AFRONTAMIENTO DE LA VUELTA AL TRABAJO: "EL DRAMA DE SEPTIEMBRE"

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Lo nuestro es quejarnos, lo tengo comprobado.

Ayer estaba cenando con mi hijo en una terraza y asistía a una de las situaciones cotidianas de todos los veranos: “las cenas de reencuentro”. Aquí los besos son más largos, las palmadas en la espalda más fuertes y el buen rollito se palpa. Obviamente a la gente le gusta reencontrarse con los amigos. La tipología del reencuentro está en el veraneante de playa nacional (moreno a tope, aunque haya ido cuatro días a la playa), tostado y pelo descuidado (vacaciones exóticas, probablemente en Bali, Vietnam, etc, que es como haber ido a Eurodisney hace 20 años: un imprescindible), y el que pone cara de sufrimiento porque ha pasado el verano trabajando, ése es nuestro ídolo: el listo. Al que todavía le queda disfrutar, más barato, siendo el centro único de las envidias “cuando lo cuente” y que se ha pasado un veranito sin tener que esperar ni cinco minutos para que le den mesa en el restaurante.

Cada vez se toman menos días de vacaciones, pocos son los que disfrutan del mes completo (bueno, y los maestros, que no son envidiables en absoluto, porque un mes de vacaciones y volver a un trabajo “civilizado” no es lo mismo que ponerte el traje de domador y conseguir poner un poco de orden en unos niños, que como niños que son, han olvidado la rutina completamente. Les dan una semana de trabajo sin niños: un equipo psicológico full time les daba yo, las cosas como son.

La gente se va 15 días de vacaciones y yo escucho con auténtico estupor su drama de la vuelta al trabajo. ¿en serio? Yo lo que no entiendo es cómo aguantan trabajando todo el año. De repente se han alterado sus ritmos circadianos, se quejan de la cantidad de trabajo, de volver tarde a casa, de las rutinas, los atascos que se chuparán…como si fuera algo mucho más espantoso de lo que fue en el pasado, y sin embargo, en las charlas de fines de semana durante el invierno la gente está tan normal, sin estos dramas extremos.

Volver a las cosas que no nos gustan: madrugones, impojsiciones, problemas, prisas, estrés, es sin duda alguna un fastidio, pero fastidio no es drama. Claro que es mejor la terracita, el chapuzón y el helado sin prisas, pero es justamente el valor de ese tiempo lo que da sentido a la vida como tal: la alternancia entre el esfuerzo y el reposo.

Lo que nos decimos a nosotros mismos dirige nuestra actitud: si vamos como corderos degollados, totalmente atentos “a lo malo” de volver, la vuelta al trabajo se volverá insoportable.

Los hay que realmente lo sufren como un drama porque es un drama. Pero el drama lo tienen también en invierno. Tal vez una búsqueda activa de nuevo trabajo, un replanteamiento de las condiciones laborales, nuevas actividades en invierno que rompan la rutina y hagan más llevadero el día a día, sean necesarias para estas personas.

Por lo tanto, sí: quejémonos, el único deporte que todos practicamos fantasticamente, pero también seamos realistas respecto a que un exceso de angustia ante la vuelta al trabajo está indicando problemas que dejamos sin resolver antes de irnos: trabajadores quemados, falta de motivación, problemas de relaciones con compañeros, una actitud poco proactiva… un asco absoluto hacia lo que estamos desarrollando. Todo cabe, pero si la vuelta al trabajo es un auténtico drama, del de dormir mal tres días antes, piensa que no es por lo bien que lo pasaste en vacaciones, que utilizaste la desconexión para aparcar el problema, y el problema está ahí, acogiéndote amoroso para seguir dándote un año de calvario porque algo no estás haciendo bien.

A todos los que habéis disfrutado de las vacaciones: por favor: no enseñeis más de diez fotos, no contéis más de diez anécdotas. Las vacaciones se están convirtiendo en el momento post-boda del amigo que te invitaba a ver el video de la boda y tu le preguntabas a tu pareja si habría bebidas fuertes o ya salías de casa con cuatro tequilas para anestesiar el momento.

Haced de este inicio una oportunidad de disfrutar del trabajo, y si esto no es posible (hay trabajos indisfrutables), montaros el plan B de vivir cuando se sale de hacer eso que buenamente te toca hacer para llenar la nevera.

No vivas la vuelta como un drama. Ya queda un día menos para las próximas aventuras: habrá que trabajar para ir ahorrando y poder igualar o superar lo de este año.

NEGATIVIDAD: ESA FORMA DE VIVIR SUFRIENDO

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Existen personas que se definen como pesimistas o negativas, lo consideran un rasgo de su personalidad inalterable y viven con ello, como si de una pesada carga se tratara.

La forma que tenemos de enfrentarnos a la vida depende de muchos factores: personalidad, apoyo psicosocial, bienestar laboral, culminación de proyectos personales, etc, pero bien es cierto que la posibilidad de llegar a tener una vida placentera o poder actuar con resilencia (venirse arriba ante las adversidades) viene mediado por las cogniciones, por las expectativas que tenemos respecto a las posibilidades de tener éxito en aquello que emprendemos.

Hay personas negativas y personas que se hacen negativas por el aprendizaje (modelado) en la infancia, con un padre o una madre depresivo o frustrado que ha ido dando mensajes negativos a sus hijos hasta hacerlos ver el mundo como una botella medio vacía.

Las personas negativas son reacias a pensar en una posibilidad de cambio de mentalidad (claro, por eso son negativas), y siempre focalizan su atención hacia aquellas situaciones de fracaso en el pasado, incluso cuando algo sea globalmente bueno, prestarán atención a los aspectos negativos de cada cuestión convirtiendo la parte en el todo y dotándoles de un sesgo negativo.

Son personas con dificultades para emprender acciones, y piensan que todo va a salir mal. Ante una situación que se vaya a producir en el futuro, se preparan para que ocurra algo malo, y si luego no sucede se alivian porque no salió mal. Sí, señores, tal como suena: piensan en una desgracia futura y la sufren y encima cuando no ocurre en vez de pensar “ya me vale con mis pensamientos”, se alivian por la no ocurrencia.

Alguien podía pensar que la experiencia de que todo aquello malo que han pronosticado les podría ayudar a cambiar, pero no, lo bueno se olvida pronto, lo malo se clava como un puñal en la memoria.

Pasar por la vida con estos pensamientos es el famoso “valle de lágrimas” ese del que tanto nos han hablado. Y sí, la vida tiene lágrimas (a raudales), pero no todos los días, sólo algunos, mientras que el resto tenemos calma chicha o arco iris de todos los colores (que el negativo no verá o considerará que para qué alegrarse si está a punto de llover).

Afortunadamente la psicología positiva se ha preocupado muchísimo de este estilo de pensamientos, y desde la psicología cognitivo-conductual se desarrollan programas para modificar los sesgos del pensamiento, entrenando a la persona a ampliar la visión de la realidad incorporándole toda la paleta de colores.

Es una terapia sencilla, aunque en principio puede resultar frustrante para la persona negativa que siempre ha pensado de forma inamovible en negro. Se necesita de un entrenamiento para ir modificando la forma de pensar hasta que la persona utilice el pensamiento racional a la hora de plantearse situaciones del presente y del futuro.

Las ventajas para la persona negativa son evidentes. Vivir en multicolor y no en monocromo nos hace percibir una realidad más rica en posibilidades, menos amenazante, nos dota de la capacidad de afrontar con confianza las situaciones adversas que nos vayan surgiendo y nos regalan la esperanza.

LOS "Y YO MÁS": CERO EN EMPATÍA

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Pocas cosas pueden producirnos una mayor sensación de total frustación que contarle a alguien un problema que nos preocupa y que antes que terminemos la frase nos diga: “eso me pasó a mi pero peor”, “pues no te digo nada de lo que me duele a mi”… y cosas por el estilo, para continuar centrándose en contar su problema dejándonos a ser el sujeto receptor cuando lo que queríamos era desahogarnos.

Los hay especialistas,, da igual lo que te haya pasado, cómo te sientas, lo desesperado que estés o la magnitud de tu desgracia, que jamás y digo bien: JAMAS, te dejará contar tu experiencia, en cuanto pille el hilo te interrumpirá para superar con creces lo que le estabas contando.

