¿Tu espejo es realista o deforma la realidad?
La Docena Sucia de la imagen corporal
La adolescencia es ese territorio comanche donde uno intenta descubrir quién es mientras el mundo le grita quién debería ser.
Y el cuerpo, que además está cambiando, se convierte muchas veces en protagonista.
Pero no nos engañemos: los problemas con la imagen corporal y los TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria) no entienden exclusivamente de fechas de nacimiento. Pueden aparecer también en adultos y detrás de ellos no existe una única causa.
Influyen factores personales, psicológicos, familiares, sociales y culturales que pueden combinarse de maneras diferentes en cada persona. Y luego está ese espejo.
Porque una cosa es el cuerpo que tenemos y otra, no siempre idéntica, el cuerpo que creemos tener.
Cuando el problema no está solamente en el espejo
Un TCA no consiste simplemente en «querer estar delgada». La relación con el cuerpo, la comida, el peso y nuestra propia valoración puede hacerse enormemente compleja.
Podemos empezar a mirar nuestro cuerpo a través de un sistema de pensamientos que selecciona defectos, exagera determinadas características e ignora cualquier información que contradiga aquello que ya creemos.
El psicólogo Thomas Cash utilizó la expresión «Docena Sucia» para describir doce formas de pensamiento relacionadas con una imagen corporal negativa.
No son un diagnóstico ni significa que por reconocerte en alguna tengas un TCA, pero son una magnífica manera de descubrir que, algunas veces, el espejo no es lo único que está reflejando nuestra imagen: también la interpreta nuestra cabeza.
¿Te reconoces en alguna?
Las 12 trampas de la imagen corporal
1. La bella y la bestia
Todo o nada.
O estoy estupenda o soy horrible.
O tengo el cuerpo que quiero o mi cuerpo es un desastre.
Entre la bella y la bestia parece no existir absolutamente nadie.
Y, sin embargo, la vida está llena de grises.
2. El ideal irreal
Consiste en compararnos con un ideal prácticamente imposible de alcanzar.
Si además elegimos fotografías cuidadosamente seleccionadas, cuerpos que responden a determinadas características, poses, luces, filtros o imágenes retocadas, hemos preparado una competición bastante tramposa.
Compararse con una imagen imposible es un poco como compararse con un unicornio. Frustrante y, además, bastante injusto.
3. La comparación injusta
Entramos en una habitación con veinte personas y nuestros ojos encuentran precisamente a aquella que tiene eso que nosotros desearíamos tener.
No vemos a las otras diecinueve, y, curiosamente, solemos comparar aquello que menos nos gusta de nosotros con aquello que más valoramos en la otra persona.
Así es difícil ganar.
4. La lupa
Cogemos una parte de nuestro cuerpo y la colocamos bajo una lupa.
Las caderas.
La barriga.
Los muslos.
La nariz.
Los tobillos.
La observamos tanto que termina ocupando casi todo nuestro campo de visión. Ya no vemos una persona, vemos unos muslos.
5. La mente ciega
Alguien nos dice: «Qué ojos tan bonitos tienes».
Y nuestra cabeza traduce: «Me lo dice porque no puede decirme que tengo buen cuerpo».
Cualquier información positiva es descartada automáticamente porque no encaja con la imagen que ya tenemos de nosotros mismos.
6. La fealdad radiante
Empezamos por una parte del cuerpo que no nos gusta y el malestar se va extendiendo.
Primero era la barriga.
Después las piernas.
Luego la cara.
Después el pelo.
Y un día parece que no nos gusta absolutamente nada. El problema ha irradiado hasta contaminar la percepción del conjunto.
7. El juego de la culpa
«Mi pareja me ha dejado porque he engordado».
«No me han contratado porque soy fea».
«No ha querido conocerme porque estoy gorda».
Convertimos nuestro aspecto físico en la explicación de acontecimientos que pueden depender de muchísimos factores. El cuerpo acaba siendo declarado culpable sin juicio.
8. La mente que lee mal
Creemos saber lo que están pensando los demás.
«Seguro que están mirando mi barriga».
«Ha pensado que estoy gorda».
«Todo el mundo se ha dado cuenta de mis piernas».
Y aquí tenemos un pequeño problema: no leemos mentes. Aunque a veces estemos absolutamente convencidos de que sí.
9. La desgracia reveladora
No solamente sabemos lo que piensan los demás, también sabemos lo que ocurrirá en el futuro.
«Nunca encontraré pareja con este cuerpo».
«No voy a conseguir ese trabajo».
«Nadie va a fijarse en mí».
Construimos una predicción y después vivimos como si ya estuviera demostrada.
10. La belleza limitadora
Esta me parece especialmente cruel. Consiste en poner nuestra vida en modo pause.
«Cuando adelgace me compraré ropa».
«Cuando pierda cinco kilos iré a la piscina».
«Cuando esté mejor iré a esa fiesta».
«Cuando tenga el cuerpo que quiero empezaré a disfrutar».
Y mientras esperamos tener permiso para vivir, la vida sigue pasando.
11. Sentirse fea
Aquí convertimos un sentimiento en un hecho. «Me siento horrible, por tanto soy horrible».
Pero sentir algo no demuestra que sea objetivamente cierto.
Podemos sentirnos torpes sin ser torpes.
Podemos sentirnos incapaces sin ser incapaces.
