesito tomarme un lexatin para mirar un vacío que a fin de cuentas no me ayudaba a caminar, escribir o pensar.

Tengo ganas, las ganas que me han traído los Reyes Magos de regalo. Ganas de abrir la consulta, remangarme y poner a funcionar todos mis recursos para hacer que la gente deje de sufrir y encuentre un sentido a la vida.

Este año quiero ser un poco Rey Mago cada día con mi trabajo.

Y esta vez las gracias van para mi hermana y su marido.

A todos los demás, y como siempre les digo con pleno convenciimiento cada vez que vienen a mi consulta: VAMOS A POR ELLO.

DIA MUNDIAL DEL CÁNCER DE MAMA: LOS HÉROES SON LOS QUE NOS CUIDAN

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Las mujeres que sufrimos un cáncer de mama somos consideradas unas valientes y unas luchadoras. Lo de ser valientes no es en nuestro caso una opción, es lucha por la supervivencia, que llevamos con mayor fortuna dependiendo de muchísimos factores: nuestra fuerza interior, nuestra resilencia, la convicción que poner de nuestra parte va a hacer más fácil el proceso, la actitud positiva que siempre resta dramatismo a un hecho cruel pero cierto del que no podemos huir.

Sin embargo, en todo el proceso de un cáncer, el papel de las personas allegadas, las que se involucran en el padecimiento de la mujer, es duro y ante todo es OPCIONAL: quien se mantiene al lado de una enferma de cáncer tiene que hacer un sobre esfuerzo tanto en la asunción de tareas como en el área emocional.

Cuando recibes un diagnóstico demoledor, en el que la mujer sabe que emprende un camino lleno de sufrimiento físico, desgaste mental, dolor e incertidumbre, tu mundo personal y social se muestra nítido, sin trampa ni cartón. Llegan los posicionamientos claros y las personas que se involucran en tu sufrimiento hasta extremos insospechados.

Creo que la persona que lo padece sufre muchísimo esta situación. La quimio supone el sufrimiento físico y constante, las pruebas la incertidumbre y la ansiedad, los cambios físicos la necesidad de construir una nueva autoestima alejada de los cánones estéticos, y para muchas, los momentos malos la necesidad de pedir ayuda y de mostrarnos enfermas (para las que somos madres es muy complicado y doloroso este rol).

En mi caso mis valientes son en primer lugar mis hijos, que han sabido multiplicar su tiempo y cambiar sus prioridades para poder continuar con sus trabajos y a la vez estar en primera linea de batalla, ayudando, acompañando, anticipando las necesidades, dejando de la noche a la mañana de ser aprensivos con hospitales, curas, inyecciones…

Ellos no están enfermos, y sin embargo viven mi enfermedad, tal vez de una forma más dura: pudiendo huir del sufrimiento y sin embargo eligiendo estar ahi, con la impotencia de no poder curarme y la angustia de mi día a día (a veces complicado, soy de las que cuento una y callo veinte).

También están los amigos, esa extraña tropa que se mete en el calendario mis fechas de quimio para bombardearme de ánimos a las 7 de la mañana, que están, que respetan los momentos y saben escuchar y en muchas ocasiones sólo decir: “estoy aqui y te quiero”.

Para mi héroe con capa y superpoderes es la amiga que me regaló mi primer perro (ahora tengo dos) y que cada día, tres veces por día, compaginando con su trabajo, lleva a mis perros de paseo, cuando va a la compra hace la mia con cosas que piensa que me pueden apetecer, aparece los días que me ve mustia y se planta en casa de una forma “tan casual” que se cree que no me he enterado que tiene un grupo de whattsap con mis hijos y se van organizando.

Está mi madre, que ya es mayor y sabe que me duele verla sufrir, y que espera a que sea yo quien la llame, a pesar de su angustia, porque busca lo mejor para mi, está mi hermana que me hace mermeladas y llora mi pena y haría lo necesario para hacerme sentir mejor.

Todas esas personas no tienen un cáncer, pero sufren la parte emocional del cáncer de una forma intensa y dolorosa, y para mi son los valientes, porque son los que eligen estar, los que eligen permanecer día y noche al lado del sufrimiento, los que realmente se secan las lágrimas para dar lo mejor de ellos mismos, a los que tan sólo unos pocos de sus amigos (aquellos que han pasado por situaciones similares) podrán ayudar y comprender.

Creo que la sociedad comprender a los enfermos de cáncer, y nos cuidan y nos protegen, pero considero que debemos ampliar urgentemente ese círculo solidario y asistencial, procurando, ofreciendo apoyo desde la misma red hospitalaria, a todos estos valientes silenciosos.

Para mí el sufrimiento opcional es el mayor de los sacrificios, y para mi, ellos son los héroes de esta triste historia, y los que nos dan fuerza para seguir adelante.

AMAR ES...PERSEGUIR UNA ACTITUD POSITIVA

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Ante los problemas de la vida (grandes o pequeños) somos nosotros mismos los que decidimos cómo afrontarlos. 

Los problemas no tienen peso específico, no tienen la cualidad de poder definirse por niveles, porcentajes, magnitudes físicas. Se definen por cómo los afrontamos, por una decisión personal de gestión de la dificultad y el dolor.

Obviamente no será lo mismo la rotura de un pie que el incendio de una casa, no tiene la misma repercusión ni movilizará en nosotros tantos recursos para su gestión. PERO (debería decir mejor:  PERO es la forma en que decidimos hacer frente al problema lo que definirá el nivel de sufrimiento. 

La resiliencia es un concepto básico en el afrontamiento de problemas: la capacidad para crecerse ante las dificultades. En el extremo opuesto a la persona resiliente estaría la persona débil y victimista.

Los victimistas tienen un componente tóxico y un poco chupóptero de la energía de los otros. Ante las dificultades no se toman ni un tiempo mínimo en intentar afrontar los problemas, buscar soluciones, crecerse. Su forma de actuar es cómoda y sencilla: "si tengo un problema y se lo transmito a mis allegados como algo insalvable y que me hace sufrir inmensamente, ellos se sentirán responsables de aliviar mi sufrimiento".

El concepto como cómodo es comodísimo, es como pasar el testigo en una carrera de relevos: te paso mi dolor y así me alivio yo. 