Puedes pensar que es propio de personalidades egocéntricas (que lo son), que hacen de un vaso un mar (que también), que sólo piensan en sus problemas y los magnifican (vas hacia el pleno), pero… no olvides lo más importante de este tipo de personas: en realidad les importa un cuerno lo que te pase, y ni siquiera lo saben.

Hoy me ha venido un paciente jovencito con una mochila a las espaldas producto de muchas vivencias inadecuadas en su infancia, nadie culpa a su ambiente familiar, las cosas a veces son más complicadas de lo que parecen, y habría que hacer un análisis muy objetivo para comprender sin juzgar la actitud de algunos padres que se lanzan a la aventura de las segundas oportunidades, y terceras, y cuartas y quintas, no valorando que los niños tal vez no estén por la labor de ver pasar por su vida un papa por temporada, pero ése es otro problema.

A lo que iba, es a la frustración que experimentaba un chaval ante un problema, su problema, que no es grande ni pequeño, es SU problema, y todos los sentimientos negativos que puede experimentar al oír de su progenitor/a: “yo si que tengo problemas y a mi nadie me contempla”.

Esa persona tal vez pueda tener montañas, cordilleras de problemas, pero hay que ser muy necio para no darse cuenta que al menos (al menos, por favor), ante los problemas de un hijo, hay que pararse y escuchar, y comprender, y ponerse en su piel y hasta dar algún consejo adecuado, bueno, tal vez sólo escuchar, porque si sientes que tienes muchos problemas y encima no escuchas los problemas de tus hijos, estás teniendo otro problema, tal vez mucho más gordo: todo lo tuyo y que tu hijo, tu proyecto, lo más preciado que tienes lo está pasando mal.

Este chico había aprendido a expresar su rabia con puñetazos, que es la forma más primitiva de experimentar rabia cuando no has aprendido el valor del diálogo, pero al menos tiene una cosa buena a su favor: ha comprendido lo odiosa que resulta la gente del “y yo más”.

Cuando una persona te interrumpe para echarte el órdago al que más sufre, no te enfades, no te revuelvas, no le des una oportunidad para que el resentimiento se quede en ti. Analiza la situación. Si te molesta este tipo de actitudes, significa que no te gustan, punto a tu favor para no repetirlas.

Los “y yo más” te están diciendo finamente que el mundo gira alrededor de su ombligo, y que ellos no tienen ni tres minutos que perder con el sufrimiento ajeno. Ni van a cambiar ni van a aprender. Son incapaces de ponerse en el lugar de otra persona y comprender que el sufrimiento no se mide en metros ni se pesa en kilos, que el sufrimiento es dolor y que al dolor hay que dar la respuesta de la escucha, de la comprensión, del abrazo.

Los “y yo más” se sienten incomprendidos, porque la gente que tienen a su alrededor lo hacen por compromiso, por paciencia, por su propio código ético, pero no porque generen precisamente mucha simpatía.

Cuando acudas a alguien y te diga “pues yo más”, no pierdas tu tiempo, no te enfades, no reproches: aprende que no es la persona adecuada para escuchar, y en tu mente llévate la idea de que tendrá más de todo lo malo, pero menos de algo tan bueno con la empatía.

Salud a todos esos valientes que saben escuchar y apoyar, y a todos aquellos que se creen que la vida es una competición por ser el que más sufre: les cedo el paso, y les deseo suerte en su llegada a meta.

IDEAS OBSESIVAS: CUANDO SE ENTRA EN BUCLE

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Al hablar de ideas obsesivas no nos estamos refiriendo en este caso a un TOC, es algo más sencillo: se nos mete algo entre ceja y ceja y no podemos parar de darle vueltas.

Pueden ser situaciones personales o laborales, relaciones afectivas o dificultades con algún miembro de la familia política.

La persona se empieza a obsesionar con una idea y ésta se hace central en su vida, lo contamina todo, su vida, sus actos, sus acciones vienen determinadas por la idea obsesiva que les marca y les amarga la existencia.

La persona que está pasando por una situación de obsesión, a menudo ha pasado previamente por una situación en la que se ha sentido injustamente tratada y no ha podido defenderse, o es una situación que ha ido in crescendo, haciendo que cada cosa que haga o diga la persona con la que tiene una manía obsesiva la interprete como una ofensa personal.

Entrar en ese bucle supone perderse todo lo demás que conforma la vida y no poder disfrutarlo, es como descartar cualquier situación agradable porque no podemos apreciarla, sólo vivimos pensando en aquello que nos obsesiona y consume.

Es imposible dejar de lado el pensamiento, girando y girando en nuestra cabeza, consumiendo días, semanas, meses.. y produciendo un deterioro en nuestro estado anímico y nuestras relaciones con el resto de las personas.

Salir de una obsesión supone la identificación de aquello que hemos considerado en principio una afrenta, re-evaluándolo en términos objetivos, midiendo en términos de coste-beneficio lo que realmente nos supone esa obsesión en nuestra vida, para posteriormente trabajar el modo de ir reduciendo su peso emocional y aprendiendo a manejar la situación identificando los momentos en los que estamos atribuyendo un ataque a situaciones que en otras ocasiones o viniendo de otras personas, no le daríamos importancia.

Cuando estamos obsesionados con algo o alguien en términos negativos, focalizamos toda nuestra atención hacia sus actos y dejamos de vivir para centrarnos en acechar.

La persona obsesionada sufre, su entorno sufre y, desgraciadamente en la mayoría de los casos, la única forma de salir de esta situación es mediante la aplicación de técnicas cognitivo-conductuales (terapia psicológica) que enseñen al paciente los pasos adecuados para conseguir el cambio:

identificación- re-evaluación - acción

Si estás “consumido” por alguna idea obsesiva, no pierdas ni un segundo más de TU vida, tienes que sacarlo de la cabeza, tienes que romper el bucle porque estás dando vueltas como un hamster en su rueda, algo cansado y estéril.

AMAR ES UN ARTE QUE POCOS CULTIVAN

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Es difícil amar a otro más que a uno mismo, pocas veces se logra y nos conformamos con sucedáneos de lo que debería seguir creciendo hacia la perfección, pero nuestra incapacidad, nuestros miedos o la falta de memoria nos hace estancarnos en relaciones buenas pero no bellas.

Ojala pudiéramos sentir por nuestra pareja como el primer día. La verdad, sería agotador, pero a la vez, y esto no es cuestión de intensidad sino de calidad, el conservar intacta la motivación hacia la otra persona nos haría ponernos las pilas y no dejar nuestra relación como algo estable pero un poco inerte.

Os propongo que reflexionéis (a aquellos que tenéis pareja, el resto toca esperar tiempos mejores).

¿Qué tal vamos con aquel deseo irracional de ver, tocar, oler a nuestra pareja? tal vez lo hayamos cambiado por poner una mejilla indiferente para recibir unos frios labios a la vuelta del trabajo.

¿Os acordáis cuando os arreglabais y ambos parecíais dos sanluises cuando quedabais para tomar el aperitivo? mira a tu lado: tú eres la de la bata horrorosa y supercómoda y él se está rascando el glúteo en calzoncillos y una camiseta raída. Esa confianza que da asco.

Antes sus “cosas” nos hacían gracia y ahora nos superan. La crítica, el no pasar ni media, suele ser una práctica habitual en parejas que se llevan bien (a no ser que uno de los miembros sea pasota profesional).

A veces la pareja se vuelve competitiva para conseguir sus propios objetivos y se olvida que la convivencia es no vivir juntos, es VIVENCIAR juntos. No es cuestión de quien consigue el máximo confort o que la vida se adecúe mas a sus deseos, se trata de hacer de la vida una aventura maravillosa, de poder disfrutar cada minuto del que disponemos, de coger fuerzas para afrontar los malos momentos con cohesión, sintiéndonos arropados.

Amar no es olvidarse de uno mismo, en absoluto. La persona sigue siendo un ente individual que necesita sus parcelas, y que va nutriendo su personalidad. En el amor hay sitio para el ser individual, pero la persona siente que sus propias experiencias, su parte personal, de forma que siempre puede aportar nuevas cosas a la pareja. Si dejas de ser uno mismo para ser parte del otro pierdes tu esencia, y no te nutres ni puedes nutrir a la relación.

Dejad de lado las rutinas, vivid como locos la experiencia del amor.

