LA DEPRESIÓN POSTERGADA

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La vida tiene grandes exigencias, que para algunos funcionan en forma de responsabilidades ineludibles que no dan tregua. Personas que no pueden pensar ni sentir, que tienen todos sus recursos encaminados a sobrevivir en condiciones adversas.

No todos jugamos con las mismas cartas, y hay personas que las tienen malas de verdad. Estas personas no suelen “permitirse el lujo” de sentirse deprimidas, porque tampoco le pueden prestar mucha atención a sus propios sentimientos o necesidades. El concepto ilusión, desarrollo personal, éxito les queda demasiado lejos para sentir la frustración de una vida marcada por el “camina o revienta”.

Problemas como la adicción de una pareja puede truncar su propia vida, dejar de prestar atención a su “yo” y concentrar toda su atención en tapar los huecos que va dejando la persona enferma. Trabajan, si devanan los sesos por llegar a fin de mes, cuidan de familiares enfermos, multiplican sus horas como los panes y los peces, luchan por llegar a todas partes, siempre pensando en otros, siempre con el sentimiento de culpa por no poder llegar a dar la tranquilidad y el bienestar a los que tienen a su alrededor.

Estas personas no son felices pero no se sienten deprimidas, porque viven disociadas de su persona: sólo se sienten instrumentos, en muchos casos con la responsabilidad de sacar a una familia adelante y proporcionarles lo material y lo inmaterial, actuar como una barrera que les proteja de “lo malo”, parar los golpes de la vida.

Muchas de estas personas toman ansiolíticos, especialmente para dormir, pero no llegan al punto de comprender el peso que van llevando a sus espaldas.

Y se rompen, claro que se rompen. En el momento en que ya han cumplido parte de su tarea, los hijos son autosuficientes, la casa pagada, la vida estabilizada, cuando las necesidades vitales se han cubierto y los problemas se han resuelto, llega el momento de pararse, y en ese momento, la relajación lleva a una profunda depresión.

No son capaces de identificar las causas, se muestran sorprendidas de sentirse tristes, todo les va bien (lo que les añade más culpa por sentirse deprimidas) y sin embargo, como es el momento de vivir no saben hacerlo. No encuentran sus ilusiones, no saben disfrutar de las cosas, se muestran torpes e indecisas ante situaciones de gratificación.

Estas personas han vivido en un constante estado de hipervigilancia, siempre alerta para cubrir necesidades y solucionar problemas, saben cuidar de otros pero no saben cuidarse a si mismas.

Son juguetes rotos que tienen seriamente dañado el circuito de recompensa. Han dado la espalda a una realidad en el plano emocional y se han centrado en vivir la vida como un ejercicio práctico de supervivencia.

La depresión, cuando les llega, les pilla de sorpresa. Es difícil entender “estar mal cuando está todo bien”. En algunos casos existen patologías de estrés postraumático, por situaciones de alto estrés continuado, la autoestima es inexistente, el sentimiento de culpa desborda, la capacidad de autocuidado se limita a la higiene personal sin anhelar tiempo propio para cuidarse, el placer de una tarde de compras, una comida especial o hacer un pequeño viaje para disfrutar.

Estas personas muestran depresión asociada a ansiedad (trastorno adaptativo), y recomponer, enseñar y especialmente dotarlas de ilusión es un trabajo complicado porque hay que empezar, no de cero, de menos 50.

Sin embargo enternece ver sus pequeños avances, descubrir cómo el brillo va apareciendo en sus miradas, que cuenten como grandes logros pequeños mimos que para muchos son algo cotidiano.

Nadie está libre de romperse, la mente tiene un límite de sobrecarga. Cuando llega el momento en que el cuerpo y el cerebro nos dicen “hasta aquí”, es el momento de pedir cartas nuevas y saborear los pequeños logros de cada día.

De la depresión se sale, al principio con un esfuerzo titánico sin grandes resultados, pero cuando se empieza el proceso de recuperación, es imparable, cuando se mira el día anterior en código de éxitos y no de desesperanza, el motor empieza a rugir, y poco a poco el horizonte se ve más claro y más bello.

Si “justo cuando todo va bien he entrado en depresión y no lo entiendo”, mira a tu pasado, tal vez en él están todas las razones por las que ahora te hayan vencido. Es el momento de trabajar en ti y para ti, de ser egoísta en tu recuperación.

Hora de quererse, de cuidarse y de aprender a disfrutar. Hora de vivir. Está en tu camino. No demores el comienzo.

LOS "Y YO MÁS": CERO EN EMPATÍA

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Pocas cosas pueden producirnos una mayor sensación de total frustación que contarle a alguien un problema que nos preocupa y que antes que terminemos la frase nos diga: “eso me pasó a mi pero peor”, “pues no te digo nada de lo que me duele a mi”… y cosas por el estilo, para continuar centrándose en contar su problema dejándonos a ser el sujeto receptor cuando lo que queríamos era desahogarnos.

Los hay especialistas,, da igual lo que te haya pasado, cómo te sientas, lo desesperado que estés o la magnitud de tu desgracia, que jamás y digo bien: JAMAS, te dejará contar tu experiencia, en cuanto pille el hilo te interrumpirá para superar con creces lo que le estabas contando.

Puedes pensar que es propio de personalidades egocéntricas (que lo son), que hacen de un vaso un mar (que también), que sólo piensan en sus problemas y los magnifican (vas hacia el pleno), pero… no olvides lo más importante de este tipo de personas: en realidad les importa un cuerno lo que te pase, y ni siquiera lo saben.

Hoy me ha venido un paciente jovencito con una mochila a las espaldas producto de muchas vivencias inadecuadas en su infancia, nadie culpa a su ambiente familiar, las cosas a veces son más complicadas de lo que parecen, y habría que hacer un análisis muy objetivo para comprender sin juzgar la actitud de algunos padres que se lanzan a la aventura de las segundas oportunidades, y terceras, y cuartas y quintas, no valorando que los niños tal vez no estén por la labor de ver pasar por su vida un papa por temporada, pero ése es otro problema.

A lo que iba, es a la frustración que experimentaba un chaval ante un problema, su problema, que no es grande ni pequeño, es SU problema, y todos los sentimientos negativos que puede experimentar al oír de su progenitor/a: “yo si que tengo problemas y a mi nadie me contempla”.

Esa persona tal vez pueda tener montañas, cordilleras de problemas, pero hay que ser muy necio para no darse cuenta que al menos (al menos, por favor), ante los problemas de un hijo, hay que pararse y escuchar, y comprender, y ponerse en su piel y hasta dar algún consejo adecuado, bueno, tal vez sólo escuchar, porque si sientes que tienes muchos problemas y encima no escuchas los problemas de tus hijos, estás teniendo otro problema, tal vez mucho más gordo: todo lo tuyo y que tu hijo, tu proyecto, lo más preciado que tienes lo está pasando mal.

Este chico había aprendido a expresar su rabia con puñetazos, que es la forma más primitiva de experimentar rabia cuando no has aprendido el valor del diálogo, pero al menos tiene una cosa buena a su favor: ha comprendido lo odiosa que resulta la gente del “y yo más”.

Cuando una persona te interrumpe para echarte el órdago al que más sufre, no te enfades, no te revuelvas, no le des una oportunidad para que el resentimiento se quede en ti. Analiza la situación. Si te molesta este tipo de actitudes, significa que no te gustan, punto a tu favor para no repetirlas.

Los “y yo más” te están diciendo finamente que el mundo gira alrededor de su ombligo, y que ellos no tienen ni tres minutos que perder con el sufrimiento ajeno. Ni van a cambiar ni van a aprender. Son incapaces de ponerse en el lugar de otra persona y comprender que el sufrimiento no se mide en metros ni se pesa en kilos, que el sufrimiento es dolor y que al dolor hay que dar la respuesta de la escucha, de la comprensión, del abrazo.

Los “y yo más” se sienten incomprendidos, porque la gente que tienen a su alrededor lo hacen por compromiso, por paciencia, por su propio código ético, pero no porque generen precisamente mucha simpatía.

