Queda oficialmente inaugurado el período "objetivos para no cumplir"

 

Seamos realistas: ponemos el arbolito, empezamos las compras navideñas como posesos, comemos y bebemos como si no hubiera un mañana... y nos hacemos los propósitos para el próximo año.

Parece que tan sólo con formular nuestros objetivos para cambiar definitivamente nuestra vida, fueran ya una potencial solución.

Obviamente es una época dorada para gimnasios, fabricantes de parches de nicotina, la sección de productos "light" de cualquier hipermercado, vendedores de colecciones y, como no, las academias para aprender chino mandarín.

No aprendemos, año tras año nos marcamos objetivos que caducan más o menos a la velocidad de una bandeja de pollo, y seguimos insistiendo, casi con la misma fe como en conseguir "El Gordo" de Navidad.

Parece que mi opinión es muy negativa sobre "los propósitos de año nuevo", y realmente no es así, tan sólo me parece que requiere un par de ajustes: utilizar un poco la experiencia, el sentido común y manejar la visión realista de las cosas.

Si nos marcamos objetivos demasiado ambiciosos, probablemente nuestro subconsciente maneja la posibilidad de fallar: es obvio: "no pude hacerlo porque era imposible" es mejor que "no pude hacerlo porque si no lo hago en octubre, a saber por qué iba a hacerlo más de 10 días en enero".

Además del gasto económico que puede suponer la compra de la hidratante que te vas a echar cuatro días, la cuota del gimnasio (o el entrenador personal, que una meta en una meta), el fracaso periódico en nuestras metas produce un PERJUICIO PARA NUESTRA MOTIVACIÓN: el hecho de haber fallado en aquello que nos hemos propuesto es la excusa perfecta para justificar nuestra falta de impulso en pequeños objetivos: "para qué voy a cuidarme la alimentación si este año dije que bajaba 4 Kgs. y he cogido 7".

Sin embargo, el hecho de formular estos propósitos de año nuevo, nos permite saber exactamente cuáles son las parcelas de nuestra vida que nos tienen más insatisfechos: nuestra imagen personal, nuestro cuidado de la salud, el tiempo dedicado al ocio o a la familia, nuestro deseo de aprender cosas nuevas que siempre se quedan como un deseo no realizado...

Necesitamos unir los dos conceptos: los deseos de cambio que sí sabemos formular claramente (especialmente en estas fechas), y la visión realista de nuestras fuerzas, disponibilidad de tiempo y energía. 

Tal vez sea más prudente formular esos deseos de una manera muy precisa: "adelgazar 3 kilos caminando todos los días una hora y cenando fruta" que un "ponerme a dieta", por ejemplo. Los objetivos precisos, detallados y con un esfuerzo creciente son más fáciles de cumplir, ya que conseguir superar las pequeñas metas nos impulsa hacia adelante, mientras que vernos incapaces de alcanzar metas gigantes nos empuja a abandonar el esfuerzo.

De esta manera mi consejo es: final de año es un excelente período para recapacitar sobre aquello que deseamos cambiar en el futuro, pero hacerlo poco a poco, sin excesiva presión, sin una lista interminable de camios, hará más posible el éxito.

Y recordad: todos aquellos que habéis ido al colegio, sabéis en vuestro fuero interno que el año empieza en septiembre, como una eterna vuelta al cole que nos acompaña durante toda nuestra vida.

Felices y pequeños propósitos, y suerte con aquello que emprendais.

lucha por tus ilusiones

Y de repente... llega el día en el que te enfrentas a una mañana sin expectativas, sin ilusión. Una página blanca que no sabes cómo llenar, y eso te aterra, y te sientes sola y triste, y miras a las personas a tu alrededor sonriendo, charlando, haciendo planes y el vacío en tu interior se hace inmenso.

Perder la ilusión no es como perder las llaves del coche, no te despiertas un día y ha desaparecido. Es un proceso lento, en el que nos vamos hundiendo como aguas movedizas y en lo que no queremos pensar: la racha, malos tiempos, estoy estos días como de bajón...

Estar "de bajón" le pasa al más común de los mortales, desde el palo de Hacienda a un par de noches que descansas peor puede producir unos días de falta de energía y de motivación, pero eso es algo pasajero. Mundano, insustancial. No hablo de eso.

Hablo de algo que puede ser una sensación anímica demoledora y que muchas veces pasa desapercibido para los allegados. La persona continúa su vida, como un autómata, poniendo buena cara, sigue con su trabajo e incluso en algunas ocasiones (las menos) consiente en salir con los amigos. Sale por salir, porque de hecho sólo está deseando volver a su zona de confort, ese lugar solitario en el que continuamente piensa, una y otra vez en la soledad no deseada, en la falta de motivación por la vida y en la incapacidad de encontrar soluciones.

Es complicado el paso hasta que estas personas deciden pedir ayuda terapéutica, normalmente creen que lo que ellos no han conseguido, es imposible que otros lo consigan.

Sin embargo la tarea, en la que sin duda el paciente lleva el peso del trabajo, es altamente gratificante. Cosas simples como hacerles reír, hacerles recordar momentos felices de su vida ejercen en ellos un efecto positivo, es como depositar la semilla de algo que hubo, y a partir de ese momento ayudarles a que germine el "habrá".

El trabajo siempre pasa por tareas para casa, que en principio son consideradas como un suplicio, pero el cambio de actitud genera al cabo de poco tiempo un incremento de activación un cese de los pensamientos obsesivos y pesimistas sobre el futuro que va abriendo miras hacia un futuro mejor.

La semana pasada tuve la oportunidad de ver un ex paciente de estas características...vaya con el de la falta de ilusiones! El nuevo terremoto que pasó por mi consulta a saludar tenía una agenda de actividades, de planes de futuro, de conversaciones sobre pequeñas cosas que le habían ilusionado durante los últimos tiempos que, debería haberme sentido satisfecha por el trabajo, pero reconozco que sentí una pequeña punzada de envidia.

La ilusión se recupera. Cuesta más que la desesperanza pero sus frutos son tremendamente más dulces y duraderos.