Utilizar la cabeza para hacer planes sorprendentes, usar las manos para volver a las caricias, usar los ojos para mirar y no sólo ver. Comunicaros, confesaros, expresaros, haced de vuestra pareja el compañero perfecto con todas sus imperfecciones, y sí tenéis que aprender a respetar a la otra persona con sus defectos, porque así le conocisteis y le amasteis. El viejo truco del “ya le cambiaré” es algo estúpido, es como querer programar que la persona a la que empiezas queriendo como es debe terminar siendo un frankenstein de lo que a ti te conviene, si tu no quieres que te cambien, ¿por qué has de cambiar a tu pareja?

Si no eres alérgico, dedica el domingo a disfrutar y no hacer limpieza general como si hubiera revisión de tropas a las 8 de la tarde. Nadie vendrá a decirte que tu casa es una patena, pero te habrás perdido un abrazo en el paseo, una broma, una siesta llena de paz….

La memoria es una de las más potentes armas para cultivar el arte del amor. Memoria para no perder de vista lo que te llevó a la persona y todo aquello que deseabas hacer junto a ella.

Vive el amor como un arte y no como una rutina. Compartir la vida con otra persona puede ser una aventura apasionante. No la degrades, no dejes pasar la oportunidad de convertir tu vida en un viaje maravilloso .

Yo he visto parejas de ancianos que resumían a la perfección esta lección bien aprendida. Ver la ternura de sus manos entrelazadas, sus ojos cruzarse, cómo se ayudan a caminar es de las experiencias más sobrecogedoras y bellas que se pueden vivir. Luchar por ser una de esas parejas. Está en vuestras manos.

REDES SOCIALES: ENTRE EL YO IDEAL Y EL YO REAL

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La era tecnológica y la irrupción con fuerza de las redes sociales ha creado cambios sociales y nuevas formas de comunicación e interacción personal.

Este cambio social también está produciendo cambios psicológicos en las personas, dando lugar a nuevos desajustes que por el momento pueden pasar desapercibidos, pero cada día se van haciendo más patentes.

Estamos "desdoblando” nuestra personalidad, construyendo una imagen idílica completamente alejada de la realidad. Las fotos que colgamos no son las del careto mañanero, es la mejor entre 300 fotos, visitamos sitios y en vez de mirarlos con los ojos, buscamos el mejor plano para la foto, para colgarla en las redes.

Tenemos sed de ser populares a través de una imagen que se aleja del ser humano real, de nuestra propia identidad.

Parece que nuestra vida son todo sonrisas, fiestas, lugares paradisíacos, grupos numerosos que muestran a personas con una vida maravillosa.

Las personas no se toman un cafe y se cuentan los problemas, en muchos casos las redes de contactos sociales hacen el trabajo natural y humano de conocer gente. Yo estoy esperando que aparezcan negocios como el ¨Teleamigos o el Telenovio.

El problema con esta tendencia es la pérdida de nuestra facultad para reforzar nuestra autoestima de forma natural, siendo como somos, con lo bueno y lo malo.

Empezamos a perder seguridad en nosotros mismos en el “face to face”, sin tiempo para preparar la frase cool o poner la pose perfecta, lo que lleva al aislamiento de la persona por miedo a su auténtico yo, al que empieza a subestimar como peor del yo inventado.

Se empieza a notar en la consulta un incremento de problemática a este respecto, una falta de habilidades sociales, de dificultades de comunicación en diálogo, de inseguridad ante su imagen personal.

Es como si estuviéramos creando un nuevo tipo de trastorno de ansiedad social, basado en una inseguridad por no poder acercarse a ese yo ideal vendido al exterior. Como resultado de esta inseguridad en el contacto real, las personas se autoanalizan antes de hablar, y normalmente el juicio que realizan de ellos mismos se basa en un sesgo negativo: siempre pierden ante ese personaje que ellos mismos se han construido alejándose de su propia realidad.

En estos casos el aislamiento social se vuelve patente y aparecen problemas serios de inseguridad, falta de autoestima y en algunos casos depresión.

La intervención en estos casos se hace necesario, trabajando un acercamiento entre el yo ideal y el yo real, modificando las creencias erróneas sobre lo que se supone que hay que ser, hacer o tener para ser aceptado socialmente y ayudando a la persona a incrementar su autoestima, autoaceptación y la idea nuclear de que si no se considera un igual, si siente que tiene que fingir , exagerar, modificar algo de su vida, está viviendo una historia difícil de mantener en el tiempo y que al final, el camino hacia la paz interior, hacia la seguridad y la satisfacción, se encuentra justamente en ser uno mismo, en la autenticidad.

LOS REYES ME HAN TRAIDO RESILIENCIA!

Son mágicos estos Reyes que te traen lo que necesitas, además de cosas, porque a veces no necesitas cosas que se compran o que te dan, son cosas que salen de ti.

A mi me han traído brillo a mi armadura, y con ese traje lustroso y brillante hecho de fuerza y de ilusión, lo tengo hecho, ya todo lo demás viene en el pack. Es como… los 3 deseos del mago, pero a lo bestia, no son tres deseos, es uno que es todo: ganas.

Muchos sabéis (o algún aburrido de la vida que me lee) que hace siete meses me detectaron un cáncer de pecho. Ya he pasado por todos los procesos que lleva esta enfermedad, siempre con un puntito de deformación profesional, intentando apresar las emociones y miedos que puede sufrir un enfermo de cáncer.

Acabó la primera fase de esta etapa en la que no soy digna representante de esta enfermedad, yo soy de las afortunadas que el tratamiento les funciona y que siempre recibe buenas noticias.

He aprendido que es vivir con una quimio y no dejarse vencer por ella, pero comprender que no todas las condiciones físicas son iguales. Ahora sé no se es valiente por ser fuerte, es ser valiente por no tirarte por una ventana cuando el cuerpo no puede más y la incertidumbre sobre la muerte es algo real.

Yo sólo lo superé pensando en las posibilidades que existen de morirte de cualquier cosa cualquier día del mes. No creo que tener un cáncer o hacerte 50.000 km. al año diferencien mucho las estadísticas, o simplemente que sea tu día. No es el cáncer el que te pone fecha de caducidad en realidad, en algunos casos te da una fecha aproximada, y eso asusta, pero atragantarte con una uva puede ser en definitiva más letal que el cáncer.

Este proceso ha sido agridulce: estoy harta de médicos y tengo las venas como un colador, sigo con la espadita de damocles encima de la cabeza, porque cuando tienes un cáncer los médicos son gallegos y nunca sabes si las cosas van bien o mal, esa es la parte negativa, que luego os detallaré más, pero tiene una gran parte positiva: la humanidad, la valentía de los demás, el amor real.

He recibido lecciones durante siete meses difíciles de olvidar, se me encoge el corazón recordando a todos los amigos de mi hijo, con una sinceridad en su preocupación que te devuelven el haberlos visto crecer, el saber que son realmente parte de ti, que no te olvidaron en su infancia.

He tenido a mi lado a unos hijos con una entereza que yo no hubiera sabido capaz de tener, sin agobiarme, comprendiendo que el sentido del humor era nuestra válvula de escape, haciéndome reír camino del quirófano, y estando siempre ahí.

He tenido a una amiga de las que casi nadie puede tener. Una amiga que no pregunta, que se anticipa, que está dispuesta a sacrificar estos siete meses de su vida por ti, para hacerte la vida fácil, para hacerte sentir cómoda, para que no tengas frío, para escucharte, para permanecer callada a tu lado, para irse o para venir sin necesidad de explicarle lo que te pasa.

He tenido una hermana que ha llorado mi enfermedad, que ha dejado de lado todas las tonterías que pueda haber entre hermanas y ha estado ahí, la primera, ofreciendo todo para cuidarme.

Y he tenido a mis pacientes, comprendiendo y pasando esto a mi lado. Siendo sin saberlo un punto de anclaje con la realidad, permitiéndome evadirme de mi propio ombligo para centrarme en ellos, reafirmándome en mi creencia de que es más duro un dolor del alma que del cuerpo,

Familia, amigos, pacientes, me han dado una lección de amor (y alguna de todo lo contrario, que agradezco para saber con quien no perder el tiempo que es oro)

Pero ahora viene una reflexión sobre algo que considero muy importante desde el punto de vista psicológico, algo en lo que yo no había reparado y he sufrido, y he tardado 2 meses en asumir.

¿Qué pasa con el paciente oncológico una vez es operado con resultados positivos? Pensaréis que es el alivio, la felicidad, el pasar página…no, es el principio del precipicio.