Cuando acudas a alguien y te diga “pues yo más”, no pierdas tu tiempo, no te enfades, no reproches: aprende que no es la persona adecuada para escuchar, y en tu mente llévate la idea de que tendrá más de todo lo malo, pero menos de algo tan bueno con la empatía.

Salud a todos esos valientes que saben escuchar y apoyar, y a todos aquellos que se creen que la vida es una competición por ser el que más sufre: les cedo el paso, y les deseo suerte en su llegada a meta.

NO QUERERNOS PUEDE HACER INSOPORTABLE LA TAREA DE VIVIR

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Conocernos y querernos nos hace experimentar seguridad en nosotros mismos y una tremenda sensación de libertad sobre nuestras decisiones personales.

Querernos como somos tampoco es una labor de amor incondiional (tampoco vamos a volvernos todo locos), es hacer una introspección objetiva, buscando nuestros defectos y nuestras virtudes, intentando limar aquellas partes de nosotros que no nos gustan, potenciando aquello que nos parece positivo y buscando acercarnos más la nuestro “yo ideal”.

Un buen ejercicio que propongo en consulta es: “imagínate que puedes inventarte a ti mismo, cómo te gustaría ser, reinvéntate”. Partiendo de las características personales que la persona resalta como su ideal, se busca el acercamiento entre lo que somos y lo querríamos ser.

Cada uno tenemos nuestra personalidad y es prácticamente imposible llegar a la virtud que supondría conectar el ser que quiero con el que soy, pero la plena consciencia de nuestras características personales ayuda bastante a tener que pedir alguna vez menos perdón o a lamentarse por algún comportamiento poco adecuado o demasiado pasivo, por ejemplo.

Pongamos un ejemplo (desgraciadamente frecuente) una persona que grita a su pareja. Le preguntas y te dice con toda paz “es que yo soy así” y yo siempre contesto lo mismo: “entonces, ¿le gritas “a tu jefe cuando te irrita? imaginad la respuesta: al jefe no, claro, como si ese claro que añaden al final mejorara un poco la situación. Lo que está diciendo esa persona en realidad es “grito porque es mi forma de expresar frustración, porque no sé hacerlo de otro modo” aunque en el fondo de su corazoncito sepa que los gritos convierten el diálogo en discusión y no llevan jamás a nada positivo.

Ese tipo de personas suelen tener la autoestima baja, porque saben que se tienen que imponer a traves de los gritos (ellos y ellas, que en todas partes cuecen habas), y en el fondo saben que son incapaces de dialogar y que cuando quieren llegar a un consenso o a que su pareja les comprendan, acaban quedando como unos puñeteros locos y ya ni hay argumentos, ni razones, ni nadie se acuerda de qué problema se trataba, porque eso ya no importa, sólo queda el distanciamiento y el disgusto.

Pasa lo mismo en muchísimos ámbitos de la vida: personas que no saben expresar sus deseos, sus necesidades o sus gustos y se van haciendo pequeñitas, van cediendo en todas las decisiones de la vida y perdiendo cada vez más seguridad hasta ser incapaces de expresar lo que realmente quieren, porque consideran que la opinión de cualquiera es mejor que la de ellos mismos.

Podría poner muchísimos ejemplos de falta de amor hacia uno mismo. Cuando se trata de una persona con pareja y/o con hijos siempre les planteo: si tu no te quieres, significa que tus seres queridos se han conformado con alguien inferior, según tú. Eso les suele producir un cierto estupor, porque supone la confrontación con un contrasentido: quieres lo mejor para los tuyos pero tu no te sientes lo mejor para los tuyos. Algo falla.

En definitiva, el trabajo terapéutico con personas con baja autoestima es enriquecedor, bastante más que una inyección de botox o una tarde de compras. Es empezar a trabajar para conocerse, aceptarse y detectar aquellos aspectos de su personalidad que pueden ser modificados para que ellos se encuentren mejor.

Las técnicas son sencillas, pero requieren un esfuerzo por parte del paciente, que tiende a describirse con una lista de defectos de 8 páginas y un par de cualidades. Primero se trabaja este aspecto: la objetividad respecto a si mismo, para pasar posteriormente a intentar modificar conductas o actitudes que no les gusta de ellos mismos a la persona, siempre trabajando el reforzamiento positivo y un reconocimiento sincero de los logros.

Trabajad cada día la autoestima, centradla en vuestra personalidad, jamás en el aspecto físico, que es efímero. Las personas que consideran que la autoestima reside en su físico terminan teniendo serios problemas por varios motivos: lo efímero de la belleza y lo vacío que han dejado su mundo interior a base de mirarse en el espejo.

Crecer por dentro y aprender a aceptarse, quererse y mejorar es ese punto de calidad que hace que las personas se sientan felices con quienes son y el lugar que ocupan en el mundo.

Nunca os odiéis. El amor hacia uno mismo se irradia hacia los demás, porque la persona que se quiere no se siente amargada ni anulada, se siente plena y es capaz de darse y dar todo aquello que tiene.

Y si aún no sabes cuáles son tus cualidades, empieza desde hoy mismo a descubrirlas. Tal vez sea el tiempo mejor invertido de tu vida.

Recuerda que “nadie es más que nadie”, y tampoco menos, busca tus fortalezas.

HAY UN TIEMPO PARA CADA COSA. MEDITA SOBRE LO QUE PROCEDE

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Siempre me ha gustado El Eclesiastés, especialmente su libro 3, del que se sacan muchas reflexiones:

Eclesiastés 3 

Hay un tiempo para todo

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:

un tiempo para nacer,  y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar;
un tiempo para matar, y un tiempo para sanar;
un tiempo para destruir, y un tiempo para construir;

un tiempo para llorar,  y un tiempo para reír;
un tiempo para estar de luto,  y un tiempo para saltar de gusto;
un tiempo para esparcir piedras, y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse;
un tiempo para intentar,  y un tiempo para desistir;
un tiempo para guardar, y un tiempo para desechar;

 un tiempo para rasgar,  y un tiempo para coser;
un tiempo para callar, y un tiempo para hablar;

 un tiempo para amar, y un tiempo para odiar;
un tiempo para la guerra, y un tiempo para la paz.

El problema viene cuando no respetamos los tiempos para cada cosa, no dejamos que la vida fluya al compás de la situación, y surge el malestar.

Queremos recibir los frutos sin habernos tomado el tiempo de sufrir plantando y esperando que germinen nuestros esfuerzos, buscando siempre la recompensa rápida, sin aprender a sufrir para lograr, y así surgen problemas de frustración (esto le pasa especialmente a la gente joven que piensa que los móviles crecen en los árboles, y la paga es un derecho a cambio de nada).

Otras partes que tienen mucho de psicológico son las que hablan de los tiempos de abrazarse y los tiempos de despedirse (qué difícil resultan algunas rupturas, que se tornan eternas y tortuosas)

También aquellos en que se empeñan en ser amados por el hecho de estar enamorados, y que creen que terminarán consiguiendo que la otra persona se enamore por su perseverancia (entramos en la categoría cansinos históricos) Estas personas no aceptan un no por respuesta y se mueven en el mundo de las obsesiones y los celos.

Y sí, también hay momentos de rasgar, y acabar con aquellas cuestiones que nos empobrecen (criticar, envidiar, mentir, tener adicciones…), hay momentos para romper con ello y construir una vida en que todo aquello que en el fondo nos hería, lo cosamos para que tan sólo quede una pequeña cicatriz

Y sí, también es posible que llegue tiempo de odiar a quien se amó, tampoco vamos a ir por ahí de santitos. El odio cuando nos dañan es una reacción natural, en la que imaginamos a la persona a la que amábamos sufriendo 17 tipos de torturas, a cual más cruel, si así te quedas mejor, adelante. El proceso de duelo en una ruptura lleva el odio como una fase, pero ojo: esto no es barra libre: es una fase que tiene que estar muy limitadita en el tiempo, y que se puede cambiar por unas sesiones de boxeo que nos liberen. El tiempo de odiar debe ser corto, dando lugar a otro momento: el de volver a amarte a ti mismo, en ese momento el odio se convertirá en indiferencia o una sonrisa torcida con un pensamiento “qué cabroncete/a” cuando recuerdes lo que te llevo a romper el amor.

