Factores de riesgo en el infarto de miocardio
El infarto de miocardio no suele ser un acontecimiento que podamos explicar simplemente por “mala suerte”.
Existen diferentes factores de riesgo cardiovascular y algunos de ellos están relacionados con nuestra conducta y nuestro estilo de vida.
En la Consulta Psicológica Villaverde trabajamos precisamente sobre esa parte: estrés, hábitos, ansiedad y cambios de conducta que pueden formar parte de la prevención y de la recuperación después de un problema cardiovascular.
La psicología no sustituye el seguimiento médico.
Pero cuidar el corazón también puede implicar cuidar cómo vivimos.
1. Los factores clásicos de riesgo cardiovascular
Podemos diferenciar, de manera sencilla, entre factores que no podemos modificar y otros sobre los que sí podemos intervenir.
Lo que no podemos cambiar
Entre los factores no modificables se encuentran:
La edad.
Los antecedentes familiares y determinados factores genéticos.
El sexo biológico, cuyo efecto sobre el riesgo cardiovascular también varía a lo largo de la vida.
No podemos intervenir sobre ellos, pero conocerlos ayuda a valorar nuestro riesgo global junto con el resto de factores.
Factores sobre los que podemos intervenir
Entre los factores modificables encontramos:
Tabaquismo.
Hipertensión arterial.
Diabetes.
Alteraciones del colesterol y otros lípidos.
Sedentarismo.
Alimentación poco saludable.
Exceso de peso y obesidad.
Consumo excesivo de alcohol.
Pero aquí introduciría una diferencia importante respecto a decir simplemente “esto sí puedes controlarlo”.
No todos estos factores dependen exclusivamente de nuestra voluntad.
La hipertensión, la diabetes o la obesidad son problemas complejos en los que pueden intervenir numerosos factores biológicos, ambientales y conductuales. Lo que sí podemos hacer es participar activamente en su prevención y tratamiento junto con los profesionales sanitarios correspondientes.
2. El estrés: cuando vivir permanentemente acelerados pasa factura
El estrés forma parte de nuestra vida y, por sí mismo, no es una enfermedad.
El problema puede aparecer cuando determinadas situaciones de estrés se mantienen durante mucho tiempo y se combinan con otros factores de riesgo.
Además, el estrés puede influir sobre nuestra conducta.
Cuando estamos desbordados es más fácil:
Dormir peor.
Abandonar el ejercicio.
Comer de manera menos saludable.
Fumar más si somos fumadores.
Consumir más alcohol.
Descuidar tratamientos o revisiones.
Vivir permanentemente con la sensación de que no tenemos tiempo para cuidarnos.
Por eso, en psicología cardiovascular no buscamos una imposible “vida sin estrés”.
Buscamos aprender a manejarlo para que nuestra manera de afrontarlo no termine añadiendo más problemas.
3. ¿Qué ocurrió con el famoso Patrón de Conducta Tipo A?
Durante muchos años se habló del Patrón de Conducta Tipo A como un importante factor psicológico relacionado con la enfermedad coronaria.
Se describía a personas:
Muy competitivas.
Impacientes.
Con una intensa sensación de urgencia temporal.
Permanentemente orientadas hacia el logro.
Irritables u hostiles.
Era la imagen perfecta de alguien que parecía vivir en una carrera permanente contra el reloj.
Pero la investigación posterior mostró que no podemos considerar todo ese patrón de personalidad como una especie de “bomba de relojería” cardiovascular.
Algunos componentes, especialmente la hostilidad y determinadas expresiones de ira, han recibido más atención por su posible relación con el riesgo cardiovascular que otros rasgos del antiguo patrón Tipo A.
Así que no: ser competitivo, tener prisa o desesperarte en una cola no significa que estés condenado a sufrir un infarto.
Lo interesante desde la psicología es observar cómo manejamos el estrés, la ira, la frustración y nuestros hábitos, y qué consecuencias están teniendo sobre nuestra salud y nuestra vida.
