El lenguaje corporal en la entrevista de trabajo
En una entrevista de trabajo importa lo que decimos, pero también cómo lo decimos. La postura, la mirada, los gestos, el tono de voz o nuestra manera de ocupar el espacio forman parte de la comunicación y acompañan inevitablemente a nuestras palabras.
Esto no significa que exista un diccionario universal para interpretar cada gesto. Cruzarse de brazos no demuestra que alguien sea una persona cerrada, tocarse la cara no significa necesariamente que esté mintiendo y mirar fijamente a los ojos tampoco convierte automáticamente a nadie en sincero.
Pero sí podemos aprender a utilizar nuestra comunicación no verbal de una forma más consciente y, sobre todo, evitar que los nervios terminen hablando mucho más alto que nosotros.
La primera impresión cuenta, pero no decide toda la entrevista
Los primeros momentos nos permiten empezar a construir una impresión sobre la persona que tenemos delante, pero no existe un gesto mágico capaz de garantizar una buena entrevista.
Saludar de manera natural, presentarnos con claridad y atender a las normas sociales de la situación suele ser suficiente. El apretón de manos, por ejemplo, puede ser adecuado en algunos contextos, pero no necesitamos convertir su firmeza en una prueba de personalidad.
Lo mismo ocurre con la mirada. Mantener un contacto visual natural mientras hablamos y escuchamos favorece la comunicación, pero mirar a los ojos no demuestra seguridad ni sinceridad por sí mismo.
Además, no todas las personas utilizan el contacto visual de la misma manera. La personalidad, la cultura, los nervios o determinadas características individuales pueden hacer que alguien mire menos sin que eso diga nada sobre su capacidad profesional.
¿Qué hago con las manos?
Esta es una de las grandes preguntas cuando entrenamos una entrevista.
De repente, esas dos manos que nos han acompañado toda la vida parecen convertirse en objetos extraños que no sabemos dónde colocar.
¿Las dejo sobre la mesa? ¿Las muevo? ¿Las junto? ¿Estoy gesticulando demasiado? ¿Qué demonios hacía normalmente con mis manos antes de entrar aquí?
La respuesta suele ser bastante menos complicada: déjalas acompañar tu comunicación con naturalidad.
Gesticulamos cuando hablamos y esos movimientos pueden ayudar a enfatizar o acompañar nuestras palabras. El problema aparece cuando la tensión hace que los movimientos sean tan repetitivos o intensos que terminan distrayendo de aquello que estamos diciendo.
Y no, cruzar los brazos durante un momento no significa automáticamente «estoy cerrado a esta conversación». Un gesto aislado admite demasiadas explicaciones como para convertirlo en un diagnóstico de nuestra actitud.
La postura: ni estatua ni tumbona
La postura también forma parte de la comunicación, pero aquí volvemos a necesitar sentido común.
Si prácticamente nos tumbamos sobre la silla quizá no estemos transmitiendo la actitud más adecuada para una entrevista. Y si permanecemos rígidos durante cuarenta minutos intentando mantener «la postura perfecta», probablemente estaremos más pendientes de nuestro cuerpo que de responder a las preguntas.
Nos interesa encontrar una postura cómoda y adecuada a la situación, que nos permita escuchar, hablar y movernos con naturalidad.
Podemos recolocarnos, podemos mover las manos, podemos cambiar ligeramente de postura.
Somos candidatos a un puesto de trabajo, no figuras de cera.
¿Y si me muevo mucho cuando estoy nervioso?
Aquí sí puede resultar útil observarnos.
Hay personas que cuando están nerviosas mueven continuamente una pierna, juegan con un bolígrafo, se tocan el pelo, cambian de postura constantemente o aceleran muchísimo sus gestos.
No necesitamos interpretar esos movimientos como una revelación profunda sobre nuestra personalidad. Simplemente pueden ser formas en las que se manifiesta nuestra activación en una situación que nos importa.
Si el movimiento es muy intenso y puede distraernos o distraer a la otra persona, podemos entrenar maneras de regular esa activación y conseguir que nuestra comunicación resulte más cómoda.
La sonrisa no es una herramienta de marketing
Sonreír puede transmitir cercanía y favorecer una interacción agradable, siempre que aparezca de manera natural.
Pero una entrevista tampoco consiste en mantener una sonrisa permanente para demostrar que somos personas positivas, motivadas y encantadoras.
Habrá momentos para sonreír y otros en los que estaremos escuchando, pensando o respondiendo a una cuestión seria. Una expresión natural suele comunicar mucho mejor que intentar fabricar constantemente la expresión que creemos que el entrevistador quiere ver.
El objetivo no es interpretar un personaje.
Es conseguir que los nervios nos permitan mostrar razonablemente bien quiénes somos.
Cuidado con las microexpresiones
Las microexpresiones se han hecho muy populares y a veces se presentan casi como pequeñas ventanas capaces de revelar lo que una persona siente realmente aunque intente ocultarlo.
La realidad es bastante menos cinematográfica.
Una expresión facial muy breve no permite saber automáticamente qué está pensando una persona, si está mintiendo o cuáles son sus verdaderas intenciones. Tampoco necesitamos aprender a controlar cada músculo de nuestra cara antes de acudir a una entrevista.