También hay tiempo para la guerra, la lucha, la reclamación….pero no puede ser permanente. Los profesionales de la reivindicación terminan olvidando que una reivindicación debe orientarse al bienestar no a la crispación permanente.

Y sí, tiempo de hablar y de comunicarte, y de expresarte…y tiempo de callar para no dañar o simplemente para algo tan necesario como es escuchar.

Como veis no he seguido el orden de los versos. Intento que volváis sobre ellos, y que os paréis a buscar vuestra propia interpretación.

AMAR ES UN ARTE QUE POCOS CULTIVAN

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Es difícil amar a otro más que a uno mismo, pocas veces se logra y nos conformamos con sucedáneos de lo que debería seguir creciendo hacia la perfección, pero nuestra incapacidad, nuestros miedos o la falta de memoria nos hace estancarnos en relaciones buenas pero no bellas.

Ojala pudiéramos sentir por nuestra pareja como el primer día. La verdad, sería agotador, pero a la vez, y esto no es cuestión de intensidad sino de calidad, el conservar intacta la motivación hacia la otra persona nos haría ponernos las pilas y no dejar nuestra relación como algo estable pero un poco inerte.

Os propongo que reflexionéis (a aquellos que tenéis pareja, el resto toca esperar tiempos mejores).

¿Qué tal vamos con aquel deseo irracional de ver, tocar, oler a nuestra pareja? tal vez lo hayamos cambiado por poner una mejilla indiferente para recibir unos frios labios a la vuelta del trabajo.

¿Os acordáis cuando os arreglabais y ambos parecíais dos sanluises cuando quedabais para tomar el aperitivo? mira a tu lado: tú eres la de la bata horrorosa y supercómoda y él se está rascando el glúteo en calzoncillos y una camiseta raída. Esa confianza que da asco.

Antes sus “cosas” nos hacían gracia y ahora nos superan. La crítica, el no pasar ni media, suele ser una práctica habitual en parejas que se llevan bien (a no ser que uno de los miembros sea pasota profesional).

A veces la pareja se vuelve competitiva para conseguir sus propios objetivos y se olvida que la convivencia es no vivir juntos, es VIVENCIAR juntos. No es cuestión de quien consigue el máximo confort o que la vida se adecúe mas a sus deseos, se trata de hacer de la vida una aventura maravillosa, de poder disfrutar cada minuto del que disponemos, de coger fuerzas para afrontar los malos momentos con cohesión, sintiéndonos arropados.

Amar no es olvidarse de uno mismo, en absoluto. La persona sigue siendo un ente individual que necesita sus parcelas, y que va nutriendo su personalidad. En el amor hay sitio para el ser individual, pero la persona siente que sus propias experiencias, su parte personal, de forma que siempre puede aportar nuevas cosas a la pareja. Si dejas de ser uno mismo para ser parte del otro pierdes tu esencia, y no te nutres ni puedes nutrir a la relación.

Dejad de lado las rutinas, vivid como locos la experiencia del amor.

Utilizar la cabeza para hacer planes sorprendentes, usar las manos para volver a las caricias, usar los ojos para mirar y no sólo ver. Comunicaros, confesaros, expresaros, haced de vuestra pareja el compañero perfecto con todas sus imperfecciones, y sí tenéis que aprender a respetar a la otra persona con sus defectos, porque así le conocisteis y le amasteis. El viejo truco del “ya le cambiaré” es algo estúpido, es como querer programar que la persona a la que empiezas queriendo como es debe terminar siendo un frankenstein de lo que a ti te conviene, si tu no quieres que te cambien, ¿por qué has de cambiar a tu pareja?

Si no eres alérgico, dedica el domingo a disfrutar y no hacer limpieza general como si hubiera revisión de tropas a las 8 de la tarde. Nadie vendrá a decirte que tu casa es una patena, pero te habrás perdido un abrazo en el paseo, una broma, una siesta llena de paz….

La memoria es una de las más potentes armas para cultivar el arte del amor. Memoria para no perder de vista lo que te llevó a la persona y todo aquello que deseabas hacer junto a ella.

Vive el amor como un arte y no como una rutina. Compartir la vida con otra persona puede ser una aventura apasionante. No la degrades, no dejes pasar la oportunidad de convertir tu vida en un viaje maravilloso .

Yo he visto parejas de ancianos que resumían a la perfección esta lección bien aprendida. Ver la ternura de sus manos entrelazadas, sus ojos cruzarse, cómo se ayudan a caminar es de las experiencias más sobrecogedoras y bellas que se pueden vivir. Luchar por ser una de esas parejas. Está en vuestras manos.

AMAR ES...PERSEGUIR UNA ACTITUD POSITIVA

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Ante los problemas de la vida (grandes o pequeños) somos nosotros mismos los que decidimos cómo afrontarlos. 

Los problemas no tienen peso específico, no tienen la cualidad de poder definirse por niveles, porcentajes, magnitudes físicas. Se definen por cómo los afrontamos, por una decisión personal de gestión de la dificultad y el dolor.

Obviamente no será lo mismo la rotura de un pie que el incendio de una casa, no tiene la misma repercusión ni movilizará en nosotros tantos recursos para su gestión. PERO (debería decir mejor:  PERO es la forma en que decidimos hacer frente al problema lo que definirá el nivel de sufrimiento. 

La resiliencia es un concepto básico en el afrontamiento de problemas: la capacidad para crecerse ante las dificultades. En el extremo opuesto a la persona resiliente estaría la persona débil y victimista.

Los victimistas tienen un componente tóxico y un poco chupóptero de la energía de los otros. Ante las dificultades no se toman ni un tiempo mínimo en intentar afrontar los problemas, buscar soluciones, crecerse. Su forma de actuar es cómoda y sencilla: "si tengo un problema y se lo transmito a mis allegados como algo insalvable y que me hace sufrir inmensamente, ellos se sentirán responsables de aliviar mi sufrimiento".

El concepto como cómodo es comodísimo, es como pasar el testigo en una carrera de relevos: te paso mi dolor y así me alivio yo. 

Las personas que actúan así muestran muy poco amor por las personas que les rodean. Nada produce más impotencia que ver a una persona derrotada y que no hace esfuerzos por mejorar su situación, de la que hay que tirar continuamente como un pesado fardo que llevamos a la espalda. 

No existe problema en el mundo que no pase por el tamiz de nuestra propia valoración, de nuestros intentos por afrontarlo. La ayuda de las personas que nos quieren resulta fundamental (el apoyo social es básico en la superación del problema), pero no podemos dejar de diferenciar entre APOYARSE y TIRARSE ENCIMA DE. 

Querer a alguien, cuando tienes un problema, pasa por hacer esfuerzos (los que se puedan, grandes o pequeños, exitosos o tan solo intentonas) de salir adelante. Eso ofrece seguridad a las personas que nos rodean respecto a que estamos intentando afrontar las situaciones, que nos pueden dar la mano para recorrer el camino, pero que no tienen que llevarnos a su espalda.

Cuando tengas alguna dificultad en la vida, por favor, muestra amor a los tuyos. Mírate en un espejo a los ojos, busca la fuerza en tu interior y llega hasta donde puedas, siempre tendrás a los tuyos para acompañarte en los desiertos de la vida, pero no les hundas innecesariamente con el peso emocional de tirar de un carro que no quiere rodar, que quiere que le lleven en volandas.

Nunca digas "NO PUEDO" sin intentarlo, estarás diciendo "ME QUIERO MAS A MI QUE A TI", y todo lo que venga después, piénsalo en tu interior, serán palabras vacías. 