Durante un proceso oncológico hay un proceso de afrontamiento en el que todos los esfuerzos se dirigen a una meta: que la quimio funcione, que la operación sea positiva… vale. Pongamos que todo sale bien. ¿Es el final? eso es lo que todos pensamos.

En el paciente quedan unas secuelas psicológicas. Se hace consciente de lo que ha vivido, y aparece la reexperimentación. Hay un miedo a una recidiva, y cada prueba, cada revisión se vive con angustia. Los familiares intentan animarte a hacer cosas, a recuperar tu vida y actividad anterior, pero las secuelas de la quimio tardan un tiempo en desaparecer y el cuerpo no responde, y te debates entre los sentimientos de culpa y de incomprensión, te asaltan dudas sobre si estarás sacando provecho de tu malestar, si estarás quejándote demasiado…

Los médicos que antes te arropaban y te veían cada semana,ya no están, te verán cada tres meses, y mientras, te las tienes que apañar con tus dolores o tus molestias, asumiendo que son normales.

En mi caso estuve en el hospital tras una mastectomiía menos de 48 horas, y ni me informaron sobre si podía llevar sujetador o no, o qué podía hacer o que nó. Me fui a casa arrastrando una maleta 300 metros hasta una parada de taxi con una bolsa de tela escondiendo mi botella de drenaje, y recibí….muchísimas felicitaciones porque todo había ido bien.

Me ha costado dos meses este último golpe de tententieso hasta que me he vuelto a centrar.

Ya no me importa gran cosa la tasa de recaídas, no me tengo que tomar un lexatín para poder ducharme y pasarme una esponja por el lugar donde antes había un pecho y ahora hay una nada que me recuerda un mal sueño de siete meses en el que aprendí a levantarme cada día para luchar.

Me he cansado de ser una enferma, me he cansado de la palabra cáncer y ya no necesito tomarme un lexatin para mirar un vacío que a fin de cuentas no me ayudaba a caminar, escribir o pensar.

Tengo ganas, las ganas que me han traído los Reyes Magos de regalo. Ganas de abrir la consulta, remangarme y poner a funcionar todos mis recursos para hacer que la gente deje de sufrir y encuentre un sentido a la vida.

Este año quiero ser un poco Rey Mago cada día con mi trabajo.

Y esta vez las gracias van para mi hermana y su marido.

A todos los demás, y como siempre les digo con pleno convenciimiento cada vez que vienen a mi consulta: VAMOS A POR ELLO.

AMAR ES...PERSEGUIR UNA ACTITUD POSITIVA

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Ante los problemas de la vida (grandes o pequeños) somos nosotros mismos los que decidimos cómo afrontarlos. 

Los problemas no tienen peso específico, no tienen la cualidad de poder definirse por niveles, porcentajes, magnitudes físicas. Se definen por cómo los afrontamos, por una decisión personal de gestión de la dificultad y el dolor.

Obviamente no será lo mismo la rotura de un pie que el incendio de una casa, no tiene la misma repercusión ni movilizará en nosotros tantos recursos para su gestión. PERO (debería decir mejor:  PERO es la forma en que decidimos hacer frente al problema lo que definirá el nivel de sufrimiento. 

La resiliencia es un concepto básico en el afrontamiento de problemas: la capacidad para crecerse ante las dificultades. En el extremo opuesto a la persona resiliente estaría la persona débil y victimista.

Los victimistas tienen un componente tóxico y un poco chupóptero de la energía de los otros. Ante las dificultades no se toman ni un tiempo mínimo en intentar afrontar los problemas, buscar soluciones, crecerse. Su forma de actuar es cómoda y sencilla: "si tengo un problema y se lo transmito a mis allegados como algo insalvable y que me hace sufrir inmensamente, ellos se sentirán responsables de aliviar mi sufrimiento".

El concepto como cómodo es comodísimo, es como pasar el testigo en una carrera de relevos: te paso mi dolor y así me alivio yo. 

Las personas que actúan así muestran muy poco amor por las personas que les rodean. Nada produce más impotencia que ver a una persona derrotada y que no hace esfuerzos por mejorar su situación, de la que hay que tirar continuamente como un pesado fardo que llevamos a la espalda. 

No existe problema en el mundo que no pase por el tamiz de nuestra propia valoración, de nuestros intentos por afrontarlo. La ayuda de las personas que nos quieren resulta fundamental (el apoyo social es básico en la superación del problema), pero no podemos dejar de diferenciar entre APOYARSE y TIRARSE ENCIMA DE. 

Querer a alguien, cuando tienes un problema, pasa por hacer esfuerzos (los que se puedan, grandes o pequeños, exitosos o tan solo intentonas) de salir adelante. Eso ofrece seguridad a las personas que nos rodean respecto a que estamos intentando afrontar las situaciones, que nos pueden dar la mano para recorrer el camino, pero que no tienen que llevarnos a su espalda.

Cuando tengas alguna dificultad en la vida, por favor, muestra amor a los tuyos. Mírate en un espejo a los ojos, busca la fuerza en tu interior y llega hasta donde puedas, siempre tendrás a los tuyos para acompañarte en los desiertos de la vida, pero no les hundas innecesariamente con el peso emocional de tirar de un carro que no quiere rodar, que quiere que le lleven en volandas.

Nunca digas "NO PUEDO" sin intentarlo, estarás diciendo "ME QUIERO MAS A MI QUE A TI", y todo lo que venga después, piénsalo en tu interior, serán palabras vacías. 

SOY CREYENTE, Y ME ENCANTA

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Hoy hablaba con una Amiga (con A mayúscula, a pesar de que no nos conocemos personalmente, ni lo necesitamos) y en un momento dado, por un tema personal me ha preguntado: eres creyente? Sí, lo soy. Creyente de las que tuvieron mil crisis de Fe, de las que creen después de renegar.

Soy católica desde que nací, y en esa Fé me criaron mis padres. Pero por algún motivo a mi no me llegaba ningún mensaje. De niña ir a Misa era el peor de los suplicios, no entendía nada y mi madre me daba unos pellizcos espantosos si me entraba un ataque de risa (me sigue sucediendo, hasta en los funerales, es una risa nerviosa). 

Seguí todos los preceptos de la Iglesia, customizándolos según crecía hasta convertirme una adulta sin tiempo para Dios. En ese momento pesaba más la superstición que la convicción.

Tuve hijos y les enseñé mi religión, y luego les dejé decidir. También es cierto que mi interpretación de la religión es un poco sui géneris y no establezco ningún tipo de diferencias entre la Fe, y considero las religiones interpretaciones muchas veces mediadas por el entorno cultural donde se desarrollan. 

Las circunstancias de la vida, me hicieron enfadarme con Dios y negarle. Eso y por supuesto, mi actitud prepotente de mujer de Ciencia (no está bien visto ser psicóloga evolucionista y creer en Dios). 

Y me reencontré con la Fe a través de mis pacientes. Ellos me enseñaron que Dios es todo o es nada, según el lugar que le demos en nuestro corazón. Dios es atemporal, incorpóreo, imposible de dimensionar. Dios habita en nosotros a través de nuestros actos, a través de la Esperanza, a través de la capacidad de sentir amor hacia aquellos que no conocemos, Dios es lo que nos hace ayudar a una anciana, enseñar a nuestros hijos a elegir el bien antes que el mal y muchísimas cosas que no tienen nada que ver con el concepto que parece entenderse por Fe.

Algunos dirán que eso es simplemente moral, pero va mas allá. La moral no nos acompaña, no dialogamos con la moral y especialmente, no nos hace no sentir miedo del futuro.

Yo me reencontré con Dios a través de una paciente (que ni siquiera sé si es católica), pero entendí que su afrontamiento a situaciones increíblemente duras, su dulzura, su paz interior, su falta de buscar culpables o quejarse de su suerte, tenía que ser la esencia de la Fe.

Ese día volví a creer (los renegados somos muy felices en el reencuentro).

Sigo sin ir a Misa, sigo sin saberme el Padre Nuestro actual (de hace 25 años), pero todos los días celebro mi propia liturgia con Dios, cuando en un diálogo interno le confieso mis miedos y me manda fuerza para seguir sin enfadarme con el mundo, le cuento mis errores y mis fallos garrafales cuando no tengo paciencia, o contesto como una borde, o miro hacia otro lado en vez de tender la mano a quien lo necesita, o me falta un te quiero para mis hijos o para mi madre, por pereza.

