Hipocondría: El miedo a estar enfermo te impide vivir sano

la persona hipocondriaca siempre se está chequeando en busca de una enfermedad

¿Sientes que siempre podrías tener una enfermedad grave?

Un dolor de cabeza se convierte en un tumor. Un lunar parece un melanoma. Un pinchazo en el pecho se transforma en un infarto inminente.

Y mientras una parte de ti intenta decir «seguramente no sea nada», otra contesta rápidamente: «Ya, pero... ¿y si esta vez sí?»

Vivir con una preocupación constante por la salud puede significar vivir en alerta, pendiente de cualquier sensación corporal y preparado para interpretar un pequeño cambio como la señal de que algo grave está ocurriendo.

Y no, no se trata simplemente de «ser exagerado». El miedo es real, la ansiedad también y puede llegar a condicionar profundamente el día a día.

¿Qué es la hipocondría o ansiedad por la enfermedad?

Aunque seguimos utilizando coloquialmente la palabra hipocondría, actualmente hablamos de trastorno de ansiedad por enfermedad cuando existe una preocupación persistente por padecer o contraer una enfermedad grave, incluso cuando no existen síntomas importantes que expliquen ese nivel de preocupación.

No significa que la persona se invente lo que siente. Un pinchazo existe, un dolor de cabeza existe y una palpitación existe. El problema está en el significado amenazante que adquieren esas sensaciones y en la dificultad para aceptar otras explicaciones posibles.

Podemos encontrar miedo persistente a una enfermedad, vigilancia del cuerpo, consultas frecuentes sobre determinados síntomas, búsquedas en internet o necesidad de preguntar una y otra vez si todo está bien.

Y ocurre algo especialmente desesperante: llega la tranquilidad, pero dura poco.

El famoso «sí, pero...»

Has ido al médico. Te ha explorado y te ha dicho que no encuentra nada preocupante. Sales tranquilo.

Hasta que aparece el pensamiento: «Sí, pero a lo mejor no lo ha visto».

O quizá alguien te dice que ese lunar lleva años exactamente igual y respiras aliviado. Dos horas después vuelves a mirarlo y piensas: «Sí, pero me parece que ahora está un poquito más oscuro».

El problema no es conseguir tranquilidad. El problema es conseguir que dure.

Y cuanto más intentamos alcanzar una certeza absoluta sobre nuestra salud, más difícil parece encontrarla.

¿Cómo funciona el círculo de la hipocondría?

Imagina que notas un pequeño pinchazo en el pecho. Probablemente has sentido cientos de sensaciones corporales parecidas a lo largo de tu vida sin prestarles demasiada atención.

Pero esta vez aparece una interpretación: «¿Y si es el corazón?». En ese momento aumenta la ansiedad y, con ella, nuestra atención sobre el cuerpo.

Ahora notas el corazón. La respiración. Quizá cierta tensión. Puede que incluso empieces a sentir sensaciones que antes no habías percibido.

Entonces llega la comprobación: te tomas el pulso, buscas información, preguntas a alguien o necesitas asegurarte de que no está ocurriendo nada grave.

Te tranquilizas. Y precisamente ahí puede empezar el problema.

Porque nuestro cerebro acaba de aprender algo: «Cuando tengo miedo, tengo que comprobar para sentirme seguro». La próxima vez volverá a pedirnos lo mismo.

Cuando escuchar el cuerpo se convierte en vigilarlo

Prestar atención a nuestro cuerpo es necesario. Gracias a ello podemos detectar que algo no va bien y pedir atención sanitaria cuando corresponde.

El problema aparece cuando escuchar se convierte en vigilar.

Podemos empezar a comprobar repetidamente un lunar, tocarnos los ganglios, controlar el pulso, observar el color de nuestra piel, revisar las heces o estar pendientes de cualquier cambio que antes habría pasado completamente desapercibido.

Y cuanto más buscamos, más encontramos.

Nuestro cuerpo produce continuamente sensaciones, pequeñas molestias y cambios. Si lo observamos con una lupa durante todo el día, tendremos muchísimo material con el que preocuparnos.

«Lo he buscado en internet y tengo todos los síntomas»

Internet ha añadido una herramienta extraordinaria al repertorio de la ansiedad por la salud.