SOY CREYENTE, Y ME ENCANTA

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Hoy hablaba con una Amiga (con A mayúscula, a pesar de que no nos conocemos personalmente, ni lo necesitamos) y en un momento dado, por un tema personal me ha preguntado: eres creyente? Sí, lo soy. Creyente de las que tuvieron mil crisis de Fe, de las que creen después de renegar.

Soy católica desde que nací, y en esa Fé me criaron mis padres. Pero por algún motivo a mi no me llegaba ningún mensaje. De niña ir a Misa era el peor de los suplicios, no entendía nada y mi madre me daba unos pellizcos espantosos si me entraba un ataque de risa (me sigue sucediendo, hasta en los funerales, es una risa nerviosa). 

Seguí todos los preceptos de la Iglesia, customizándolos según crecía hasta convertirme una adulta sin tiempo para Dios. En ese momento pesaba más la superstición que la convicción.

Tuve hijos y les enseñé mi religión, y luego les dejé decidir. También es cierto que mi interpretación de la religión es un poco sui géneris y no establezco ningún tipo de diferencias entre la Fe, y considero las religiones interpretaciones muchas veces mediadas por el entorno cultural donde se desarrollan. 

Las circunstancias de la vida, me hicieron enfadarme con Dios y negarle. Eso y por supuesto, mi actitud prepotente de mujer de Ciencia (no está bien visto ser psicóloga evolucionista y creer en Dios). 

Y me reencontré con la Fe a través de mis pacientes. Ellos me enseñaron que Dios es todo o es nada, según el lugar que le demos en nuestro corazón. Dios es atemporal, incorpóreo, imposible de dimensionar. Dios habita en nosotros a través de nuestros actos, a través de la Esperanza, a través de la capacidad de sentir amor hacia aquellos que no conocemos, Dios es lo que nos hace ayudar a una anciana, enseñar a nuestros hijos a elegir el bien antes que el mal y muchísimas cosas que no tienen nada que ver con el concepto que parece entenderse por Fe.

Algunos dirán que eso es simplemente moral, pero va mas allá. La moral no nos acompaña, no dialogamos con la moral y especialmente, no nos hace no sentir miedo del futuro.

Yo me reencontré con Dios a través de una paciente (que ni siquiera sé si es católica), pero entendí que su afrontamiento a situaciones increíblemente duras, su dulzura, su paz interior, su falta de buscar culpables o quejarse de su suerte, tenía que ser la esencia de la Fe.

Ese día volví a creer (los renegados somos muy felices en el reencuentro).

Sigo sin ir a Misa, sigo sin saberme el Padre Nuestro actual (de hace 25 años), pero todos los días celebro mi propia liturgia con Dios, cuando en un diálogo interno le confieso mis miedos y me manda fuerza para seguir sin enfadarme con el mundo, le cuento mis errores y mis fallos garrafales cuando no tengo paciencia, o contesto como una borde, o miro hacia otro lado en vez de tender la mano a quien lo necesita, o me falta un te quiero para mis hijos o para mi madre, por pereza.

La Fe me ayuda a continuar y me ayuda a trabajar, no es esencial para mi profesión, sólo me da una dosis extra de humanidad en las ocasiones que considero que mi mano puede servir a una persona para reflotar, más allá del trabajo y más cerca del ser humano.

Y entiendo a todos los que no creen (yo también milité mucho tiempo en ese bando), pero sinceramente, a mi, una vez que encontré la Fe dentro de mi y supe lo que significaba me ayuda que mi mejor amigo sea Dios. 

Este es el secreto de mi alegría, de mi fuerza. Yo nunca estoy sola. Juego con la ventaja de algo muy poderoso que me impulsa y me consuela.

Creo que es la experiencia interior que más me ha gratificado en mi vida.

Me siento afortunada

Extracto del libro Señor Dios, soy Anna (Fynn). Regalo de mi madrina cuando era una niña

Es fácil darse cuenta de la diferencia que hay entre un ángel y una persona. La mayor parte de un ángel está por dentro y la mayor parte de una persona está por fuera

Fynn
"Señor Dios, Soy Anna" 
Ed. Urano

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Ciclo Vital: una pequeña reflexión

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Si nos centramos en las tres etapas centrales de la vida de una persona: juventud/edad adulta/madurez, podemos sacar una conclusión:

En la juventud LUCHAMOS POR AQUELLO QUE DESEAMOS

En la edad adulta DESCARTAMOS AQUELLO QUE NO QUEREMOS

En la madurez disfrutamos del balance entre lo conseguido y eliminado.

No vale de gran cosa mirar al pasado con nostalgia, sobre aquellos ideales de juventud que no logramos alcanzar. La juventud está llena de optimismo, y muchas veces la ilusión (tremendo don que jamás deberíamos perder) se alía con la fuerza para ponernos metas que no llegamos a alcanzar.

Ya en la madurez hemos trazado un camino, no inalterable, pero al menos sí en cierta manera previsible, es donde podemos decir que no a aquello que nos desagrada o nos hace sentir incómodos o infelices, es más un trabajo de "poda" de todo aquello que hemos conseguido en la juventud, desechando lo que realmente ya no nos interesa.

Pero la edad realmente dorada es aquella en la que hemos logrado el equilibrio, en el que las fuerzas en oposición se han equilibrado y podemos disfrutar de los sueños acumulados en nuestra vida sin llevar pesadas cargas de situaciones que no nos hacen realmente felices.

El Eclesiastés dice: 

Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo:

2 un tiempo para nacer,
    y un tiempo para morir;
un tiempo para plantar,
    y un tiempo para cosechar;
3 un tiempo para matar,
    y un tiempo para sanar;
un tiempo para destruir,
    y un tiempo para construir;
4 un tiempo para llorar,
    y un tiempo para reír;
un tiempo para estar de luto,
    y un tiempo para saltar de gusto;
5 un tiempo para esparcir piedras,
    y un tiempo para recogerlas;
un tiempo para abrazarse,
    y un tiempo para despedirse;
6 un tiempo para intentar,
    y un tiempo para desistir;
un tiempo para guardar,
    y un tiempo para desechar;
7 un tiempo para rasgar,
    y un tiempo para coser;
un tiempo para callar,
    y un tiempo para hablar;
8 un tiempo para amar,
    y un tiempo para odiar;
un tiempo para la guerra,
    y un tiempo para la paz.

Vivamos la plenitud de cada momento, apreciemos el momento de sembrar, el momento de recoger y el momento de sentarnos al atardecer, sin más afán que ver el trigo meciéndose al sol.

¿Pensamos o dejamos que piensen por nosotros?

Vivimos momentos de una gran convulsión política. Tal vez no de ahora, probablemente hace demasiado tiempo que dejamos de pensar para creer ciegamente en lo que nos dicen.

Es común que sobre unas ideas generales (o basadas en la tradición política familiar), se filtre la información de forma que sólo se crea lo que dice una parte, ignorando o poniendo de relieve los fallos o las acusaciones que se vierten sobre los otros.

Nos polarizamos, perdemos el mas valioso de nuestros sentidos: el criterio personal, y sin saberlo, nos hemos convertido en lacayos de lo que unos u otros dicen sin poner jamás una nota discordante.

La Psicología Social, durante muchísimas décadas ha realizado experimentos sobre los fenómenos que conducen a la polarización de las masas, a la influencia que se puede tener sobre las personas. Es de sobra conocido por los líderes políticos el resultado de estos experimentos, y, desgraciadamente los saben aplicar a la perfección.

Tal vez sea el momento de que resulten más divulgativos, que podamos por un segundo preguntarnos a nosotros mismos si nuestras ideas son nuestras o concedemos más credibilidad a según quien lo dice, o somos más o menos magnánimos en nuestro juicio dependiendo de quien cometa la falta.

Os propongo leer un pequeño estudio que explica la PRESIÓN EJERCIDA SOBRE LOS COMPAÑEROS Y CÓMO INFLUYE EL JUICIO QUE UNA PERSONA REALIZA MÁS ALLÁ DE LA INDIVIDUALIDAD.