La Fe me ayuda a continuar y me ayuda a trabajar, no es esencial para mi profesión, sólo me da una dosis extra de humanidad en las ocasiones que considero que mi mano puede servir a una persona para reflotar, más allá del trabajo y más cerca del ser humano.

Y entiendo a todos los que no creen (yo también milité mucho tiempo en ese bando), pero sinceramente, a mi, una vez que encontré la Fe dentro de mi y supe lo que significaba me ayuda que mi mejor amigo sea Dios. 

Este es el secreto de mi alegría, de mi fuerza. Yo nunca estoy sola. Juego con la ventaja de algo muy poderoso que me impulsa y me consuela.

Creo que es la experiencia interior que más me ha gratificado en mi vida.

Me siento afortunada

Extracto del libro Señor Dios, soy Anna (Fynn). Regalo de mi madrina cuando era una niña

Es fácil darse cuenta de la diferencia que hay entre un ángel y una persona. La mayor parte de un ángel está por dentro y la mayor parte de una persona está por fuera

Fynn
"Señor Dios, Soy Anna" 
Ed. Urano

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LA SOLEDAD COMO UNA DE LAS PRINCIPALES CAUSAS DE TRATAMIENTO PSICOLÓGICO

Efectivamente, uno de los principales motivos de petición de consulta en el psicólogo es "la soledad".

Este sentimiento se distribuye de forma homogénea entre la población, es un mal que no respeta sexo ni edad (nos referimos a la edad adulta).

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Muchos casos de los que se presentan obedecen a una ruptura de pareja, pero en muchas ocasiones, las personas que sienten esta emoción tan negativa, son personas jóvenes que se encuentran aisladas, ya que al llegar a una edad en la que sus amigos o amigas se han emparejado, cambian los planes y ellos se encuentran de golpe aislados.

La soledad se siente muchas veces incluso cuando se está rodeado de gente, porque la soledad de la que hablamos, la patologica, la que produce miedo y se ve como irreversible, es una soledad respecto a la posibilidad de compartir intimidad, planes, ideales, proyectos, de sentirse especial para alguien.

La emocionalidad negativa unida al sentimiento de soledad produce pensamientos catastróficos, la persona no encuentra una salida a esta situación, se siente atrapada, sin capacidad de cambiar las cosas. 

El mayor error que puede cometer una persona que siente ese tipo de soledad (la del alma), es lanzarse a la búsqueda de una persona que mitigue esa sensación. Puede encontrarla, puede cerrar esa sensación en falso, pero la realidad es que es una manera rápida de alivio que simplemente supone no enfrentarse a la realidad de no saber disfrutar el momento vital, el no querer reconocer que no ha llegado a la madurez personal que supone no necesitar una pareja (lo que a veces desemboca conformarse, engañarse a uno mismo o priorizar la compañía a la auténtica felicidad que supone la plenitud de una relación). 

Cuando una persona siente esa soledad, debería realizar un trabajo personal previo, analizar sus pensamientos catastrofistas, su necesidad de alivio a cualquier precio, la obsesión por encontrar fuera lo que debería encontrar dentro de su persona.

Hay muchas maneras de ser feliz, y no todas pasan por estar en pareja (de hecho hay personas que se aferran a estar en pareja a pesar de su profunda insatisfacción, pero el miedo a esa soledad les impide avanzar, ser valientes para intentar aprender a disfrutar de la vida).

La persona que sufre de "soledad" primero debe quererse (normalmente la autoestima está dañada), profundizar sobre las cosas que le hacen disfrutar o que desea realizar, y priorizarlas. Muchas puede empezar a hacerlas sola, evitando la rumiación del "todos en pareja menos yo", y cambiándolo por "tengo la suficiente autonomía para saber qué cosas me gustan y hacerlas, no dejar pasar la oportunidad".

El trabajo en uno mismo, aprender a caminar sólo por la vida sin obsesiones por encontrar a alguien o esos pensamientos negativos sobre la imposibilidad de tener una pareja, hace que poco a poco (y tengo que recalcar el poco a poco), la persona se centre en sí misma y en sus necesidades, se siente orgullosa de sus pequeños y grandes logros y pierda el miedo a la soledad.

Cuando la persona deja de obsesionarse con buscar a alguien, pierde ese halo de negatividad y de cierto grado de desesperación, que actúa como un auténtico repelente para las otras personas. Nada más agradable que la serenidad y seguridad en si misma que emana de alguien que disfruta por si mismo de lo que hace, que se siente libre de decidir y hacer: que elige.

Las personas que aprenden a vivir en soledad, disfrutar de lo que hace, abrirse a nuevas experiencias, propiciar nuevas amistades, nuevas formas de ocio, que saben lidiar con la frustración de los días grises (que se tienen en soledad y sin ella), se muestran serenas, satisfechas, abiertas a nuevas experiencias, recuperan su autoestima y, esto es fundamental: eligen.

Si estás en un período en el que te encuentras solo debes recordar algunas cosas:

- Cuanto más desesperadamente busques a alguien, más posibilidades de elegir mal

- Sentirse solo es una oportunidad de conocerse a uno mismo y aprender a valorarse y disfrutar por uno mismo de las cosas

- Tu soledad durará tanto tiempo como el que tu te dediques a sentir autocompasión de ti mismo. Mírate al espejo y decide si a esa persona que te devuelve el reflejo la quieres hacer un ser triste o prefieres sacudirte el polvo del camino y empezar de cero, paso a paso, hacia la seguridad en ti mismo

- Aprovecha este momento para enriquecerte como persona

- Deja de huir de ti mismo: al final sólo te tienes a ti

- La gente no te mira como un bicho raro por ir solo a los sitios: comer en un restaurante, ir solo al cine o al teatro puede ser desagradable si estás más pendiente de lo que piensan los demás que si te centras en el disfrute, en un par de veces te importará bien poco lo que opine la gente

- Tras ese proceso duro de soledad, saldrás reforzado como persona, y probablemente los demás te encontrarán una persona enriquecedora e interesante

Acuérdate que la vida tiene momentos malos. De ti depende en convertir un mal momento en una oportunidad para aprender a ser feliz. 

Y...jamás te conformes por evitar este momento de dolor. No siempre vas a estar solo, pero de cómo gestiones esta experiencia puede depender encontrar la persona adecuada o encontrar la persona que te hace sentir que tienes pareja, pero que con el corazón en la mano piensas "estaba mejor sola que mal acompañada".

La soledad no es eterna. El camino para superar esa sensación es duro. Los frutos son dulces.

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Ciclo Vital: una pequeña reflexión

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Si nos centramos en las tres etapas centrales de la vida de una persona: juventud/edad adulta/madurez, podemos sacar una conclusión:

En la juventud LUCHAMOS POR AQUELLO QUE DESEAMOS

En la edad adulta DESCARTAMOS AQUELLO QUE NO QUEREMOS

En la madurez disfrutamos del balance entre lo conseguido y eliminado.

No vale de gran cosa mirar al pasado con nostalgia, sobre aquellos ideales de juventud que no logramos alcanzar. La juventud está llena de optimismo, y muchas veces la ilusión (tremendo don que jamás deberíamos perder) se alía con la fuerza para ponernos metas que no llegamos a alcanzar.

Ya en la madurez hemos trazado un camino, no inalterable, pero al menos sí en cierta manera previsible, es donde podemos decir que no a aquello que nos desagrada o nos hace sentir incómodos o infelices, es más un trabajo de "poda" de todo aquello que hemos conseguido en la juventud, desechando lo que realmente ya no nos interesa.

Pero la edad realmente dorada es aquella en la que hemos logrado el equilibrio, en el que las fuerzas en oposición se han equilibrado y podemos disfrutar de los sueños acumulados en nuestra vida sin llevar pesadas cargas de situaciones que no nos hacen realmente felices.

El Eclesiastés dice: 

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:

2 un tiempo para nacer,
    y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar,
    y un tiempo para cosechar;
3 un tiempo para matar,
    y un tiempo para sanar;
un tiempo para destruir,
    y un tiempo para construir;
4 un tiempo para llorar,
    y un tiempo para reír;
un tiempo para estar de luto,
    y un tiempo para saltar de gusto;
5 un tiempo para esparcir piedras,
    y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse,
    y un tiempo para despedirse;
6 un tiempo para intentar,
    y un tiempo para desistir;
un tiempo para guardar,
    y un tiempo para desechar;
7 un tiempo para rasgar,
    y un tiempo para coser;
un tiempo para callar,
    y un tiempo para hablar;
8 un tiempo para amar,
    y un tiempo para odiar;
un tiempo para la guerra,
    y un tiempo para la paz.