Tenemos una molestia y buscamos qué puede significar. Al principio parece razonable: «Solo voy a mirar para quedarme tranquilo».

Media hora después hemos pasado de dolor de cabeza a enfermedad neurológica poco frecuente y estamos comprobando si también tenemos el cuarto síntoma de una lista de doce.

A veces ocurre incluso algo más curioso: leemos un síntoma y empezamos a preguntarnos si también lo sentimos.

La búsqueda que debía tranquilizarnos termina aumentando la incertidumbre y necesitamos seguir buscando.

Esto es lo que habitualmente llamamos cibercondría: la búsqueda excesiva o repetitiva de información sobre salud en internet asociada a un aumento de la preocupación o ansiedad.

Síntomas frecuentes en la ansiedad por la enfermedad

Quizá te reconozcas en algunas de estas situaciones:

• Lees sobre una enfermedad y empiezas a reconocer en ti muchos de sus síntomas.

• Una sensación corporal relativamente habitual desencadena rápidamente el miedo a una enfermedad grave.

• Compruebas determinadas partes de tu cuerpo varias veces al día.

• Preguntas a familiares o personas cercanas si te encuentran pálido, diferente o ven «algo raro».

• Buscas síntomas en internet aunque sabes que muchas veces terminarás más angustiado.

• Una explicación médica te tranquiliza, pero poco después aparece una nueva duda.

• Evitas determinadas actividades por miedo a que puedan perjudicar tu salud o a encontrarte mal.

• Te cuesta concentrarte en otras cosas cuando aparece una preocupación relacionada con una enfermedad.

Con el tiempo, el miedo a estar enfermo puede acabar ocupando más espacio que la propia vida.

Pero ¿y si realmente tengo algo?

Esta es probablemente la pregunta más importante de todo el artículo.

Tener ansiedad por la salud no significa ignorar síntomas físicos ni atribuir automáticamente cualquier molestia a la ansiedad.

Si aparece un síntoma nuevo, persistente, preocupante o que requiere valoración, corresponde consultar con el profesional sanitario adecuado. La psicología no sustituye una valoración médica cuando esta es necesaria.

La dificultad aparece cuando, después de una valoración adecuada, necesitamos seguir comprobando una y otra vez porque nunca conseguimos alcanzar la certeza que buscamos.

Porque hay algo que ninguno de nosotros puede conseguir: una garantía del 100 % sobre nuestra salud futura.

Aprender a vivir sin esa garantía forma parte del trabajo.

Tratamiento psicológico para la hipocondría

El objetivo no consiste en convencerte de que «no tienes nada».

De hecho, convertir la terapia en otra fuente permanente de tranquilización podría alimentar el mismo círculo que queremos romper.

Lo que buscamos es aprender a interpretar de otra manera las sensaciones corporales, reducir aquellas conductas que mantienen la preocupación y aumentar progresivamente nuestra capacidad para convivir con cierta incertidumbre.

Reducir el escaneo corporal

Cuando dirigimos continuamente la atención hacia una parte de nuestro cuerpo empezamos a percibir sensaciones que antes ignorábamos.

No necesariamente porque hayan aparecido de repente, sino porque ahora estamos pendientes de ellas.

En terapia podemos trabajar para que el cuerpo deje de estar sometido a una inspección permanente y recuperar una atención más flexible.

Romper la búsqueda constante de tranquilidad

«Mírame este lunar».

«¿Me notas mala cara?».

«¿Tú crees que debería volver al médico?».

Preguntar puede proporcionarnos alivio. Pero si necesitamos hacerlo continuamente para reducir la ansiedad, podemos terminar dependiendo cada vez más de esa confirmación.

Trabajamos para disminuir progresivamente esas comprobaciones y aprender que la duda puede estar presente sin que tengamos que resolverla inmediatamente.

Aprender a tolerar la incertidumbre

Aquí suele estar uno de los grandes retos.

Queremos saber que estamos bien. Pero no solamente bastante seguros: queremos estar completamente seguros.

Y esa certeza absoluta no existe.

Podemos hacer revisiones cuando corresponda, acudir al médico cuando exista una razón para hacerlo y cuidar nuestra salud. Pero vivir también implica aceptar que no podemos controlar cada variable de nuestro cuerpo ni anticipar todo lo que ocurrirá.

