La importancia de acompañar el duelo infantil
El duelo infantil merece atención, pero no todos/as los/as niños/as lo expresan de la misma manera.
Algunos/as lloran y hablan continuamente de la persona fallecida. Otros/as parecen estar bien, juegan y vuelven a preguntar por lo sucedido cuando menos lo esperamos. También pueden mostrarse más irritables, inquietos/as, dependientes o distraídos/as.
El duelo infantil suele aparecer a ratos.
Un/a niño/a puede estar profundamente triste y, cinco minutos después, reírse jugando. No significa que haya olvidado a la persona ni que no le importe. A veces necesita entrar y salir del dolor porque todavía no puede permanecer dentro de él durante demasiado tiempo.
En la Consulta Psicológica Villaverde, situada en el barrio de Ciudad de los Ángeles, acompañamos a niños/as y familias para ayudarles a comprender la pérdida y expresar lo que sienten de una manera adaptada a su edad.
La ayuda psicológica no siempre es necesaria. Muchas familias pueden acompañar adecuadamente el proceso desde casa. El apoyo profesional resulta especialmente útil cuando el sufrimiento interfiere de manera importante en la vida del niño/a o la familia no sabe cómo abordar lo sucedido.
Cómo ayudar a un/a niño/a en duelo desde casa
Acompañar el duelo no significa evitar el dolor ni intentar que desaparezca cuanto antes.
Significa que el niño/a pueda sentirlo sin quedarse solo/a dentro de él.
Hablar con claridad sobre lo ocurrido
Conviene explicar la muerte con palabras sencillas, sinceras y adaptadas a su edad.
Es preferible decir:
“El abuelo ha muerto. Su cuerpo ha dejado de funcionar y no podrá volver.”
Frases como “se ha quedado dormido”, “se ha ido de viaje” o “lo hemos perdido” pueden confundir especialmente a los/as más pequeños/as. Pueden empezar a tener miedo a dormir, a viajar o a que también se “pierda” otra persona.
No es necesario ofrecer una explicación larguísima. Hay que responder a lo que pregunta y comprobar qué ha entendido.
Es posible que haga la misma pregunta muchas veces. No siempre significa que no haya escuchado. Está intentando comprender algo demasiado grande.
Validar sus emociones
Durante el duelo pueden aparecer tristeza, enfado, miedo, culpa e incluso momentos de alegría.
Podemos decirle:
“Entiendo que estés triste.”
“Es normal que hoy estés enfadado/a.”
“Tú no tuviste la culpa de lo que ocurrió.”
“Puedes hablarme de él o de ella cuando quieras.”
“No pasa nada si ahora no quieres hablar.”
Validar no consiste en obligar a expresar emociones. También implica respetar sus silencios y hacerle saber que estaremos disponibles cuando lo necesite.
Permitir que siga siendo niño/a
Después de una muerte, los adultos podemos estar tan pendientes del dolor que interpretamos cada juego o sonrisa como una forma de evitarlo.
Jugar también es una manera de descansar.
Conviene mantener, en la medida de lo posible:
Los horarios.
El colegio.
Las actividades habituales.
El contacto con sus amigos/as.
Las normas básicas de casa.
Los momentos de juego y diversión.
La rutina no borra a la persona fallecida. Le recuerda al niño/a que, aunque algo muy importante ha cambiado, todavía existen partes de su mundo que continúan siendo seguras.
Ayudarle a expresarse a su manera
Los/as niños/as no siempre encuentran palabras para explicar lo que sienten. El juego, el dibujo y las historias pueden convertirse en su idioma.
Podemos proponerle, sin obligarle:
Leer juntos un cuento sobre la muerte.
Dibujar un recuerdo.
Escribir una carta o un mensaje.
Preparar una caja de recuerdos.
Hacer un álbum de fotografías.
Crear un pequeño homenaje.
Plantar una flor o un árbol.
Escuchar una canción relacionada con esa persona.
Conservar algún objeto que tenga un significado especial.
No se trata de hacer todas las actividades. Basta con encontrar una que encaje con su edad y su forma de expresarse.
Ofrecer contacto y seguridad
Los abrazos, las caricias o caminar cogidos de la mano pueden transmitir seguridad, siempre que el niño/a quiera ese contacto.
Más que estar constantemente preguntando “¿estás bien?”, ayuda permanecer cerca y disponible.