Las personas que actúan así muestran muy poco amor por las personas que les rodean. Nada produce más impotencia que ver a una persona derrotada y que no hace esfuerzos por mejorar su situación, de la que hay que tirar continuamente como un pesado fardo que llevamos a la espalda. 

No existe problema en el mundo que no pase por el tamiz de nuestra propia valoración, de nuestros intentos por afrontarlo. La ayuda de las personas que nos quieren resulta fundamental (el apoyo social es básico en la superación del problema), pero no podemos dejar de diferenciar entre APOYARSE y TIRARSE ENCIMA DE. 

Querer a alguien, cuando tienes un problema, pasa por hacer esfuerzos (los que se puedan, grandes o pequeños, exitosos o tan solo intentonas) de salir adelante. Eso ofrece seguridad a las personas que nos rodean respecto a que estamos intentando afrontar las situaciones, que nos pueden dar la mano para recorrer el camino, pero que no tienen que llevarnos a su espalda.

Cuando tengas alguna dificultad en la vida, por favor, muestra amor a los tuyos. Mírate en un espejo a los ojos, busca la fuerza en tu interior y llega hasta donde puedas, siempre tendrás a los tuyos para acompañarte en los desiertos de la vida, pero no les hundas innecesariamente con el peso emocional de tirar de un carro que no quiere rodar, que quiere que le lleven en volandas.

Nunca digas "NO PUEDO" sin intentarlo, estarás diciendo "ME QUIERO MAS A MI QUE A TI", y todo lo que venga después, piénsalo en tu interior, serán palabras vacías. 

EL PACIENTE DIFÍCIL

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Diferentes problemas que requieren intervención terapéutica son especialmente difíciles de abordar por la actitud del paciente.

Cuando un paciente se bloquea en el "no puedo" no está realmente intentando promover el cambio (que está en su mano, no en el terapeuta, que puede guiarle, darle pautas, pero el esfuerzo de llevarlo a cabo es del paciente, con apoyo, pero es algo personal).

Algunas personas piensan que el hecho de ir a terapia y pagarla tiene que ser suficiente para curarse. Entre estos yo les recomendaría que fueran directamente a Salud Mental: psiquiatría, que pidieran medicación y se limitaran a quejarse de sus problemas paliándolos, que no solucionándolos. Al menos es gratis.

Los límites nos los ponemos nosotros. Un "no puedo" es síntoma de un esfuerzo mínimo, de una falta de capacidad para pensar que somos nosotros y nuestro esfuerzo, muchas veces titánico y doloroso el que promoverá nuestra mejoría.

Los terapeutas tampoco somos exactamente tiranos. Comprendemos estas dificultades, y no, no nos limitamos a escuchar: buscamos y promovemos un cambio en conductas y pensamientos, pero intentamos adaptar los cambios a la capacidad de cada paciente.

Cuando el paciente se limita a decir "no puedo" (parar los pensamientos, dar un pequeño paseo, levantarse de la cama, hacer actividades ligeras, escribir pensamientos negativos y modificarlos mediante técnicas aprendidas en consulta), poco se puede hacer.

Nadie puede conseguir lo que nosotros mismos no somos capaces de intentar. 

Decir "no poder" es rendirse antes de intentarlo, es no hacer esfuerzos, es pensar que la paciencia de las personas que nos rodean y se preocupan es infinita (y a veces no lo es).

No des jamás pena, deja de caer una y otra vez en tu propia sensación de incapacidad y empieza a cambiar ese diálogo interno del "no puedo" por el "tengo que poder". Si tan mal te encuentras como para pedir ayuda, aprovéchala. 

Los terapeutas sabemos lo difícil que es arrancar, el sufrimiento, el miedo, la sensación de incapacidad, y contemplamos estos factores e intentamos ayudar a superar estos momentos, pero si la persona no hace nada por cambiarlo, si su única pantalla mental es negra con un enorme NO PUEDO impreso, tal vez la terapia jamás les ayude a superar su situación.

Todos podemos intentarlo. Nadie, absolutamente nadie puede permitirse sufrir por no intentarlo.

Piensa en gente a tu alrededor, con grandes o pequeños problemas, pero con la determinación de intentar superarlo. Lo conseguirán o no lo conseguirán, pero siempre sentirán en su interior la satisfacción de haberlo intentado, el respeto por ellos mismos.

Si necesitas una mano, recuerda que yo tengo dos (San Agustin), pero a veces, además de mis manos o mis consejos necesitarás confiar en ti mismo. 

FAMILIARES DE ENFERMOS: CUIDADO CON LA GANANCIA SECUNDARIA

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La ganancia secundaria es el beneficio que obtiene un enfermo expresando quejas sobre su enfermedad, y de esta manera recibiendo mayor atención de sus cuidadores.

No se trata de un fenómeno realizado conscientemente, simplemente el aprendizaje de las consecuencias de una conducta de queja (mayor atención) hace que se perpetúe y acentúe.

Esta situación pone a los familiares ante un dilema moral: la atención que requiere el enfermo por un lado (sería el componente subjetivo), y la necesidad de mantener una conducta firme pero cariñosa, no atendiendo sistemáticamente a estas quejas (componente objetivo). 

Pongamos el ejemplo de una persona con una depresión (valdría para muchísimas enfermedades, y es también frecuente en los pacientes que padecen dolor crónico y no siguen las prescripciones de realizar ejercicio).

Pues bien, la persona con una depresión severa se siente incapaz de realizar las tareas encomendadas y necesarias para empezar a salir de la depresión: realizacion de pequeñas actividades, levantarse de la cama, escribir sobre sus pensamientos negativos e intentar neutralizarlos, y otras muchas herramientas destinadas a sacar a la persona de su estado de inactividad y pensamientos obsesivos de corte catastrofista.

Como a estas personas les cuesta muchísimo iniciar cualquier tipo de actividad, cuando sus familiares les animan a realizar las tareas encomendadas, suelen refugiarse en el llanto y en quejas sobre sus ganas de morirse, en acusaciones sobre incomprensión de su enfermedad, etc. Esto suele derrumbar a las personas del entorno, dejando de insistir a la persona que está sufriendo esta enfermedad. La ganancia secundaria que consigue el enfermo es cuidados constantes, atención, comprensión y aceptación de su falta de fuerzas para iniciar cualquier actividad, perpetuando el problema.

