LA ACTITUD ANTE LOS INSULTOS DE LOS NIÑOS EN PADRES SEPARADOS

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Es lamentable ver la cantidad de padres que muestran una actitud irresponsable criticando a su ex-pareja delante de los hijos (los padres no suelen ser lo peor, hay abuelos que ya se podrían dar un puntito en la boca).

La rabia, el resentimiento hacia la otra parte hace que el niño sea utilizado para intentar desprestigiar a su otro progenitor. En casos extremos se busca que los niños rechacen mantener el contacto con la otra persona, en una maniobra de divorcio total , pretendiendo borrar completamente al otro progenitor.

Esta forma de actuar está muy estudiada, y supone un maltrato psicológico hacia el menor, y un síndrome (SINDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL) que los Juzgados de Familia se han resistido a reconocer y considerar la gravedad que supone pudiendo dejar graves secuelas en los niños.

Tenemos hijos y les decimos: “respeta a papá, tu mamá es la más buena del mundo”, y llega el divorcio y los mensajes que les damos son exactamente los contrarios. Enseñamos a odiar, cuestionar, desconfiar sobre el padre o la madre. Evidentemente la ración de estrés psicológico para el pequeño está servida, estos mensajes contradictorios, ponerles en un conflicto de lealtades, pensar que uno de sus progenitores es malo, es un buen caldo de cultivo para adultos con relaciones personales insanas, desconfianzas, desapego, descrédito.

Antes incluso de pensar en tener hijos, cuando pensamos en una paternidad/maternidad responsable, deberíamos hacer el ejercicio de evaluar nuestra propia capacidad de querer a nuestros hijos por encima de todo, incluso de nuestro propio rencor.

Obviamente cada estilo educativo será diferente en progenitores divorciados, y uno de ellos se puede quejar de que el otro o la otra les permiten todo, les dan chucherías, se acuestan a las mil, no hacen los deberes…. es algo con lo que tenemos que convivir. Elegimos mal: bad luck, toca tragarse el sapo. Si a cada cosa que no se hace como queremos se monta la gran bronca, las cosas sólo pueden ir a peor. Es mejor hacer la vista gorda, exceptuando en casos que ponen en peligro de alguna manera la integridad física o moral de los pequeños, y para eso, está el Juez, no el ring que montamos día a día.

Cuando vayas a decirle a tu hijo algo malo del otro progenitor, piensa que estás insultando a tu propio hijo, que estás diciéndole que algo suyo es malo, le estás haciendo sufrir, le estás enseñando a callar. Estás haciendo una infancia desgraciada.

Si tu hijo viene insultándote, utiliza una técnica de terapia con niños: REFORZAMIENTO DIFERENCIAL DE CONDUCTAS POSITIVAS: ignora sus insultos, no intentes convencerle de otra cosa, haz como si no le oyeras, y ante cualquier actitud positiva, refuérzala, hazle ver que le quieres, que no le cuestionas. No le des la impresión de que te han dolido sus palabras, porque no son suyas, y tu eres adulto y no un niño. Si el niño ve que no entras en la guerra, se dará cuenta que no puedes ser tan malo/a como te han dicho. Tenderá a no decirte cosas feas, a no prestar atención cuando se las dicen. Actúa como un adulto ante un niño, tu hijo. Es la única actitud que te ayudará a que cese esta actitud (en casos exagerados, la vía no es el niño, es el Juez).

Si quieres ser un progenitor responsable, después del divorcio, guarda en una maleta todo lo que tenga que ver con los motivos del divorcio, y en la otra maleta pon lo que tenga que ver con el niño (a nivel mental), no mezcles una pareja infiel con un buen padre/madre, porque la infidelidad ha sido entre adultos, no con el niño.

Lo ideal es buscar puntos de consenso, trabajar “a favor de obra”, minimizando las críticas del niño o las quejas hacia el otro progenitor, fomentando que quiera a su padre o su madre, porque si lo elegimos para que ocupara ese lugar, ahora tenemos que asumir la realidad.

Jamás insultes, critiques o menosprecies a tu ex-pareja delante de tu hijo, ni permitas que lo hagan tus familiares. Es la mayor muestra de generosidad que puedes tener con tu pequeño.

EDUCACIÓN INFANTIL: EMPIEZA A INTRODUCIR CAMBIOS DE CARA AL VERANO

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Está terminando el curso y muchos padres lo esperan como agua de mayo, tras pasar un invierno de pesadilla con falta de tiempo, sobrecarga de actividades, dificultades con los niños, cansancio acumulado, etc.

Tendemos a pensar que el verano va a ser una época de recuperación y tranquilidad, ya no hay deberes y los tiempos son más relajados. Pero claro, ese relax nos hace olvidar todos aquellos días duros de desesperación porque parecía que nada fluía, que pasar el curso escolar era una cuestión de supervivencia.

Este es el momento de mirar atrás y hacer un ejercicio de introspección, ver hasta qué punto las cosas podrían haber sido más fáciles.

En consulta la mayoría de la padre se queja de los siguientes problemas con los niños:

  1. Sobrecarga de deberes

  2. Los niños no atienden las normas de casa

  3. Problemas en el colegio (disputas)

  4. Cansancio porque los niños no paran

  5. Niños que duermen poco

Sobrecarga de deberes

Completamente de acuerdo. Los niños llevan a veces demasiada tarea para casa, y ya, si van a un colegio bilingüe y los padres no saben inglés, puede ser el peor de los horrores.

Lo primero que debemos averiguar es si los niños disponen de tiempo en el colegio para hacer las tareas y son aquellas que no han realizado en clase las que llevan para casa (es bastante frecuente). En ese caso es necesario que el niño comprenda que el tiempo que le han dado y lo ha dedicado a hacer el payaso o vaguear le quita tiempo de ocio al llegar a casa, que es su responsabilidad.