Espero que os guste, porque en cualquier caso, prometo ser menos perezosa e intentar ir poniendo más información sobre estos experimentos de Psicología Social, que nos ayuden un poco a todos a salir de nuestra radicalización y dejemos de ser ratas de laboratorio para volver a ser personas.

EL EXPERIMENTO DE ASCH

El experimento de Asch, por Solomon Asch, fue un famoso experimento, diseñado para probar como la presión ejercida por compañeros (bien fuesen de trabajo u otros campos) hasta hacer que un sujeto se conforme, influía en el juicio y la individualidad de un sujeto de prueba.

El experimento se relaciona estrechamente a los experimentos realizados en la prisión de Stanford y a los experimentos de Milgram, en el hecho que el experimento de Asch trata de mostrar cómo seres humanos perfectamente normales pueden ser presionados hasta mostrar un comportamiento inusual ligado a la fuerza ejercida por las figuras de autoridad, o por el consenso de la opinión de otros que les rodean

Para el experimento, ocho sujeros fueron sentados alrededor de una mesa, con los asientos organizados según un plan construido cuidadosamente para evitar cualquier sospecha.

Sólo uno de los participantes era en realidad unmparticipante inocente y genuino en el experimento reclutado de afuera, el resto eran cómplices de los experimentadores, cuidadosamente instruidos para dar ciertas respuestas preseleccionadas. Dada esta meticulosa construcción del experimento y su estrategia,  una cantidad variable de la presión del grupo iba siendo ejercida sobre el unico verdadero sujeto experimental.

El experimento era simple en esencia; cada participante, siguiendo su turno asignado, era invitado a responder una serie de preguntas simples por ejemplo:  Qué línea de una cierta figura era más larga, o cual de todas las lineas presentadas concordaba con la línea de referencia etc. 

En un pricipio, los participantes dieron una variedad de respuestas correctas para no despertar sospechas sobre la naturaleza ral del experimento, pero adicionando progresivamente algunas respuestas incorrectas.

Esto fue pensado con el fin de permitirle a Asch el determinar cómo las respuestas del sujeto iban cambiando con la influencia de la presión de grupo.

Los resultados del experimento de Asch fueron interesantes mostrando que la presión social puede tener una influencia medible sobre las respuestas dadas.

El grupo de control es decir, los participantes que no estaban expuestos a la presión de grupo y donde por ende todo el mundo respondía correctamente, levantó una sola respuesta incorrecta de las 35 respuestas, lo que probablemente podría explicarse por error experimental

A diferencia del grupo control, los resultados de los otros grupos fueron muy interesantes; demostrando que, cuando los sujetos estaban rodeados de gente que daba respuestas incorrectas a las preguntas dadas, más de un tercio de los sujetos se dejaron llevar y manifestaron una opinión o respuesta errónea.

Al menos el 75% de los sujetos dieron la respuesta equivocada a por lo menos una pregunta, a pesar de que el error experimental puede haber tenido alguna influencia en esta figura. No había duda, sin embargo, de que la presión de los compañeros puede causar la conformidad en un individuo inmerso en este tipo de situaciones.

al analizar estos resultados, se debatió si esto podria ser a concequencia de la gente no cree en la evidencia vista por sus propios ojos o si era sólo un caso de conformidad, el hehco de que la gente escondiera sus verdaderas opiniones.

Otros experimentos posteriores al de Asch demostraron que el número de voces disidentes proporcionaban una diferencia en los resultados, al igual que la contundencia que tuviesen los confederados.

Un confederado con respuestas incorrectas hacía poca diferencia en cuanto a las respuestas del sujeto del experimento, pero en cambio, la influencia aumentaba de manera constante si dos o tres personas confederadas no estaban de acuerdo.

Las cifras no cambiaron mucho después de este punto, entre más confederados hubiesen en un grupo, mayor era la diferencia que se producía. El número de personas en el grupo también influenció los resultados asi como las voces disidentes que fue una variable nivelada en grupos de más de seis o siete personas.

Los experimentos también mostraron que, si aunque sólo fuera un otro participante el que esté en desacuerdo con los confederados, el sujeto tenía más probabilidades de resistir la presión de grupo, pero si era al contrario, parecia ser más difícil resistirse a la mayoría si el sujeto estaba aislado.

El experimento de Asch demostró que una voz puede hacer la diferencia entre muchos.

Otros experimentos de seguimiento, donde los sujetos se les permitió anotar las respuestas de forma anónima, mostraron mucho menos respuestas incorrectas. La comodidad del anonimato asegura que aparecer ridículo frente a otros sea mucho menos una fuente de presión.

CONCLUSIÓN: ANTE LA PRESIÓN DE LA OPINIÓN DEL GRUPO, TENDEMOS A CAMBIAR NUESTRO PROPIO CRITERIO PARA HACERLO MÁS PARECIDO AL DE LA MAYORÍA

 

Copy of Los buenos propósitos de Septiembre

En el mes oficial del inicio de colecciones que se inicia mañana, no podemos dejar de lado los propósitos que nos hacemos para este "nuevo año escolar".

Sólo os pido que al pensarlos, tengáis en cuenta el camino además del destino. En este sentido en psicología hablamos de MINDFULNESS,  que supone la conciencia plena de lo que nos sucede en cada momento.

Disfrutad del camino, y para ello, para que podáis comenzar una pequeña reflexión de la importancia del proceso y su disfrute más que de los resultados, os dejo el poema de Itaca, sin duda todo un compendio de lo que debería ser cómo llegar a un objetivo.


Si vas a emprender el viaje hacia Itaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencia, en conocimiento.

A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en loa emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperlas y coral, y ámbar y ébano,
perfúmenes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas.

(Constantino Kavafis, 1863-1933, Poesías completas, XXXII)

opinión de una psicoterapeuta desde el trato con los pacientes

Ultimamente se habla mucho de quitar la Misa de la 2 los domingos, como si fuera algo importante, como si fuera una decisión política de altísimo nivel.

En este sentido me gustaría dar mi humilde opinión desde las trincheras, desde la persona que trata día a día con personas, de forma individual, y puede dar su punto de vista a este respecto.

Cabe decir, y como declaración de intenciones, que mis creencias personales, son como mis filias, mis fobias, mis ideas políticas o mis alergias alimenticias: son parte de mi vida y no de mi trabajo, y cuando estoy trabajando estoy en la piel de los pacientes y no en la mía propia, con lo que intento comprender su punto de vista, sin juzgarlos bajo ningún concepto.

He visto muchísimos pacientes agnósticos, pero también he visto muchos pacientes creyentes. Hay un punto de diferencia entre ambos colectivos: su forma de afrontamiento., su visión de la desesperanza.

A todos ellos se les intenta explicar constructos que no son visibles (la mente) o formas de actuación que pueden promover un cambio en sus vidas y en sus problemas (ser proactivos, ser asertivos, control de la ira, pensamientos racionales...).

Sin embargo, cuando trabajas con pacientes creyentes y les hablas sobre formas de superar determinados problemas, ellos mismos te apuntan: tengo Fé.

El trabajo terapéutico con estas personas siendo lo mismo no es igual, ya que parten de unas fortalezas interiores basadas en la convicción de Dios que les ayuda y les da fuerza para no hundirse, para tener esperanza a través del sufrimiento. 

A estas personas no hay que animarlas a que salgan a la calle o proponerles actividades de tipo social para que no se desconecten del mundo: van a Misa, tienen sus amigas del ropero social, etc.

Podemos pensar igual o podemos pensar diferente. A mi me gusta pensar que todos cabemos en un mundo en el que la diversidad es maravillosa.

Respeto especialmente a las personas creyentes a partir de mi experiencia con afectados por el accidente de tren de Santiago. Viajaban muchas personas mayores, muchas creyentes. Al hablar con ellas, descubrí que hay un consuelo diferente al de la palabra que se le puede ofrecer, es el consuelo que nace de ellos mismos y de sus creencias, que les impulsa a aceptar la situación y seguir el camino, y me recordó a la Terapia de Aceptación y Compromiso, una terapia psicológica de Tercera Generación (de lo más nuevecito). 