Podríamos extender este ejemplo a personas que tienden a tener ansiedad. No realizan las actividades encomendadas y en muchas ocasiones los intentos de los familiares porque pongan algo de su parte se traduce en hiperventilación, mareos y acusaciones sobre que la presión les produce un incremento de la ansiedad.

Esta situación de ganancia secundaria por parte del enfermo desgasta emocionalmente a sus familiares y perpetua o agrava al problema, ya que impide la adherencia al tratamiento. 

Ante esta situación, es necesario ignorar las quejas somáticas de los pacientes que no consigan llevarnos a su terreno. Aquellas cosas que son buenas para ellos pero que se niegan a hacer, se les instará a hacerlo, pero ante su negativa, cualquier otra queja tendrá que ser respondida con una atribución de su responsabilidad en la falta de esfuerzos para iniciar su mejoría.

Es una situación muy complicada, que en muchos casos requiere orientación terapeutica para poder comprender las conductas que deben ser reforzadas, las que no y que los familiares comprendan que el exceso de cuidados pueden perjudicar al paciente, haciéndole una persona dependiente, demandante y abandonando cualquier esfuerzo para recuperarse. 

LA SOLEDAD COMO UNA DE LAS PRINCIPALES CAUSAS DE TRATAMIENTO PSICOLÓGICO

Efectivamente, uno de los principales motivos de petición de consulta en el psicólogo es "la soledad".

Este sentimiento se distribuye de forma homogénea entre la población, es un mal que no respeta sexo ni edad (nos referimos a la edad adulta).

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Muchos casos de los que se presentan obedecen a una ruptura de pareja, pero en muchas ocasiones, las personas que sienten esta emoción tan negativa, son personas jóvenes que se encuentran aisladas, ya que al llegar a una edad en la que sus amigos o amigas se han emparejado, cambian los planes y ellos se encuentran de golpe aislados.

La soledad se siente muchas veces incluso cuando se está rodeado de gente, porque la soledad de la que hablamos, la patologica, la que produce miedo y se ve como irreversible, es una soledad respecto a la posibilidad de compartir intimidad, planes, ideales, proyectos, de sentirse especial para alguien.

La emocionalidad negativa unida al sentimiento de soledad produce pensamientos catastróficos, la persona no encuentra una salida a esta situación, se siente atrapada, sin capacidad de cambiar las cosas. 

El mayor error que puede cometer una persona que siente ese tipo de soledad (la del alma), es lanzarse a la búsqueda de una persona que mitigue esa sensación. Puede encontrarla, puede cerrar esa sensación en falso, pero la realidad es que es una manera rápida de alivio que simplemente supone no enfrentarse a la realidad de no saber disfrutar el momento vital, el no querer reconocer que no ha llegado a la madurez personal que supone no necesitar una pareja (lo que a veces desemboca conformarse, engañarse a uno mismo o priorizar la compañía a la auténtica felicidad que supone la plenitud de una relación). 

Cuando una persona siente esa soledad, debería realizar un trabajo personal previo, analizar sus pensamientos catastrofistas, su necesidad de alivio a cualquier precio, la obsesión por encontrar fuera lo que debería encontrar dentro de su persona.

Hay muchas maneras de ser feliz, y no todas pasan por estar en pareja (de hecho hay personas que se aferran a estar en pareja a pesar de su profunda insatisfacción, pero el miedo a esa soledad les impide avanzar, ser valientes para intentar aprender a disfrutar de la vida).

La persona que sufre de "soledad" primero debe quererse (normalmente la autoestima está dañada), profundizar sobre las cosas que le hacen disfrutar o que desea realizar, y priorizarlas. Muchas puede empezar a hacerlas sola, evitando la rumiación del "todos en pareja menos yo", y cambiándolo por "tengo la suficiente autonomía para saber qué cosas me gustan y hacerlas, no dejar pasar la oportunidad".

El trabajo en uno mismo, aprender a caminar sólo por la vida sin obsesiones por encontrar a alguien o esos pensamientos negativos sobre la imposibilidad de tener una pareja, hace que poco a poco (y tengo que recalcar el poco a poco), la persona se centre en sí misma y en sus necesidades, se siente orgullosa de sus pequeños y grandes logros y pierda el miedo a la soledad.

Cuando la persona deja de obsesionarse con buscar a alguien, pierde ese halo de negatividad y de cierto grado de desesperación, que actúa como un auténtico repelente para las otras personas. Nada más agradable que la serenidad y seguridad en si misma que emana de alguien que disfruta por si mismo de lo que hace, que se siente libre de decidir y hacer: que elige.

Las personas que aprenden a vivir en soledad, disfrutar de lo que hace, abrirse a nuevas experiencias, propiciar nuevas amistades, nuevas formas de ocio, que saben lidiar con la frustración de los días grises (que se tienen en soledad y sin ella), se muestran serenas, satisfechas, abiertas a nuevas experiencias, recuperan su autoestima y, esto es fundamental: eligen.

Si estás en un período en el que te encuentras solo debes recordar algunas cosas:

- Cuanto más desesperadamente busques a alguien, más posibilidades de elegir mal

- Sentirse solo es una oportunidad de conocerse a uno mismo y aprender a valorarse y disfrutar por uno mismo de las cosas

- Tu soledad durará tanto tiempo como el que tu te dediques a sentir autocompasión de ti mismo. Mírate al espejo y decide si a esa persona que te devuelve el reflejo la quieres hacer un ser triste o prefieres sacudirte el polvo del camino y empezar de cero, paso a paso, hacia la seguridad en ti mismo

- Aprovecha este momento para enriquecerte como persona

- Deja de huir de ti mismo: al final sólo te tienes a ti

- La gente no te mira como un bicho raro por ir solo a los sitios: comer en un restaurante, ir solo al cine o al teatro puede ser desagradable si estás más pendiente de lo que piensan los demás que si te centras en el disfrute, en un par de veces te importará bien poco lo que opine la gente

- Tras ese proceso duro de soledad, saldrás reforzado como persona, y probablemente los demás te encontrarán una persona enriquecedora e interesante

Acuérdate que la vida tiene momentos malos. De ti depende en convertir un mal momento en una oportunidad para aprender a ser feliz. 

Y...jamás te conformes por evitar este momento de dolor. No siempre vas a estar solo, pero de cómo gestiones esta experiencia puede depender encontrar la persona adecuada o encontrar la persona que te hace sentir que tienes pareja, pero que con el corazón en la mano piensas "estaba mejor sola que mal acompañada".