Es necesario establecer el momento en que van a realizar los deberes, mejor que antes de jugar. Deben hacerlos en un sitio fijo, preferiblemente en su habitación, con una mesa despejada y buena iluminación. Lo ideal es que los niños saquen todas las tareas para realizar y procuren hacerlos solos, sin distracciones, sin levantarse cuarenta veces, y que sólo sea para dudas o tomarles la lección cuando les pregunten a los padres.

Jamás deben hacer los deberes a sus hijos: no se esforzarán ni el maestro sabrá dónde están las dificultades del alumno.

A este respecto hay que llamar la atención sobre las actividades extraescolares. Tenemos que considerar que los niños no deben tener el día sobrecargado, la práctica de un deporte, una actividad musical o un refuerzo en materias que le resultan complicadas ya de por si pueden ser una sobrecarga total. Evitemos llenar las tardes de nuestros hijos, de forma que terminen su jornada en muchos casos cerca de las 8 de la tarde, momento en el que se ponen con los deberes. El niño debe tener tiempo para un ocio relajado (y si es posible no con la consola o el móvil).

Los niños no atienden las normas en casa

Cuando decimos: “se lo tengo que repetir cincuenta veces”: alarma. Los niños suelen tener el oído fino, y oír oyen a la primera, responder a veces es sólo al grito. No nacen así de serie, el número de veces que le tenemos que repetir las cosas guarda consonancia con las veces que les hemos llamado, no han contestado y en ese momento nos hemos levantado he ido a que obedecieran.

Cuando se repiten las cosas se acaba gritando, y ya tenemos el drama diario. El niño no obedece porque le pedimos cosas que les rompen la diversión, y eso a nadie le apetece, pero a veces es necesario saber que si se le dice a la ducha, el pijama, a cenar, es algo que tiene que realizar al momento, con el tiempo justo para recoger con lo que está jugando.

Esto es un pequeño reto porque al principio es cansado para los padres. Establecer esta rutina supone decir algo al niño, esperar el tiempo prudencial, levantarse, quitarle aquello con lo que está jugando y llevarle. Por supuesto requiere una explicación previa: una explicación previa no es una explicación diaria. En el momento que sepa que “la cosa va en serio” y que se juegan que les apaguen la consola a media partida aprenderán la consecuencia aversiva de no obedecer.

Se necesita constancia y no cambiar nunca una decisión, de esta manera la conducta disruptiva se mantiene porque las consecuencias son aleatorias.

Disputas en el colegio

Nada mas desagradable que una llamada del colegio diciendo que el niño está castigado por pelearse. Lo normal es que el niño diga que él no tuvo la culpa (yo lo hacía, por lo menos), Una disputa es normal, no es un drama, pero requiere tomárselo en serio. Puede ser que el niño no tenga la culpa y haya sido víctima de un “matoncito”. Habrá que explicarle que si vuelve a ocurrir debe avisar a la profesora, que eso no es ser chivato en absoluto. En caso de que haya sido una pelea entre iguales, explicarles claramente que no vais a consentir la agresión como forma de solucionar un problema, ofreciéndoles alternativas para solucionar las diferencias con sus compañeros.

Explicarles desde el principio que el colegio es un lugar de aprendizaje, pero tambien de compartir juegos con otros niños, que los enfados puntuales son normales dentro de una convivencia, pero que los pequeños problemas se deben solucionar porque es mejor disfrutar de unas buenas relaciones con los compañeros.

Hablar, y hablar, escucharles, expresar vuestra comprensión y convertiros en sus consejeros para dar soluciones diplomáticas a las pequeñas disputas en el cole.

Cansancio porque los niños no paran

Hay niños más movidos que otros. Pero desde luego, hay adultos que tampoco se paran mucho a buscar soluciones. Los niños movidos necesitan actividad física, actividades deportivas y un ritmo que al llegar a casa vaya bajando de intensidad.

Los niños que se suben a los sillones, que juegan al balón en el salón o que están hasta las 11 dando la lata, no son más movidos que otros niños, simplemente hay niños que sus padres se paran a manejarles, que saben llevarles, que cuando empiezan a subirse a la parra no permiten que el nivel de excitación se dispare y les proponen otra actividad o les entretienen.

Exceptuando los niños hiperactivos (menos de los que nos imaginamos) la mayoría de los problemas de niños “que no paran” se basan en padres que se han rendido y no han hecho valer su condición de adultos. Ser adulto no es ser un ogro, es tener sentido común, y ante todo, tener la paciencia para dedicar el suficiente tiempo a los niños para ponerles unas pautas de conducta (si has conseguido que tu hijo no meta los dedos en el enchufe, también puedes conseguir que no salte en el sillón).

Cuando el niño aprende a ser lo que viene siendo un niño (no un mueble ni un salvaje), normalmente tiene una actitud más relajada. El conocimiento de las normas les proporciona seguridad y unos patrones de conducta más estables.

Niños que duermen poco

Es cierto que hay niños que ya de bebés duermen poco, pero sinceramente, el problema que tratamos aquí es más el de los niños que parece que se van preparando para ser los reyes del after en cuanto tengan edad. Pululan por la casa a las 11, a las 12, a la 1, a pesar de tener colegio al día siguiente.

Hay técnicas para conseguir que los niños se vayan a la cama a su hora. Se necesita paciencia, establecer las reglas, no ablandarse y aguantar al menos una semana de llantos desgarradores, que es lo que les suele llevar darse por vencidos. Empezarán poniéndose como locos, pero es más rentable llevar de la mano al niño cuarenta veces a la cama y oír su serenata desgarradora durante cuatro horas por día durante una semana, sabiendo que al final de esta pesadilla vendrán tiempos de recuperar el ser humano adulto que hay dentro de vosotros. También necesitáis tiempo de intimidad con vuestra pareja, de silencio, de paz leyendo un libro (sé que suena bonito).

En definitiva, ahora que va acabando el curso, pensad que muchos de los problemas a los que os habéis venido enfrentando son subsanables. Trabajar problemas concretos con técnicas de modificación de conducta puede ser beneficioso para vuestros nervios y para el niño en muchísimos aspectos (reducir su nerviosismo, centrarle, disminuir las situaciones enrarecidas en el ámbito familiar).

