CRISIS EXISTENCIAL EN LA ADOLESCENCIA: EL DESCONCIERTO DE LOS PADRES

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La adolescencia es la edad más intensa en la vida del ser humano.

Podríamos decir que la infancia es la época de descubrir el mundo, la edad adulta la época en que intentamos maximizar los beneficios de nuestra vida a los recursos emocionales y económicos de los que disponemos, y la madurez la etapa en la que nos centramos en nuestros seres allegados y disfrutamos de las pequeñas cosas de una forma serena.

Pero la adolescencia… el paso de ser un niño a un adulto es difícil. La revolución hormonal, las inseguridades, el tremendo esfuerzo por conseguir ser aceptado por el grupo, la experimentación, las preguntas que se hacen los adolescentes sobre quienes son, qué quieren, cómo es el mundo, hacen que esta etapa de la vida sea especialmente vulnerable a padecer desajustes emocionales.

Yo suelo decirle a los adolescentes que están en “una etapa igual de maravillosa que de asquerosa”, y asienten, como si fuera la definición perfecta de sus vidas.

Un adolescente tiene una dicotomía respecto al tiempo: se creen eternos y a la vez las cosas tienen que hacerse al momento, como si no hubiera un mañana.

Es una etapa en la que descubren decepcionados que sus padres, los adultos en general tienen fallos, son imperfectos, y no pierden ocasión de expresar su desdén hacia aquellos que en otros tiempos eran sus referentes absolutos.

Porque no hay que olvidarlo: en la adolescencia el modelo a seguir, el timón de su vida ya no son los padres, están seguros que ellos pueden dirigir su día a día de forma mucho mejor, y allí andan, dando bandazos (sanísimos por otro lado), jugando al ensayo-error, como un experimento científico en el que no tienen la serenidad suficiente para analizar las consecuencias de sus actos, y en muchas ocasiones, no prestan atención a la responsabilidad de lo que sale mal.

Esta etapa también tiene una dicotomía respecto a la atribución de las responsabilidades: el locus de control. De esta forma todo lo malo “que les pasa” a nivel de tener amigos, su aspecto físico, etc, lo consideran su responsabilidad, mientras que unos pobres resultados en los exámenes, perder el abono de transportes o recibir una bronca de un profesor es culpa de los otros.

Los padres se sienten muchas veces perdidos con esa máquina que iba a la perfección y ahora anda a trompicones, como si se fuera a gripar. El niño de las buenas notas y el comportamiento intachable empieza a estar literalmente pegado a su móvil, perdiendo el contacto con la familia. Ninguno de los planes que les entusiasmaban les interesa (suelen detestar los planes en familia). Pasan muchísimo tiempo solos en su habitación, empiezan a elegir su ropa, muchas veces recibiendo la crítica manifiesta de sus padres, se interesan por el sexo opuesto pero tienen su cuarto como un potrero. Duermen como lirones, siempre están cansados (menos para salir), baja su rendimiento académico….

Esta etapa que los padres viven como una lucha constante, tampoco es fácil para los chicos. No se gustan. Se autocritican. Por otra parte tienen las emociones a flor de piel, cualquier discusión con los amigos se vive como un drama, y los primeros amores son motivo de una gran intensidad emocional, pasando de la risa al llanto por cualquier motivo.

Tener en caso un chaval en esa edad de ruleta rusa emocional necesita una dosis extra de paciencia por parte de los padres. Yo les daría dos recomendaciones, dos reglas de oro:

  1. Tomarse el tiempo para recordar cómo eran ellos en su adolescencia, lo que hacían, lo que sentían, lo que sufrían, lo que disfrutaban, lo que mentían….

  2. No entrar en veinte batallas a la vez. Elegir sólo aquellos asuntos innegociables y hacer la vista gorda en los menos importantes para no abrir la brecha de comunicación.

Es decir, la hora de llegada, estudiar sin móvil, cenar en familia pueden ser normas que no se discuten, pero si su habitación está hecha un asco, aprovechando la existencia de puertas, se cierra, y cuando su nivel de tolerancia al desorden y suciedad se vea sobrepasado, ya hará algo. Hay que educarles a que se responsabilicen, pero repetir 50 veces las cosas, amenazar, gritar, machacar para no conseguir nada, lo único que hace es reafirmarles en su opinión “ mis padres son unos histéricos, sólo chillan…”

Por otra parte nuestro hijo no es nuestro amigo: es nuestro hijo. No es conveniente invadir su espacio, interrogarle, enjuiciar a sus amistades, eso es un repelente de primera. Hay que dejarles claro que pueden contar con sus padres si tienen un problema, que le van a respetar, que no tienen que contar el fondo de los problemas, o todos los problemas, pero que en casa van a encontrar el apoyo seguro del amor incondicional, que si necesitan apoyo, allí tienen a sus padres, aunque sólo sea para abrazarles, sin preguntas, sin presiones.