La soledad no es eterna. El camino para superar esa sensación es duro. Los frutos son dulces.

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RUPTURA DE PAREJA: EL ALMA DEVASTADA

Una ruptura de pareja, aunque sea la mejor opción que pueda tener una persona para llegar a ser feliz, supone pasar un período de intenso dolor y desesperanza respecto al futuro.

Dentro de una pareja, la persona encuentra un refuerzo positivo en algunos aspectos fundamentales para el ser humano: sentirse acompañado (no estar solo en la vida), no percatarse de su propia soledad o aislamiento en caso de haber dejado de lado su vida anterior (ocio, amigos), sentir que camina junto a alguien.

La ruptura, aún siendo deseada o necesaria, produce un sentimiento de caos emocional en la persona: se encuentra perdida y experimenta dificultades para reorganizar su mundo personal (emocional y social). 

El miedo atenaza, la desesperación por no saber cómo salir de esa situación y entonces aparece la idealización de la pareja perdida, omitiendo todos aquellos aspectos negativos y dolorosos de la relación: se empieza a pensar que tal vez se esté mejor acompañado que en soledad, y no se contempla la posibilidad de mejoría a largo plazo (ese corto plazo que nos lleva a todos por tan malos caminos). 

El inicio de terapia con estas personas es difícil, tanto porque no son capaces de analizar el pasado con objetividad, como los pensamientos catastrofistas respecto al futuro. El "yo puedo" no suele ser parte de su vocabulario, y eso les dificulta, les lastra en su proceso de recuperación.

Utilicemos un símil (siempre vienen bien en terapia):

Imaginemos que teníamos un pequeño jardín: había flores y muchas hierbas malas. Era un jardín que no podíamos disfrutar porque las ortigas lastimaban nuestras piernas. A veces veíamos flores bonitas, pero en la mayoría de las ocasiones era un jardín al que no podíamos acceder.

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Nadie quiere un jardín así. Tal vez sea necesario coger nuestra pequeña parcela y sanearla: es la ruptura.

Tras esa ruptura nos encontraremos con una parcela de tierra, en la que todavía hay alguna mala hierba (nuestros pensamientos torturadores, el anhelo de una relación, la desesperanza respecto al futuro). Ya no hay ortigas, sólo malas hierbas, que tendremos que arrancar pacientemente hasta dejar la tierra sana.

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Aún no es hermoso, no nos gusta nuestro jardín vacío de todo.

Empecemos la terapia entonces.

Sembremos.

Cuando se siembran semillas, el trabajo es arduo y no hay una recompensa inmediata. Trabajamos duramente sin recibir ningún fruto, ninguna flor, sólo la expectativa, la ilusión de que" algo hermoso brote. Este es el núcleo de nuestra terapia: sembrar, trabajar de cara al futuro. Elegir y diseñar nuestro jardín, soñar con cómo será, sin saber exactamente cuándo lo veremos florecer.

Y poco a poco, ese jardín personal irá llenándose de todo aquello que hemos plantado. Pueden morir algunas plantas, puede que algún árbol no de buenos frutos, pero puede que algunas de las flores nos sorprendan con su belleza.

Sera nuestro jardiín, probablemente no perfecto, pero si nuestro, agradable de ver y de disfrutar. Un jardín que no daña, que no hiere, y del que podemos sentirnos orgullosos hasta del último de sus frutos.

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Trabaja a largo plazo, siembra, sueña, aguanta el tirón de los malos momentos y no te quedes en el pasado o en el presente doloroso.

Si te hicieron daño, recuerda a Scarlatta O'Hara, y en tu campo sin fruto, levanta un puñado de tierra hacia el cielo y grita: "A Dios pongo por testigo que luchare para labrar mi propia felicidad"

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"Kufungisisa": el cansancio mental por pensar demasiado

Kufungisisa es una palabra de la lengua shona (Zimbabwe) que considera que pensar demasiado produce problemas como la ansiedad, depresión y problemas somáticos.
 Esta preocupación constante, que puede ser en torno a un tema en concreto (problemas conyugales, dificultades económicas, etc), y supone la rumiación constante de los problemas, con incapacidad para disfrutar de las cosas o pensar en cosas diferentes, como un pensamiento obsesivo al que se da vueltas constantemente.  
De esta forma Kufungisisa se asocia con varios tipos de trastornos psicopatológicos, como la ansiedad generalizada, los ataques de pánico, síntomas depresivos e irritabilidad.
En muchas culturas se considera que “pensar demasiado” es perjudicial para la mente y el cuerpo, provocando cefaleas y mareos.
Trastornos relacionados en el DSM-5: trastorno de depresión mayor, trastorno depresivo persistente (distimia), trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de estrés postraumático, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de duelo complejo persistente.
¿SE PUEDE CONTROLAR ESTE PROBLEMA?
Ciertamente es difícil conseguir un control sobre los pensamientos obsesivos que nos invaden. Probablemente una técnica como la parada de pensamiento no sea completamente útil.
Idealmente el tratamiento consistirá en una combinación de técnicas que buscan que la persona "desmembre" el problema hasta el punto de diluirlo. Se requiere un tratamiento cognitivo conductual y posteriormente se pueden aplicar técnicas de mindfulness,
La finalidad del tratamiento es que la persona consiga elaborar los pensamientos sobre sus problemas, afrontándolos y buscando soluciones, en caso de tener solución, o aceptando una solución cuando no hay posibilidad de cambiarla, enseñándole a descentrar sus pensamientos de "su" problema para dotar su mundo interior de mayor riqueza, disfrutando de aquellas situaciones en las que hasta el momento no lograban el pleno disfrute por estar atrapados en sus preocupaciones

¿Quieres controlarlo todo? be water, my friend

La necesidad de control del entorno, de las cosas que pueden pasar en la vida en típico de las personas que sufren un Trastorno de Ansiedad Generalizada. Siempre están preocupados, y pasan de una preocupación a otro de forma que siempre andan pensando (no pueden parar los pensamientos).

Todo es objeto de análisis de "lo que puede salir mal", de forma que hay que controlarlo, neutralizarlo o (esta es la parte que más me fascina) empezar a sufrir por lo que puede pasar "porque así ya me he hecho a la idea". 