Tener un niño es amarle pero también educarle. Lo primero no cuesta trabajo, para lo segundo se necesita firmeza y tener las ideas muy claras. El beneficio a nivel familiar es extraordinario, y es una manera de disfrutar de la infancia del niño y acompañarle de verdad en su camino.

TERAPIA INFANTIL: EL PAPEL DE LOS PADRES COMO COTERAPEUTAS

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El trabajo terapéutico con niños pequeños (hasta los 8 o 9 años) requiere una fuerte implicación de los padres.

Por una parte, a menor edad del niño, menos posibilidades de indagar sobre sus problemas o emociones a través de la palabra. Las conductas a edades tempranas nos pueden dar las pistas necesarias para llegar a la raíz de los problemas.

Por otra parte, tal vez la más importante, muchos niños que acuden a terapia infantil por problemas de conducta, lo que necesitan es una terapia que incida directamente sobre los padres, porque la mayoría de los problemas de conducta disruptiva en los niños vienen dadas por la forma en que los padres les están educando.

Lo ideal a la hora de trabajar con niños pequeños es dividir la sesión en dos partes, no necesariamente iguales. En una se trabaja con el niño explorando sus problemas, identificando conductas que hay que cambiar y dándole estrategias muy sencillas para ir modificando su conducta o haciendo frente a emociones que expresan de forma inadecuada. Esta parte de la sesión es totalmente lúdica.

El trabajo con niños pequeños se realiza con plastilina y punzón, papeles y lápices de colores, marionetas, juegos sencillos, playmobil para escenificar situaciones y todo aquel material susceptble de ayudarnos a permitir entrar en el mundo del niño de una forma nada agresiva, haciéndole sentir cómodo y dejando que se abra en un momento de relajación.

En muchas ocasiones es conveniente grabar estas sesiones para poder luego analizar minuciosamente las cadenas conductuales y poder posteriormente introducir algunos cambios en las secuencias para ver la reacción en el pequeño.

La otra parte de la terapia es la centrada en los padres. Aquí suelen surgir algunos problemas. Hay padres que culpan a sus hijos por su comportamiento y actitudes y no tienen en cuenta que los niños aprenden en casa muchas cosas, el MODELADO de conductas supone que los niños reproducen aquello que ven en casa. Si los padres gritan, los niños piensan que es un modo natural de comunicación y lo reproducen, por ejemplo.

Otras veces los padres son inconsistentes en su forma de relacionarse con los niños, y lo que unas veces no les importa, otras les parece algo terrible, un poco dependiendo de cómo va de paciencia el progenitor.

Lo ideal para organizar la terapia es partir de la base que no hay niños buenos ni malos, lo único cierto es que los hay tranquilos y responsables y los hay movidos e impulsivos. Estas características ni siquiera son un indicador fiable de qué tipo de niño puede necesitar en un momento dado un poquito de ayuda terapeutica, ya que los más responsables pueden tener sentimientos internos de necesidad de agradar, y cuando algo no les sale perfecto tienden a sentir que han fallado produciendo sentimientos de poca autoestima y tristeza. Los más bichillos pueden terminar siendo un reflejo de la “profecía autocumplida”: si siempre le decimos que es un desastre, lo terminará siendo, porque es lo que se espera de él.

De esta forma, el trabajo en terapia infantil se va a centrar en la mayoría de los casos en una terapia con los padres, en los que se les enseñe a modificar algunas conductas que ni siquiera eran conscientes de que pudieran ser perjudiciales, también se les enseñará a actuar ante casos de mal comportamiento, timidez, miedos y un largo etcétera.

Por todo ello es necesario desterrar la idea de que el niño va a terapia porque algo va mal en el niño, teniendo una visión más global del asunto: el niño va a terapia porque algo funciona mal en el ámbito de la educación del pequeño.

Nunca debemos olvidar el papel de modelo que ejercemos sobre los niños. No hables como un carretero y a continuación castigues al niño por decir un taco, y si viene del colegio diciendo tacos, no pienses: desde luego vaya cosas aprende en el colegio (que también, las cosas como son), pero no te cruces de brazos en un “esto es lo que hay”, tómate el tiempo necesario para explicarle las cosas que no son adecuadas, o deja que el terapeuta te indique cómo hacerlo de una manera efectiva (que no es el ordena y mando porque para eso soy tu padre).

Establezcamos alianzas entre los padres, porque la familia tiene una jerarquía y esto no es una democracia, básicamente porque un niño de 6 años no puede tomar las riendas de la buena marcha de una familia.

Los niños son para sufrirlos, disfrutarlos, amarlos y a veces tener un poquito de ganas de ahogarlos. Es lo que tienen los niños. Si tienes un poco de paciencia y sentido común,, la experiencia de la paternidad/maternidad es un viaje mágico y maravilloso, si dejas que te lleven a su terrero, sufrirás como un azotado, porque no debemos olvidar que esos cuerpecillos son pura terquedad y energía, y en eso nos ganan por la mano.

Así que, si estás pensando que tu niño necesita terapia, reformula el “llevo al niño al psicólogo” por un “vamos al psicólogo con el niño”.

HUBO UN TIEMPO EN QUE LAS LECHUGAS SABÍAN A LECHUGAS Y LOS NIÑOS TENÍAN INFANCIA

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Me siento triste y alarmada viendo las características de los niños que vienen ultimamente a consulta, el último eslabón de una serie de errores cada día más comunes en la educación de los niños. El motivo de la consulta es la falta de habilidades sociales, y si empezamos a tirar del hilo en sentido inverso... los niños dejan de ser niños al comenzar la primaria!

Sí culpo a los padres, no por no querer a sus hijos (eso es indudable). Les culpo de ir a lo fácil y de meterles en una espiral de soledad, de falta de estimulación sobre lo que es realmente la vida, en una falta de comunicación preocupante.

Padres, sociedad, maestros que no advierten, fuerzas sociales que no dan la voz de alarma...y aquí estamos, con unos niños alienados, que sólo piensan en los videojuegos o en ser youtubers (ya les llegará el momento de beber los vientos de los influencers). Estamos criando pequeños robots que molestan poco y están dejando atrás una auténtica infancia.

