Programa psicológico para mejorar la inteligencia emocional
Durante mucho tiempo se dio una enorme importancia al cociente intelectual como medida de la inteligencia. Tener determinadas capacidades cognitivas parecía convertirse casi en una predicción de cómo nos iría en la vida.
Sin embargo, saber resolver problemas, aprender rápidamente o tener una gran capacidad de razonamiento no nos enseña necesariamente qué hacer cuando estamos enfadados, cómo decir que no, cómo expresar que algo nos ha dolido o cómo comprender lo que siente otra persona.
Y ahí entran en juego muchas de las habilidades que habitualmente agrupamos bajo el concepto de inteligencia emocional.
¿Qué es la inteligencia emocional?
La inteligencia emocional hace referencia a diferentes capacidades relacionadas con la forma en que identificamos, comprendemos y regulamos nuestras emociones y con cómo respondemos a las emociones de los demás.
No significa estar siempre tranquilo, controlar absolutamente todo lo que sentimos ni convertirnos en expertos capaces de adivinar lo que pasa por la cabeza de los demás.
Una persona emocionalmente competente también se enfada, tiene miedo, se frustra y mete la pata.
La diferencia está en qué hace con esas emociones.
¿Cuáles son las principales habilidades de la inteligencia emocional?
Existen diferentes modelos para explicar la inteligencia emocional. Para llevarla a la vida cotidiana, podemos centrarnos en varias habilidades especialmente útiles.
Autoconocimiento emocional
El primer paso consiste en reconocer qué estamos sintiendo y aprender a ponerle nombre.
Parece sencillo, pero muchas veces sabemos que «estamos mal» sin distinguir si lo que sentimos es tristeza, miedo, frustración, vergüenza, culpa o enfado.
También implica observar cómo nuestras emociones influyen en nuestros pensamientos y en nuestra manera de comportarnos.
Cuanto mejor entendemos lo que nos ocurre, más posibilidades tenemos de decidir qué queremos hacer con ello.
Regulación emocional
Regular una emoción no significa eliminarla ni reprimirla.
Significa aprender a manejarla para que no sea siempre la emoción del momento la que decida nuestra conducta.
Podemos estar tremendamente enfadados con nuestra pareja y decidir que quizá no sea el mejor momento para decir las primeras quince cosas que nos pasan por la cabeza.
La emoción es válida. Eso no convierte automáticamente en adecuada cualquier reacción.
Motivación y capacidad para mantener objetivos
Las emociones también influyen en nuestra capacidad para iniciar una tarea, mantener el esfuerzo y continuar cuando aparecen dificultades.
Aquí no se trata de obligarnos a ser optimistas ni de pensar en positivo ante cualquier problema.
Se trata de aprender a tolerar la frustración, ajustar expectativas, dividir objetivos grandes en pasos más manejables y continuar aunque nuestra motivación no esté siempre al cien por cien.
Empatía
La empatía es la capacidad de intentar comprender la experiencia emocional de otra persona.
Para ello utilizamos lo que nos dice, su expresión, su tono de voz, sus gestos y el contexto.
Pero empatizar no significa leer la mente.
Podemos interpretar mal las señales de los demás. Por eso, además de observar, necesitamos preguntar, escuchar y comprobar si hemos entendido correctamente.
Habilidades sociales y comunicación
Podemos saber perfectamente qué sentimos y, sin embargo, tener enormes dificultades para expresarlo.
Las habilidades sociales nos permiten comunicar necesidades, pedir ayuda, poner límites, afrontar conflictos, expresar desacuerdo o decir que no respetando también a la otra persona.
Y aquí aparece una de las paradojas más interesantes: podemos ser extraordinariamente competentes en determinadas áreas de nuestra vida y sentirnos completamente perdidos cuando tenemos que decir «esto me ha dolido».
Tener inteligencia emocional no significa controlar todas las emociones
Esta idea es importante. Las emociones no son un examen que tengamos que aprobar.
Sentir ansiedad, tristeza, ira, miedo o frustración no significa tener poca inteligencia emocional. Todas ellas cumplen una función y forman parte de nuestra experiencia.
El objetivo no es convertirnos en personas imperturbables.
Es aprender a reconocer lo que sentimos, comprender por qué aparece y responder de una manera que nos resulte más útil.
¿Se puede mejorar la inteligencia emocional?
Muchas de estas habilidades pueden aprenderse y entrenarse.
A veces hemos crecido en ambientes donde apenas se hablaba de emociones. O hemos aprendido que enfadarse era malo, llorar era una debilidad, decir que no era egoísta o expresar una necesidad podía provocar un conflicto.
Esos aprendizajes pueden acompañarnos durante años.
Pero que hayamos aprendido a reaccionar de determinada manera no significa que tengamos que hacerlo así toda la vida.
¿Cómo trabajamos la inteligencia emocional en terapia?
En la Consulta Psicológica Villaverde podemos trabajar las habilidades emocionales de manera práctica y adaptada a las dificultades de cada persona.
No todo el mundo necesita mejorar lo mismo.
Una persona puede reconocer perfectamente sus emociones pero tener dificultades para regular el enfado. Otra puede ser muy empática con los demás y, sin embargo, no saber poner límites. Y otra puede tener problemas para identificar siquiera qué está sintiendo.
En función de cada caso podemos trabajar:
• Identificación y comprensión de emociones.
• Regulación emocional y control de impulsos.
• Tolerancia a la frustración.
• Comunicación y asertividad.
• Empatía y comprensión de los demás.
• Resolución de conflictos.
• Expresión de necesidades y establecimiento de límites.
• Manejo de situaciones interpersonales mediante ejercicios y role-playing.
El objetivo no es enseñarte cuál es la emoción «correcta», sino ayudarte a disponer de más herramientas para comprender lo que te ocurre y decidir cómo quieres responder.
Diccionario de la Consulta
• Radar emocional: nuestra forma de interpretar las señales emocionales propias y ajenas. A veces necesita un pequeño calibrado porque confundimos un silencio con rechazo o una mala cara con un ataque personal.
• Regulación emocional: capacidad para manejar nuestras emociones sin tener que eliminarlas ni obedecer automáticamente a lo que nos impulsan a hacer.
• Empatía: capacidad de intentar comprender lo que otra persona siente desde su perspectiva. No implica adivinar sus pensamientos ni estar de acuerdo con ella.
• Tolerancia a la frustración: capacidad para afrontar que las cosas no siempre salen como queremos sin abandonar inmediatamente, explotar o sentir que todo está perdido.
• Competencia emocional: conjunto de habilidades que nos ayudan a reconocer, comprender, expresar y manejar nuestras emociones y a relacionarnos con los demás.