Apoyo psicológico a niños ante el fracaso escolar
Cuando un niño empieza a suspender de manera repetida, es fácil que toda la preocupación de la familia termine concentrándose en las notas.
Pero las notas nos dicen que algo está ocurriendo. No necesariamente nos dicen qué.
Detrás de un mal rendimiento puede haber dificultades de aprendizaje, problemas de atención, malos hábitos de estudio, ansiedad, desmotivación, dificultades emocionales, problemas familiares o escolares... y, muchas veces, varios factores al mismo tiempo.
Por eso, antes de repetir «tienes que estudiar más», necesitamos hacernos otra pregunta:
¿Por qué este niño no está consiguiendo aprender o rendir como esperamos?
Fracaso escolar no significa falta de capacidad
Un suspenso aislado forma parte de la vida escolar y no indica necesariamente que exista ningún problema.
Nos preocupa más cuando las dificultades se mantienen, afectan a varias áreas, existe una diferencia importante entre el esfuerzo realizado y los resultados obtenidos o empiezan a interferir en el bienestar del niño.
Y aquí conviene desterrar una etiqueta especialmente dañina: «Es que es un vago».
A veces el niño no estudia, pero necesitamos averiguar por qué no estudia.
No sabe organizarse, no comprende lo que lee, se distrae constantemente, no sabe por dónde empezar, tiene dificultades específicas de aprendizaje, está preocupado por otras cosas, ha perdido la motivación o lleva tanto tiempo obteniendo malos resultados que ya no espera que esforzarse sirva para algo.
Todas esas situaciones pueden parecer «no estudia».
Pero no se solucionan de la misma manera.
¿Qué puede haber detrás de las dificultades escolares?
No existe una única causa.
Podemos encontrar:
• Dificultades específicas de aprendizaje, como las relacionadas con la lectura, la escritura o las matemáticas.
• Problemas de atención o funciones ejecutivas.
• Dificultades del lenguaje.
• Ansiedad, tristeza, baja autoestima u otros problemas emocionales.
• Problemas de sueño.
• Falta de hábitos y estrategias de estudio.
• Dificultades para organizarse y planificar.
• Conflictos familiares o escolares.
• Acoso escolar.
• Cambios importantes en la vida del niño.
• Desmotivación después de una historia prolongada de malos resultados.
Por eso el primer paso no debería ser aplicar automáticamente más horas de estudio, más clases particulares o más castigos.
Primero necesitamos comprender dónde está la dificultad.
«Antes iba bien y ahora suspende»
Este cambio merece atención.
Cuando un niño que anteriormente tenía un rendimiento adecuado empieza a tener dificultades, conviene preguntarnos qué ha cambiado.
Puede haber aumentado la exigencia académica y que sus estrategias anteriores ya no sean suficientes.
Pero también pueden estar ocurriendo otras cosas.
Un cambio de colegio, problemas con compañeros, dificultades familiares, ansiedad, bajo estado de ánimo, falta de sueño o determinadas dificultades de atención y organización pueden reflejarse en el rendimiento.
Especialmente durante la adolescencia, no deberíamos interpretar automáticamente una bajada de notas como «rebeldía» o «pasotismo».
Las notas pueden ser una señal. Tenemos que averiguar qué hay detrás.
Cuando las dificultades aparecen desde los primeros cursos
En otros niños los problemas están presentes prácticamente desde que comienza el aprendizaje escolar.
Puede costarles especialmente aprender a leer, escribir, comprender determinados conceptos matemáticos, seguir instrucciones, organizar el material o mantener la atención.
En estos casos, esperar indefinidamente pensando que «ya madurará» puede retrasar una ayuda que el niño necesita.
Esto no significa diagnosticar un trastorno ante la primera dificultad. Significa observar su evolución y valorar adecuadamente aquello que persiste o interfiere significativamente con su aprendizaje.
La realidad en la mente del niño
¿Conocemos a muchos niños a los que les guste perder siempre? Con el colegio ocurre algo parecido.
Imaginemos a un niño que estudia y suspende. La siguiente vez vuelve a intentarlo y vuelve a suspender.
Mientras tanto escucha:
«No te esfuerzas».
«Tu hermano con tu edad sacaba mejores notas».
«Eres muy despistado».
«Como sigas así no vas a llegar a nada».
Después de repetir esta experiencia muchas veces puede empezar a cambiar una frase:
«No me ha salido». por otra mucho más peligrosa: «No soy capaz».
Y cuando esperamos fracasar, nuestra motivación para volver a intentarlo disminuye.
«No estudia porque no quiere»
A veces sí existe una falta de estudio. Pero incluso entonces merece la pena preguntarnos por qué.
Hay niños que han aprendido algo parecido a esto:
Si estudio mucho y suspendo, significa que no soy capaz. Si no estudio y suspendo, siempre puedo decir que ha sido porque no estudié.
No necesariamente lo razonan conscientemente de esta manera. Pero dejar de intentarlo puede convertirse en una forma de proteger la autoestima después de muchos fracasos.
Desde fuera vemos desinterés. Por dentro puede haber frustración, vergüenza o miedo a volver a comprobar que «no puedo».
La palabra mágica: «estudia»
Muchos padres terminan agotados de repetirla.