Especialmente delicado es el caso de los adolescentes que “se pierden en si mismos”, que no saben encontrar la forma de encajar con los compañeros o que toman el camino de la autodestrucción a base de cuestionarse su valía personal. Muchos entran en un bucle de ensimismamiento, soledad autoimpuesta, creencia de que valen menos que los demás, que nadie les acepta. Algunos se vuelven cada vez más herméticos y encuentran normalmente en redes sociales grupos de chicos y chicas con sus mismos problemas. Esto puede ser muy peligroso: se retroalimentan los unos a los otros, empiezan a odiar la normalidad y se expresan como diferentes de forma desafiante: creen que son diferentes e intentan acentuar estas diferencias, muchas veces a través de distintas tribus urbanas: Emos, Raperos, Góticos, Heavies, Hippies, Punks, Skaters, Rastafaris, Otakus, Hipsters, Rockabillies, Steampunks, Swaggers, Gamers, Pokemones, Grunges……

Estas subculturas tienen sus propios códigos de estilos de vida, formas de vestir, etc. Algunas son peligrosas porque incitan a cortarse, a vivir en estados depresivos permanentes, otras simplemente se centran en juegos obviando el mundo exterior. Pertenecer a uno de estos grupos es una forma de autoafirmarse, pero el problema es que no se dan cuenta que aislarse del mundo exterior viviendo en su propia subcultura puede llegar a ser una forma de marginación, de la que en algún momento tendrán que salir para enfrentarse a la vida real, o al menos compaginar ambos mundos.

Lo principal es que los padres detecten síntomas de que algo en los chicos no va bien. Su mal genio, la oposición, querer saber más que nadie, son completamente normales. Aislamiento, tristeza, apatía, falta de interés por todo, absentismo escolar continuado NO ES NORMAL. En estos casos es necesario actuar, intentar ofrecerles apoyo, “ponerse en sus zapatos”, y en caso de que nada funcione, intentar que hablen con un profesional.

Muchos dirán que no tienen por qué contarle sus cosas a un desconocido, pero la idea es: precisamente porque es una persona que no te conoce no te va a juzgar, te va a escuchar y te va a dar algunos consejos para que estés más cómodo contigo mismo. No te conoce a ti, pero conoce los problemas de la adolescencia, las cosas que pasan, cómo se siente y cómo se piensa a esta edad, y no te va a dar consejos o charlas interminables sobre “lo que tendrías que hacer”, sólo te guiará para que tengas confianza en ti mismo, aprendas a batallar contra los estados de ánimo negativos, aprendas a quererte y valorarte, consigas no sentirte tan perdido, puedas ver distintas opciones que son como distintos caminos en la vida.

Desgraciadamente nuestra cultura va hacia caminos poco alentadores para tener una adolescencia tranquila. Hay demasiados factores que van apareciendo, que antes no tenían tanto peso específico, y que hace que esta edad sea muy vulnerable.

La paciencia es fundamental, pero la alerta, la vigilancia prudente a su mundo emocional es fundamental en estas edades.

2º Bachillerato: cuando la presión desborda al adolescente

2º Bachillerato es un año tremendamente complicado para los estudiantes.

A pesar de que llevan años teóricamente concienciados de la importancia de obtener una buena media para poder acceder a los estudios superiores que quieran cursar, a pesar de haber sido hasta ese momento alumnos excelentes, 2ª Bachillerato supone un esfuerzo académico y también para luchar contra la ansiedad, el cansancio, los nervios, el miedo al fracaso...

En este contexto aparece en consulta un perfil muy típico de paciente:

- Adolescente con buen expediente académico

- Motivación intrínseca hacia el estudio

- Alto grado de responsabilidad

- Metas profesionales definidas

- Baja autoestima

- Carencia de habilidades sociales

- Sobreprotección parental

Ante esta situación, el chico, que siempre ha sido responsable, con unos padres "muy encima" de sus estudios, acostumbrado a obtener buenas calificaciones y que hasta el momento, gracias a la constancia y el esfuerzo ha ido pasando los cursos sin ningún tipo de problema, se encuentra con EL MIEDO.

Aparecen pensamientos catastrofistas, no respecto a la posibilidad de suspender (al principio), simplemente de no obtener la nota media suficiente que le posibilitará el acceso a los estudios deseados.

Es el momento en que empieza un bucle de inseguridades: su rendimiento empeora porque sus pensamientos negativos interfieren en el estudio. Son incapaces de concentrarse, aparecen problemas de sueño y en muchos casos dificultades de relación con otros compañeros (los nervios pasan factura en todos). 

En algunos casos esta situación que el chico se está "tragando en silencio" (por no preocupar a sus famliares), se desborda en forma de crisis de llanto, problemas somáticos (dolores de cabeza de tipo tensional, problemas de estómago, etc), y en los casos mas extremos aparece el temido "ataque de ansiedad", que alarma tremendamente a la familia (un primer ataque de ansiedad puede acabar en el hospital por miedo a estar sufriendo un ataque al corazón).

La solución a estos problemas viene de la mano de las tecnicas de relajación y técnicas de afrontamiento de problemas.

Requieren ayuda para ser conscientes que la preocupación extrema empeora sus resultados, y la falta de concentración viene motivada por la rumiación de pensamientos negativos y la anticipación de un desastre.

Por todo ello, si el chico empieza a presentar síntomas de una ansiedad patológica: tome medidas. Necesitan ayuda, pero no sobreprotección, necesitan ánimos y ante todo, tomar el control de la situación. 

No conseguir nota para la carrera deseada se puede vivir como un drama, pero a veces tenemos que ser conscientes de la realidad: si nuestra nota media es de 8 tal vez no haya esfuerzo posible para conseguir entrar en las carreras con más exigencia en el expediente. Tal vez buscar ayuda en el orientador del centro pueda ayudar a asumir objetivos alcanzables y superar esta etapa con más tranquilidad.