Y podemos sentirnos feas un martes sin haber sufrido una transformación física misteriosa desde el lunes.
12. El reflejo del mal humor
Hemos tenido un día espantoso.
Un examen horrible.
Una discusión.
Problemas en el trabajo.
Ansiedad.
Cansancio.
Nos ponemos delante del espejo y, de repente, el problema parece ser nuestro cuerpo.
A veces resulta más fácil odiar los muslos que identificar qué demonios nos está pasando.
¿Reconocerte significa que tienes un TCA?
No. Todos podemos tener alguna vez pensamientos injustos o distorsionados sobre nuestro aspecto.
Lo que empieza a preocuparnos es la intensidad, la frecuencia y, sobre todo, hasta qué punto esos pensamientos empiezan a gobernar nuestra vida.
Cuando condicionan lo que comemos, cómo nos relacionamos, la ropa que utilizamos, los lugares a los que vamos, nuestra actividad física o nuestra autoestima, merece la pena prestar atención.
Y especialmente cuando el peso, la comida y el cuerpo empiezan a ocupar una parte cada vez mayor de nuestros pensamientos.
Algunas señales que no conviene ignorar
Un TCA tampoco se puede detectar simplemente mirando a una persona. No existe un único «aspecto de persona con un trastorno alimentario».
Por eso nos interesa observar cambios.
• Preocupación cada vez mayor por el peso, el cuerpo o las calorías.
• Restricciones alimentarias o eliminación progresiva de alimentos sin una indicación sanitaria que lo justifique.
• Evitar comer con otras personas o buscar excusas frecuentes para no hacerlo.
• Ir sistemáticamente al baño después de comer.
• Incrementar el ejercicio de una manera rígida o vivirlo como una forma de compensar lo comido.
• Cambios importantes en la relación con la comida.
• Comprobar repetidamente el cuerpo en espejos, fotografías, básculas o mediante otras formas de chequeo.
• Evitar actividades o situaciones sociales por vergüenza hacia el propio cuerpo.
• Cambios emocionales o de comportamiento que aparecen junto a todo lo anterior.
Una señal aislada no permite hacer un diagnóstico. Pero varias señales mantenidas sí pueden decirnos que merece la pena averiguar qué está ocurriendo.
No esperes a que «se note»
Este punto me parece especialmente importante.
No necesitamos esperar a que exista un cambio físico espectacular para pedir ayuda.
Una persona puede estar sufriendo muchísimo con la comida y con su imagen corporal aunque desde fuera alguien diga: «Pero si estás estupenda».
Precisamente uno de los problemas es creer que podemos determinar la gravedad de un TCA simplemente mirando un cuerpo. No podemos.
Si la comida, el peso o la imagen corporal están empezando a organizar tu vida, limitarla o hacerte sufrir, ya tenemos una razón suficiente para prestarle atención.
Cuando necesitamos limpiar la lente
Trabajar la imagen corporal no consiste en colocarnos delante del espejo y repetir: «Soy maravillosa».
Si no nos lo creemos, servirá de bastante poco.
Necesitamos aprender a identificar cómo miramos nuestro cuerpo, qué pensamientos aparecen, qué comparaciones hacemos y cuánto poder hemos entregado al aspecto físico para decidir nuestro valor.
También podemos trabajar aquellas conductas que mantienen el problema: comprobar continuamente nuestro cuerpo, compararnos, evitar determinadas situaciones o posponer nuestra vida hasta alcanzar un supuesto cuerpo perfecto.
Porque quizá el objetivo no sea conseguir que todos los días nos encante absolutamente todo lo que vemos en el espejo.
Quizá sea algo bastante más importante: que nuestro cuerpo deje de ser el enemigo alrededor del cual organizamos nuestra vida.
Ayuda psicológica para problemas de alimentación e imagen corporal en Villaverde
En la Consulta Psicológica Villaverde podemos ayudarte si la preocupación por el cuerpo, el peso o la comida está empezando a ocupar demasiado espacio en tu vida.
En los trastornos de la conducta alimentaria puede ser necesaria la intervención coordinada de diferentes profesionales, dependiendo de las características y gravedad de cada caso.
Desde la psicología podemos trabajar la relación con la imagen corporal, los pensamientos y conductas que mantienen el problema, la autoestima y otras dificultades emocionales relacionadas.
Diccionario de la Consulta
• Imagen corporal: la forma en la que percibimos, pensamos y sentimos nuestro propio cuerpo. No depende únicamente de lo que vemos en el espejo.
• Docena Sucia: nombre utilizado por Thomas Cash para describir doce formas de pensamiento que pueden distorsionar nuestra percepción y valoración de la propia apariencia.
• Distorsión cognitiva: forma sesgada de interpretar una situación. Que un pensamiento aparezca automáticamente y nos resulte convincente no significa necesariamente que sea cierto.
• Comparación corporal: hábito de comparar nuestro cuerpo o determinadas partes de él con los de otras personas. El problema aumenta cuando elegimos sistemáticamente comparaciones en las que siempre salimos perdiendo.
• Evitación: dejar de hacer determinadas cosas para no experimentar malestar. Por ejemplo, no ir a la piscina por vergüenza hacia nuestro cuerpo. A corto plazo puede aliviar; a largo plazo puede hacer nuestra vida cada vez más pequeña.