Vivamos la plenitud de cada momento, apreciemos el momento de sembrar, el momento de recoger y el momento de sentarnos al atardecer, sin más afán que ver el trigo meciéndose al sol.

Copy of Los buenos propósitos de Septiembre

En el mes oficial del inicio de colecciones que se inicia mañana, no podemos dejar de lado los propósitos que nos hacemos para este "nuevo año escolar".

Sólo os pido que al pensarlos, tengáis en cuenta el camino además del destino. En este sentido en psicología hablamos de MINDFULNESS,  que supone la conciencia plena de lo que nos sucede en cada momento.

Disfrutad del camino, y para ello, para que podáis comenzar una pequeña reflexión de la importancia del proceso y su disfrute más que de los resultados, os dejo el poema de Itaca, sin duda todo un compendio de lo que debería ser cómo llegar a un objetivo.


Si vas a emprender el viaje hacia Itaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencia, en conocimiento.

A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en loa emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperlas y coral, y ámbar y ébano,
perfúmenes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas.

(Constantino Kavafis, 1863-1933, Poesías completas, XXXII)

RENCOR: ESA CADENA QUE TE IMPIDE AVANZAR

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Sentir rencor es una de las peores formas de gestionar la vida. Impide a la persona disfrutar del presente, viviendo y reviviendo las afrentas del pasado.

Sin lugar a dudas, aún no siendo un trastorno psicológico, es uno de los motivos en los que mas claramente se requiere una terapia psicológica para conseguir que la persona supere la rabia y se desprenda de unas emociones negativas que pertenecen al pasado.

Todos nos hemos sentido dolidos alguna vez, eso es lógico y natural. Cuando esto sucede se pueden tomar diferentes decisiones, que van desde romper los vínculos con la persona que consideramos que nos ha herido o intentar comprender y solucionar la situación, en caso de que sea posible, o que realmente nos merezca la pena.

En cualquier caso, las heridas deben cerrarse porque no podemos ir por la vida reabriéndolas constantemente, sin dejar que cicatricen.

Hay situaciones en las que podemos haber sentido que hemos sido injustamente tratados, heridos, insultados... nadie está libre de esta situación. Sin embargo, una vez pasado un tiempo prudencial, la persona debe analizar la situación que le llevo a sufrir ese dolor que no termina de fluir. 

Tomar perspectiva y analizar objetivamente la situación que nos dolió nos puede hacer comprender todos los factores que pudieron influir en aquello que nos dolió, a veces descubriendo nuestros propios errores, en otras comprendiendo que no todo el mundo es bueno o tiene buenas intenciones (en este caso, eliminar las personas tóxicas o poner una distancia prudencial puede resultar lo más conveniente).

Si vivimos en el pasado, recordando una y otra vez el daño que nos hicieron, es como si cada día ese daño nos lo volvieran a hacer. Nos sentimos víctimas, y volvemos sobre una situación que ya no tiene arreglo y quejarse o amargarse por aquello que nos dolió no va a mejorar la situación actual.

Las personas que sienten rencor viven en cierta manera obsesionadas con el daño sufrido. Experimentan rabia, deseos de venganza, se muestran infelices, intolerantes y en muchas ocasiones tienen reacciones agresivas producto de la frustración que les produce vivir inmersos en el afecto negativo.

Todos tenemos derecho (y casi la obligación) de rodearnos de aquello que nos suma y que no nos resta. Abandonar el rencor, olvidar la afrenta, desprenderse de la emoción del recuerdo, dejándolo como una experiencia negativa, nos hace libres, y aligera la "mochila" que todos llevamos a la espalda.

Si unos zapatos te han hecho una rozadura, tíralos, cómprate unos nuevos más cómodos. Tampoco vas a estar toda la vida maldiciendo a aquellos zapatos. Es absurdo. Sal de ti mismo y piensa en otras personas que vivieran en esta situación. ¿Cual sería tu consejo? Probablemente: "olvídate del tema, porque no merece la pena que le des más vueltas".

Muchas veces para llegar a ese punto de poder afrontar el resentimiento y superarlo, se requiere un trabajo de reestructuración cognitiva que nos muestre el valor real de lo que sucedió, que podamos valorar en términos de "costes y beneficios" lo caro que nos está saliendo perder la vida en algo que pasó y se quedó atrás.

Superar el dolor no es tarea fácil, pero sí necesaria para poder romper las cadenas que nos atan al dolor y poder ser libres de elegir las personas que nos rodean, sentirnos más seguros de nosotros mismos, más felices por no necesitar vivir en el pasado y luchar por lograr un bienestar en el presente

"Existen tres formas para deshacerse del rencor:

recordarlo y dejar que te pudra por dentro

esculpirlo y contagiar a otro

o desintegrarlo con el olvido"

Zahkul

 

opinión de una psicoterapeuta desde el trato con los pacientes

Ultimamente se habla mucho de quitar la Misa de la 2 los domingos, como si fuera algo importante, como si fuera una decisión política de altísimo nivel.

En este sentido me gustaría dar mi humilde opinión desde las trincheras, desde la persona que trata día a día con personas, de forma individual, y puede dar su punto de vista a este respecto.

Cabe decir, y como declaración de intenciones, que mis creencias personales, son como mis filias, mis fobias, mis ideas políticas o mis alergias alimenticias: son parte de mi vida y no de mi trabajo, y cuando estoy trabajando estoy en la piel de los pacientes y no en la mía propia, con lo que intento comprender su punto de vista, sin juzgarlos bajo ningún concepto.

He visto muchísimos pacientes agnósticos, pero también he visto muchos pacientes creyentes. Hay un punto de diferencia entre ambos colectivos: su forma de afrontamiento., su visión de la desesperanza.

A todos ellos se les intenta explicar constructos que no son visibles (la mente) o formas de actuación que pueden promover un cambio en sus vidas y en sus problemas (ser proactivos, ser asertivos, control de la ira, pensamientos racionales...).

Sin embargo, cuando trabajas con pacientes creyentes y les hablas sobre formas de superar determinados problemas, ellos mismos te apuntan: tengo Fé.

El trabajo terapéutico con estas personas siendo lo mismo no es igual, ya que parten de unas fortalezas interiores basadas en la convicción de Dios que les ayuda y les da fuerza para no hundirse, para tener esperanza a través del sufrimiento. 

A estas personas no hay que animarlas a que salgan a la calle o proponerles actividades de tipo social para que no se desconecten del mundo: van a Misa, tienen sus amigas del ropero social, etc.

Podemos pensar igual o podemos pensar diferente. A mi me gusta pensar que todos cabemos en un mundo en el que la diversidad es maravillosa.

Respeto especialmente a las personas creyentes a partir de mi experiencia con afectados por el accidente de tren de Santiago. Viajaban muchas personas mayores, muchas creyentes. Al hablar con ellas, descubrí que hay un consuelo diferente al de la palabra que se le puede ofrecer, es el consuelo que nace de ellos mismos y de sus creencias, que les impulsa a aceptar la situación y seguir el camino, y me recordó a la Terapia de Aceptación y Compromiso, una terapia psicológica de Tercera Generación (de lo más nuevecito). 

Yo admiro a las personas que tienen una creencia superior, porque no sé si están equivocadas o están en lo cierto, pero el problema no es si están equivocadas porque exista "algo" después o no, que realmente es lo que menos me preocupa, es poder vivir con esperanza, es poder sentirse acompañada en el desconsuelo.

Los psicólogos no somos quienes para estar a favor o en contra de las creencias de las personas. Estamos para aceptarles íntegramente (excepto, lógicamente en las patologías) y utilizar su forma de ver la vida cuando nos puede beneficiar para promover el cambio psicológico hacia su bienestar emocional.

Hablo de católicos por estar ahora en el ojo del huracán a cuentas de la Misa. No comprendo que quieran quitar un bien para personas que, justamente pertenecen a colectivos necesitados (ancianos e impedidos). Ellos encuentran un consuelo, que si nosotros no necesitamos no podemos negar a los demás.

Podríamos estar en contra de los anuncios de hamburguesas si somos vegetarianos, o de ropa cara si somos anticonsumistas, o del día del padre si un divorcio desastroso nos privó de volver a verlos.