Relajación, estrategias de afrontamiento, técnicas de solución de problemas, mejora de la comunicación, información sobre los efectos de la ansiedad y cómo manejarlo y...procurar al chico del descanso necesario son vitales para superar esta etapa que supone para muchos su primer reto real en la vida. 

otaku: la realidad va más allá de la ficción

El término otaku (おたく/オタク) se define como una persona fanática o con aficiones obsesivas, proviene de la cultura japonesa, y se aplica a cualquier tema, área o campo (juegos, grupos de música, afición, comics, películas, series, informática, automóviles, fotografía, etc.), sobre todo al anime y al manga.

Normalmente se trata de chicos con un nivel cultural normal, que han tenido problemas en el colegio desde pequeño, no consiguiendo integrarse plenamente dentro de su grupo, y siendo definidos como "raritos". Algunos relatan antecedentes de acoso escolar, otros simplemente aceptan no haber encajado con sus compañeros por no estar en absoluto interesados en sus aficiones.

El problema de estos adolescentes es el carácter obsesivo que imprimen a su afición/fascinación. Les aleja de su entorno social, no muestran ningún interés por los patrones sociales y culturales occidentales: no hacen ningún esfuerzo por su integración social, rechazando de plano la apertura hacia otras formas de diversión o de ocio: el anime, el manga es su vida y el resto de las actividades son totalmente menospreciadas.

Suelen tener un círculo de amistades muy reducido, que en algunos casos se limita a sus convenciones o "kedadas", pero es difícil que establezcan, incluso con otros chicos "otaku" buenas relaciones personales, siendo más de tipo superficial.

Realmente los otaku son solitarios. Pueden pasar muchas horas viendo películas en japonés (aunque no entiendan el japonés), dedicados a sus videojuegos o sus cómic manga, sintiendo que todo lo que no tenga que ver con ese mundo carece de importancia.

El gran problema que presenta un adolescente otaku es su carencia absoluta de habilidades sociales para establecer relaciones personales adaptadas, lo que a la larga les hace verse como "víctimas de una sociedad que les marca", mostrando en ocasiones falta de empatía y capacidad afectiva muy limitada.

Estos chicos pueden estar descargando sus grandes dosis de ansiedad en la obsesión por el manga o el anime, que es llamativamente alta (la gran diferencia entre lo que nos gusta y lo que no podemos parar de hacer).

De esta forma, a pesar de que un otaku no vaya a ser consciente de un problema de relaciones personales y limitaciones de ocio y de carácter afectivo, sería muy interesante que pudieran realizar una terapia (obviamente no encaminada a que dejen de lado sus aficiones), sino para poder dotarles de un mejor repertorio de habilidades sociales, y de una capacidad empática que le haga comprender que otros mundos distintos del suyo propio pueden ser complementarios y enriquecedores.

En algunos casos un otaku puede tener problemas importantes, como una personalidad antisocial, que queda enmascarada por el recurso fácil de "el chico obsesionado con sus aficiones que no entendemos".

Y con ello, me gustaría enlazar con otro problema que, no siendo en absoluto el mismo, tiene algunas raíces comunes: los "hikikomori", adolescentes y jovenes japoneses que deciden recluirse voluntariamente durante años dentro de su habitación dedicándose exclusivamente a sus videojuegos y rechazando cualquier tipo de contacto social. En cualquier caso, el retraimiento social de los otaku y el abandono de la sociedad de los hikijomori podrían tener una raíz común.

En cualquier caso, siempre opino lo mismo: los adolescentes tienen que elegir sus grupos, sus gustos, sus "tribus", su "endogrupo", sus aficiones....pero siempre hay que tener cuidado, observar si su afición puede estar resultándole perjudicial. 

 

 

 

 

 

Si tenemos características personales, ¿cómo podemos aprender todos igual?

Siempre buscamos la diferenciación de nuestras características personales para encontrar nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Hay personas interesadas por los diferentes tipos de personalidad, y otras....por el signo del zodiaco.

Lo importante de esta búsqueda de explicación en nuestras características personales es la aplicación práctica que tiene para las formas en las que las personas nos enfrentamos al aprendizaje. Conocer nuestro "estilo de aprendizaje", que lo conozcan los profesores, puede ser de vital importancia para enfrentarnos con éxito a la tarea, sin utilizar métodos que a otros les vienen bien pero a nosotros no, lo que produce una sensación de baja capacidad. 

En las técnicas de estudio que se pueden emplear con los alumnos, el conocimiento del estilo de aprendizaje, facilita mucho la tarea al conocer sus puntos fuertes y débiles a la hora de aprender. Para ello, nos valemos de cuestionarios específicos para conocer el estilo de aprendizaje y poder buscar las técnicas específicas más adecuadas

EL MODELO DE LOS CUADRANTES CEREBRALES DE HERRMANN

 


Este modelo se inspira en los conocimientos del funcionamiento cerebral.

Representa el cerebro como una esfera dividida en cuatro cuadrantes, que resultan del entrecruzamiento de los hemisferio izquierdo y derecho del modelo Sperry, y de los cerebros cortical y límbico del modelo McLean.

El modelo mantiene que los seres humanos tenemos cuatro marcas o señales que nos hacen únicos: las huellas digitales, la planta de los pies, el iris de los ojos y el desarrollo de la corteza cerebral. Ninguna persona tiene una corteza cerebral idéntica a otra, porque los procesos de evolución y desarrollo son diferentes en cada individuo. Esto quiere decir que los seres humanos nacemos también con una huella digital en el cerebro, que nos hace únicos e irrepetibles.