Comprendo perfectamente la presión social sobre los pequeños: "todos sus amigos juegan a la consola", y claro, nuestro hijo no va a ser menos. Por otra parte, qué maravilloso sistema para que no de la lata, no manche y encima el chantaje perfecto si se portan mal o no estudian.

Una ola gigante a esos padres que se dejan llevar por la corriente de "pensar" que son unos padres fabulosos. 

Tan sólo una recomendación: pensad en vuestra propia infancia. Ya, que el niño no se va a poner a jugar a "la zapatilla por detrás", ni les vamos a contar las historias de nuestra propia infancia como "el abuelo porretas". En eso estamos de acuerdo, pero hay cosas que están ahi mismo, a su alcance, que deben aprender y aprehender para convertirse en adultos que han tenido una infancia, con sus experiencias, sus anécdotas, sus propias aventuras que contar.

Probablemente muchos de estos niños odien profundamente ir al campo, hacer planes de familia, jugar con JUGUETES. No es que el niño "sea así", es que le estamos privando de un aprendizaje fundamental, porque el juego es un role play para la vida, y con tanta maquinita se lo están perdiendo. 

Pregúntale a tu hijo qué es una luciérnaga, llévale una noche estrellada a ver las estrellas con una hamburguesa, rétale a hacer el pino, haz un campeonato de globos de chicle, haz un dique con ramas en el campo, hazle un plano del tesoro para que encuentre algo tonto, juega a por qué letra empieza, monta un campamento de exploradores en el salón, canta "cuando alfonso XII usaba pantalón" con todas las vocales, hazte un parchís a muerte... vive con tu hijo.

Probablemente leerás esto y pensarás: "esta de niños no entiende nada". Afortunadamente no me encuentro en ese punto. He sido niña, y con una memoria prodigiosa para aplicarlo cuando fui madre, y hoy puedo pasarme horas hablando con mis hijos de mil historias vividas, creadas, vida, amor, aprendizaje de la Naturaleza, amor a los animales, comprensión y ayuda al más débil... todo eso se forjó en una vida en la que existía consola, pero no era demasiado importante cuando había que cocinar paellas de plastilina, organizar campos de batalla, vender croquetas de arena o.... hacer carreras de coche en la arena, en el que el volante era el cubo y el cambio la pala.

Tienes un hijo, no un mueble de Ikea. Aunque se niegue, aunque sólo admita ir a sitios con WIFI, lucha, en el punto en el que estés, tenga 3 o tenga 13 años. 

No es suficiente darle comida y caprichos. Dale amor, dedicación y échale muchísima imaginación.

Que cuando tu hijo sea padre pueda recordar la infancia mágica que creaste para él, y que no se compra ni se vende.

Por favor: lee esto, reflexiona y si con el corazón en la mano crees que el mejor amigo de tu hijo es una videoconsola: sácale de ahí.

 

¿Educamos a nuestros hijos o esperamos que otros los eduquen?

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Que conste que las generalizaciones son odiosas y mezquinas, pero durante los últimos días he estado observando y analizando una conducta de los padres que me ha hecho reflexionar sobre las quejas que luego se van viendo en consulta, por parte de profesores y de padres, cada uno desde su postura, durante todo el curso.

La situación vivida se da en Madrid, durante los últimos 15 días, más o menos. La gente retorna de sus vacaciones o simplemente apura los últimos días para reunirse con los amigos en una terracita a contarse sus vacaciones o aprovechar tener más tiempo libre para hacer realidad el tópico "ya nos vemos" que ha sido la tónica general del invierno.

Y te encuentras a grupos de padres charlando animadamente. En la mesa son todo adultos y sólo hay un niño, o a veces dos (como sean hermanos ya se ha liado).

El niño se aburre, porque la cosa se alarga y normalmente empieza a jugar en solitario, ya sea un balón en la calle, ya sea un patinete chocando contra las personas...Más de una vez y más de dos he oído a los padres de los niños: a ver, vete más para allá a jugar con la pelota. El más para allá o la mesa sólo para niños suele coincidir con el extremo opuesto de la línea de mesas donde están los padres y es justamente donde otras personas están sentadas, charlando, aguantando la pelotita que los padres no quieren aguantar, aguantando al niño que te pega un empujón a la silla cada vez que pasa corriendo o muchísimas situaciones parecidas. 

Otra situación es niños sentados en la mesa y uno, aburrido, chinchando a otro. Yo he llegado a ver hace un par de días a una niña con un palo y un globo en el extremo que literalmente llevaba el palo doblado de clavárselo a otros niños. 

Se pegan, se chinchan, se aburren y los padres tienen como una pantalla de aislamiento en la que no reparan en que el niño lleva tres horas sentado en una terraza con conversaciones de adulto y ninguna opción de entretenerse, así que si dan la lata en otras mesas, o en muchísimos casos, el padre o la madre les prestan el móvil para que jueguen y no den la paliza (por cierto, la agilidad para largarles el móvil sin mirarles a la cara hace sospechar que no es la primera ni la segunda vez que lo hacen).

Por supuesto que hay padres que hablan con sus hijos, les llevan unas pinturas, les hacen bromas, les cruzan un rato al parque o les regañan si están molestando. Cuando los ves, te maravillas, no piensas "es lo normal", te extasias ante unos padres coherentes como quien admira algo exótico.

Y ahora empieza el colegio. Ayer, ante una situación así (tocaba niño con patinete calle arriba, calle abajo) le hice una reflexión a una amiga, profesora de un colegio:

¿Y no será que se protesta por los deberes porque hay que estar pendientes y sentados con los niños?