Yo admiro a las personas que tienen una creencia superior, porque no sé si están equivocadas o están en lo cierto, pero el problema no es si están equivocadas porque exista "algo" después o no, que realmente es lo que menos me preocupa, es poder vivir con esperanza, es poder sentirse acompañada en el desconsuelo.

Los psicólogos no somos quienes para estar a favor o en contra de las creencias de las personas. Estamos para aceptarles íntegramente (excepto, lógicamente en las patologías) y utilizar su forma de ver la vida cuando nos puede beneficiar para promover el cambio psicológico hacia su bienestar emocional.

Hablo de católicos por estar ahora en el ojo del huracán a cuentas de la Misa. No comprendo que quieran quitar un bien para personas que, justamente pertenecen a colectivos necesitados (ancianos e impedidos). Ellos encuentran un consuelo, que si nosotros no necesitamos no podemos negar a los demás.

Podríamos estar en contra de los anuncios de hamburguesas si somos vegetarianos, o de ropa cara si somos anticonsumistas, o del día del padre si un divorcio desastroso nos privó de volver a verlos.

Debemos ser una sociedad comprensiva y eliminar aquello que hace daño a sus ciudadanos, pero realmente, admiro a las personas que encuentran consuelo, y a aquellos que tanto les moleste, les recuerdo que la televisión tiene más canales.

Y si el asunto es que todos pagamos en un Estado Aconfesional, recordar que pagamos muchas cosas en un Estado Aconfesional que no va en intereses de todos, y en cosas con las que muchos estamos completamente en desacuerdo, pero la idea tendría que ser dar el mayor servicio al mayor número de personas posibles.

Ser mayor, estar impedido, ser creyente y obtener consuelo en una Misa dominical no debería ser motivo para echarnos encima como hienas. Nuestro deber es ser solidario hacia las personas, y especialmente hacia las que más necesitan de nuestra ayuda.

Esta es una reflexión basada en personas y no en política. Os repito, mis ideas políticas hace demasiado tiempo que murieron, justo en el momento en que por mi profesión, me dedico a saber exactamente cómo son las personas, una a una. Eso te hace flexibilizar mucho las opiniones y no ser tan tajante en muchos aspectos.

 

Antes de insultar...enciende el corazón

¿Qué nos pasa? ¿Dónde quedan nuestros auténticos sentimientos cuando herimos a los seres que más queremos?

Demasiadas veces faltamos al respeto, hablamos mal, herimos a aquellos por los que daríamos la vida. No pensamos, el rencor, el dolor del momento nos ciega y dejamos de ver lo que significa la persona para centrarnos en hacer daño.

¿Cómo se puede insultar a tu pareja?, ¿Cómo se puede ridiculizar o denigrar al hijo adolescente? Lo hacemos, a menudo, demasiado a menudo. Somos incapaces de replicar al jefe (ese señor que es importante para llenar nuestra nevera pero que jamás nos hizo temblar de emoción) y sin embargo, ante aquellas personas que hicieron que tan solo por existir se nos arrasaran los ojos de una emoción indescriptible, de un amor sin medida, sacamos lo peor de nosotros.

La próxima vez que vayas a insultar a alguien a quien amas, por favor, piénsalo: estás hiriendo lo más preciado de tu vida. Tal vez haya otras maneras de hacer sentir tu dolor que no pasen por hacer lo que juraste jamás hacer.

A veces nuestra pareja nos irrita, y gritamos nuestro enfado y nuestra impotencia, pero insultar es insultarnos a nosotros mismos: si piensas lo que le estás diciendo a tu pareja (habitualmente que es lo peor), significa simplemente que tu estás con lo peor, que te mereces lo peor. ¿es así? seguramente no. Estás con quien amas, probablemente has construido una vida a su lado, y la vida son espinas y son rosas, pero no hace falta envenenar las espinas, tan sólo comprender que a veces hay dolor y otras alegrías, y que no siempre todo es perfecto o sale como quisiéramos (poco aprenderías de la vida, la verdad).

Lo mismo pasa con los hijos. Especialmente los adolescentes, a veces se les critica, se les llama inútiles, se les considera vagos, infantiles, irresponsables, mentirosos, sucios...pero son nuestros hijos, y no son nada de eso. No les digas eso, por favor, nunca más antes de recordar la primera vez que estuvo entre tus brazos (sí, el inútil, vago, irresponsable, mentiroso, desordenado ese). Darías tu vida por él. Empieza por darle tu comprensión. Bájate de tu pedestal de "adulto responsable que lo sabe todo" y empieza a ser padre, padre de verdad, el padre asustado porque estás igual de asustado ahora que cuando no sabías cómo poner un pañal (pero ahora las dudas se notan más).

Tienes la oportunidad de amar. Ahora. Sé valiente, sé frágil, pero nunca, jamás vuelvas a faltar al respeto a lo que amas. Grábate ese momento en que la emoción te hizo sentir que tu vida era para hacer feliz a otros. No dejes que la rutina, el cansancio, el tiempo mate ese sentimiento: el más puro, el más auténtico que has sentido.

Los tuyos, lo tuyo, se merecen una mirada al corazón

Queda oficialmente inaugurado el período "objetivos para no cumplir"

 

Seamos realistas: ponemos el arbolito, empezamos las compras navideñas como posesos, comemos y bebemos como si no hubiera un mañana... y nos hacemos los propósitos para el próximo año.

Parece que tan sólo con formular nuestros objetivos para cambiar definitivamente nuestra vida, fueran ya una potencial solución.

Obviamente es una época dorada para gimnasios, fabricantes de parches de nicotina, la sección de productos "light" de cualquier hipermercado, vendedores de colecciones y, como no, las academias para aprender chino mandarín.

No aprendemos, año tras año nos marcamos objetivos que caducan más o menos a la velocidad de una bandeja de pollo, y seguimos insistiendo, casi con la misma fe como en conseguir "El Gordo" de Navidad.

Parece que mi opinión es muy negativa sobre "los propósitos de año nuevo", y realmente no es así, tan sólo me parece que requiere un par de ajustes: utilizar un poco la experiencia, el sentido común y manejar la visión realista de las cosas.

Si nos marcamos objetivos demasiado ambiciosos, probablemente nuestro subconsciente maneja la posibilidad de fallar: es obvio: "no pude hacerlo porque era imposible" es mejor que "no pude hacerlo porque si no lo hago en octubre, a saber por qué iba a hacerlo más de 10 días en enero".

Además del gasto económico que puede suponer la compra de la hidratante que te vas a echar cuatro días, la cuota del gimnasio (o el entrenador personal, que una meta en una meta), el fracaso periódico en nuestras metas produce un PERJUICIO PARA NUESTRA MOTIVACIÓN: el hecho de haber fallado en aquello que nos hemos propuesto es la excusa perfecta para justificar nuestra falta de impulso en pequeños objetivos: "para qué voy a cuidarme la alimentación si este año dije que bajaba 4 Kgs. y he cogido 7".

Sin embargo, el hecho de formular estos propósitos de año nuevo, nos permite saber exactamente cuáles son las parcelas de nuestra vida que nos tienen más insatisfechos: nuestra imagen personal, nuestro cuidado de la salud, el tiempo dedicado al ocio o a la familia, nuestro deseo de aprender cosas nuevas que siempre se quedan como un deseo no realizado...

Necesitamos unir los dos conceptos: los deseos de cambio que sí sabemos formular claramente (especialmente en estas fechas), y la visión realista de nuestras fuerzas, disponibilidad de tiempo y energía. 

Tal vez sea más prudente formular esos deseos de una manera muy precisa: "adelgazar 3 kilos caminando todos los días una hora y cenando fruta" que un "ponerme a dieta", por ejemplo. Los objetivos precisos, detallados y con un esfuerzo creciente son más fáciles de cumplir, ya que conseguir superar las pequeñas metas nos impulsa hacia adelante, mientras que vernos incapaces de alcanzar metas gigantes nos empuja a abandonar el esfuerzo.