4. El agotamiento vital: cuando sentimos que nos hemos quedado sin batería
Existe un concepto denominado agotamiento vital, caracterizado por una combinación de cansancio intenso, pérdida de energía, irritabilidad y sensación de desmoralización.
Se ha estudiado su relación con la enfermedad cardiovascular.
Pero debemos tener mucho cuidado con cómo interpretamos esta asociación.
Sentirse agotado no significa que estemos a punto de sufrir un infarto, y el agotamiento vital no debe utilizarse como una especie de señal de alarma que permita predecir que un evento cardíaco es inminente.
Si existe un cansancio intenso o un cambio importante en nuestro estado físico, especialmente si tenemos factores de riesgo cardiovascular, debemos consultar con profesionales sanitarios para valorar sus posibles causas.
La psicología puede ayudarnos a trabajar el estrés, el agotamiento emocional y los hábitos asociados.
Pero no diagnosticamos ni predecimos un infarto a partir de síntomas psicológicos.
5. La vida después del susto
Después de sufrir un infarto pueden aparecer muchas reacciones emocionales.
Miedo.
Ansiedad.
Inseguridad.
Una atención constante a cualquier sensación corporal.
“¿Y si vuelve a ocurrir?”
Algunas personas intentan recuperar inmediatamente su vida anterior. Otras pueden empezar a interpretar cualquier palpitación, molestia o sensación física como señal de que está ocurriendo otro problema cardíaco.
Y encontrar el equilibrio no siempre resulta sencillo.
La rehabilitación después de un infarto requiere seguimiento médico y, cuando está indicado, rehabilitación cardiaca. La intervención psicológica puede formar parte de ese proceso ayudando a:
Manejar el estrés.
Trabajar el miedo a una nueva crisis.
Reducir determinadas conductas de comprobación.
Facilitar cambios de hábitos.
Mejorar la adherencia a las recomendaciones sanitarias.
Recuperar progresivamente actividades.
Trabajar ansiedad o estado de ánimo cuando están interfiriendo en la recuperación.
No se trata de vivir como si nada hubiera ocurrido.
Pero tampoco de convertir nuestro corazón en un sospechoso al que interrogamos las 24 horas del día.
¿Sientes que el ritmo de tu vida está pasando factura?
No necesitamos esperar a un problema cardiovascular para aprender a manejar mejor el estrés o modificar determinados hábitos.
Y si ya has sufrido un problema cardíaco, tampoco necesitas vivir permanentemente pendiente de que vuelva a ocurrir.
En la Consulta Psicológica Villaverde podemos ayudarte a trabajar los factores psicológicos y conductuales relacionados con tu bienestar y a afrontar emocionalmente los cambios que puede suponer una enfermedad cardiovascular.
La atención psicológica complementa, pero nunca sustituye, el seguimiento médico cardiovascular.
Diccionario de la Consulta
Patrón de Conducta Tipo A: Concepto clásico que agrupaba competitividad, urgencia temporal, impaciencia y hostilidad. Durante años se relacionó globalmente con el riesgo coronario, aunque posteriormente la investigación obligó a matizar mucho esta relación.
Agotamiento vital: Sensación intensa de cansancio, pérdida de energía, irritabilidad y desmoralización que ha sido estudiada en relación con la salud cardiovascular. No es una señal que permita predecir por sí sola un infarto.
Factores biopsicosociales: Una forma de entender la salud teniendo en cuenta que en ella pueden participar factores biológicos, psicológicos y sociales. Ni todo está “en la cabeza” ni nuestra conducta es irrelevante.
Factor de riesgo: Característica o circunstancia asociada con una mayor probabilidad de desarrollar un problema de salud. Tener un factor de riesgo no significa que necesariamente vayamos a desarrollar la enfermedad.
Recurrencia: Aparición de un nuevo evento cardiovascular después de uno anterior. Podemos trabajar sobre determinados factores de riesgo para reducir probabilidades, pero ningún tratamiento psicológico puede garantizar que no vuelva a producirse.