Llegamos al colegio y exigimos atención casi trato VIP para nuestros hijos. Y sin embargo, nosotros como padres no somos precisamente un modelo de estimulación, cuidado, atención hacia los pequeños. Queremos que no tengan deberes, pero les colocamos la tablet y la tele a la menor ocasión, así que claro, ponerse con un niño a hacer los deberes es fastidioso y complicado, pero como queremos niños de diez, en eso sí estamos, "haciendo los deberes con el niño" y en muchísimas ocasiones siendo incapaces de llegar a un nivel de comunicación con el pequeño que permita hacer las cosas en un tiempo razonable. Se quejan de las 3 horas haciendo deberes (que han sido 20 minutos efectivos), pero si durante el periodo de vacaciones no hemos sido capaces de establecer normas, de comunicarnos con nuestros hijos, de enseñarles a jugar y quitarles tanta tablet, que van a acabar todos con problemas de cervicales, no podemos exigir a los docentes que nos hagan el trabajo sucio.

A los padres que han aprovechado las vacaciones para disfrutar de sus hijos, enhorabuena, a los que sean capaces de reconocerse en el panorama que he descrito, por favor, antes de ir a exigir y reclamar, que analicen su propia actitud con sus hijos.

En los colegios se enseña, en casa se educa.

Y por favor, que el tiempo que dediquen a leer sea al menos una cuarta parte de lo que dedican a las tablet.  

 

 

Mindfulness en el colegio

 

Mindfulness o conciencia plena, es una técnica empleada para conseguir que la persona tome conciencia plena de sus emociones y pueda gestionarlos de forma adecuada, aceptando la experiencia sin juzgarla ni rechazarlas, simplemente vivenciándola. 

Sus raíces están en la meditación, y actualmente se utiliza ampliamente dentro de la terapia psicológica y también como programa dentro de terapias alternativas de profundización en el propio yo y autoconocimiento de la persona como forma de control y gestión de emociones.

Para los niños es una herramienta fundamental para "parar en este mundo de locos" y saber realizar una introspección para poder gestionar las emociones más allá del enfado, la tristeza o sentimientos de inferioridad que se quedan "flotando" en su interior, sin conseguir identificarlos, y por consiguiente, no poder manejarlos.

Actualmente en España muchos centros han incorporado el mindfulness dentro de su programa escolar con excelentes resultados.

No obstante, hay una parte importante sobre la que deberíamos reflexionar: la ayuda al niño en la práctica de mindfulness no debe limitarse al horario escolar, debería ser  habitual dentro del núcleo familiar, ya que si los padres no comprenden la técnica, su finalidad y no guían al niño a través del proceso, es frecuente que el niño no lo incorpore a su día a día, resultando su beneficio más limitado de lo que debería resultar.

Llevamos a nuestros niños a multitud de actividades, les exigimos resultados en varios campos, y somos los que "vamos y venimos", pero es necesario también involucrarnos en algo que puede resultar muy beneficioso para cualquier persona. De hecho, el inicio de la práctica de mindfulness estaba circunscrito a adultos, para posteriormente aplicarlo a niños.

La incorporación de unos minutos de práctica de mindfulness dentro de la vida cotidiana de la familia puede resultar beneficiosa para todos sus miembros, y ayudar a los niños dentro de un proceso de crecimiento con mejor autoestima al conocerse, aceptarse y saber manejar sus emociones sin miedo a la incontrolabilidad. 

BENEFICIOS DEL MINDFULNESS EN NIÑOS

1) Control de la impulsividad: Como ya hemos comentado en alguna ocasión, el control de la impulsividad o la ira en niños puede entrenarse desde pequeños, el mindfulness les ayudaría como una técnica potenciadora dentro de un programa que implique otras variables personales (socioafectivas, de personalidad, etc) en el control de esa impulsividad. 

2) Mejora de la concentración: Al ayudar al niño en un proceso de práctica de introspección y toma de contacto con sus emociones, iniciándole en la meditación. 

3) Sentir y experimentar mayores niveles de bienestar. Sentirse mejor, más sereno y calmado: El hecho de aprender a conocer y gestionar sus emociones como algo propio y no incontrolable, potencia la sensación de satisfacción personal en su relación con otros niños y con el medio. 

4) Potencia la memoria: al mejorar la concentración y la focalización en los procesos internos

5) Mejora de la salud: especialmente el sistema inmune, al experimentar menores niveles de ansiedad

6) Mayor autocontrol: al aprender a conocerse uno mejor, conocer sus emociones y las respuestas conductuales a estar emociones.

 

7) Aprender a relajarse: Si sabemos que el mindfulness mejora la concentración, aumenta el bienestar, potencia el autocontrol y reduce el estrés; en conjunto, todo ello puede desembocar en una buena introducción a la meditación , tanto en niños como en adultos.

8) Mejora de las relaciones con su entorno

Fútbol en los patios de colegio: absolutamente en contra

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A menudo hablamos de la igualdad en la que tienen que crecer los niños y las niñas, y sin embargo, si pasamos por un patio escolar es fácil encontrar que el 80% del espacio de juego está dedicado al fútbol. Las niñas juegan al pilla-pilla por los pasillos laterales o hacen corrillos hablando.

La realidad es que ser chico y que no te guste el fútbol puede ser ya un elemento de discriminación, el resto de los niños te consideran "exogrupo", no perteneces a ellos, eso si hay suerte y no te insultan directamente. 

Dentro del partido la cosa no mejora mucho, los niños imitan a los mayores y muchas veces en su peor versión: insultos, patadas, descalificaciones, etc, son frecuentes en el futbol. Tenemos "al chupón", "al inútil", "al que no le pasan bola".

Normalmente el que juega bien es "el líder", el pequeño macho alfa al que los demás rinden pleitesía, creciendo en una realidad sobre su propia persona bastante distorsionada (jugar bien al fútbol no te hace mejor persona, y probablemente darse con la cruda realidad de que hay niños que juegan millones de veces mejor no les va a ayudar en ese aterrizaje forzoso).

Existen juegos integradores, que ayudan a socializar a los niños y  no diferencian el género. Probablemente la inclusión de los "dinamizadores de patio", que enseñan a los niños juegos tan sencillos como el pañuelo, balón prisionero, la zapatilla rusa, el escondite inglés, a saltar el potro, que incluyen parchís gigante, ajedrez, etc, podrían suponer una mejora en las relaciones entre todos. El dinamizador ayuda a la integración de todos los niños y promueve un juego relacional sin una competitividad excesiva entre niños, y ayuda a los más tímidos a participar.