A veces no necesita una conversación. Necesita comprobar que el adulto continúa ahí.
Permitirle participar en los rituales
El niño/a puede participar en el funeral, despedida o visita al cementerio si lo desea y ha recibido previamente una explicación sobre lo que encontrará.
No conviene obligarle, pero tampoco excluirle automáticamente con la intención de protegerle.
Puede despedirse de muchas maneras: asistiendo al funeral, haciendo un dibujo, dejando una flor o realizando un pequeño ritual familiar.
Recordar a la persona fallecida
Hablar de quien ha muerto no empeora el duelo.
Podemos contar anécdotas, mirar fotografías, cocinar algo que le gustaba o recordar frases que decía.
El objetivo no es olvidar para dejar de sufrir. Es conseguir que el recuerdo pueda permanecer sin ocuparlo todo.
¿Cómo trabajamos el duelo infantil en consulta?
En terapia no obligamos al niño/a a sentarse frente a un adulto y contar todo lo ocurrido.
Utilizamos recursos adaptados a su edad y a su manera de comunicarse:
Juego terapéutico.
Dibujo y cuentos.
Trabajo con arcilla, plastilina o papel.
Elaboración de recuerdos.
Identificación y regulación de emociones.
Reconstrucción de la historia de la pérdida.
Orientación a los padres o cuidadores/as.
Romper o rasgar papel, modelar arcilla o representar una situación mediante muñecos puede ayudar a expresar tensión, rabia o miedo. Pero la herramienta por sí sola no hace terapia. Lo importante es cómo se utiliza, qué expresa el niño/a y cómo se integra dentro del tratamiento.
También trabajamos con la familia. Los adultos están atravesando su propio duelo y no siempre saben qué decir, cuánto mostrar o cómo responder a las preguntas.
📌 Nota de la consulta: Sostener el dolor de un hijo cuando el tuyo propio te desborda y no sabes cómo responder a sus preguntas es una carga agotadora que no tienes que llevar en solitario. Si notas que la situación os sobrepasa, en nuestro servicio de psicólogo infantil en Villaverde os acompañamos a comprender el proceso y a encontrar el equilibrio en familia.
¿Cuándo conviene buscar ayuda psicológica?
No existe un calendario exacto para el duelo. La tristeza, el llanto, las preguntas repetidas y algunos cambios temporales pueden formar parte del proceso.
Conviene solicitar una valoración cuando observamos:
Un deterioro importante y mantenido en su vida cotidiana.
Rechazo prolongado a acudir al colegio.
Aislamiento intenso.
Miedo persistente a quedarse solo/a.
Alteraciones importantes del sueño o la alimentación.
Culpa excesiva por la muerte.
Conductas regresivas que se prolongan.
Juego repetitivo centrado exclusivamente en cómo ocurrió la muerte.
Recuerdos, imágenes o pesadillas que le asustan constantemente.
Pérdida mantenida de interés por casi todo.
Comentarios sobre querer morir o reunirse con la persona fallecida.
Si el niño/a expresa que quiere hacerse daño o morir, hay que buscar ayuda urgente y no dejarle solo/a.
Acompañar sin borrar la ausencia
El duelo no consiste en dejar de querer ni en olvidar.
Consiste en aprender a vivir con una ausencia que al principio parece ocuparlo todo.
Con el acompañamiento adecuado, el niño/a puede integrar lo sucedido, conservar el vínculo con la persona fallecida y recuperar progresivamente la seguridad.
Si estás buscando psicólogos en Villaverde para ayudar a tu hijo/a a atravesar una pérdida, en la Consulta Psicológica Villaverde podemos valorar qué está ocurriendo y orientar a toda la familia.
Diccionario de la Consulta
Duelo a ratos: El niño/a puede llorar y, poco después, ponerse a jugar. No ha olvidado; solo necesita descansar un momento del dolor.
Validar: Decir “entiendo que estés enfadado/a” en lugar de intentar convencerle de que no debería sentirse así.
Actividad simbólica: Una carta, un dibujo o una caja de recuerdos que permite decir aquello para lo que todavía no encuentra palabras.
Duelo traumático: Cuando el miedo relacionado con la forma en que ocurrió la muerte no deja espacio para recordar a la persona de otra manera.
Vínculo continuo: Comprender que alguien puede dejar de estar físicamente y, aun así, seguir formando parte de nuestra historia.