La realidad es que el destino es puro azar. Se puede controlar lo que la vida "nos concede" controlar: la dieta para no tener colesterol, los ahorros por si vienen mal dadas, la marca de champú para prevenir la caída del pelo (que si se tiene que caer, se cae) y...cosas por el estilo. Nada más.

Cuando sales a la calle con tu vida hipercontrolada y tu preocupación elegida como "La Preocupación" no sabes realmente con quien te vas a cruzar, con quien vas a hablar, si vas a recibir una noticia maravillosa o vas a tener un "día de perros" (expresión que no logro entender, porque ya me gustaría a mi vivir la vida de mi perro). 

La necesidad de controlar las variables vuelve a la persona hipervigilante ante problemas que imagina, y pensar en problemas que no han sucedido, es en cierta manera vivir los problemas. Nos resta calidad de vida.

No es cierto que anticipar un suceso negativo va a suponer que luego duela menos. Conozco personas que llevan años anticipando el fallecimiento de un familiar y sufriendo una pérdida que no sucede (básicamente porque el familiar no está enfermo). Esta situación a esta persona le hace vivir en constante estado de alerta, tiene ansiedad, vive pendiente del móvil, no viaja por si pasa algo en su ausencia, tiene dificultades en su relación de pareja y un estado de ánimo deprimido. Insiste en que pensar sobre el fallecimiento del familiar le prepara para el suceso, aunque lo único que consigue es no disfrutar de su compañía, asociar su imagen a la angustia y el dolor, sin darse cuenta que nadie está preparado para determinadas cosas, y que cuando el dolor llega se vive con la misma intensidad por mucho entrenamiento que hayas tenido, que lo único que sirve es para desperdiciar los buenos momentos.

Estas personas necesitan urgentemente una reestructuración cognitiva, comprender que no es sano para la mente vivir anticipando desastres que, probablemente, si hacen una estadística de sus "catástrofes anticipadas" se darán cuenta que en la casi totalidad de los casos no sucedió lo que pensaban, y ese dolor, esa angustia, el estado permanente de ansiedad no sirvieron para nada.

No es fácil dejar de pensar. Se necesita un aprendizaje, técnicas específicas para "educar nuestra mente", pero realmente en ocasiones es necesario hacer ese trabajo, porque el precio de la ansiedad generalizada es alto: ánimo deprimido, sensación de angustia, frecuentes sobresaltos, problemas psicosomáticos (colon irritable, alergias, mareos, cefaleas tensionales), etc.

Si te has sentido identificado con esto piensa por un momento: la vida no es fácil, pero simplificarla, aprender a disfrutar del momento, concentrarse en lo que está sucediendo de bueno, puede convertir el viaje en algo sorprendente, como una aventura con episodios realmente malos, pero también con regalos inesperados que solamente podemos disfrutar si nuestra actitud es de aceptación.

Los días son regalos de cumpleaños que nos da la vida para abrir cada mañana: cuanto mejor trates a la vida, más generosa se mostrará.

Tal vez sea el momento de hacerle un ERE a tu Departamento de Solución de Problemas

 

Imagina que tu cerebro es una empresa, con muchos departamentos.

Tienes un departamento dedicado al procesamiento de la información que recibes. Este departamento distribuye el trabajo etiquetándolo: en algunas ocasiones los "problemas" que aparecen pasan al Departamento de Aceptación, ya que no son realmente problemas por resolver, son situaciones de la vida que tenemos que encajar.

En el Departamento de Aceptación hay personas con gran experiencia de la vida que tratan de encajar esas situaciones irresolubles dentro de nuestra vida. Ojo con los becarios, como se les encargue la gestión de emociones vinculadas a estos no problemas-lances de la vida,  pueden liarla pardísima, dando una respuesta poco adaptada a la situación.

El resto de situaciones que entran en el Departamento de Procesamiento de la Información, pasan al Departamento de Solución de Problemas. Aquí se suele formar el gran lío. En este Departamento hay un servicio de clasificación: ponderan la importancia y la urgencia de los problemas y los pasan a urgentes/importantes, prioridad media, cosas que habrá que ir pensando en algún momento.

Este es el departamento complicado. Tiene fama en algunos cerebros. Las personas que han hecho una buena selección de personal de este Departamento tienen buenos empleados: eficaces, eficientes, organizados. Suelen tener la mesa limpia, porque atienden con diligencia los asuntos que entran, analizan las situaciones y suelen ser bastante certeros en sus diagnósticos.

Ahora bien, hay cerebros con unos Departamentos de Solución de Problemas....muchísimo personal, todos caminando de un lado a otro como pollos sin cabeza, resoplan quejándose de la cantidad de trabajo que tienen, están desmotivados, se les acumula el trabajo y la sobrecarga de problemas les lleva a tomar decisiones erróneas, o directamente no tomarlas.

Aquí esta la sobrecarga, este es el Departamento sobre el que hay que actuar. Tiene tantos empleados que el Departamento de Ocio y Tiempo Libre no tiene recursos, y hay pocos trabajadores, no les llega material. Todo queda bloqueado en el otro Departamento.

Toda la empresa cerebral les odia, taponan, ralentizan y su ineficacia hace que el Departamento de Somatizaciones se tenga que "comer más de un marrón".

De nada sirve un buen cerebro con estupendas instalaciones si tienes problemas en este departamento. Tal vez sea el momento de reorganizar la plantilla: menos personal y más dinámico en su trabajo. Distribución de problemas: el Departamento de Problemas urgentes es como una unidad de intervención rápida: tiene prioridad absoluta y no le suele gustar que personal del departamento de "anticipación de problemas futuros" (les llaman los "y sis", unos cenizos) estén pululando y estorbando constantemente. Interrumpen, distraen, hacen que el cerebro no pueda realizar su trabajo perfectamente.

Si estás teniendo problemas con los departamentos de tu cerebro, haz una auditoría: recoloca al personal, da prioridad a aquellos departamentos eficientes y elimina al personal que dinamita el buen funcionamiento de tu empresa.

Hay excelentes cursos de formación sobre solución de problemas, bloqueo de preocupaciones innecesarias, priorización, relajación, gestión del tiempo libre, relativización...

Si vas a preguntar a algún asesor externo, probablemente te hablarán de ansiedad anticipatoria, necesidad de control de aquello que en incontrolable y técnicas distractoras.