El fútbol es fantástico, como lo es el judo, la gimnasia rítmica o el baile español, pero los niños pequeños necesitan la guía de los mayores para ajustar las diferencias de capacidad entre niños y las posibles burlas o abusos. 

Por otra parte en España, aunque muchas niñas juegan al fútbol, es complicado que se adapten al juego de los chicos (son una minoría), y normalmente, si las niñas quisieran jugar, no se les cedería el espacio. El fútbol femenino no está popularizado en España como lo está en otros países como EEUU o Canadá, donde juegan más las chicas que los chicos.

Necesitamos urgentemente una planificación de las actividades de patio, porque a veces nos preocupamos demasiado de las "semanas culturales" que a fin de cuentas duran una semana, y no nos preocupamos del crecimiento integral de los niños, y en este caso, el fútbol no es bueno para los que lo juegan ni para que no los juegan. Cada cosa en su momento. 

Disfrutar de la relación con los iguales

 

“La expresión Habilidades Sociales se refiere a un repertorio de comportamientos verbales y no verbales a través de los cuales los niños incluyenlas respuestas de otros individuos (compañeros, padres, hermanos, etc.) en el contexto interpersonal. Este repertorio actúa como un mecanismo a través del cual los niños inciden en su medio ambiente obteniendo, suprimiendo o evitando consecuencias deseadas y no deseadas en la esfera social . En la medida que tienen éxito para obtener las consecuencias deseadas y evitar o escapar de las no deseadas sin causar dolor a los demás, se considera que tienen habilidades sociales”. (Rinn Markle, 1979)

Por lo tanto, habilidades sociales son el repertorio de conductas que emplea la persona para tener una relación adaptada con otras personas. En las habilidades hay un componente innato y otro aprendido, por lo que aquellos niños poco "prosociales" pueden ver mejorar estas aptitudes, consiguiendo sentirse más cómodos en la interacción con los demás. 

COMPONENTES DE LAS HABILIDADES SOCIALES

1. Las Habilidades Sociales se adquieren principalmente a través del aprendizaje (mediante observación, imitación, ensayo y también información).

2. Incluyen comportamientos verbales y no verbales, específicos y discretos.

3. Suponen iniciativas y respuestas efectivas y apropiadas.

4. Aumentan el reforzamiento social (por ejemplo, las respuestas positivas del propio medio social).

5.Son recíprocas por naturaleza y suponen una correspondencia efectiva y apropiada.

6. Su práctica está influida por las características del medio. Es decir, factores tales como la edad, sexo y el estatus del receptor afectan la conducta social del sujeto.

7. Los déficits y excesos de la conducta social pueden ser especificados y objetivados a fin de intervenir.

Entre los niños con déficit de habilidades sociales, encontramos a niños tímidos y retraídos, pero también en muchas ocasiones a niños agresivos, en los que no se dan las respuestas socialmente aceptadas, y su falta de recursos para establecer vínculos sociales adecuados, les hace dar respuestas que producen el rechazo de los otros niños.

INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA PARA EL APRENDIZAJE DE HABILIDADES SOCIALES

El repertorio de habilidades sociales que tiene un niño es muy variado: algunos son muy prosociales y otros tienen un repertorio muy limitado. Sobre estos niños hay que trabajar para que vayan adquiriendo aquellas habilidades sociales de las que carecen y que les proporcionará un desarrollo afectivo, social y escolar más satisfactorio.

En la intervención con estos niños es necesario evaluar el origen del problema. En ocasiones hay en el origen un modelo de aprendizaje con modelos parentales que carecen ellos mismos de estas habilidades sociales, utilizando la fuerza física como forma de expresión. Otros niños han sufrido carencias afectivas severas lo que les hace retraídos. En otras muchas ocasiones la misma personalidad del niño (timidez, retraimiento) les paralizan ante una interacción social.

Entre las variables a tener en cuenta:

Locus de control

Se refiere a la interpretación de los sucesos que hace la persona: si las considera bajo su control o bajo control externo. Si un niño cree que lo que le sucede es debido a su conducta, puede entender que cambiando puede mejorar su relación con los demás (locus de control interno). Si por el contrario el niño cree que su conducta no tiene nada que ver con sus problemas, que es responsabilidad de los demás o de las circunstancias, se autojustificará y no habrá intento de mejora (locus de control externo)

En niños con problemas de relación, la existencia de un locus de control externo hace necesaria la intervención psicológica para modificar esta variable, ya que en caso contrario el niño es presa de una sensación de indefensión, desesperanza e inmodificabilidad de la situación que le puede llevar a la depresión, y por supuesto a un mayor retraimiento social.

Creencias irracionales

Otra variable que relacionada con la falta de competencia social es el desarrollo de creencias irracionales.

Las creencias irracionales están recíprocamente implicadas en las conductas desadaptadas. Un niño que haya desarrollado un sistema de creencias irracionales se puede comportar de forma no adaptada a la situación, utilizando respuestas pasivas (inhibición) o agresivas. Los niños con más creencias irracionales serán, por tanto, los que dispongan en su repertorio de un menor número de respuestas asertivas y, en consecuencia, presenten mayores dificultades en la relación social

Nivel de inteligencia

A pesar de que la inteligencia y las habilidades sociales deberían estar en consonancia, según la teoría de las inteligencias múltiples, se puede ser muy inteligente y carecer de habilidades sociales. En este punto es más importante el desarrollo de la inteligencia emocional que el C.I. de un niño. Niños con intereses muy diferentes al resto de los niños pueden tener dificultades de adaptación social al no involucrarse en los juegos de los compañeros.

El nivel de asertividad del niño es un indicador más importante de la adaptación social. Un niño socialmente habilidoso es más capaz de adaptarse a las necesidades de sus compañeros y comprender dificultades específicas de otros niños.