De hecho, intentar vigilar simultáneamente nuestra mirada, manos, piernas, sonrisa, espalda y expresión facial puede conseguir justamente lo contrario de lo que buscamos: ponernos todavía más nerviosos.
Entonces, ¿se puede entrenar el lenguaje corporal?
Sí, y puede ser muy útil. Pero no para aprender una colección de poses que supuestamente transmiten liderazgo, seguridad o éxito.
Podemos entrenarlo para descubrir qué hacemos cuando estamos nerviosos y comprobar si alguna de esas conductas interfiere con nuestra comunicación.
Una herramienta especialmente sencilla es grabarnos realizando una entrevista simulada. Muchas veces descubrimos cosas de las que no éramos conscientes: hablamos demasiado deprisa, apenas hacemos pausas, miramos constantemente hacia abajo o movemos tanto una pierna que parece tener una entrevista propia.
También podemos descubrir lo contrario: que aquello que nos preocupaba muchísimo apenas se nota desde fuera.
No entrenes solamente el cuerpo
Este punto me parece especialmente importante.
Si tenemos una entrevista mañana, probablemente sea más útil dedicar tiempo a pensar cómo explicaremos nuestra experiencia, qué sabemos de la empresa, qué podemos aportar al puesto y cómo responderemos a determinadas preguntas que pasarnos dos horas practicando dónde colocar las manos.
La comunicación verbal y no verbal funcionan juntas.
Una buena preparación nos ayuda además a sentirnos más seguros porque disminuye parte de la incertidumbre. Si sabemos qué queremos contar, tendremos menos recursos mentales ocupados intentando improvisarlo todo mientras alguien nos observa.
Cómo preparar tu comunicación no verbal
Antes de una entrevista podemos trabajar algunas cosas bastante sencillas:
• Grábate realizando una entrevista simulada y observa tu comportamiento sin buscar defectos en cada segundo.
• Comprueba si cuando te pones nervioso aceleras excesivamente el habla o aparecen movimientos repetitivos que te distraen.
• Practica una respiración tranquila antes de entrar, no para eliminar todos los nervios, sino para reducir un poco la activación.
• Mantén un contacto visual natural, permitiéndote también apartar la mirada mientras piensas.
• Busca una postura cómoda y adecuada sin intentar permanecer inmóvil.
• Permite que tus gestos acompañen lo que dices en lugar de intentar controlar cada movimiento.
• Entrena especialmente las respuestas y situaciones de la entrevista que más inseguridad te producen.
El objetivo no es conseguir un lenguaje corporal perfecto. Es que tu cuerpo no termine convirtiéndose en otra pregunta del examen.
¿Y si el problema no es mi postura sino mi ansiedad?
Hay personas que saben perfectamente cómo deberían afrontar una entrevista y, aun así, cuando llega el momento se bloquean.
La voz tiembla, la mente se queda en blanco, aparece sudoración, cuesta ordenar las respuestas o estamos tan pendientes de cómo nos estarán valorando que apenas conseguimos escuchar la siguiente pregunta.
En ese caso, quizá no necesitemos aprender más reglas sobre lenguaje corporal. Puede resultar mucho más útil trabajar la ansiedad ante la evaluación, el miedo al fracaso, determinadas inseguridades o las habilidades necesarias para afrontar la situación.
Porque no siempre necesitamos aprender a parecer seguros.
A veces necesitamos trabajar para sentirnos un poco más seguros.
Preparación de entrevistas y habilidades personales en Villaverde
En la Consulta Psicológica Villaverde podemos ayudarte a preparar aquellas situaciones profesionales en las que los nervios, la inseguridad o determinadas dificultades de comunicación están interfiriendo contigo.
Podemos trabajar mediante ensayo, grabación y práctica de situaciones reales, observando tanto qué dices como la forma en la que lo comunicas. No buscamos fabricar una versión artificial de ti para superar una entrevista, sino ayudarte a que puedas mostrar tus capacidades sin que la ansiedad las esconda.
Si una entrevista de trabajo se está convirtiendo en un obstáculo, podemos ayudarte a prepararla.
Diccionario de la Consulta
• Comunicación no verbal: información que transmitimos mediante elementos como los gestos, la postura, la expresión facial, la mirada o la forma de utilizar la voz. Debe interpretarse dentro del contexto y no mediante reglas rígidas de «un gesto significa una cosa».
• Congruencia verbal y no verbal: grado en el que diferentes elementos de nuestra comunicación resultan coherentes entre sí. Una aparente incongruencia no permite concluir automáticamente que alguien está mintiendo o siendo poco sincero.
• Microexpresiones: expresiones faciales muy breves. Su presencia no permite leer la mente, detectar mentiras ni conocer con certeza la emoción de una persona.
• Ansiedad ante la evaluación: nerviosismo o miedo que puede aparecer cuando sentimos que otras personas están valorando nuestro rendimiento, nuestras capacidades o nuestra conducta.
• Entrevista simulada: ensayo de una entrevista en condiciones parecidas a la situación real. Permite practicar respuestas y observar aspectos de nuestra comunicación que podemos mejorar.