Tu cerebro puede tener un Trastorno de Ansiedad Generalizada. Si ese es el caso, hazle un ERE. Tienes personal poco cualificado que está enfermando tu empresa

 

 

Somos como somos porque no nos vemos

 

La edad adulta, qué importantes nos creemos!

Nuestro mundo gira en torno a los logros, al éxito, a conseguir cosas, a expresar nuestras opiniones como si fueran verdades absolutas, en tener LA RAZÓN, en salir a la calle con ese gente de personas triunfadoras y bastantes serias (debe ser porque las personas triunfadoras tienen muchas responsabilidades y no se ríen, claro). 

Las personas mayores en general tienen un sistema de ocio que es una castaña pilonga. Cuentan sus aventuras, que ya no se sabe si las hacen porque les apetece o porque está en su planning de personas adultas. La casa rural, un mito: "ir a respirar y desconectar", como si te fueran a meter en una bomba hiperbárica. 

No todas las personas viven esa vida de adultos "conseguidores" de una vida sin pensar que la vida en sí es lo realmente importante, claro, que la felicidad no se compra, se trabaja sin remuneración y hay que pensar y a veces renunciar a caminar por las rodadas.

Aquí los únicos felices son los niños (y los asimilados a niños, que son los adultos que tienen la suficiente memoria y la suficiente valentía para no renunciar a lo que le enseñó su niñez sobre enfrentarse a la vida. 

Los niños tienen más responsabilidades que los adultos, cierto que no saben de dónde sale la comida ni cuánto cuestan las cosas, pero tienen que aprender un montón de cosas, relacionarse durante horas con otros niños mejores o peores y tienen un jefe, pero un jefe de los chungos, de los que te vigila a todas horas. Un niño tiene que aprender a jugar, a obedecer, a aguantarse las ganas de conseguir un taco de cromos, a irse a la cama sin sueño y a tener que ir día tras día al colegio con ese anorak hortera que le compró su madre.

A pesar de los exámenes, los castigos, la frustración por no conseguir algo, el disgusto con su compañero, los niños sonríen. 

¿Y cual es la gran diferencia de actitud entre un niño y un adulto?

No es la responsabilidad, que está repartida cualitativamente según la capacidad de cada uno, pero es similar en importancia.

Es una capacidad de disfrutar de lo que se tiene, de hacer de cada cosa pequeña y de cada momento algo importante y digno de ser vivido. Los niños cogen la vida como una plastilina y juegan con ella, pueden estar horas con una bola de plastilina construyendo, imaginando, viviendo otras vidas sentados en el suelo. 

Un adulto en un trozo de plastilina ve una masa pegajosa y que va a dejar manchas: mucho mejor unas horitas de tele viviendo otras vidas ajenas para luego irse a la cama y quejarse de que mañana hay que madrugar.

Las responsabilidades las tenemos, y a veces se convierten en problemas, y a veces en problemones, de eso no cabe ninguna duda, pero si sumas a lo que viene implícito en el hecho de ser adulto y le restas todo lo bueno que tenía la infancia, porque es "inmaduro" ilusionarse, ya tenemos una persona que posiblemente tenga una capacidad de disfrute limitada, o que su vías de escape estén dentro del circuíto social de "esto lo que hace uno para divertirse".

Coge setas, pasea por bosques, lee, busca el scalextric, come cosas que nunca has probado...haz cosas diferentes y tuyas, y sobretodo, sonríe. (sí probablemente te preguntarán qué puñetas te pasa). Sonreír porque decides que la vida no se convierta en una agenda programada y tu en una persona importante es simplemente comprender que "el rebaño" puede resultar muy aburrido.

Reflexiona, por favor, reflexiona sobre tus actitudes, tus metas y hasta tu expresión corporal. Gástate menos en "lo de todos" y baila en tu casa (ahorras y adelgazas, esto ya es increíble). 

Y si con esto nada te dice que tal vez te hayas convertido en una persona aburrida, haz un ejercicio de memoria y recuerda tu infancia. Métete en la piel del niño que fuiste y que te vea cómo eres ahora, lo que haces, lo que piensas. 

Nunca es tarde para volver a tomar el único control que nos concede la vida: el control sobre nuestra forma de enfrentarla.

el infierno interno de la susceptibilidad

¿Pueden ser las personas susceptibles felices? Tal vez en alguna Corte de "esas que cortaban cabezas a los súbditos", si, porque desde luego el Monarca no admitía la contradicción ni que se pusieran en duda sus decisiones o se contradijeran los deseos.

Las personas susceptibles tienen una baja tolerancia a la frustración y sesgan la información contradictoria con sus propios deseos como intentos de llevares la contraria o boicotearles.

La capacidad de autocrítica o el desarrollo de la empatía no figuran entre sus cualidades fundamentales, ya que basan su vida en lo que ellos quieren y necesitan, y cuando no son saciadas sus necesidades, consideran que han sido heridos.

El susceptible sufre, porque es incapaz de comprender que sus derechos llegan sólo hasta donde empiezan los derechos de los demás, y que en ocasiones sus demandas no pueden ser aceptadas por falta de posibilidad o de ganas (que el resto del mundo también tiene sus propios afanes).

Ese mundo agrio, en el que siempre están sufriendo las afrentas del prójimo, sesgando la información para confirmar "que el mundo está contra ellos", les hace perderse maravillosas oportunidades de disfrutar de los momentos y las personas, aislándose y en muchas ocasiones, siendo aislados por el resto, incapaces de relacionarse sin naturalidad, con pies de plomo ante una caja de bombas que puede sentirse herido por cualquier cosa sin importancia.

El susceptible se siente inseguro, se juzga negativamente de forma permanente y es incapaz de ver a los demás como personas sanas, que a veces bromean o simplemente no contestan a una pregunta porque no estaban atentos.

Les encanta felicitar en los cumpleaños, tener detalles, llevar una vida social puntillosamente anotada y recordada, no tanto por el placer de hacerlos, sino por tener la oportunidad de echar en cara la falta de reciprocidad: no pasan una.

Llega un momento que el susceptible puede cansarse de serlo, bien porque se da cuenta de lo agrio de su carácter, bien porque los demás se han cansado de sus reproches y enfados. 

Para reconducir esta situación hay que trabajar la propia autoestima de la persona y realizar una reestructuración cognitiva: analizar cómo procesa la información, eliminando los sesgos negativos que pueblan sus pensamientos y que les hace sentirse vejados sin motivo.