Debemos ser una sociedad comprensiva y eliminar aquello que hace daño a sus ciudadanos, pero realmente, admiro a las personas que encuentran consuelo, y a aquellos que tanto les moleste, les recuerdo que la televisión tiene más canales.

Y si el asunto es que todos pagamos en un Estado Aconfesional, recordar que pagamos muchas cosas en un Estado Aconfesional que no va en intereses de todos, y en cosas con las que muchos estamos completamente en desacuerdo, pero la idea tendría que ser dar el mayor servicio al mayor número de personas posibles.

Ser mayor, estar impedido, ser creyente y obtener consuelo en una Misa dominical no debería ser motivo para echarnos encima como hienas. Nuestro deber es ser solidario hacia las personas, y especialmente hacia las que más necesitan de nuestra ayuda.

Esta es una reflexión basada en personas y no en política. Os repito, mis ideas políticas hace demasiado tiempo que murieron, justo en el momento en que por mi profesión, me dedico a saber exactamente cómo son las personas, una a una. Eso te hace flexibilizar mucho las opiniones y no ser tan tajante en muchos aspectos.

 

El problema de sentir o no sentir las emociones

Mucho se habla de la EMPATÍA, está de moda colar en cualquier tema referido a nosotros mismos o para despellejar a alguien el "es que no es empático", o "yo soy muy empática".  Parece como que ser empático ya nos salve de todos nuestros pecados, y nos convierta automáticamente en buenas personas.

Obviamente ser empático es estupendo, siempre y cuando no derive en un contagio emocional, por el que al final, en vez de comprender el sufrimiento ajeno lo sentimos como propio, convirtiéndonos en "la novia en la boda, el muerto en el entierro....". Dejemos la empatía como esa cualidad de comprender, dejándola fuera del concepto "sentir". 

Pero en realidad lo que me interesa ahora no es la cualidad empática. Lo que me preocupa es la frialdad emocional, el embotamiento afectivo, la pérdida de capacidad de sentir emociones básicas y necesarias. A veces ocurre, por distintas causas, en algunos casos son orgánicas, como en la esquizofrenia, en otras son sobrevenidas por situaciones traumáticas o el cúmulo de emociones negativas que hace que la persona se anestesie emocionalmente.

A continuación tenemos algunos conceptos que se podrían denominar "trastornos de la emotividad":

APLANAMIENTO AFECTIVO o indiferencia emocional. En este caso la persona se muestra indiferente al sufrimiento/bienestar propio y de los demás. Se presenta en esquizofrenia, retraso mental, autismo y en trastornos orgánicos cerebrales.


FRIALDAD EMOCIONAL Común en los sociópatas, que sí tienen sentimientos propios pero son incapaces de sentir el sufrimiento de los demás.


SENSACIÓN DE "NO SENTIR NADA" es diferente del aplanamiento afectivo y de la frialdad emocional ya que el individuo es consciente de esta falta de emociones y sufre por ello. El sujeto se siente vacío y muerto, ante la incapacidad de sentir nada, ni alegría ni dolor, ni cariño por amigos o familiares. 

DISOCIACIÓN O INCONGRUENCIA IDEO-AFECTIVA: no existe una equivalencia entre lo que la persona siente y piensa o en cómo lo manifiesta y la emoción en sí misma.

RISA O LLANTO INISTENSIONAL, PARATIMIA O INADECUACIÓN AFECTIVA: la expresión emocional no se corresponde con el contexto en el que se produce y la expresión emocional que desencadena. 

PARÁLISIS PSEODUBULBAR, LESIÓN EN LOS TRACTOS CORTICOBULBARES. el paciente tiene episodios de risa o llanto, o ambos a la vez que son difíciles de interrumpir una vez que se desencadenan. (No guardan relación con un estado emocional concreto). 

PROPORCIONALIDAD EMOCIONAL: relación cuantitva entre el estímulo y la respuesta emotiva.

RIGIDEZ AFECTIVA: el sujeto no se desprende fácilmente de un estado emocional y permanece bajo su influencia a pesar de que cambie la situación o contexto en el que se ha dado esa reacción emocional. También se llama adherencia emocional, y supone presentar siempre el mismo tono afectivo independientemente de la situación. Se presenta en demencias y enfermedades cerebrales. 

IRRITABILIDAD, TENDENCIA ESPECIAL AL ENFADO. el sujeto se molesta con facilidad ante las menores dificultades de la vida

MAL GENIO: actitud de tendencia al enfado muy prolongada, sin estar mediada por factores específicos

MAL CARÁCTER: rasgo de personalidad, con tendencia a la ira y el enfado. Viene mediado por la forma de interpretación su mundo, a las personas y el contexto. 


AMBIVALENCIA EMOCIONAL: emociones opuestas frente a una situación que coexisten, como podrían ser el amor-odio.

PUERILIDAD: estado eufórico, con tendencia a la superficialidad (también se conoce como moria), y se presenta en lesiones del lóbulo frontal, esquizofrenia, retraso mental, intoxicaciones metabólicas e intoxicación con estimulantes. 

LABILIDAD EMOCIONAL: continuos cambios en el estado de ánimo sin estar presente un estímulo desencadenante, pudiendo pasar de la risa al llanto. Puede suceder en trastornos como el bipolar (fase manía), delirium, lesiones del lóbulo frontal y demencias. Se asocia con la incontinencia emocional (no puede controlar sus emociones). Es propio de la personalidad limítrofe.

ANHEDONIA: incapacidad para experimentar placer. Es uno de los síntomas nucleares de la depresión. 

ALEXITIMA: incapacidad para reconocer y expresar las propias emociones. Esa "frialdad emocional" al no saber dar respuesta, les puede causar un empobrecimiento en sus relaciones personales. Suelen presentar quejas de tipo psicosomático. Puede estar motivado por una situación traumática vivida o por una depresión enmascarada. 
 

¿EXISTE TRATAMIENTO?

Enseñar a las personas a identificar sus emociones es posible, también es posible "reconectar" ese cable que debería unir la situación-su procesamiento cognitivo y su expresión emocional.

Muchas personas han crecido en ambientes en los que socioculturalmente la expresión de emociones no estaba bien vista, y han suprimido o intentando obviar dichas emociones hasta dejarlas dormidas en su interior. Otras veces el miedo a sufrir ante la emoción paraliza al paciente.

Es posible, y siempre recomendable, intentar abordar el problema de la inadecaución/ausencia de responsibidad emocional, ya que el hombre es mente y también es emoción, y la emoción, sea buena o sea mala, nos ayuda a vivir una vida plena, aceptando que todo el abanico de emociones que experimentamos son parte de algo tan bello como es sentir. 

 

Queda oficialmente inaugurado el período "objetivos para no cumplir"

 

Seamos realistas: ponemos el arbolito, empezamos las compras navideñas como posesos, comemos y bebemos como si no hubiera un mañana... y nos hacemos los propósitos para el próximo año.

Parece que tan sólo con formular nuestros objetivos para cambiar definitivamente nuestra vida, fueran ya una potencial solución.

Obviamente es una época dorada para gimnasios, fabricantes de parches de nicotina, la sección de productos "light" de cualquier hipermercado, vendedores de colecciones y, como no, las academias para aprender chino mandarín.

No aprendemos, año tras año nos marcamos objetivos que caducan más o menos a la velocidad de una bandeja de pollo, y seguimos insistiendo, casi con la misma fe como en conseguir "El Gordo" de Navidad.

Parece que mi opinión es muy negativa sobre "los propósitos de año nuevo", y realmente no es así, tan sólo me parece que requiere un par de ajustes: utilizar un poco la experiencia, el sentido común y manejar la visión realista de las cosas.

Si nos marcamos objetivos demasiado ambiciosos, probablemente nuestro subconsciente maneja la posibilidad de fallar: es obvio: "no pude hacerlo porque era imposible" es mejor que "no pude hacerlo porque si no lo hago en octubre, a saber por qué iba a hacerlo más de 10 días en enero".

Además del gasto económico que puede suponer la compra de la hidratante que te vas a echar cuatro días, la cuota del gimnasio (o el entrenador personal, que una meta en una meta), el fracaso periódico en nuestras metas produce un PERJUICIO PARA NUESTRA MOTIVACIÓN: el hecho de haber fallado en aquello que nos hemos propuesto es la excusa perfecta para justificar nuestra falta de impulso en pequeños objetivos: "para qué voy a cuidarme la alimentación si este año dije que bajaba 4 Kgs. y he cogido 7".