«Estudia».
«Ponte a estudiar».
«¿Has estudiado?».
«Mañana tienes examen, estudia».
Pero decirle a un niño que estudie no significa haberle enseñado cómo estudiar.
Puede pasar cinco horas sentado delante de un libro y aprovechar muy poco ese tiempo.
Quizá no sabe seleccionar la información importante, organizar una tarde de trabajo, comprobar si realmente ha aprendido algo o dividir una tarea grande en pasos manejables.
Y entonces empieza una dinámica bastante desagradable. Los padres sienten que tienen que estar continuamente detrás.
El niño siente que sus padres están continuamente encima. Los deberes terminan ocupando toda la relación familiar. Y todos llegan agotados al final del día.
¿Cuánto deben ayudar los padres?
El objetivo debería ser avanzar progresivamente hacia la autonomía.
Un niño pequeño necesitará más supervisión que un adolescente. Y un niño con determinadas dificultades puede necesitar apoyos adicionales.
Pero ayudar no significa hacer el trabajo por él.
Podemos ayudarle a organizar el horario, dividir una tarea, comprobar que ha entendido las instrucciones o enseñarle estrategias.
Después necesitamos ir retirando progresivamente nuestra ayuda para que pueda hacer por sí mismo aquello que ya sabe hacer.
Si siempre necesita que un adulto se siente a su lado para empezar, continuar y comprobar cada tarea, merece la pena preguntarnos qué está ocurriendo.
¿Sirve tomarle la lección?
Puede servir puntualmente para comprobar conocimientos.
El problema aparece cuando se convierte en la única manera que tiene el niño de saber si está preparado. Necesitamos enseñarle a comprobar su propio aprendizaje.
Cerrar el libro e intentar explicarlo.
Hacerse preguntas.
Recordar las ideas principales sin mirar.
Realizar ejercicios.
Detectar qué partes todavía no domina.
En definitiva, pasar de: «Mamá, pregúntame». a: «Sé comprobar por mí mismo qué sé y qué necesito repasar».
Eso también es aprender a estudiar.
Refuerzo: no todo son premios
El refuerzo positivo puede ser útil para favorecer determinadas conductas, especialmente cuando estamos intentando establecer nuevos hábitos.
Pero no consiste necesariamente en comprar premios por cada buena nota.
Podemos reforzar conductas que sí dependen del niño:
• Empezar la tarea a la hora acordada.
• Preparar el material.
• Mantener un periodo razonable de trabajo.
• Utilizar una estrategia aprendida.
• Pedir ayuda cuando realmente la necesita.
• Revisar el trabajo antes de terminar.
Conviene no hacer depender todo el reconocimiento del resultado final. Un niño puede haber trabajado correctamente y obtener una nota peor de la esperada.
También necesitamos enseñarle a analizar qué puede mejorar, no simplemente a interpretar cada nota como una medida de su valor.
¿Cómo podemos ayudar desde la psicología?
En la Consulta Psicológica Villaverde empezamos intentando comprender qué factores están interfiriendo en el rendimiento del niño.
Dependiendo de cada caso, podemos trabajar:
• Organización y planificación.
• Hábitos y técnicas de estudio.
• Atención y funciones ejecutivas.
• Motivación.
• Manejo de la frustración.
• Autoestima y confianza académica.
• Ansiedad ante los estudios o los exámenes.
• Autonomía.
• Pautas para los padres.
Cuando existen indicios de dificultades específicas de aprendizaje u otros problemas que necesitan una evaluación particular, es importante identificarlos y valorar qué intervención o coordinación profesional necesita el niño.
El objetivo no es simplemente conseguir que desaparezcan los suspensos.
Es entender por qué están apareciendo y proporcionar al niño las herramientas y apoyos que necesita para aprender con mayor autonomía.
Apoyo psicológico ante las dificultades escolares en Villaverde
Si los estudios se han convertido en una batalla diaria, tu hijo dedica muchas horas pero los resultados no llegan o ha empezado a pensar que «no vale para estudiar», puede ser un buen momento para valorar qué está ocurriendo.
En la Consulta Psicológica Villaverde trabajamos con niños, adolescentes y sus familias para comprender qué hay detrás de las dificultades escolares y establecer objetivos adaptados a cada caso.
📖 Diccionario de la Consulta
• Fracaso escolar: expresión utilizada para describir dificultades importantes y mantenidas en el rendimiento o progreso académico. Una nota no explica por sí sola qué está ocurriendo ni cuál es la capacidad de un niño.
• Funciones ejecutivas: habilidades que utilizamos para planificar, organizarnos, mantener información mientras hacemos una tarea, controlar impulsos y supervisar lo que estamos haciendo. Son el «director de orquesta» de muchas actividades escolares.
• Técnicas de estudio: estrategias que ayudan a comprender, organizar, recordar y recuperar la información. Estudiar durante más horas no significa necesariamente estudiar mejor.
• Refuerzo positivo: consecuencia que aumenta la probabilidad de que una conducta vuelva a aparecer. No tiene por qué ser un premio material.
• Autonomía académica: capacidad progresiva del niño para organizar, realizar y revisar su trabajo sin depender continuamente de un adulto.