De esta manera mi consejo es: final de año es un excelente período para recapacitar sobre aquello que deseamos cambiar en el futuro, pero hacerlo poco a poco, sin excesiva presión, sin una lista interminable de camios, hará más posible el éxito.

Y recordad: todos aquellos que habéis ido al colegio, sabéis en vuestro fuero interno que el año empieza en septiembre, como una eterna vuelta al cole que nos acompaña durante toda nuestra vida.

Felices y pequeños propósitos, y suerte con aquello que emprendais.

"egoísmo bueno y egoísmo malo"

 

El concepto de "egoísmo" nos ofrece un dilema moral: por una parte desde niños nos enseñan el concepto de "compartir" en contraposición al "egoísmo", que se considera algo malo.

Ciertamente el proceso de socialización implica compartir y colaborar para prosperar en la vida,  y entre las "aguas del recibir" y las "aguas del dar" se encuentra este concepto, que nos trae a todos un poco de cabeza.

Tenemos que diferenciar entre el egoísmo emocional y el egoísmo social.

Ser "egoísta emocionalmente" (no sale en wikipedia, me lo he inventado yo para hacerme entender), supondría ser conscientes de nuestras propias necesidades individuales y anteponerlas a las necesidades de los demás, siempre que no se invada a nadie ni a nada. Procurarnos un bienestar psicológico antepuesto al de los demás (amigos, familia, pareja), puede sonar "egoísta", pero es humano y sano y nos proporciona un equilibrio emocional.

Si estamos bien, podemos dar, si estamos mal, no tendremos nada que dar. 

De esta manera el término no debe asustarnos ni suponer un juicio moral en el que pensamos que somos malos porque pensamos antes en nosotros mismos que en los demás. 

Si conseguimos equilibrar la balanza entre lo que nos produce bienestar y lo que les hace feliz a los demás, estaremos más preparados para dar, simplemente porque tendremos más bueno que dar.

De esta forma parar las demandas del medio, saber decir no ante las presiones que no deseamos, buscar aquello que nos complace y nos hace felices, es un ejercicio de egoísmo sano y beneficioso.

La maternidad, por poner un ejemplo, podría considerarse un acto de entrega de primera magnitud, y no, no lo es: la maternidad (biológica o vía adopción) supone un ejercicio de egoísmo emocional, ya que no tenemos niños para hacer felices a los niños, sino para saciar un anhelo, un deseo personal, y por ello, jamás debemos decir a un hijo "deberías estar agradecido por lo que yo he hecho", sino: "tengo que darte las gracias por toda la felicidad que me has hecho sentir".

Diferenciemos entre comernos el mejor filete de la fuente y procurar nuestra propia felicidad, y seamos egoístas,  lo más egoístas que podamos para poder ayudar a los demás.

Que tengas un día, francamente egoísta!

 

"hacer de la necesidad virtud": implicaciones psicológicas

Todos sabemos qué significa "hacer de la necesidad virtud", lo que en psicología se denomina reducción de la disonancia cognitiva.

Este proceso psicológico, por el que existe una situación o una actitud que no compartimos, terminamos por aceptarla y ver su parte positiva, supone un acercamiento entre "lo ideal y lo real", que puede ser muy positivo en algunas ocasiones y otras en cambio producir efectos negativos en la salud  mental de la persona.

Hay ocasiones en que realmente no podemos ajustar nuestra actuación o nuestros deseos a la realidad. Ante esta situación podemos deprimirnos, enfadarnos, estar permanentemente amargados o intentar ver la parte positiva del asunto (lo que sería la vulgar teoría del ver el vaso medio lleno o medio vacío). Conseguir ver la parte positiva, sin olvidar que no es lo que deseábamos pero no procede otra situación, conectaría con el concepto de resiliencia, que significa ni más ni menos la capacidad de afrontar las situaciones con una actitud positiva, sin caer en la desesperanza.

En cambio, hay otras situaciones en las que la situación no nos parece la adecuada, y tratamos por todos los medios de buscar "la parte positiva", pudiendo poner medios para acercarnos a nuestro ideal y no haciéndolo. En este caso a pesar de que en "en el fondo de nuestro corazoncito" sabemos que disponemos de las herramientas necesarias para cambiar, no lo hacemos por miedo a posibles pérdidas, por tener que arriesgar algo, porque supone un esfuerzo o el enfrentamiento a algo desconocido.

De esta manera, si no tenemos posibilidad económica para cambiar "esa mesa horrible de la salita" y pensamos: "no es tan fea, es muy útil, en realidad tiene un tamaño perfecto", estamos utilizando la reducción de la disonancia cognitiva entre: mesa horrible/mesa útil, para nuestro bienestar.

En el otro extremo de la balanza estaría una pareja de "esas de echar de comer aparte", que nos hieren, nos hacen la vida complicada, no suponen ninguna fuente de bienestar psicológico, y por miedo a la soledad, al cambio, empezamos a reducir la disonancia cognitiva en forma de "igual es mi culpa, igual soy demasiado exigente, tiene muchos problemas y no sé apoyar"... en este caso, se pueden producir cuadros de depresión, trastornos psicosomáticos que afectan al estómago, piel, alergias.... porque en el fondo la persona sabe que está intentando obviar un problema de fondo.

A veces es complicado identificar un paciente con esta problemática, ya que ellos mismos lo han interiorizado tanto que no son capaces de ver su realidad. Una vez que identifican la situación y empiezan a trabajar en reducir la distancia entre sus propias creencias y un presente que les hace infelices, van cogiendo fuerza para luchar, no por esa reducción de la disonancia cognitiva, sino por sus propias metas. 

¿Enfadado con el mundo?

Hay personas que parece que se han enfadado con el mundo. Siempre se están quejando de todo y la misma expresión de su rostro refleja acritud. Son personas adustas.

¿POR QUÉ HAY PERSONAS QUE SE ENFADAN CON EL MUNDO?

Simple y duro: porque no se soportan a ellas mismas.

Hasta aquí creo que casi todos (menos "los rancios") lo tenemos muy claro. Que levante la mano el que no tengo algún conocido de esos que parece que habita en Mordor y siembran un clima de malestar con sus comentarios, sus actitudes o sus gestos. 

No veo manos y sí cara de circunstancias. Los conocemos, los aceptamos con resignación, pero no llegamos a comprenderlos, porque ni ellos mismos se comprenden.

¿DE DÓNDE VIENE ESE ENFADO CON EL MUNDO?

El problema de esa falta de satisfacción personal debe pasar el filtro de la introspección. En ocasiones las personas se ponen metas muy elevadas o consideran que el "por ser vos quien sois" es suficiente para lograr todas sus metas, pero éstas son tan elevadas que no se dan cuenta que para llegar arriba hay que ir subiendo los peldaños, y algunos andan flojos. Existe en muchos casos una BAJA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN que ocasiona abandonos constantes en los proyectos, sensación de hastío y la consideración del mundo como un valle de lágrimas.

En otras ocasiones las personas se centran en lo que tienen los demás, y no hablo de pertenencias, hablo de algo más difícil de obtener porque no se compra con dinero: tienen ilusiones, y ellos no, lo que les supone una gran insatisfacción que vierten al exterior sin preguntarse si "tal vez" deberían analizar que la ilusión es algo que nace de uno, que no puede copiarse ni imitarse, que el autoconocimiento puedo llevarnos a saber lo que nos gusta y lo que no, sin más, aunque con nuestros gustos entremos directamente en la categoría "perro verde" (perro verde es mejor que ser de los tristes). Ver una persona ilusionada con su nueva moto de quinta mano, comprarnos una moto de 1.200 cc y pensar que a más cilindrada más ilusión y ver que no, que sólo tenemos una moto pero no nos mueve por dentro nos hace enfadarnos con el mundo.

Es éso, tan sencillo como eso. Las personas se enfadan con el mundo porque no consiguen la satisfacción personal que ven en otras personas con pequeñas o grandes cosas. Nada les llena, y se convierten en personas amargadas, tristes, en muchas ocasiones faltas de empatía o simplemente antipáticas o egoístas.

