Las consecuencias de dejarlo todo para pasado mañana

Hay personas que por costumbre dejan todo "para mañana", da lo mismo la urgencia o importancia, lo primero que sale de su boca es "ya lo haré", aunque tengan tiempo para hacerlo. Estas personas son procrastrinadores, van acumulando cosas que hacer y nunca se deciden a ponerse a la tarea, o cuando lo hacen sea de forma atropellada y en el límite.

El procrastinador no recibe un aviso de pago de impuestos y lo gestiona el día siguiente, no, que va, tiene que esperar al último día o se le  pasa el plazo. Lo mismo le ocurre con cualquier cosa: quieren apuntarse a unas clases y nunca lo hacen, quieren hacer deporte y nunca es el día adecuado....esta forma de manejarse en la vida tiene consecuencias para ellos, y por supuesto para todos los que están a su alrededor, que viven recriminándoles, acuciándoles, recordándoles sus obligaciones.

¿Son irresponsables? no exactamente, simplemente son desorganizados y lo más triste, esto les suele producir sentimientos de falta de competencia personal: aceptan como son y se consideran "unos inútiles", con lo que para qué se van a esforzar.

Procrastinación y caos físico y mental son una misma cosa. La persona que posterga sus decisiones y obligaciones mezcla todo lo pendiente en su cabeza sin ser capaz de empezar a actuar, no logra priorizar, o se ve desbordado.

Lo ideal en estos casos es un programa terapéutico que trabaja tanto la parte conductual: ayudando a la persona a establecer prioridades, a no pensar en lo urgente y lo que se puede hacer a largo plazo en un mismo plano de importancia, a hacer listas con pequeñas cosas que debe ir tachando, y viendo cómo con organización se puede llegar mucho más lejos.

Normalmente trabajar con listas y reflexionar sobre los logros consigue bajar la ansiedad que sienten como algo difuso y hacerles sentirse más competentes para manejar su propia vida, además de sentir su mapa mental mucho más despejado, elevando su autoestima. 

Nada mejor para no meter la pata que "cortarte la pata"

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¿Te paraliza la inseguridad? ¿Ante un problema con dos alternativas no sabes cuál elegir?

Hay personas muy impulsivas que toman decisiones rápidamente y otras que simplemente no las toman por miedo a equivocarse.

Ya no es cuestión de ser una persona prudente y reflexiva. Hablamos de personas que siempre dudan pensando que van a elegir mal, que probablemente la decisión descartada sea la correcta.

A simple vista parece un  problema menor, total, la indecisión está a la orden del día, y las personas indecisas nos desquician sólo cuando tienen que elegir su comida en un restaurante (Sí, ese "momentazo" en que tiene que armarte de paciencia infinita después de que se haya leído siete veces la carta).

Sin embargo el indeciso tiene un problema mayor que esa banalidad: sufren porque creen que siempre pierden, jamás se encuentran satisfechos con la decisión tomada y suelen volver la vista atrás pensando que "lo otro era mejor" (lo otro en un plano teórico, claro, porque no lo han llevado a la práctica). 

Normalmente su falta de seguridad les lleva a preguntar a otras personas antes de tomar una decisión, que es una forma de eludir la responsabilidad de sus actos, y eso les hace incrementar aún más su falta de confianza en su capacidad de decisión.

Las consecuencias para la persona son nefastas porque les anula y les hacen perder infinitas posibilidades de vivir y de progresar en la vida (elegir pareja, decidir tener niños, cambios de trabajo, dónde ir de vacaciones, llamar o no llamar, ir o no ir, hacer o no hacer....así hasta el infinito.

Afortunadamente existen técnicas psicológicas que ayudan a estas personas a "aprender" a tomar soluciones, a través de unos pasos estructurados, que serían en realidad los mismos que toman el resto de las personas de forma automática: 

La realización de estos sencillos pasos dota a la persona de cierta tranquilidad al sistematizar el problema. Normalmente se comienza haciendo con ayuda del terapeuta hasta que la persona lo realiza de forma espontánea.

"Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones".

Oscar Wilde