Se trabaja también el role playing, el análisis de posibles situaciones y el desarrollo de la empatía.

Hacer de un "susceptible" una persona que deja de ver un campo de nardos y ve flores, es un trabajo apasionante, es como enseñar los colores a alguien que sólo veía en blanco y negro. 

Cuando el cuerpo nos manda señales de angustia

"Confía en el tiempo,

que suele dar dulces salidas

a muchas amargas dificultades"

Miguel de Cervantes

 

Vivir con ansiedad suele producir una sensación de angustia incapacitante que nos bloquea y puebla nuestra mente. El miedo a otro día de angustia, de sensaciones físicas de malestar se convierten en el eje central de nuestros pensamientos: los días son buenos si no aparece la ansiedad, pero para las personas que lo sufren, supone una excepción.

La utilización de farmacología (ansiolíticos) para aliviar el síntoma puede servir durante un breve período de tiempo, pero no supone la curación, ya que la ansiedad supone una hiperreactividad a pensamientos de corte catastrofista que nos producen miedo a lo que pueda suceder, y es sobre esto sobre lo que se debe trabajar: sobre la mente, ya que el alivio del síntoma no produce la solución del problema.

A continuación puedes ver diferentes artículos referidos al Trastorno de Ansiedad Generalizada, que es tan sólo una de las formas en las que se presenta la ansiedad, pero que resulta incapacitante y alarmante para el que la padece. 

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Sueña, pequeña, sueña...

Hay muchas personas que ponen banda sonora a su vida, escuchan música según su estado emocional, y esto produce una retroalimentación: si estamos tristes y escuchamos música triste nos instauramos en esta emoción, si estamos animados, escuchamos música con más ritmo y aumentamos nuestra activación y aparecen emociones positivas.

La música a muchos les acompaña, como un eco de sus propios sentimientos.

Sin embargo siempre podemos realizar la operación inversa: experimentar emociones diferentes a través de la música, consiguiendo calmarnos, reflexionar o en ocasiones sentir una pizca de esperanza.

Con el avance tecnológico tenemos acceso a videos musicales, en ocasiones verdaderas obras de arte (y otras horteradas como la copa de un pino), pero en cualquier caso, la unión de una imagen y un sonido puede potenciar el efecto emocional que nos produce verlo.

Os invito a ver un vídeo. Es de un genio de la expresión de emociones, una persona capaz de mover sentimientos y conectar con cada una de las personas que les escucha (es un maestro de la teoría de la mente). 

Por favor, mirad la expresión de las personas, todas muy diferentes, y sin embargo todas con la misma expresión en los ojos. El sentimiento aflora en este vídeo, mucho más allá de lo que dice. Es la expresión universal de una emoción: esperanza. Podéis ver lo que es la retroalimentación del espíritu, como cada persona hace suya la melodía, no veréis ni una pizca de maldad en esos rostros, no mientras suena esta canción.

Veréis parejas maduras, niños, chicos buenos y chicos malos, sonrisas, recogimiento, lágrimas, alegría... 

La canción solamente nos invita a soñar. Espero que disfrutéis de la experiencia, y podáis sentir en vuestro interior esa caricia que se llama esperanza.

"hacer de la necesidad virtud": implicaciones psicológicas

Todos sabemos qué significa "hacer de la necesidad virtud", lo que en psicología se denomina reducción de la disonancia cognitiva.

Este proceso psicológico, por el que existe una situación o una actitud que no compartimos, terminamos por aceptarla y ver su parte positiva, supone un acercamiento entre "lo ideal y lo real", que puede ser muy positivo en algunas ocasiones y otras en cambio producir efectos negativos en la salud  mental de la persona.

Hay ocasiones en que realmente no podemos ajustar nuestra actuación o nuestros deseos a la realidad. Ante esta situación podemos deprimirnos, enfadarnos, estar permanentemente amargados o intentar ver la parte positiva del asunto (lo que sería la vulgar teoría del ver el vaso medio lleno o medio vacío). Conseguir ver la parte positiva, sin olvidar que no es lo que deseábamos pero no procede otra situación, conectaría con el concepto de resiliencia, que significa ni más ni menos la capacidad de afrontar las situaciones con una actitud positiva, sin caer en la desesperanza.

En cambio, hay otras situaciones en las que la situación no nos parece la adecuada, y tratamos por todos los medios de buscar "la parte positiva", pudiendo poner medios para acercarnos a nuestro ideal y no haciéndolo. En este caso a pesar de que en "en el fondo de nuestro corazoncito" sabemos que disponemos de las herramientas necesarias para cambiar, no lo hacemos por miedo a posibles pérdidas, por tener que arriesgar algo, porque supone un esfuerzo o el enfrentamiento a algo desconocido.

De esta manera, si no tenemos posibilidad económica para cambiar "esa mesa horrible de la salita" y pensamos: "no es tan fea, es muy útil, en realidad tiene un tamaño perfecto", estamos utilizando la reducción de la disonancia cognitiva entre: mesa horrible/mesa útil, para nuestro bienestar.

En el otro extremo de la balanza estaría una pareja de "esas de echar de comer aparte", que nos hieren, nos hacen la vida complicada, no suponen ninguna fuente de bienestar psicológico, y por miedo a la soledad, al cambio, empezamos a reducir la disonancia cognitiva en forma de "igual es mi culpa, igual soy demasiado exigente, tiene muchos problemas y no sé apoyar"... en este caso, se pueden producir cuadros de depresión, trastornos psicosomáticos que afectan al estómago, piel, alergias.... porque en el fondo la persona sabe que está intentando obviar un problema de fondo.

A veces es complicado identificar un paciente con esta problemática, ya que ellos mismos lo han interiorizado tanto que no son capaces de ver su realidad. Una vez que identifican la situación y empiezan a trabajar en reducir la distancia entre sus propias creencias y un presente que les hace infelices, van cogiendo fuerza para luchar, no por esa reducción de la disonancia cognitiva, sino por sus propias metas. 

Cuando la necesidad de control se hace patología

Hay determinadas personas que "necesitan" tener el control sobre todas las situaciones que rodean su vida, y así lo reconocen: "yo tengo que controlarlo todo".

El gran problema es no saber diferenciar entre hacer una previsión sobre las cosas que afectan a nuestra vida, e intentar que todo esté en orden y la realidad que a veces nos encontramos de que las cosas no salen como habíamos planeado.