Sin embargo, el hecho de formular estos propósitos de año nuevo, nos permite saber exactamente cuáles son las parcelas de nuestra vida que nos tienen más insatisfechos: nuestra imagen personal, nuestro cuidado de la salud, el tiempo dedicado al ocio o a la familia, nuestro deseo de aprender cosas nuevas que siempre se quedan como un deseo no realizado...

Necesitamos unir los dos conceptos: los deseos de cambio que sí sabemos formular claramente (especialmente en estas fechas), y la visión realista de nuestras fuerzas, disponibilidad de tiempo y energía. 

Tal vez sea más prudente formular esos deseos de una manera muy precisa: "adelgazar 3 kilos caminando todos los días una hora y cenando fruta" que un "ponerme a dieta", por ejemplo. Los objetivos precisos, detallados y con un esfuerzo creciente son más fáciles de cumplir, ya que conseguir superar las pequeñas metas nos impulsa hacia adelante, mientras que vernos incapaces de alcanzar metas gigantes nos empuja a abandonar el esfuerzo.

De esta manera mi consejo es: final de año es un excelente período para recapacitar sobre aquello que deseamos cambiar en el futuro, pero hacerlo poco a poco, sin excesiva presión, sin una lista interminable de camios, hará más posible el éxito.

Y recordad: todos aquellos que habéis ido al colegio, sabéis en vuestro fuero interno que el año empieza en septiembre, como una eterna vuelta al cole que nos acompaña durante toda nuestra vida.

Felices y pequeños propósitos, y suerte con aquello que emprendais.

Sueña, pequeña, sueña...

Hay muchas personas que ponen banda sonora a su vida, escuchan música según su estado emocional, y esto produce una retroalimentación: si estamos tristes y escuchamos música triste nos instauramos en esta emoción, si estamos animados, escuchamos música con más ritmo y aumentamos nuestra activación y aparecen emociones positivas.

La música a muchos les acompaña, como un eco de sus propios sentimientos.

Sin embargo siempre podemos realizar la operación inversa: experimentar emociones diferentes a través de la música, consiguiendo calmarnos, reflexionar o en ocasiones sentir una pizca de esperanza.

Con el avance tecnológico tenemos acceso a videos musicales, en ocasiones verdaderas obras de arte (y otras horteradas como la copa de un pino), pero en cualquier caso, la unión de una imagen y un sonido puede potenciar el efecto emocional que nos produce verlo.

Os invito a ver un vídeo. Es de un genio de la expresión de emociones, una persona capaz de mover sentimientos y conectar con cada una de las personas que les escucha (es un maestro de la teoría de la mente). 

Por favor, mirad la expresión de las personas, todas muy diferentes, y sin embargo todas con la misma expresión en los ojos. El sentimiento aflora en este vídeo, mucho más allá de lo que dice. Es la expresión universal de una emoción: esperanza. Podéis ver lo que es la retroalimentación del espíritu, como cada persona hace suya la melodía, no veréis ni una pizca de maldad en esos rostros, no mientras suena esta canción.

Veréis parejas maduras, niños, chicos buenos y chicos malos, sonrisas, recogimiento, lágrimas, alegría... 

La canción solamente nos invita a soñar. Espero que disfrutéis de la experiencia, y podáis sentir en vuestro interior esa caricia que se llama esperanza.

"egoísmo bueno y egoísmo malo"

 

El concepto de "egoísmo" nos ofrece un dilema moral: por una parte desde niños nos enseñan el concepto de "compartir" en contraposición al "egoísmo", que se considera algo malo.

Ciertamente el proceso de socialización implica compartir y colaborar para prosperar en la vida,  y entre las "aguas del recibir" y las "aguas del dar" se encuentra este concepto, que nos trae a todos un poco de cabeza.

Tenemos que diferenciar entre el egoísmo emocional y el egoísmo social.

Ser "egoísta emocionalmente" (no sale en wikipedia, me lo he inventado yo para hacerme entender), supondría ser conscientes de nuestras propias necesidades individuales y anteponerlas a las necesidades de los demás, siempre que no se invada a nadie ni a nada. Procurarnos un bienestar psicológico antepuesto al de los demás (amigos, familia, pareja), puede sonar "egoísta", pero es humano y sano y nos proporciona un equilibrio emocional.

Si estamos bien, podemos dar, si estamos mal, no tendremos nada que dar. 

De esta manera el término no debe asustarnos ni suponer un juicio moral en el que pensamos que somos malos porque pensamos antes en nosotros mismos que en los demás. 

Si conseguimos equilibrar la balanza entre lo que nos produce bienestar y lo que les hace feliz a los demás, estaremos más preparados para dar, simplemente porque tendremos más bueno que dar.

De esta forma parar las demandas del medio, saber decir no ante las presiones que no deseamos, buscar aquello que nos complace y nos hace felices, es un ejercicio de egoísmo sano y beneficioso.

La maternidad, por poner un ejemplo, podría considerarse un acto de entrega de primera magnitud, y no, no lo es: la maternidad (biológica o vía adopción) supone un ejercicio de egoísmo emocional, ya que no tenemos niños para hacer felices a los niños, sino para saciar un anhelo, un deseo personal, y por ello, jamás debemos decir a un hijo "deberías estar agradecido por lo que yo he hecho", sino: "tengo que darte las gracias por toda la felicidad que me has hecho sentir".

Diferenciemos entre comernos el mejor filete de la fuente y procurar nuestra propia felicidad, y seamos egoístas,  lo más egoístas que podamos para poder ayudar a los demás.

Que tengas un día, francamente egoísta!

 

"hacer de la necesidad virtud": implicaciones psicológicas

Todos sabemos qué significa "hacer de la necesidad virtud", lo que en psicología se denomina reducción de la disonancia cognitiva.

Este proceso psicológico, por el que existe una situación o una actitud que no compartimos, terminamos por aceptarla y ver su parte positiva, supone un acercamiento entre "lo ideal y lo real", que puede ser muy positivo en algunas ocasiones y otras en cambio producir efectos negativos en la salud  mental de la persona.

Hay ocasiones en que realmente no podemos ajustar nuestra actuación o nuestros deseos a la realidad. Ante esta situación podemos deprimirnos, enfadarnos, estar permanentemente amargados o intentar ver la parte positiva del asunto (lo que sería la vulgar teoría del ver el vaso medio lleno o medio vacío). Conseguir ver la parte positiva, sin olvidar que no es lo que deseábamos pero no procede otra situación, conectaría con el concepto de resiliencia, que significa ni más ni menos la capacidad de afrontar las situaciones con una actitud positiva, sin caer en la desesperanza.

En cambio, hay otras situaciones en las que la situación no nos parece la adecuada, y tratamos por todos los medios de buscar "la parte positiva", pudiendo poner medios para acercarnos a nuestro ideal y no haciéndolo. En este caso a pesar de que en "en el fondo de nuestro corazoncito" sabemos que disponemos de las herramientas necesarias para cambiar, no lo hacemos por miedo a posibles pérdidas, por tener que arriesgar algo, porque supone un esfuerzo o el enfrentamiento a algo desconocido.

De esta manera, si no tenemos posibilidad económica para cambiar "esa mesa horrible de la salita" y pensamos: "no es tan fea, es muy útil, en realidad tiene un tamaño perfecto", estamos utilizando la reducción de la disonancia cognitiva entre: mesa horrible/mesa útil, para nuestro bienestar.

En el otro extremo de la balanza estaría una pareja de "esas de echar de comer aparte", que nos hieren, nos hacen la vida complicada, no suponen ninguna fuente de bienestar psicológico, y por miedo a la soledad, al cambio, empezamos a reducir la disonancia cognitiva en forma de "igual es mi culpa, igual soy demasiado exigente, tiene muchos problemas y no sé apoyar"... en este caso, se pueden producir cuadros de depresión, trastornos psicosomáticos que afectan al estómago, piel, alergias.... porque en el fondo la persona sabe que está intentando obviar un problema de fondo.

A veces es complicado identificar un paciente con esta problemática, ya que ellos mismos lo han interiorizado tanto que no son capaces de ver su realidad. Una vez que identifican la situación y empiezan a trabajar en reducir la distancia entre sus propias creencias y un presente que les hace infelices, van cogiendo fuerza para luchar, no por esa reducción de la disonancia cognitiva, sino por sus propias metas.