PROGRAMA DE ENTRENAMIENTO EN HABILIDADES SOCIALES

Los programas de entrenamiento en habilidades sociales pretenden enseñar, de forma directa y sistemática, estrategias y habilidades interpersonales con la intención de que los individuos mejores su competencia interpersonal en las diferentes situaciones sociales.

Estos programas están integrados por un conjunto de técnicas que se orientan hacia la adquisición de nuevas habilidades, las cuales han de permitir a las personas mantener interacciones gratificantes.

TÉCNICAS UTILIZADAS

•Las instrucciones, entendidas como aquellas explicaciones breves y claras, centradas en las conductas objetivo

•El modelado, que consiste en la exhibición de los patrones adecuados de comportamiento para ser entrenados

•El ensayo conductual (role playing), en el que los participantes en el programa ponen en práctica los comportamientos descritos en el modelado

•La retroalimentación que consiste en proporcionar información concreta sobre la actuación desarrollada. Esta técnica pretende conseguir de forma progresiva un nivel de ejecución cada vez más próximo al modelo

•El refuerzo, con lo que se pretende proporcionar a los individuos la motivación necesaria para que puedan mejorar su conducta

•Las estrategias de generalización para conseguir exhibir esos comportamientos en condiciones diferentes a as que se dieron en el momento de realizar el aprendizaje inicial

Un programa estructurado de aprendizaje de habilidades sociales puede desglosarse en diferentes sesiones trabajando aspectos concretos, por ejemplo:

-Dar y recibir cumplidos

-Expresar quejas de forma eficaz y adecuada al contexto

-Saber decir “no”

-Pedir un favor

-Preguntar por qué de forma adecuada

-Pedir a compañeros o amigos el cambio de conductas que nos perturban

-Defender nuestros derechos

-Iniciar una conversación con alguien que nos interesa

-Desarrollo de la empatía

-Las habilidades sociales no verbales (gestos, mirada, distancias, vestuario, etc.)

-En adolescentes: Establecer relaciones con el sexo opuesto

-Tomar decisiones de forma racional

-Saber afrontar los conflictos

Es importante que los niños aprendan conceptos básicos, comenzando con el reconocimiento de los estados emocionales del otro y saber actuar ante estas situaciones (enfado, alegría, tristeza, miedo…)

Igualmente es importante que aprendan a jugar respetando turnos, la importancia de compartir, el juego cooperativo, resolver conflictos durante el juego, etc.

Educar "a la carta"

Cuando tenemos hijos normalmente establecemos un "plan de ruta" de cómo debe ser la crianza de los niños: lo que vamos a admitir, lo que no, cómo vamos a responder a sus demandas o a sus rabietas.

En principio el plan es único y...perfecto. Todos queremos ser los mejores padres y criar niños sociables, estudiosos, respetuosos,  brillantes...pero la realidad a veces es tozuda: no contamos con el factor de la personalidad de cada niño, y ciertas cosas que atribuimos a nuestro modelo de enseñanza funcionan con unos a la perfección y con otros no hay manera.

Un ejemplo: una madre viene a consulta con unos niveles de ansiedad altísimos: intenta por todos los medios "ser una buena madre", pero al final del día ya ha soltado cuatro gritos y amenazado con castigar a los niños como 12 veces. Cierto es que la madre tiene motivos para estar de los nervios: divorciada y con gemelos monocigóticos (idénticos) de 5 años.

No comprende como pone unas normas y uno las cumple y otro no, por qué uno es más cariñoso y el otro no para de chinchar, cómo es imposible que una simple comida se desarrolle sin altercados.

El problema está en administrar los mismos refuerzos positivos y negativos (premios y castigos) a los niños sin tener en cuenta sus circunstancias de personalidad, sus motivaciones personales o la forma de ir modelando su conducta de forma individual. 

Que sean gemelos y fenotípicamente sean iguales no significa que su carácter sea el mismo. Tal vez uno atienda mejor al refuerzo positivo (alabanza) y otro tenga que necesitar técnicas más aversivas como el tiempo fuera para ir adaptándose a las normas de la casa. No son iguales y no hay que actuar de la misma forma con ellos, ni exigirles lo mismo, ni, especialmente, compararles. (La comparación produce envidias entre los hermanos). 

En todas las casas en las que hay varios niños nos encontramos con el responsable y estudioso (que suele ser el mayor), y el pequeño: divertido, activo, tramposillo y creativo. Si hay un mediano suele quedar desdibujado por las características más salientes de sus hermanos. Y ahí estamos los padres: dispuestos a lanzar por nuestra boquita inmensa delante de las amistades lo maravilloso que es el mayor y lo trasto que es el pequeño. No nos paramos a pensar que con el mayor sí hemos intentado adaptar nuestra forma de educarle a sus propias necesidades, y que probablemente haya sido un niño mucho más estimulado con canciones, juegos, etc, y con el resto hemos aplicado el mismo patrón y pensamos que no obtener el  mismo resultado obedece al niño, cuando en realidad es nuestra falta de flexibidad para atender las necesidades especiales de cada hijo. 

Prueba a analizar a cada hijo: el tranquilo, el viciosillo de la tablet, el que berrea para no ducharse e intenta darle a cada uno su tiempo, adáptate a lo que el niño necesita de ti, ya que tú eres su primer patrón de conducta, y de ti va a recibir la base de lo que después aflorará de mayor, ya que los niños aprenden por modelado de sus padres.

Y especialmente, si tienes gemelos no caigas en pensar que tienes un niño "repe" y lo que vale para uno vale para el otro, porque habitualmente lo que demandarán de los padres es un trato más individualizado y acorde con su propia personalidad. 

La actitud de los padres ante el comienzo de curso

Comienza el curso escolar, y aparte del agujero en el bolsillo para los sufridos padres, en todos hay, más o menos oculto, un sentimiento de liberación.

Un niño, 3 meses es maravilloso y gratificante, pero... son cansinos, y en el cole están muy bien aprendiendo cosas.