Cuidarse no es lo mismo que vigilarse.

Utilizar el autorregistro

El autorregistro puede ayudarnos a salir de la sensación de «estoy preocupado todo el día» y empezar a observar qué ocurre realmente.

Podemos registrar qué sensación apareció, qué pensamos que significaba, cuánto aumentó nuestra ansiedad, qué hicimos para tranquilizarnos y qué ocurrió después.

Así empezamos a descubrir patrones que desde dentro del miedo resultan mucho más difíciles de ver.

No utilizamos el registro para vigilar todavía más el cuerpo, sino precisamente para comprender cómo funciona el círculo de la preocupación y poder intervenir sobre él.

¿Cuándo pedir ayuda psicológica?

No necesitas esperar a que el miedo ocupe absolutamente toda tu vida.

Puede ser un buen momento para consultar cuando la preocupación por la salud consume mucho tiempo, las comprobaciones se han vuelto frecuentes, las valoraciones médicas solo tranquilizan durante un rato o empiezas a evitar actividades por miedo a enfermar.

También cuando tu descanso, concentración, relaciones o capacidad para disfrutar se están viendo afectados por esa vigilancia constante.

Porque una paradoja bastante cruel de la ansiedad por la enfermedad es esta:

podemos dedicar tanto tiempo a intentar asegurarnos de que estamos sanos que terminemos olvidándonos de vivir.

Recuperar la tranquilidad sin dejar de cuidarte

Superar la ansiedad por la enfermedad no significa despreocuparte de tu salud.

No queremos que pases de consultar absolutamente todo a ignorar cualquier síntoma. Queremos recuperar un punto intermedio en el que puedas cuidarte sin vivir permanentemente en estado de alarma.

Aprender a confiar más en las valoraciones adecuadas, reducir las comprobaciones, interpretar de manera más flexible las sensaciones corporales y tolerar cierto margen de incertidumbre puede devolvernos muchísimo espacio mental.

Espacio para trabajar.

Para salir.

Para querer.

Para hacer planes.

Y, sobre todo, para vivir mientras estamos tan ocupados intentando no enfermar.

Tratamiento de la ansiedad por la enfermedad en Villaverde

En la Consulta Psicológica Villaverde trabajamos la ansiedad por la enfermedad desde la terapia psicológica, analizando qué pensamientos, comprobaciones, búsquedas y conductas están manteniendo el problema en cada persona.

No se trata de decirte «no pienses en enfermedades» ni de asegurarte una y otra vez que todo está bien. Se trata de que poco a poco dejes de necesitar comprobar constantemente que estás bien para poder sentirte bien.

Si el miedo a enfermar está empezando a impedirte vivir con tranquilidad, puedes contactar con nosotras.

📖 Diccionario de la Consulta

• Atención selectiva o escaneo corporal: es como poner una lupa sobre un hormiguero. Cuanto más vigilamos una zona del cuerpo, más sensaciones encontramos y más importantes pueden parecernos.

• Cibercondría: búsqueda excesiva o repetitiva de información sobre síntomas y enfermedades en internet que, en lugar de resolver la preocupación, puede terminar aumentándola.

• Interpretación catastrófica: pasar rápidamente de una sensación corporal a una explicación grave, descartando o prestando poca atención a otras posibilidades.

• Búsqueda de tranquilización: preguntar, comprobar o buscar confirmación para reducir el miedo. El alivio puede funcionar a corto plazo, pero cuando necesitamos repetirlo constantemente puede contribuir a mantener el problema.

• Tolerancia a la incertidumbre: capacidad para aceptar que no podemos tener certeza absoluta sobre todo lo que ocurre o ocurrirá con nuestra salud, sin necesitar comprobar continuamente para sentirnos seguros.

CONSULTA PSICOLOGICA VILLAVERDE

Centro Psicológico ubicado en la Ciudad de Los Angeles (Madrid).

Atendemos niños, jovenes, adultos, terapia de pareja, tercera edad. Igualmente ofrecemos el servicio de informes periciales.

https://www.almudenapelaez.es
Anterior
Anterior

¿No puedes dormir? Tratamiento psicológico para el insomnio.

Siguiente
Siguiente

Terapia psicológica tras dejar el alcohol