El desarrollo de la corteza cerebral estimula uno de los cuatro cuadrantes de manera predominante, generando que los individuos tiendan a tener gustos, preferencias, procesamiento mental y esquematización de la personalidad particulares; y como no es heredable, nos hace únicos dentro de un esquema de los cuatro cuadrantes.

Los cuatro cuadrantes representan cuatro formas distintas de operar, de pensar, de crear y de aprender.


CARACTERÍSTICAS DE LOS CUATRO CUADRANTES


1. CORTICAL IZQUIERDO

Comportamientos: Frío, distante; pocos gestos; voz elaborada; intelectualmente
brillante; evalúa, critica; irónico; le gustan las citas; competitivo; individualista.

Procesos: Análisis; razonamiento; lógica; Rigor, claridad; le gustan los modelos y las teorías; colecciona hechos; procede por hipótesis; le gusta la palabra precisa.

Característica: Tienen necesidad de hechos. Dan prioridad al contenido

Estilo: Le gustan las clases sólidas, argumentadas, apoyadas en los hechos y las pruebas. Va a clase a aprender, tomar apuntes,avanzar en el programa para conocerlo bien al final del curso. Es buen alumno a condición de que se le de “materia”.

Tipo de aprendizaje: La teoría.- Tiene dificultades para integrar conocimientos a partir de experiencias informales. Prefiere conocer la teoría, comprender la ley, el funcionamiento de las cosas antes de pasar a la experimentación. Una buena explicación teórica, abstracta, acompañada por un esquema técnico, son para él previos a cualquier adquisición sólida.

Procurar que se abra a otros cuadrantes: Utilizar su gusto por la competición: cualquier idea nueva será tomada en cuenta y aumentará su nota. Hacer que prepare trabajos orales. Hacerle intervenir ante toda la clase. Transformar los símbolos en imágenes y metáforas. Enseñarle a ver las cosas en su globalidad. Practicar juegos que le ayuden a desarrollar su sentido espacial. Hacer que proponga sus ideas desorganizadamente antes de organizarlas. Organizar actividades de reflexiones dirigidas, asociando en ellas ideas con imágenes. Hacer que describa una situación con los cinco sentidos. Hacer poesías. Imaginar y crear mediante la mímica y el dibujo. Hacer que conozca el mundo por medio de visitas escolares, para desarrollar su sensibilidad artística.

Competencias: Abstracción; matemático; cuantitativo; finanzas; técnico; resolución de problemas. 

2. LÍMBICO IZQUIERDO (LI)


Comportamientos: Introvertido; emotivo, controlado; minucioso, maniático; le gustan las fórmulas; conservador, fiel; defiende su territorio; ligado a la experiencia, ama el poder.

Procesos: Planifica; formaliza; estructura; define los procedimientos; secuencial; verificador; ritualista; metódico.

Característica: Se atienen a la forma y a la organización

Estilo: Metódico, organizado, y frecuentemente meticuloso; lo desborda la toma de apuntes porque intenta ser claro y limpio. Llega a copiar de nuevo un cuaderno o una lección por encontrarlo confuso o sucio. Le gusta que la clase se desarrolle según una liturgia conocida y rutinaria.

Tipo de aprendizaje: La estructura.- Le gustan los avances planificados. No soporta la mala organización ni los errores del profesor. No es capaz de reflexionar y tomar impulso para escuchar cuando la fotocopia es de mala calidad o la escritura difícil de descifrar. Es incapaz de tomar apuntes si no hay un plan estructurado y se siente inseguro si una b) va detrás de un 1). Necesita una clase estructurada para integrar conocimientos y tener el ánimo disponible para ello.

Procurar que se abra a otros cuadrantes: Elogiarle cuando tiene éxito en algo. Darle confianza en sí mismo. Utilizar su faceta de líder y dirigente para una buena causa. Hacer fichas de evaluación donde perciba lo que sabe hacer y sus progresos. Desarrollar su memoria dándole reglas mnemotécnicas. Enseñarle a exteriorizar y a comunicar haciendo exposiciones en tiempos delimitados y breves. Proporcionarle modelos para que se lance a ejercicios nuevos. Enseñarle a resumir las clases: tres palabras clave y basta dos o tres puntos concretos. Enseñarle a globalizar: leer un texto, dividirlo en varias partes y darles títulos; inventar un título global a partir de estos títulos secundarios. Utilizar su sentido de la organización.

Competencias: Administración; organización; realización, puesta en marcha; conductor de hombres; orador; trabajador consagrado.

3. LÍMBICO DERECHO (LI)

Comportamientos: Extravertido; emotivo; espontáneo; gesticulador; lúdico; hablador; idealista, espiritual; busca aquiescencia; reacciona mal a las críticas.

Procesos: Integra por la experiencia; se mueve por el principio de placer; fuerte implicación afectiva; trabaja con sentimientos; escucha; pregunta; necesidad de compartir; necesidad de armonía; evalúa los comportamientos.

Característica: Se atienen a la comunicación y a la relación. Funcionan por el sentimiento e instinto. Aprecian las pequeñas astucias de la pedagogía.

Estilo: Trabaja si el profesor es de su gusto; se bloquea y despista fácilmente si no se consideran sus progresos o dificultades. No soporta críticas severas. Le gustan algunas materias, detesta otras y lo demuestra. Aprecia las salidas, videos, juegos y todo aquello que no se parezca a una clase.