Es el momento de la SENSATEZ. La sobreprotección hace que algunos padres miren al nuevo maestro con reticencia ("tiene pinta de serio", "parece un sargento", "es demasiado joven", "es demasiado viejo")... y lo peor es que ese tipo de comentarios los hacemos delante de los niños, que aparte de ser niños tienen el superpoder de escuchar a través de muros de 8 metros.

Si pones al niño en contra del profesor o simplemente intuyen que a ti no te gusta, el curso va a ser un auténtico martirio. El niño utilizará sus armas de víctima (otro superpoder de los muchos que tienen) y nosotros nos tomaremos un aviso en la agenda como una cuestión personal y probablemente injusta (ya nos  hemos  olvidado de las veces que les hubiéramos retorcido el cuello a la carne de nuestra carne este verano)

Los maestros no tienen filias ni fobias: tienen niños a los que enseñar materias y otros a los que enseñar materias y civismo, y a eso no se va al colegio, lo hacen porque es parte de su formación, pero de casa se les lleva educados, y si nos los tienen que educar porque a nosotros nos da pereza levantarnos del sofa cuando "Sálvame" está en pleno apogeo, no tenemos mucho derecho a quejarnos si nuestros hijos son reprendidos o se les enseña unos mínimos de convivencia.

Potencia y estimula al niño, hazle percibir a su maestro como alguien que procura su desarrollo y jamás le critiques delante de tu hijo (dejo aparte los grupos de whatsapp de padres poniendo finos a los profesores, que los hay o los de "deberes de los niños", que ya les vale).

Habrá profesores espantosos y momentos en los que se requiera intervenir firmemente, pero como padres y ante los maestros, y seguro que habrá situaciones justificadas, pero mantener al margen a los niños supone un beneficio para su situación personal, para su día a día. 

Cómo "vendamos" a los niños  este principio de curso puede tener consecuencias en la alianza entre el pequeño y su maestro. Las críticas les desubican y les producen desconfianza y rechazo, y actúa en contra de los propios niños.

Recordar el día a día de un verano, tal vez nos haga comprender mejor que a veces el profesor no tiene manía a nuestro hijo, sino que desgraciadamente nuestro niño también tiene el superpoder de sacar de quicio a un adulto.

Método infalible para convertirte en "el pito del sereno"

En ocasiones acuden a consulta padres alarmados con la mala conducta de sus hijos.

Es habitual que se sienten con el niño en el centro y uno de ellos empiece la retahíla de acusaciones sobre el niño: no obedece, hay que repetirle las cosas cincuenta veces, le da igual que le castigues porque vuelve a hacer lo que le han prohibido, coge rabietas, no tiene límites...en algunos casos están casi seguros de que el niño es hiperactivo.

El niño puede estar sentado una hora entre sus padres sin mover una ceja, y cuando les preguntas a los padres cómo es posible que el niño permanezca sentado sin moverse una hora, te contestan que es hiperactivo en casa. Mal empezamos.

Después de escuchar todos los comportamientos disruptivos del niño, el terapeuta suele hacer la pregunta que va a orientar en muchos casos el problema: "si le dices al niño NO a algo, ¿mantienes la prohibición?". Aquí comienzan las dudas, el progenitor que ha llevado la voz cantante comienza con un sí, casi siempre, la mayoría de las ocasiones...momento en el que el que se ha mostrado más callado dice un: "la verdad es que casi nunca".

Ya tenemos el origen del problema: INCONSTANCIA.

Los niños aprenden el comportamiento según las órdenes o instrucciones que les dan los padres. Un "no hay chuches a la salida del cole" no puede convertirse en un normalmente no pero a veces sí, porque entonces el niño no aprende y continúa pidiendo las chuches, porque sabe que a veces, insistiendo o cogiendo una rabieta las va a conseguir "para que se calle". ¿Que enseñamos a niño? si insistes o coges una rabieta te puedes salir con la tuya, no siempre lo conseguirá, pero con obtener resultado en algunas ocasiones, será suficiente para que el niño insista en pedir chuches.

Si al niño le dices no hay chuches y no las hay, puede ser que los primeros días se incrementen las conductas de rabieta o la insistencia, parece que hemos obtenido el resultado contrario, pero no: el aprendizaje pasa por un pico de conductas disruptivas que comienzan a bajar hasta extinguirse.

Lo mismo se puede aplicar a "recoge tu cuarto", "lávate los dientes", etc. La célebre frase de "se lo tengo que decir cincuenta veces" es para plantear a los padres el por qué un niño sin problemas de audición no está contestando. En muchas ocasiones porque consiguen el desgaste de los padres que le dan por imposible y terminan cediendo.

De esta forma confundir firmeza con severidad es un error. Firmeza supone seguridad para el niño que sabe perfectamente lo que no puede hacer, que el cien por cien de las veces que haga lo que no está permitido va a tener consecuencias negativas: aprende y abandona esa conducta, con lo que a la larga los padres consiguen regañar bastante menos y estar más relajados.

Educar es cansado y a veces los padres pueden tener la sensación de ser demasiado duros con los niños. En realidad los niños necesitan límites para sentirse seguros en su entorno, y los mensajes contradictorios hoy sí hoy no les confunden e impiden que respeten los límites.

Habitualmente la forma de trabajar con estos niños es....TRABAJAR CON LOS PADRES. Es necesario que formen un frente común y ambos den la misma respuesta siempre, de forma subsidiaria, y que siempre sea la misma. Se comienza trabajando con un grupo de conductas pequeño, hasta que aprenden a respetar esas normas, y posteriormente se van ampliando.

No es cuestión de conseguir soldaditos bien amaestrados, es cuestión de conseguir una convivencia y un disfrute de los hijos a costa de un trabajo a veces cansado, pero...más vale cinco días de firmeza que ese título oficial de "pito del sereno" que ostentan muchos padres y que resulta cansado y frustrante.

Una última reflexión: ¿has enseñado a tu hijo a no meter los dedos en el enchufe? pues de la misma forma puedes enseñarles a no saltar en los sillones: paciencia-firmeza y constancia