¿Y ESTAS PERSONAS PUEDEN RECONCILIARSE CON EL MUNDO Y LA HUMANIDAD?

SÍ, POR SUPUESTO.

Es un trabajo terapéutico intenso, descentrar a la persona del concepto "mi ombligo es el centro del mundo" es complicado, porque en principio lo ven como un ataque personal. Son personas con muy baja autoestima, probablemente un pasado con dificultades en el que no encontraron los apoyos suficientes y poca capacidad de análisis de su situación personal y de por qué no son capaces de sentir satisfacción.

Probablemente tengan un pobre autoconcepto y sean... pelín envidiosas de la felicidad ajena.

Enseñarles a disfrutar de las pequeñas cosas de su vida, que aprendan a valorarse y comprender que su actitud personal frente a las personas es también importante y suele producir un efecto boomerang: si soy amable son amables, si sonrío me sonríen, si alegro se alegran de verme... y sonreír a la vida, aunque toda la satisfacción que puedas encontrar en un momento dado sea...comprarte un body milk con tu olor favorito, por algo se empieza, es tu olor es tu body milk y es la satisfacción que te produce olerlo.

"Los tristes" son uno de los núcleos de tratamiento más difíciles que existen, por su resistencia al cambio. Necesitan terapias combinadas de varios tratamientos y varios frentes que tratar, sin embargo, que aprendan a encontrar dentro de ellos la ilusión es reconfortante y una de las labores más apasionantes con las que nos encontramos.

PDT: hay un video de youtube sobre un dibujo animado que se llama "Trapito", muy antiguo, mis hijos lo veían de pequeños, pero creo que resume en esencia de lo que os estoy hablando. Os animo a verlo, especialmente a los que os miréis en el espejo y veáis un rictus en vuestra expresión, independientemente de vuestra edad.

Esta es la canción de "Trapito: la granja de Largirucho"

Los buenos propósitos de Septiembre

En el mes oficial del inicio de colecciones que se inicia mañana, no podemos dejar de lado los propósitos que nos hacemos para este "nuevo año escolar".

Sólo os pido que al pensarlos, tengáis en cuenta el camino además del destino. En este sentido en psicología hablamos de MINDFULNESS,  que supone la conciencia plena de lo que nos sucede en cada momento.

Disfrutad del camino, y para ello, para que podáis comenzar una pequeña reflexión de la importancia del proceso y su disfrute más que de los resultados, os dejo el poema de Itaca, sin duda todo un compendio de lo que debería ser cómo llegar a un objetivo.


Si vas a emprender el viaje hacia Itaca
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencia, en conocimiento.

A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en loa emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperlas y coral, y ámbar y ébano,
perfúmenes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Itaca te enriquezca.
Itaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.
Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
Rico en saber y vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Itacas.

(Constantino Kavafis, 1863-1933, Poesías completas, XXXII)

lucha por tus ilusiones

Y de repente... llega el día en el que te enfrentas a una mañana sin expectativas, sin ilusión. Una página blanca que no sabes cómo llenar, y eso te aterra, y te sientes sola y triste, y miras a las personas a tu alrededor sonriendo, charlando, haciendo planes y el vacío en tu interior se hace inmenso.

Perder la ilusión no es como perder las llaves del coche, no te despiertas un día y ha desaparecido. Es un proceso lento, en el que nos vamos hundiendo como aguas movedizas y en lo que no queremos pensar: la racha, malos tiempos, estoy estos días como de bajón...

Estar "de bajón" le pasa al más común de los mortales, desde el palo de Hacienda a un par de noches que descansas peor puede producir unos días de falta de energía y de motivación, pero eso es algo pasajero. Mundano, insustancial. No hablo de eso.

Hablo de algo que puede ser una sensación anímica demoledora y que muchas veces pasa desapercibido para los allegados. La persona continúa su vida, como un autómata, poniendo buena cara, sigue con su trabajo e incluso en algunas ocasiones (las menos) consiente en salir con los amigos. Sale por salir, porque de hecho sólo está deseando volver a su zona de confort, ese lugar solitario en el que continuamente piensa, una y otra vez en la soledad no deseada, en la falta de motivación por la vida y en la incapacidad de encontrar soluciones.

Es complicado el paso hasta que estas personas deciden pedir ayuda terapéutica, normalmente creen que lo que ellos no han conseguido, es imposible que otros lo consigan.

Sin embargo la tarea, en la que sin duda el paciente lleva el peso del trabajo, es altamente gratificante. Cosas simples como hacerles reír, hacerles recordar momentos felices de su vida ejercen en ellos un efecto positivo, es como depositar la semilla de algo que hubo, y a partir de ese momento ayudarles a que germine el "habrá".

El trabajo siempre pasa por tareas para casa, que en principio son consideradas como un suplicio, pero el cambio de actitud genera al cabo de poco tiempo un incremento de activación un cese de los pensamientos obsesivos y pesimistas sobre el futuro que va abriendo miras hacia un futuro mejor.

La semana pasada tuve la oportunidad de ver un ex paciente de estas características...vaya con el de la falta de ilusiones! El nuevo terremoto que pasó por mi consulta a saludar tenía una agenda de actividades, de planes de futuro, de conversaciones sobre pequeñas cosas que le habían ilusionado durante los últimos tiempos que, debería haberme sentido satisfecha por el trabajo, pero reconozco que sentí una pequeña punzada de envidia.

La ilusión se recupera. Cuesta más que la desesperanza pero sus frutos son tremendamente más dulces y duraderos.

¿Es tu vida un valle de lágrimas?

El victimismo es un mal común entre las personas, una rémora que le impide avanzar hacia sus objetivos y le sirve de excusa para justificar conductas de pasividad y falta de iniciativa en la vida.

La persona que se considera una víctima cree que el mundo en general está en su contra, que tiene peor suerte que los demás, que hace "grandes esfuerzos" pero nunca logra nada mientras que para los demás la vida resulta un camino de rosas.

En la base de este problema, y que se puede detectar en la niñez (y modificar) está el LOCUS DE CONTROL.

Este término consiste en la atribución de responsabilidad de los hechos de forma externa o interna.

Una persona con Locus de control externo considera los éxitos y fracasos como suerte, como cosas que suceden por azar y en los que ellos no tienen responsabilidad. Obviamente, el nivel de esfuerzo disminuye y aparece el victimismo: "la mala suerte".

Por el contrario, las personas con locus de control interno consideran que sus éxitos y fracasos dependen de sus acciones, y tienden a esforzarse y analizar los motivos de situaciones adversas y considerar que su esfuerzo tiene recompensas.

La víctima piensa mal de los demás: no le quieren, no le aceptan, le soportan porque no queda otra, lo que sucede es por maldad ajena... nunca se paran a pensar en la propia imagen que proyectan: en que los demás tienen que estar pendientes de él, que en vez de esforzarse por demostrar su valía se quejan de su incapacidad, que absolutamente toda la responsabilidad de las situaciones adversas son culpa de otro.

Reflexión ante las situaciones, intentar mejorar como persona, no esperar a recibir, sino dar (una y otra vez, sin medir resultados absolutos), fijarse metas y luchar por ellas y, especialmente analizar el por qué ocurren aquellas cosas que se traducen en su eterna mala suerte pueden ir modificando su relación con ellos mismos y con los demás.

Podemos pasar por la vida como nosotros mismos deseemos: nadie elige por nosotros: la valentía, apretar los dientes, buscar vías de solución, aprender de los errores o simplemente dejar que esto sea un camino de baches en el que estamos señalados con el dedo de la "maldición divina".

Cambiar nuestra forma de atribución de las situaciones, nos ayuda sin duda a dejar de pensar que "la vida es un valle de lágrimas": Nunca debemos de olvidarnos que nos dieron un boleto: una vida y sólo nosotros somos responsables del uso que le demos, y de cómo afrontemos las dificultades que se nos van presentando.