Tipo de aprendizaje:  Compartir.- Necesita compartir lo que oye para verificar que ha
comprendido la lección. Dialoga con su entorno. En el mejor de los casos, levanta el dedo y pregunta al profesor volviendo a formular las preguntas (o haciendo que el propio profesor las formule). Suele pedir información a su compañero para asegurarse que él también comprendió lo mismo. Si se le llama al orden se excusa, y balbucea: “Estaba hablando de la lección”, lo cual es cierto pero, aunque a él le permite aprender, perturba la clase.

Procurar que se abra a otros cuadrantes: Ayudarle a organizarse, comenzar por el mantenimiento del cuaderno de programación. Ayudarle a buscar el sentido preciso de las palabras, tener un diccionario en la clase. Leer los textos en voz alta aceptando preguntas para asegurar la comprensión. Sustituir los “me gusta, no me gusta” por los “sé, no sé”. Proporcionar métodos y comenzar por lo que sabe, para darle confianza y ponerle en condiciones de tener éxito. Canalizar su espontaneidad y su impulsividad diciéndole que, antes de intervenir, “hable para sus adentros” para clasificar, escoger y organizar sus ideas. Enseñarle a dominar sus emociones y a hablar de ellas.

Enseñarle a suprimir el “yo” y a utilizar el “él”, es decir a tomar perspectiva respecto a sus afectos (establecer diferencia entre autor y narrador). Actuar como “abogado del diablo” para crear la distancia entre el yo y el otro: pros y contras. Procurar que se haga teatro de improvisación (ateniéndose a unas reglas rigurosas que se imponen) para obligarle a ceñirse a una ley impuesta en delegado de la clase.

Competencias: Relacional; contactos humanos; diálogo; enseñanza; trabajo en equipo; expresión oral y escrita.

4. CORTICAL DERECHO (CD)

Comportamientos: Original; humor; gusto por el riesgo; espacial; simultáneo; le gustan las discusiones; futurista; salta de un tema a otro; discurso brillante; independiente.

Procesos: Conceptualización; síntesis; globalización; imaginación; intuición; visualización; actúa por asociaciones; integra por medio de imágenes y metáforas.

Característica: Necesitan apertura y visión de futuro a largo plazo.

Estilo: Es intuitivo y animoso. Toma pocas notas porque sabe seleccionar lo esencial. A veces impresiona como un soñador, o de estar desconectado, pero otras sorprende con observaciones inesperadas y proyectos originales.

Tipo de aprendizaje: Las ideas.- Se moviliza y adquiere conocimientos seleccionando las ideas que emergen del ritmo monótono de la clase. Aprecia ante todo la originalidad, la novedad y los conceptos que hacen pensar. Le gustan en particular los planteamientos experimentales que dan prioridad a la intuición y que implican la búsqueda de ideas para llegar a un resultado.

Procurar que se abra a otros cuadrantes: Ayudarle a clasificar sus ideas, a ir más allá de sus adquisiciones. Enseñarle rigor y método a partir de diagramas que favorezcan la organización planificada de elementos o ideas lanzados en desorden. Cuando tenga que reflexionar sobre el contenido de una tarea, se le aconsejará que escriba todas sus ideas tal como se le ocurran en un papel y que después las estructure, jerarquizando las respuestas y los argumentos.

Pedirle que justifique sus respuestas. Desarrollar una idea justificando las etapas mencionadas. Reconstruir el camino del pensamiento que ha llevado a una respuesta espontánea. Ponerle trampas para que perciba los riesgos de la intuición pura, sin comprobación. Hacerle encontrar un enunciado a partir de un resultado. Pedirle que reconstruya el principio de un texto a partir de una conclusión. Hacer que complete un puzzle en tiempo limitado. Hacerle que responda a una norma dada.

Competencia: Creación; innovación; espíritu de empresa; artista; investigación; visión de futuro.


 

La Ciencia avanza y seguimos sin vacuna contra "hago lo que quiero porque tengo 18 años"

 

Sí, esa curiosa epidemia transgeneracional que nos azota y nos asusta. Puede que tú mismo la hayas pasado o tengas la mala suerte de sufrirla en un hijo adolescente, justo cuando cumple los 18 años.

Los padres que tienen que SOPORTAR esta crisis de "hago lo que me da la gana porque soy mayor de edad" pueden experimentar auténtico pánico antes esta reafirmación del adolescente, porque piensan que ya no tienen autoridad sobre sus hijos y que "pueden coger la puerta e irse". Tranquilos, lo complicado hoy en día es precisamente eso, conseguir que dejen de vivir en la Pensión del Peine y se independicen.

Los padres se cuestionan si han educado mal a sus hijos, y se reprochan el haber sido demasiado permisivos o demasiado duros (da igual como hayan sido, en realidad, al que le toca la china, le tocó). 

Ante esto hay que analizar el por qué de este extraño comportamiento en el que parece que los chicos deciden hacer lo que les da la gana, y que no suele ser precisamente lo que les va a poner en la autopista de la vida, sino más bien en el camino de cabras.

Siempre la mayoría de edad nos la han vendido como la edad en la que somos adultos, podemos tomar nuestras propias decisiones y entramos por la puerta grande en el mundo de los adultos. Los padres pasan el día de las 18 velitas a tener un hijo que ya apuntaba maneras de rebeldía y que ahora adereza con el poder de decisión.

