Terapia psicológica para superar una ruptura
La ruptura supone la pérdida de reforzadores positivos. Y esa pérdida puede sumirnos en la tristeza.
Cuando una relación termina de forma unilateral, cuando sentimos que nos han dejado, no solo perdemos a una persona.
Podemos perder estabilidad, proyectos compartidos, rutinas y una forma de vida que durante mucho tiempo habíamos construido alrededor de la pareja. Incluso puede tambalearse nuestra propia identidad: ¿quién soy ahora que ya no somos nosotros?
Superar el abandono de pareja no es cuestión de orgullo ni de fuerza de voluntad. Es un proceso psicológico que necesita tiempo y, en algunos casos, ayuda profesional.
Cuando la relación ya no funcionaba… pero aun así duele
A veces estamos dentro de una relación sin pararnos a pensar si realmente es lo que queremos. Si estamos bien. Si somos felices.
Con el paso del tiempo, lo que parecía un consenso total puede convertirse en un campo de batalla silencioso. Hay parejas que se mantienen por inercia durante años, aunque la relación ya no satisfaga a ninguno de los dos.
¿Por qué se permanece?
Por los hijos.
Por estabilidad económica.
Por miedo a la reacción del entorno.
Por miedo a hacer daño.
Por costumbre.
Porque ya no se concibe otro mundo fuera de la pareja.
Sin embargo, cuando uno decide poner punto final a esa relación que “se ha secado” —¿regamos la relación cada día?—, la otra persona puede entrar en un estado de absoluto desconcierto.
Y ahí aparece la experiencia del abandono.
El impacto psicológico del abandono sentimental
La persona que se siente abandonada puede experimentar:
Tristeza.
Sensación de fracaso.
Ansiedad.
Pérdida de autoestima.
Pensamientos repetitivos sobre la relación y la expareja.
Alteraciones del sueño o del apetito.
Síntomas depresivos.
El dolor no siempre procede exclusivamente de haber perdido la relación.
También puede doler no haber sido quien tomó la decisión, sentir que no hemos sido elegidos, imaginar a nuestra expareja construyendo otra vida o enfrentarnos de repente a un futuro que ya no se parece al que habíamos imaginado.
“Volvería con mi ex sin dudarlo”… ¿Seguro?
Es frecuente que, en pleno duelo, una persona afirme:
“Volvería sin pensarlo.”
Pero podemos hacerle otra pregunta:
“Si consiguieras rehacer tu vida, volver a sentirte bien, tener amigos, actividades, proyectos e ilusión… ¿renunciarías a todo eso por recuperar exactamente la relación que tenías antes?”
Entonces la respuesta puede no resultar tan sencilla.
Porque a veces lo que queremos desesperadamente no es recuperar la relación tal y como era.
Queremos dejar de sufrir ahora.
Queremos anestesiar el dolor del presente porque todavía no somos capaces de imaginar que el futuro, aunque incierto, puede volver a contener cosas buenas.
Y también puede ocurrir que descubramos que no echamos de menos únicamente a la persona: echamos de menos la rutina, la seguridad, los planes, la compañía y aquella vida que ya conocíamos.
Cuando la zona de confort se había convertido en una cárcel
Después de una ruptura podemos idealizar la relación perdida.
La memoria selecciona momentos agradables y podemos empezar a olvidar precisamente aquellas cosas que antes nos hacían preguntarnos si queríamos continuar.
Esto no significa que la relación no tuviera cosas buenas ni que tengamos que convertir a nuestra expareja en un monstruo para poder superarla.
Significa intentar recordar la relación completa, no únicamente la versión que construye la nostalgia cuando tenemos miedo de estar solos.
Muchas personas, cuando empiezan a superar el miedo a lo desconocido, descubren algo importante: también sufrían dentro de aquella relación.
La zona de confort puede ser cómoda precisamente porque la conocemos.
Incluso cuando ya no somos felices dentro de ella.
Cómo superar una ruptura con ayuda psicológica
Superar un abandono no consiste en “pasar página” rápidamente ni en olvidar a una persona.
Puede implicar:
Comprender qué ha ocurrido.
Elaborar el duelo por la relación.
Trabajar una autoestima que puede haber quedado dañada.
Reducir la rumiación y la necesidad constante de saber qué hace la expareja.
Recuperar actividades y relaciones que se habían abandonado.
Reconstruir la identidad personal fuera de la pareja.
Trabajar la dependencia emocional cuando exista.
Empezar a construir un nuevo proyecto vital.
La terapia psicológica puede ayudarnos a procesar la pérdida y a recuperar progresivamente una vida que vuelva a sentirse nuestra.
Porque lo importante es estar bien.
Con o sin pareja es secundario.
¿Cuándo acudir a terapia tras una ruptura?
No existe un plazo exacto a partir del cual una ruptura deba estar “superada”.
Puede ser conveniente pedir ayuda cuando el malestar es muy intenso, sentimos que no disminuye con el tiempo o empieza a interferir significativamente en nuestra vida.
Por ejemplo, cuando:
La tristeza o la ansiedad resultan difíciles de manejar.
Nuestra autoestima está muy deteriorada.
No conseguimos dejar de comprobar qué hace nuestra expareja.
Hemos abandonado actividades, amistades o responsabilidades.
Aparecen síntomas depresivos.
Sentimos que no podemos imaginar una vida sin esa persona.
Observamos patrones similares en diferentes relaciones.
Pedir ayuda no significa que una ruptura nos haya hecho débiles. Significa que algo nos está resultando difícil de afrontar y queremos aprender a hacerlo de otra manera.
Terapia para superar una ruptura en Villaverde
En la Consulta Psicológica Villaverde acompañamos a personas que atraviesan rupturas dolorosas, procesos de duelo y dificultades para adaptarse a una vida que ha cambiado.
Trabajamos para comprender qué está manteniendo el sufrimiento, recuperar aquello que se ha ido perdiendo y construir progresivamente una nueva etapa.
Porque rehacer la vida no es una frase hecha.
Es una posibilidad real.
¿Podemos ayudarte?
Si sientes que la ruptura te ha dejado sin rumbo, podemos acompañarte durante este proceso.
No tienes que atravesarlo solo.
Diccionario de la Consulta
El “Ex-pectáculo” de la nostalgia: Ese filtro de Instagram mental que le ponemos a nuestros recuerdos justo después de romper. De repente olvidamos las discusiones y solo recordamos aquel viaje maravilloso. En consulta intentamos quitarle el filtro a la foto para poder mirar la relación completa.
Hambre emocional (o efecto “Nevera Vacía”): Esa sensación de que sin la otra persona nos falta algo imprescindible. No es que nos hayan quitado nuestra otra mitad —porque no somos naranjas—: han desaparecido muchos de los reforzadores, rutinas y seguridades que formaban parte de nuestra vida y toca empezar a reorganizarla.
Arqueología en redes sociales: El impulso de revisar una y otra vez el perfil de nuestra expareja buscando pistas sobre qué hace, con quién está o si “parece” más feliz que nosotros. Una excavación que suele encontrar bastante material para alimentar la rumiación y muy poco para ayudarnos a avanzar.
La anestesia del “Volvería”: Esa fantasía en la que recuperar a nuestra expareja parece la única forma posible de acabar con el sufrimiento actual. A veces necesitamos preguntarnos si queremos realmente aquella relación o, sobre todo, queremos que deje de doler.