Las personas controladoras viven permanentemente organizando y planificando su existencia, lo que les da seguridad, y temen que algo se escape del camino trazado. El problema es que la vida no va a ser tan disciplinada para hacer lo que nosotros queremos y muchas veces suceden cosas que no estaban en la hoja de ruta. Para un "controlador" esto supone una sensación de miedo y ansiedad, hace temblar sus cimientos.

Es necesario diferenciar entre la planificación de nuestra hoja de ruta, con nuestros sueños, propósitos, necesidades... al establecimiento de un planning cerrado de estas mismas circunstancias, rígido, medido, porque es imposible  "controlar" todo, y la adaptación a las situaciones cambiantes sí nos da el auténtico control: hay que cambiar la idea de planificar el entorno por la de controlar nuestra forma de responder a las situaciones cambiantes.

La patología asociada a este personalidad se asocian a miedo al entorno, rigidez de pensamiento y ante todo: un altísimo nivel de ansiedad por su incapacidad de conseguir que todo suceda como ellos quieren. 

El trabajo terapéutico de estas personas se basa en flexibilizar su pensamiento, dando cabida a las diferentes posibilidades desconocidas que se pueden producir a lo largo de la vida, y aprendiendo a dar respuesta a lo inesperado. Conseguir dar respuesta a las necesidades que se van planteando les dará más seguridad en su propia capacidad. Cuando aprenden que la vida no es, ni debe ser, perfectamente diseñada, aparece la capacidad de afrontamiento y los niveles de ansiedad, los miedos y los pensamientos obsesivos van cesando. 

"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos"

Arthur Schopenhauer

 

Las consecuencias de dejarlo todo para pasado mañana

Hay personas que por costumbre dejan todo "para mañana", da lo mismo la urgencia o importancia, lo primero que sale de su boca es "ya lo haré", aunque tengan tiempo para hacerlo. Estas personas son procrastrinadores, van acumulando cosas que hacer y nunca se deciden a ponerse a la tarea, o cuando lo hacen sea de forma atropellada y en el límite.

El procrastinador no recibe un aviso de pago de impuestos y lo gestiona el día siguiente, no, que va, tiene que esperar al último día o se le  pasa el plazo. Lo mismo le ocurre con cualquier cosa: quieren apuntarse a unas clases y nunca lo hacen, quieren hacer deporte y nunca es el día adecuado....esta forma de manejarse en la vida tiene consecuencias para ellos, y por supuesto para todos los que están a su alrededor, que viven recriminándoles, acuciándoles, recordándoles sus obligaciones.

¿Son irresponsables? no exactamente, simplemente son desorganizados y lo más triste, esto les suele producir sentimientos de falta de competencia personal: aceptan como son y se consideran "unos inútiles", con lo que para qué se van a esforzar.

Procrastinación y caos físico y mental son una misma cosa. La persona que posterga sus decisiones y obligaciones mezcla todo lo pendiente en su cabeza sin ser capaz de empezar a actuar, no logra priorizar, o se ve desbordado.

Lo ideal en estos casos es un programa terapéutico que trabaja tanto la parte conductual: ayudando a la persona a establecer prioridades, a no pensar en lo urgente y lo que se puede hacer a largo plazo en un mismo plano de importancia, a hacer listas con pequeñas cosas que debe ir tachando, y viendo cómo con organización se puede llegar mucho más lejos.

Normalmente trabajar con listas y reflexionar sobre los logros consigue bajar la ansiedad que sienten como algo difuso y hacerles sentirse más competentes para manejar su propia vida, además de sentir su mapa mental mucho más despejado, elevando su autoestima. 

Vamos a descargarnos de lo innecesario para caminar más livianos

 "Todos los pozos profundos

viven con lentitud sus experiencias:

tienen que esperar largo tiempo hasta saber qué fue lo que cayó

en su profundidad"

(Nietzsche)

 

 

Estos versos definen perfectamente la inmensa mayoría de los problemas con los que nos encontramos al abordar un tratamiento psicológico. 

 

Las personas comienzan a sentirse anímicamente mal: tristes ansiosas, irritables, desmotivadas...algunas (las menos) conocen el origen de su estado de ánimo, o lo atribuyen a alguna situación negativa que les ha sucedido recientemente.

Otras se desesperan con el célebre pensamiento de "cómo puedo estar así si lo tengo todo para ser feliz", lo que incrementa la sensación de culpa y desesperación.

Lo cierto es que en la vida vamos acumulando situaciones que nos producen sentimientos negativos que muchas veces no solucionamos en el momento, vamos llenando la "célebre mochila" de frustraciones, miedos, desconfianza, decepción, culpa) a nuestra espalda, haciendo el día a día más pesado pero sin ser capaces de darnos cuenta del peso que llevamos a nuestras espaldas.

A veces la última piedrecita que metemos en la mochila, el guijarro, hace que la mochila se rompa y la persona entre en un estado emocional que no puede asumir, o lo atribuye al guijarro, existiendo problemas de base mucho más grandes y que pueden estar condicionando su vida.

En este punto entra el análisis que realiza el terapeuta: no es cuestión de que la persona le cuente su vida de cabo a rabo, es simplemente ir analizando aquellas situaciones de su vida que las comentan como "agua pasada" pero que muchas veces no lo son.

Por ello, el tratamiento psicológico muchas veces comienza con un "diálogo socrático" en el que el paciente habla sobre las dificultades pasadas y el terapeuta le pregunta sobre ello, sobre cómo lo solucionó, sobre cómo le afectó, intentando que la persona se pare a analizar los problemas por los que ha pasado dándose cuenta de la forma de gestión que tuvo.

Una vez que conseguimos saber los auténticos problemas del paciente: los actuales y los larvados, comienza a diseñarse el programa de tratamiento, que por ello debe ser personalizado, ya que cada persona tiene vivencias particulares y formas específicas de gestionar sus problemas.

El tratamiento psicológico es por ello cosa de dos: el que planifica de una manera objetiva y basándose en conocimientos específicos sobre los problemas, y el que ejecuta el plan (el paciente), que es la parte activa del proceso.

El terapeuta ayuda al paciente a ir desprendiéndose de las piedras de su mochila para caminar más liviano, y le enseña a no guardarlas, a saber desprenderse de ellas para no vivir con cargas innecesarias.