Los chicos que pasan por esta crisis normalmente no han procesado correctamente lo que significa hacerse mayor, y lo asimilan a liberarse de la parte negativa de ese contrato que firmamos con la vida y que incluye "derechos y obligaciones". Buscan el refuerzo positivo a corto plazo que supone "marcha", "colegas", "libertad de horarios", "decisión sobre sus estudios", y cualquier cuestionamiento sobre sus actitudes kamikazes recibe esa respuesta "hago lo que quiero porque soy mayor de edad".

Cuando los padres deciden pedir ayuda porque se sienten incapaces de manejar la situación, el trabajo se centra en analizar las pautas de comunicación con los hijos, revisar los patrones que ya no sirven (modo niño) y empezar otra forma de comunicación en la que hacemos sentir a nuestros hijos como adultos.

Ya no caben las charlas o las amenazas en el salón. Esta crisis también incluye sordera juvenil y una capa de leve desdeño hacia esos padres a los que han empezado a ver como seres humanos con sus defectos.

Si tu hijo está en esta etapa intenta hacer el ejercicio de recordar tus propios 18 años. Eras importante? Te bañaste en el pozo de la sabiduría? Tenías el título del "más listo del pueblo"? Seguro que sí. Acepta esta realidad y trabaja sobre ello. Las broncas y la imposición no funcionan, prueba a quedar con el chico para comer, hazle sentir mayor, y pregúntale sobre sus planes y expectativas, mantén la calma (suelen soltar una media de 15 chorradas por minuto), y después expresa tu opinión, enfrentándoles con la cruda realidad: si eres mayor para tomar tus decisiones ten en cuenta que ahora eres tú el patrón de tu velero: tú decides tus límites y tu esfuerzo marcará tu lugar en la vida. Hazlo sin que parezca un ultimatum, explícale tus propias experiencias cuando tenías su edad.

Normalmente cuando les pasas de forma realista el testigo de su propia vida les hace pensar y darse cuenta de esa realidad que se llama la responsabilidad sobre su futuro.

Así que suerte, paciencia, comprensión y mano izquierda

 

 

cuando se busca el dolor físico para mitigar el dolor psíquico

La autoagresión es un fenómeno cada vez más frecuente entre jóvenes y adolescentes, y que se está extendiendo a adultos de una forma alarmante.  Comporta varias modalidades, como cortarse, quemarse con un cigarrillo, impedir la cicatrización de heridas o golpearse. El más común es el “cutting”, práctica extendida entre los jóvenes que llegan a colgar videos en youtube sobre este tipo de autolesión.

Esta práctica, también conocida como Síndrome de Automutilación (SAM) o automutilaciones impulsivas, se produce en los momentos en que se incrementa el nivel de angustia de la persona. Puede llegar a cronificarse, en forma de práctica secreta y raramente tiene como objeto el suicidio.

Habitualmente la persona se hace daño como forma de trasladar el sufrimiento psíquico al sufrimiento físico.

 PSICOPATOLOGÍA Y COMORBILIDAD CON OTROS TRASTORNOS PSIQUIÁTRICOS

Este trastorno suele aparecer junto a una patología severa, observándose la existencia de un trastorno límite de la personalidad en un 70-80% de los casos.

La autolesión suele estar relacionada con experiencias traumáticas en la infancia o crisis de identidad en la adolescencia, y aparecen en un contexto de alta impulsividad, un alto grado de ansiedad y manifestaciones frecuentes de ira.  Estos pacientes suelen tener baja tolerancia a la frustración, dificultades en el control de impulsos y en muchas ocasiones malas relaciones familiares, así como baja autoestima.

Presentan pocas habilidades sociales, y en el marco de su pobre autoconcepto, requieren constantemente de la aprobación y muestras de afecto  de su entorno, evidenciando una falta de madurez emocional. Igualmente sus pocas destrezas en este ámbito tienen como consecuencia la dificultad para identificar sus propios estados emocionales así como para canalizar la expresión de dichas emociones, especialmente el sentimiento de rabia y de frustración, al que dan salida por medio de las autoagresiones.

CUTTING

Es el acto de cortarse las muñecas con objetos afilados hasta producirse heridas superficiales. Al principio son cortes muy pequeños, pero paulatinamente se van realizando con mayor frecuencia ante cualquier situación estresante. Respecto a la percepción del dolor “los cortadores” no tienen sensación de placer ni de dolor, pero describen el acto como una forma de cortar con el dolor psíquico.

Suelen cubrir sus cicatrices con muñequeras o pulseras, y en algunas "tribus urbanas" (EMOS) la autoflagelación es un signo de fraternidad.

TRATAMIENTO

Dado que la falta de eficacia en la identificación y manejo de las emociones es uno de los puntos clave en el desarrollo de este trastorno, es necesario enseñar a estos jóvenes cómo discriminar entre sus estados emocionales dando una vía de escape adecuada a cada uno de ellos.

Otro punto importante del desarrollo de la terapia será el control de la agresividad y manejo de las reacciones de hostilidad y displacer.

Es fundamental reforzar el autoconcepto y enseñarles a aceptar su propia identidad. Igualmente en ocasiones habrá que intervenir sobre el núcleo familiar si es una fuente de conflicto y de ansiedad para el joven.

CONSIDERACIONES

El hecho de hacerse daño para no pensar nos da ya la medida de la necesidad de un abordaje terapéutico del problema de la autoagresión.

Cuánto puede llegar a odiarse una persona para hacerse daño... esta reflexión orienta el tratamiento y la necesidad de reorganizar el mundo de la persona que se está haciendo daño, que se encierra en una habitación para automutilarse. Cuánto dolor hay detrás de esta situación.

Por otra parte, los padres deben estar muy atentos al círculo en que se mueven sus hijos. La pertenencia a determinadas "tribus urbanas" es fácil de detectar especialmente por su forma de vestir o peinarse. Sería necesario que los padres investigasen qué hay detrás de determinados grupos, porque no es sólo la apariencia lo que les define, en algunos casos se produce un auténtico contagio de actitudes, pensamientos negativos, círculos de autodestrucción que pueden marcar de por vida a nuestros hijos.

¿HIJOS ADOLESCENTES?: RESPIRA HONDO Y RECUERDA...

 

La adolescencia es una etapa de enfrentamiento entre padres e hijos, por una parte ellos se sienten “mayores”, creen que ya están preparados para afrontar la vida y los padres siguen viendo en ellos a sus niños, que inexplicablemente, se vuelven ariscos, rebeldes y que incluso evitan compartir su tiempo, como si se avergonzaran de ellos. Los amigos han tomado protagonismo en sus vidas, y los padres pasan a ser "el enemigo", "los pesados", "los injustos".

Son tiempos difíciles, conviene que los padres recuerden su propia adolescencia. Aquellos tiempos de soledad buscada, el encuentro con la música, los amigos como centro del universo y los padres que considerábamos injustos y autoritarios, y por supuesto, malhumorados, siempre dispuestos a la discusión, a no comprender, a dar órdenes todo el día.

Adoptemos pues otra estrategia: no entrar en todas las batallas. Perderemos la guerra (ellos tienen más energía y una motivación que se llama ganas de descubrir la vida). Habrá que elegir sólo aquellas batallas que consideremos innegociables, y de esta forma también ellos pueden comprender que nuestra actitud no es el no sistemático a sus peticiones.

En estos momentos de conflicto, se nos olvida lo esencial: son nuestros hijos, los queremos y ellos no deben jamás de dejar de saberlo, y a ello añadiremos que les respetamos e incluso comprendemos más cosas de lo que pueden imaginar. El diálogo, el poner de ejemplo nuestra propia experiencia adolescente les puede "hacer caer" en que ellos no están siendo tratados injustamente, que es una etapa de la vida de reivindicación, pero en la que tienen que existir unos límites.

¿DE QUÉ HABLAMOS CON NUESTROS HIJOS ADOLESCENTES?

Quizá, lo primero que se nos venga a la cabeza sean los gritos a causa de las notas o porque el fin de semana ha llegado más tarde de lo habitual a casa.

Si nos descuidamos, nuestra relación puede reducirse peligrosamente a reconvenciones y críticas...Y, sin embargo, nuestro hijo tiene unas necesidades especiales de comunicación: espera que tomemos la iniciativa, aunque es difícil que lo exponga abiertamente, o que lo asuma sin protestar.

ME SIENTO ORGULLOSO DE TI

Con esta frase tan simple, ayudamos a construir la autoestima de nuestro hijo. Es probable que se la digamos cuando consigue algún éxito, pero un adolescente la necesita especialmente cuando falla. Estamos orgullosos de él porque es nuestro hijo... y no hacen falta más motivos. Y, sin embargo, muchos adolescentes de hoy en día pueden no tener la suerte de escuchar este mensaje a menudo.

Deberíamos estar orgullosos de nuestro hijo y reconocerle por lo que es y por los esfuerzos sinceros que hace por mejorar, sin compararle con otros y sin establecer metas arbitrarias como el rendimiento académico, por ejemplo. Sentirse orgulloso de un hijo no depende de lo bueno que sea en el fútbol o las notas que saca. 

Puede que resulte difícil estar orgulloso de un hijo cuando toma decisiones equivocadas o cuando falla. Sin embargo, nunca, nunca, debemos permitir que se esfume el cariño. Cuando falle, no diremos: "no llegarás nunca a ninguna parte". Un simple descuido y cuatro o cinco palabras pueden llegar a herirle profundamente. En nuestro hijo adolescente hacen el efecto de: "estoy disgustado contigo como ser humano".

Ciertamente es complicado alabar a un chico/a que está continuamente retando, buscando la forma de salirse con la suya o desobedeciendo. Es el momento de reflexionar sobre sus cualidades y hacerles llegar el mensaje: no pensamos que seas de una manera, sino que actúas de una manera que puede pasarte una factura.

AQUÍ ESTOY

"Puedes acudir a mi para lo que te haga falta; siempre estaré aquí para escucharte".

Un adolescente da mucha importancia a poder acudir a sus padres cuando existen problemas; aunque exista rebeldía, en los momentos difíciles necesita tener una seguridad: "mis padres están ahí". Sin embargo, si no le prestamos atención cuando lo está pasando mal, le estaremos dando una buena razón para que se las apañe por sí solo y busque consejo y ayuda en otros lugares.

Hay que escucharles, sin querer hablar y pontificar continuamente. Así, dejamos claro a nuestro hijo que: "Eres importante para mi", "me preocupo de las cosas en las que tú estás interesado", "me gusta escuchar tus ideas y opiniones". Escuchar con atención también estimula el deseo de hablar de los hijos. Se construye un ambiente de respeto y afecto mutuo. Escuchar, en serio, no acumular información para "pontificar". Los consejos basados en tirar por los suelos lo que les ha hecho les hará volverse más herméticos.

COMPRENSIÓN

A veces, es frustrante ser padre. Continuamente oyendo los prejuicios de los quinceañeros que afirman que somos una generación antigua y que no les comprendemos... No hay duda; es difícil comunicarse con los adolescentes.

Muchas veces, cuando nuestro hijo nos acusa de que no le comprendemos es tan sólo una manera de defenderse.

Confunde "no comprender" con "no estar de acuerdo", por lo que no hemos de dejar que nos manipule. Si nos acusa de que no le comprendemos, hemos de decir a nuestro hijo que nos ayude: "Quiero comprenderte, cuéntame más, que sientes...".

Si tenemos la sospecha de que lo único que ocurre es que simplemente no estamos de acuerdo con él, podemos repetir lo que nos dice, sus argumentos, sus ideas, hasta que se dé por satisfecho y entonces: "Ves que comprendo lo que quieres decir y por qué; si no es así, quiero llegar a comprenderlo. Pero me parece que nuestro problema no es de falta de comprensión sino de falta de acuerdo".

CONFÍO EN TI

Contar con la confianza de sus padres es importante para un adolescente. "Lo más dañino que se le puede decir a un chico es "nunca más confiaré en ti"

Nuestro hijo necesita que le digamos que nuestra confianza en él se desarrollará gradualmente en la medida que adquiera nuevos conocimientos y experiencias en esas situaciones que requieran la confianza. No podemos pretender que nuestro hijo de quince años conduzca un coche - aparte de que es ilegal - porque no tiene la experiencia necesaria que nos permita confiar en su buen juicio.

Pero hay otra razón por la que nos cuesta tanto a los padres confiar en nuestros hijos. Nos conocemos bien a nosotros mismos y, seguramente, hemos experimentado de primera mano todos los riesgos, situaciones y peligros de esta etapa. Sabemos qué fácil es ceder a las presiones del ambiente cuando no se está preparado. Esto nos previene de dar a nuestros hijos una confianza sin límites.

De hecho, no estaríamos haciendo bien nuestro trabajo de padres si permitimos que nuestros hijos se encuentren en situaciones donde el grado de riesgo es más elevado que su nivel de madurez

TE QUIERO

A veces, podemos perder muchas oportunidades de expresar amor y cariño - y de recibirlo - sólo porque no nos lo hemos propuestos como un objetivo consciente. Y, sin embargo, es el mensaje más importante que chicos y chicas quieren oír de sus padres.

El amor es el ingrediente esencial de una familia sana. Un "te quiero", dicho en voz alta y a menudo, nos ayuda a saber quiénes somos y por qué hemos nacido. Cuando un adolescente no está seguro del amor de sus padres, los otros cuatro mensajes anteriores no significan nada. Necesitan que le digan que les quieren y que se lo demuestren. ¿Cómo pueden estar seguros de que les quieren si nunca se lo han dicho? ¿Cómo pueden estar seguros si sus padres nunca pasan el tiempo con él?

La manera de demostrar el amor a un hijo es dedicarle tiempo. Darle regalos, proveerle de comida y ropa, mostrarle cariño de otras maneras está bien, pero también hay que estar dispuesto a perder tiempo con nuestro hijo adolescente: ir de pesca, ir de tiendas juntos, compartir un cine...

Relacionarse, comunicarse, cuesta trabajo. Esto ocurre en el matrimonio, en la amistad... y en la relación entre padres e hijos. Con un adolescente cuesta más, porque crece y gana más independencia constantemente, y por eso puede llegar a frustrarnos.

REFLEXIÓN

- ¿Habéis dicho alguna vez a vuestro hijo: "Hijo, ¿sabes que estoy orgulloso de ti, y no me importa nada más?" La palabra orgullo en este contexto se relaciona cercanamente con la de amor. Así, vuestro hijo sabrá que queréis decirle que estáis felices porque él es vuestro hijo.

- Cuando mejoréis vuestro modo de escuchar, vuestro hijo también aprenderá a escuchar mejor. Imaginad el impacto positivo que tendrá en la calidad de la conversación en vuestro hogar.

- Vuestro hijo adolescente necesita abrir una cuenta personal de autoestima basada en lo que es como persona, no por sus actuaciones diarias. Así, cuando falle, puede retirar de esa cuenta la cantidad necesaria. Si no tiene ese reconocimiento, puede acudir a lugares equivocados en su busca.

- No se trata de decir: "Comprendo exactamente cómo te sientes". Suena a querer desmarcarse de sus sentimientos y querer buscar una solución rápida al problema.

- Existe el peligro de poner un nivel demasiado alto a los hijos. Si los adolescentes llegan a creer que necesitan sacar todo sobresalientes para que sus padres les acepten, pueden deducir que a sus padres sólo les importa los éxitos... no las personas. Y así, como resultado, no intentarán hacer lo mejor que puedan.

- Es importante que le ayudéis a tener esta distinción clara en la cabeza: se puede aceptar a la persona aunque no se apruebe el comportamiento. Estáis orgullosos de él, porque en vuestro hijo, pero no de lo que ha hecho, dejándole claro que vuestro enfado se refiere sólo a sus acciones, no a él como persona.